El 17 de enero de 1920, una ley extraordinaria entró en vigor en Estados Unidos: la
producción, venta y transporte de bebidas alcohólicas con más del 0,5 % de alcohol
quedaron prohibidos en todo el territorio nacional. No era una medida coyuntural ni un
experimento local, sino el resultado de décadas de activismo, debate moral y legislación
acumulada. Era la culminación del movimiento de la templanza, institucionalizada
mediante la Enmienda XVIII a la Constitución de los Estados Unidos, y operativizada por
la Ley Volstead. Durante trece años, la nación más industrializada del mundo intentó
imponer una nueva moralidad pública mediante la legislación: un proyecto ambicioso,
casi utópico, que pretendía sanar los males sociales —la pobreza, la violencia
doméstica, la corrupción— arrancándolos de raíz con la eliminación del alcohol.