Los judíos, en tiempos de Jesús, estaban familiarizados con la expresión comer la Ley de Dios. Jeremías dice: Cuando se presentaban tus palabras yo las devoraba, tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón” (15:16) Al profeta Ezequiel Dios le pide comer un rollo como señal de que hablaría la palabra de Dios (2:8-9). Al igual que a Juan en el libro de Apocalipsis, Dios le pide también comer un rollo y entonces comienza a profetizar. Unos de los salmos dice: “Que dulce es tu palabra para mi boca, es mas dulce que la miel (119: 103).” La palabra de Dios estaba asociada y comparada con la comida. Hoy la primera lectura nos cuenta de ello en un ambiente de un gran banquete, el banquete de la sabiduría.
Pero algo que nunca hablen oído es lo que Jesús les dijo esa mañana en Cafarnaum: “Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne, para que el mundo tenga vida.” Por eso, los judíos se ponen a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”