Observemos la estructura de la Liturgia de la Palabra. Las Escrituras se leen en un cierto orden, un orden que sigue el orden de la historia de la salvación, es decir, la liturgia comienza con un texto del Antiguo Testamento y avanza hacia los momentos culminantes del anuncio del Evangelio. Este es el orden de la Liturgia de la Palabra porque el Evangelio es el clímax y el centro de la Escritura, o dicho de manera más amplia: este es el orden porque Cristo mismo es el cumplimiento de la historia de Israel. Por tanto, para los cristianos, sólo desde la perspectiva del Evangelio se comprende en su plenitud el texto del Antiguo Testamento, o, mejor dicho: sólo en Cristo se comprende la historia de Israel. La segunda lectura, siempre es de los escritos de los apóstoles porque forman un vínculo entre el Evangelio y el Antiguo Testamento, una visión contemplativa, una visión teológica que ayuda a unir el acontecimiento del Evangelio con el acontecimiento del Antiguo Testamento.