La vida en la Atenas de Pericles
Un día en la ciudad del Partenón
Por [Nombre del historiador]
Para Revista de Divulgación Histórica
El sol aún no ha asomado sobre el Hymettos cuando el primer canto del gallo resuena
en las callejuelas del barrio del Cerámico. En una casa modesta de adobe y madera,
Nikias —un ciudadano ateniense de clase media— se despierta sobresaltado. No es el
gallo lo que lo ha despertado, sino el ruido de los carros que ya bajan desde el puerto del
Pireo, cargados de trigo egipcio y vino de Quíos. Hoy es ekklesía: día de asamblea. Y
aunque el cielo amenaza lluvia, Nikias sabe que debe estar en la colina de la Pnyx antes
del alba.
Mientras se ajusta el himation sobre los hombros, su esposa, Lysandra, ya está en pie.
En la penumbra del gynaikeion, el cuarto reservado a las mujeres, prepara una papilla de
cebada para los niños. No saldrá de casa hoy. Tampoco mañana. Su mundo es este:
paredes encaladas, telares, ollas de barro, y el murmullo constante de las vecinas al otro
lado del patio. Pero aunque no vote, aunque no hable en público, Lysandra también vive
la Atenas de Pericles. Solo que desde otro ángulo, desde otro silencio.
Mientras tanto, en el barrio del Pireo, un meteco llamado Damon —originario de
Mileto— abre su taller de cerámica. Sus manos, manchadas de arcilla roja, moldean una
ánfora destinada al mercado etrusco. No es ciudadano, pero paga impuestos, sirve en la
flota cuando se lo piden, y sueña con que su hijo, nacido en Atenas, algún día pueda
competir en los Juegos Panatenaicos. Cerca de allí, una esclava tracia llamada Melaina
lleva agua del pozo público. Sus pies descalzos rozan el empedrado húmedo. No tiene
nombre en los registros oficiales, pero su trabajo sostiene la casa de un rico propietario
del barrio de Colono.
Así comienza un día cualquiera en la Atenas del siglo V a.C., en la época que los
historiadores llamarían después “el Siglo de Pericles”. No es una edad de oro
inmaculada, como a veces se pinta. Es una ciudad vibrante, contradictoria, llena de luz y
sombra, de libertad y exclusión, de mármol y barro. Es una democracia que florece al
mismo tiempo que un imperio. Es una urbe donde el teatro, la filosofía y la arquitectura
alcanzan cotas nunca vistas, mientras miles viven en la penumbra del anonimato.
Este relato no es una crónica de batallas ni de discursos. Es un paseo por las calles, los
patios, los templos y los talleres de Atenas. Es la historia de lo cotidiano, contada desde
los ojos de quienes la vivieron.