Diego de Alvear y Ponce de León (1749–1830) no es una figura fácil de encasillar. Militar,
cartógrafo, administrador colonial, negociador de fronteras, viudo desconsolado, padre
en duelo, leal al rey en tiempos de revolución: su vida transcurrió en los intersticios de un
mundo en transformación. Nacido en Montilla (Córdoba, España) en pleno siglo de las
Luces, murió en el ocaso del Antiguo Régimen, testigo y protagonista de algunos de los
episodios más decisivos del Imperio español en América: la reorganización administrativa
borbónica, la disputa territorial con Portugal en el sur del continente, el naufragio del
Mercedes —uno de los desastres marítimos más simbólicos del período— y las
convulsiones independentistas que fracturaron el mundo hispánico.