En una España gris, silenciada por la censura y el miedo, donde la risa era un acto
subversivo disfrazado de inocencia, nacieron dos agentes secretos desastrosos, torpes y
absurdos que, sin pretenderlo, se convirtieron en espejo deformante de una nación en
trance de transformación. Mortadelo y Filemón no fueron solo un cómic; fueron una
válvula de escape, una parodia constante del poder, una celebración del caos frente al
orden impuesto, y, con el tiempo, un pilar fundamental del imaginario cultural español.