La obesidad ha dejado de ser un problema de salud individual para convertirse en uno de los
mayores desafíos colectivos del siglo XXI. A diferencia de siglos anteriores, en los que la
escasez alimentaria y la desnutrición definían gran parte de la experiencia humana, hoy
vivimos en un mundo donde el exceso —en forma de calorías vacías, comida ultraprocesada
y estilos de vida sedentarios— amenaza la longevidad, la calidad de vida y la sostenibilidad
de los sistemas sanitarios. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 1000
millones de personas viven con obesidad en 2025, incluidos 160 millones de niños y
adolescentes y 840 millones de adultos. Estas cifras no solo reflejan un cambio cuantitativo,
sino cualitativo: la obesidad ya no es un fenómeno exclusivo de países de altos ingresos, sino
una epidemia que avanza con fuerza en regiones de ingresos medios y bajos, a menudo
coexistiendo con la desnutrición en lo que se conoce como la “doble carga nutricional”