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Te da rabia. Le tienes envidia, de la de verdad. La envidia de la buena no existe. Eso es una filfa, un engaño. Lo ves y te preguntas: «¿Cómo lo habrá hecho?». Te gustaría ser como él. Ángel Expósito (Madrid, 1964) es de ese tipo de personas que te dan pelusilla. Porque no hay mayor causa de rabia que la del tipo que lo hace todo bien. Te podrá gustar más o menos, pero Expósito ha cumplido en prensa, en televisión y en radio. Cuando hay periodistas a quienes ya nos cuesta valernos, rozar el aprobado en alguna de esas ramas, este periodista de Cuatro Caminos ha ido engarzando trabajo tras trabajo, posándose, con nota, en todas las alas de este modo de vivir llamado periodismo. Meritorio.
Puede que usted no se lo crea. Seguramente lo niegue. Quizá tilde de mentiroso a este periodista. Pero se lo aseguro, Ernesto Sevilla (Albacete, 1978) es un hombre tímido, un ciudadano apocado. Un exitoso cómico en el cuerpo de un albaceteño extrovertido que necesita siempre, con una necesidad imperiosa, tomarse una cerveza, como mínimo, antes de actuar. Sin embargo -lo comprenderá-, ya hace unos años que dejó las actuaciones en directo.
Jano García (Valencia, 1989) viene fumando por la acera. La vida pasa felizmente si hay amor, que cantaba Luis Aguilé, aunque la gente pasamos, casi todos, por la vida, sin hacer mucho ruido, por mucho que haya amor. Jano es de los que hacen ruido al andar. No por histrionismo, ni extravagancia. Son sus palabras las que descolocan al oído que esté virgen de sus ideas.
Juanma Castaño (Gijón, 1977) luce morenazo. Impropio para la fecha del año. Me atropella la vergüenza y no le pregunto si se da rayos uva o algo por el estilo. Hay errores que un periodista nunca se termina de perdonar. El de Gijón luce un color de piel envidiable, dientes níveos, barba cuidada, una estilosa camisa azul, un ‘peluco’ en su muñeca derecha. Da la mano con seguridad al llegar, y hace lo propio al despedirse. Antes, durante y después de la entrevista, veo a un hombre con charme. Ingenioso, rápido. El éxito, queridos, en esto de la comunicación, no es casualidad. Trabajo y talento. Y suerte, claro.
Escuchar la voz de Juan Carlos Rivero (Madrid, 1961) es abrir en la mente un relicario de recuerdos. La voz, el hombre, o sea, el periodista que ha narrado los partidos de la Selección Española de fútbol en TVE durante los últimos 16 años, lo deja. No por voluntad propia, como avanzó THE OBJECTIVE. El ente público decide dejar en las manos -y en la voz- de David Figueira las retransmisiones. Se trata de una decisión relevante en la casa, aunque Rivero defiende que no es una elección definitiva: «No me siento ni apartado, ni que nadie prescinda de mí».
Cuando despertó, José Manuel García-Margallo (Madrid, 1944) todavía estaba allí. No es el relato (brevísimo) de Augusto Monterroso, es una mera descripción de la vida de uno de los políticos más experimentados de la clase dirigente patria. Cuando tú vienes, él ya ha estado. Y la verdad es que ha estado en (casi) todos los jaleos de nuestra joven, aunque experimentada democracia. Un perro viejo de la política, «pues viejo sí y perro, no sé».
Veo en Rubén Amón (Madrid, 1969) a una especie de niño grande. De inocencia aún no perdida, de gamberrismo ilustrado, de mirada virginal y a la vez erudita de las cosas. En una misma respuesta, puede combinar una risa ‘amoniana’ y, de seguido, sentar cátedra con la firmeza propia del experimentado tertuliano. Pienso, al verle, que al contrario de lo que algunas lenguas dicen, no debe de darse mucha importancia a sí mismo, ni siquiera le debe de dar mucha importancia al periodismo. Recuerdo una frase de Billy Wilder: «Sólo hay una cosa peor que tomarse todo a la ligera. Tomárselo todo demasiado en serio».
Marta Robles (Madrid, 1963) es periodista, más de tres décadas de carrera lo atestiguan. Es escritora, sus 18 libros lo confirman. Es madrileña, esto supongo que el DNI lo certifica. Además, está casada, es madre de tres hijos y sigue manteniendo el amor por los suyos y por su pasión, la escritura. Hace unas semanas, publicó Lo que la primavera hace con los cerezos, una recopilación de historias de amor, desamor, pasión desenfrenada, amores epistolares, sexo, drogas, homosexualidad, cuernos, mujeres fatales y hombres malvados. Todo para ver cómo influyó la pasión en las creaciones de los grandes artistas de la historia.
Toni Cantó (Valencia, 1965) empezó trabajando en un chiringuito. Bueno, no era propiamente un chiringuito. Era una especie de carpa o mercadillo que montó con sus amigos, durante uno de esos veranos eternos de la juventud. Luego estuvo sirviendo copas en la noche valenciana. Desembarcó en Madrid para ser modelo, pero acabó siendo unas cuantas cosas más: actor, presentador de televisión y político. En definitiva, hablamos de más de 40 años de exposición pública.
Es espigado, enjuto, de piel morena, mantiene el pelo y conserva, debe ser de nacimiento, el toque de chulería (madrileña) necesaria para poder ser torero. Juan del Val (Madrid, 1970) no es matador, no viste traje de luces, ni pisa albero habitualmente. Juan del Val es comunicador, viste camisas, vaqueros y deportivas y pisa platós, además de aceras y charcos. Una tarea, entiéndame la comparación, con riesgos también considerables.
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