En la historia de los grandes desastres, los nombres propios suelen desaparecer tras las
cifras: 1,800 muertos. 300,000 desplazados. $125 mil millones en daños. El huracán
Katrina, que azotó el Golfo de México en agosto de 2005, es recordado como uno de los
peores desastres naturales —y humanos— en la historia de Estados Unidos. Pero detrás
de las estadísticas hay vidas que se deshilacharon en silencio, en apartamentos vacíos,
en calles sin luz, en mentes quebradas por el trauma acumulado. Entre esas vidas
estaban las de Zackery Bowen y Addie Hall, una pareja cuya historia culminó en un acto
de violencia extrema el 17 de octubre de 2006, poco más de un año después del paso del
huracán.