Epistolar

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By Antología de lo íntimoSociety & Culture
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Epistolar episodes

  • Carta de Olga Knipper a Antón Chejov (Lee Victoria Roland)

    Olga Knipper fue una destacada actriz en la etapa de oro del teatro en Rusia. Integró la formación inicial del Teatro de Arte de Moscú. Una compañía fundada por Stanislasvki, una de las más importantes del siglo XX, que sentó las bases para la interpretación realista. Knipper protagonizó “La gaviota”, de Antón Chéjov. Al poco tiempo de conocerse, la actriz y el dramaturgo comenzaron un romance. Primero fue en secreto y al tiempo decidieron casarse. El vínculo estuvo marcado por la distancia y por el carteo. Chéjov permanecía retirado en Siberia por cuestiones de salud y ella residía en Moscú, donde construía su carrera artística. En esta carta, la actriz está atormentada por el estreno de “Tío Vannia”, una de las obras de Chéjov que ella protagonizó. Dice que actuó mal. Dice más que eso. “Interpreté con pretensiones, y eso es lo más terrible”, se disculpa. Y le pide al escritor, al menos, unas líneas de consuelo. Lee la actriz Victoria Roland.

    ******

    27 DE OCTUBRE 1899

    [MOSCÚ]

    No debería escribirle hoy, mi querido Antón Pávlovich. Tengo una desidia tal, estoy tan aterrada, que es imposible describirlo.

    Ayer interpretamos Tío Vania. La obra tuvo un éxito clamoroso, toda la sala encendida, en ese sentido no hay queja alguna. Pero yo no he logrado pegar ojo en toda la noche y hoy no consigo dejar de llorar. Actué increíblemente mal. ¿Por qué? Son muchos los factores que llego a alcanzar, pero muchas otras cosas se me escapan. En estos momentos mis pensamientos están tan desordenados que apenas podría hablarle de ellos con lucidez. Según cuentan, en el ensayo general actué bien, aunque incluso de eso dudo ahora. En mi opinión se trata de esto, mire: me han forzado a abandonar mi modo de concebir el personaje de Elena, que, tal como parece, no agradaba al director, y eso que yo no la interpreté hasta sus últimas consecuencias. Me lo describieron de manera por completo diferente con la excusa de que era indispensable para la pieza. Yo discutí durante mucho tiempo y estuve en desacuerdo hasta el final. En el ensayo general estuve tranquila, y tal vez por eso actué tranquila y con suavidad. En cambio, en el estreno estuve terriblemente nerviosa, tenía, es evidente, miedo, algo que nunca me había ocurrido anteriormente, y por esa razón me resultó tan difícil interpretar la figura que se me obligaba a interpretar. Si la hubiera interpretado como yo quería, desde luego que la primera representación no me hubiera preocupado en absoluto. Mi gente estaba horrorizada de mi propia actuación, y rápidamente he hablado largo y tendido con Nikolai Nikolaévich. Él ve a Elena de la misma forma que yo al principio, y de verás que le creo. ¡Dios mío, qué triste y feo es todo esto! En mi interior algo se ha partido. Ya no sé a qué aferrarme. Por instantes estoy cerca de golpearme la cabeza contra las paredes, y al momento siguiente me quedo rígida como un tronco. Miedo me da pensar en el porvenir, en los encargos futuros si de nuevo tengo que ponerme bajo el sometimiento del director. ¿Por qué no he sido capaz de defender mi propia opinión? Me tiro de los pelos, ya no sé qué hacer. Ayer no llegué a concluir esta carta, no pude. Hoy me siento ya algo mejor, pero aún así no soy capaz de visitar a nadie y me he quedado en casa. Me gustaría tener noticias de usted. He olido las rosas, he pensado en el sur lleno de ternura, me he sentado en mi rincón predilecto del sofá y he estado leyendo El noventa y tres de Hugo, que encontré por la mesa. Me gusta mucho. (....)

    Escríbame al menos unas líneas de consuelo. Le estrecho la mano con fuerza, con muchísima fuerza, y le saludo haciendo una gran reverencia, mi querido escritor. Suya, Olga Knipper


    9 min
  • Carta de desamor de Agustín Lara (Lee Llever Aiza)

    “El Flaco de Oro”. Así le dicen al músico Agustín Lara en su México natal, donde es un prócer. Fue el autor de una gran cantidad de boleros que hoy son himnos, como “Solamente una vez” y “Piensa en mí”. Fue célebre no sólo por la música sino también por su gran cantidad de amores. Quizás el más relevante fue el que tuvo con la diva del cine mexicano María Félix, a quien le dedicó la canción “María Bonita”.

    Esta carta cuenta una historia particular: la del amor no concretado. O, al menos, no en el mundo de los cuerpos. Mientras leía la sección de citas románticas en una revista, Lara conoció a una tal Mónica. Fue un vínculos hecho de cartas. Ella buscaba a alguien “lo bastante inteligente para no pretender conocerme nunca en persona”. Pero Lara cayó en la trampa. Y quiso conocerla. Aquí se lo cuenta a su amiga e intérprete Carmela Rey. Ésta es la historia de un desencuentro en la pluma más notable que tuvo la historia del bolero. Lee el actor Llever Aiza.

