En la antigua Grecia, los argonautas, una cohorte de héroes escogidos, se embarcaron en
la nave Argos hacia lo desconocido, guiados por Jasón en busca del Vellocino de Oro. Su
viaje era una mezcla de proeza física, ingenio técnico y colaboración. Hoy, los argonautas
modernos no buscan un vellocino, sino el conocimiento mismo. Su Argos es una nave
Soyuz o una Crew Dragon, y su destino es la microgravedad de la Estación Espacial
Internacional (EEI), un laboratorio orbital que es la cumbre de la cooperación
internacional. Pero, ¿cómo se forja a estos héroes de la era tecnológica? Su
entrenamiento no es una simple secuencia de cursos; es una transformación ontológica,
un proceso de años que moldea la mente, el cuerpo y el espíritu para habitar un entorno
donde todo es contrario a la experiencia humana ancestral.