El problema de utilizar electoralmente el «no a la guerra» es que tiene una fecha de caducidad. En pocas semanas veremos si le es útil o no a Sánchez. A Trump le encanta la retórica belicista y los excesos verbales. Es algo, como estamos viendo, consustancial a su carácter y su peculiar forma de ver la política. No es un empresario tradicional, sino un negociante y un especulador acostumbrado a vivir inmerso en una permanente montaña rusa. Es algo que aplica ahora a su gestión al frente de Estados Unidos. Hay que partir de la base de que solo le importa ganar y que es capaz de hacer lo que sea para conseguirlo. No hay que ser un gran analista para ver los paralelismos con el líder del PSOE. No tienen ningún escrúpulo y no les importa mentir con tal de conseguir el poder y mantenerse en él a cualquier precio. Y coinciden en su falta de empatía, que es tanto su mayor fuerza como su mayor debilidad. Esto hace que puedan pactar con cualquiera, decir una cosa y la contraria y ser a la vez enormemente simpáticos o antipáticos.