Existe una condición humana provocada por el tiempo o la intensidad de un problema vivido. En esta se crea una dependencia emocional con el problema; el trauma es tan serio, que quien lo padece pierde la capacidad de ver la salida a esta condición, aunque tenga la solución en frente. Israel salió libre de Egipto pero la esclavitud de Egipto no salía de ellos. En otras palabras, hay gente que está tan enfocada en su problema que lo ha hecho parte de su vida, pero yo he venido a decirte que el Señor quiere liberarte de cualquier co-dependencia tóxica que haya venido a dañarte, para ofrecerte a cambio vida abundante en Cristo Jesús.
En Juan 5 un hombre esperaba por un milagro que ocurría cuando la aguas se movían, pero no podía llegar a tiempo porque era cojo. Jesús se aparece en persona para sanarlo, pero él no reconoce al maestro, porque estaba tan enfocado en el problema de llegar a tiempo a lago, que estuvo a punto de perder su milagro. De la misma manera Dios está interesado en resolver tu situación hoy, trata de reconocer su voz. Pon tus ojos en Él y no en el problema.
Los discípulos en la barca estaban tan atribulados y pendientes de la tormenta que los azotaba que cuando vieron a Jesús llegar a rescatarlos le confundieron con un fantasma y tuvieron temor.
La verdad es que no importa el cautiverio en el que el enemigo haya tenido tu mente, o la aflicción que hayas atravesado, Dios tiene el poder de liberarte hoy, pero debes dejar ir lo viejo y aceptar lo nuevo que viene departe de Él para tu vida.
Abraham no permitió que las circunstancias apagaran su fe. Mientras los años pasaban y crecía la imposibilidad de tener un hijo con su envejeciente esposa, nunca se rindió, él decidió creerle a Dios y hacer lo que tenía que hacer para salir de la circunstancia que no le dejaba ver su milagro acontecer. El pasó años y años que pudieron haber sido de frustración, donde no veía el cumplimiento de su milagro, pero siguió creyendo que quien le había dado la promesa era mayor que la circunstancia adversa. Y aún anciano vio su promesa cumplirse.
El enemigo tiene una campaña constante en tu mente para hacerte permanecer en tu cautiverio, pero cuando Jesús llega todo cautiverio se rompe. Estás a una oración de distancia para salir adelante. Es tiempo de dejar atrás todo aquello que te ha mantenido postrado y creerle a Dios por libertad.