El miedo, es verdad, tiene una función importante. Es la alarma, la reacción ante el peligro, que impide tomar decisiones equivocadas o realizar gestos imprudentes o tan temerarios que pueden costarnos la vida. Pero si la alarma se sale de control, como esas que cada tanto se suelen oír por un tiempo interminable, el miedo se convierte en un obstáculo que paraliza e impide realizar acciones tan valientes como necesarias. Y es ese miedo paralizante el que Jesús quiere remover.
Mi reflexión sobre las lecturas del Domingo 21 de junio de 2026, 12° durante el año, ciclo A.
Bendiciones.
+ Heriberto, Obispo de Canelones, Uruguay.