    ****

    ¿Sabes, Carmela? Era yo todavía muy chamaco y hojeaba aquella revista cuyo nombre no recuerdo. En la sección de intercambio sentimental, me llamó la atención la firma de una de las corresponsales: Mónica. “Qué nombre tan raro”, me dije, pero asocié el nombre con la madre de San Agustín. Pensé: “¿Cómo será Mónica? ¿De qué color tendrá los ojos? ¿Cómo será su voz?”. Y mi fantasía comenzó a trabajar. Aquella mujer en su carta solicitando correspondencia decía poco menos así: “Deseo la amistad de alguien que sea lo suficientemente tonto para creer en la supremacía del espíritu sobre la materia; lo bastante inteligente para no pretender conocerme nunca en persona y lo estrictamente caballero para no burlarse de mis ideas y de mis sentimientos. Mónica”. Como puedes comprender, Carmela, despertó enormemente mi curiosidad, y por conocer cuáles eran esas ideas y esos sentimientos, le escribí a Mónica por medio de la revista. Te confieso que a través de sus cartas me enamoré de ella; no me interesaba tanto que fuera rubia o morena, o alta o chaparrita, o bonita o fea; lo que yo deseaba era escuchar su voz. Imaginaba que sería delicioso oir de sus labios aquellas palabras que yo sólo podía ver escritas. Su voz  tenía que ser dulce, armoniosa, musical. Su voz tenía que corresponder a la delicadeza, a la armonía y a la dulzura de sus ideas y de sus sentimientos. No fui lo bastante inteligente como para no pretender conocerla en persona. Insistí tanto en que me concediera una entrevista que al fin accedió. Si vieras qué emoción sentía yo, Carmelita preciosa; al fin iba a conocer a una mujer toda espiritualidad, toda delicadeza y cuyas cartas revelaban un gran talento. Me acercaba a la cita murmurando una canción… Y al fin conocí a Mónica. Pero la mujer frívola, un poco tonta y de voz desafinada que me recibió no era ella. No era lógico: una mujer como la que tenía enfrente no podía escribir como Mónica; y logré arrancarle la verdad: ella sólo era una amiga. Mónica jamás, por ningún motivo, se dejaría ver, nunca supe por qué y la impostora nunca me dijo la causa de esa inflexible incógnita. Fue como una sombra de mi fantasía.

    7 min
  • Carta de Arturo Jauretche a Ernesto Sábato (Lee Horacio Peña)

    No es tarea fácil definir a Arturo Jauretche en pocas palabras. Fue un escritor, pensador y político argentino. Su figura resultó fundamental en la historia de los dos partidos políticos más importantes de la historia del país: la Unión Cívica Radical y el peronismo.

    A mediados de los años 50, publicó el libro “Los profetas del odio”. Es una radiografía brillante sobre las relaciones de clase en Argentina, a partir del ascenso del peronismo. En el texto analiza los prejuicios de la clase media intelectual irritada por los “nuevos integrantes” de un ambiente que perteneció a una selecta burguesía por décadas.

    El discurso de la clase media, por su parte, hablaba de una organización movilizada por el “resentimiento” contra los más pudientes. En su libro “El otro rostro del peronismo”, el escritor Ernesto Sábato había dicho: “El motor de la historia es el resentimiento que se acumula desde el indio, el gaucho, el gringo, el inmigrante y el trabajador moderno, hasta conformar el germen del peronista, el principal resentido y olvidado”.

    Jauretche le contestó con esta lúcida carta, que aún deja huellas en los debates de la actualidad argentina. Lee el actor Horacio Peña.

    *****

    No, amigo Sabato. Lo que movilizó las masas hacia Perón no fue el resentimiento, fue la esperanza. Recuerde Ud. aquellas multitudes de octubre del 45, dueñas de la ciudad durante dos días, que no rompieron una vidriera y cuyo mayor crimen fue lavarse los pies en la Plaza de Mayo, provocando la indignación de la señora de Oyuela, rodeada de artefactos sanitarios.

    Recuerde esas multitudes, aún en circunstancias trágicas y las recordará siempre cantando en coro ––cosa absolutamente inusitada entre nosotros––y tan cantores todavía, que les han tenido que prohibir el canto por decreto-ley. No eran resentidos. Eran criollos alegres porque podían tirar las alpargatas para comprar zapatos y hasta libros, discos fonográficos, veranear, concurrir a los restaurantes, tener seguro el pan y el techo y asomar siquiera a formas de vida “occidentales” que hasta entonces les habían sido negadas... (Fragmento de la carta)

    8 min
  • Carta amorosa de Jaime Sabines a "Chepita" (Lee Juan Stack)

    Jaime Sabines es uno de los escritores más leídos y queridos en lengua hispana. Alguien capaz de transformar en poesía las cuestiones más mundanas de nuestra vida diaria. Cuando era un niño, conoció a Josefa Rodríguez Zebadúa, a la que todos llamaban “Chepita”. La relación tuvo siete años de noviazgo y 46 de matrimonio. “Juntos casi desde que éramos bebés”, dijo ella alguna vez.

