En la aceleración constante del mundo, en el que nuestra humanidad puede disolverse en el aislamiento, el individualismo y en un uso de la tecnología que la convierte en aquel “espejito, espejito” con el que dialogaban personajes de los cuentos infantiles, la Trinidad es el espejo verdadero que nos devuelve nuestra auténtica imagen. Cada persona, constitutivamente creada para la relación "es pensada y querida por Dios para entrar en una historia de comunión con Él, con los demás y con la creación" (León XIV, Magnifica Humanitatis)
Mi reflexión sobre las lecturas de la solemnidad de Santísima Trinidad, ciclo A, 31 de mayo de 2026.
Bendiciones,
+ Heriberto, Obispo de Canelones, Uruguay.