Mira, Carlos, después de cuatro cursos defendiendo esta sección a tu vera, me enmiendo a mí mismo la plana. Al fin y al cabo, dar consejos es como regar con lluvia el huerto ajeno. Aunque en el periodismo los de mi ralea regamos más bien con aceite: engrasamos los pernos y las juntas de los micrófonos para que al oyente no se le haga bola el cocido diario de la información. El consejo lleva por título hagámonos un poco de daño, porque la vida no está hecha para seguir manuales, sino para escribirlos a golpe de errores y aciertos, y a mí me pasa como a Nietzsche, que tan odioso me es seguir como guiar. Hay cosas que duelen, como duele el dentista, duele la verdad o duele que te inhabiliten 18 años, y otras cosas que hacen daño, como la adulación, el buenismo o el tono pastelero de los periodistas bizcochables, más traicioneros que un toro manso. Conque no tengamos miedo a hacernos pupa, como dicen los niños cuando algo les duele, porque es el peaje a pagar por estar vivos, y la mariposa no habría echado alas sin abrirse a codazos por dicha pupa. Peor es ser un capullo toda la vida.De nada sirve pasar por la vida de puntillas, como quien va pisando huevos. ¿Quién quiere ser como el navegante que no se atreve a meter los juanetes en la espuma, o como el boxeador que, por no besar la lona, rehúye pisar el ring? Donde crece el peligro, crece la salvación.