    Cuando eran jóvenes, Jaime y Chepita se trasladaron de Chiapas a la ciudad de México para ir a la universidad. Ella tuvo que hacer una pausa en sus estudios por razones de salud. Ahí comenzó el carteo entre ellos, que dejó uno de los documentos literarios más bellos en español: el libro “Los amorosos”. En esta carta, el poeta intenta desmenuzar los celos posibles de Chepita. Neutraliza cualquier duda con profundo candor y con palabras de amor. Lee el actor y locutor Juan Stack.

    *****

    ¿Has estado celosa? ¿Te han llegado chismes? No quiero creerlo, porque sabes que te pertenezco, y que es pecar contra nuestro amor el dar posibilidades a la duda. ¿Es posible que, a estas alturas, no creas en mí? ¿O te sientes débil ante la distancia y ante el tiempo? Yo nunca te he jurado fidelidad sexual; no podría ser; es absurdo; tú misma no la deseas. El que yo ande con otra no quiere decir que deje de andar contigo. Tú estás más allá de todo esto, linda. Sería hacerte pequeña, introducirte en estas pequeñeces. Tú no eres ni circunstancia ni accidente -te lo he dicho-, tú eres intimidad, esencia. Y no es falacia; no es que trate de justificar acciones mías; lo hecho está hecho, no necesita explicaciones ni argumentos. Resulta que eres mía y que soy tuyo, nada más.

    Jaime

    4 min
  • Carta de Marilyn Monroe a su maestro de actuación (Lee Anahí de Cárdenas)

    A pocas actrices le cabe mejor la definición de ícono. Marilyn Monroe fue símbolo de la belleza, el glamour y la cultura pop de los años 50 y 60. Protagonizó quizás la escena más famosa de la historia de Hollywood. Todos la recordamos. Ella, bellísima, parada sobre las rejillas del metro con un vestido blanco que vuela por el aire. Las piernas perfectas. La sonrisa ancha, el mundo en sus labios.

    Pero detrás del maquillaje escondía una historia de mucho dolor. No conoció a su padre y sufrió la ausencia de su madre atormentada por sus problemas mentales. Esta carta pertenece a una de esas etapas sombrías de su vida. Está dirigida al maestro de actuación Lee Strasberg, que la acogió porque vio en ella un gran potencial. Mucho más allá del papel de “rubia tonta” que la industria le proponía una y otra vez.

    En esta carta, Marilyn le escribe a Lee desde un set de grabación. Está débil y agobiada. Y dice una frase tan demoledora como premonitoria: “La concentración es lo único que hay entre el actor y el suicidio”. Finalmente, murió de una sobredosis de barbitúricos el 4 de agosto de 1962. Lee la actriz y modelo Anahí de Cárdenas.

    ******

    Querido Lee:

    Me da mucha vergüenza empezar así. Pero quiero decirte gracias por entenderme y por haber cambiado mi vida. Aunque la hayas cambiado, sigo perdida. Quiero decir que no logro centrarme.

    Pienso que debe de ser porque todo actúa en contra de mi concentración, todo lo que uno hace o vive es casi imposible. En una ocasión dijiste, la primera vez que te oí hablar en el Actor’s Studio, que la concentración es lo único que hay entre el actor y el suicidio. En cuanto piso el escenario, pierdo la relajación mental por algún motivo. Hasta ahí llega mi concentración.

    Mi voluntad es débil. No puedo soportarlo todo. Sueno loca pero es que creo que me estoy volviendo loca. Gracias por dejar que Paula me ayude en la película. Es la única mujer realmente afectuosa que he conocido.

    Me basta con ponerme delante de una cámara y sentir que me abandona la concentración y todo lo que he intentado aprender. Entonces, me siento como si no existiera para la raza humana.

    Con cariño,

    Marylin.

    5 min
  • Carta a la Patria de Hamlet Lima Quintana (Lee Juan Quintero)

    Hamlet Lima Quintana fue un notable poeta argentino. Uno de los impulsores del Movimiento del Nuevo Cancionero, que marcó la música argentina de los años 60 y 70. Compuso unas 400 canciones folclóricas. Una de ellas es “Zamba para no morir”, que Mercedes Sosa inmortalizó con su voz. Nunca ocultó su militancia política. Hasta su muerte fue miembro del Comité Central del Partido Comunista en la Argentina. En 1978, vivió exiliado en España porque sus obras habían sido prohibidas por la dictadura militar. Formaba parte de las “listas negras” de Videla y compañía.

    ¿Cómo se vive el dolor de estar fuera del lugar donde se nace y se crece? ¿Qué se añora de la tierra? Lima Quintana lo explica bellamente en esta Carta a la Patria. Lee el músico Juan Quintero. La ilustración del episodio es de Santiago Quintero (@sanquinter).

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    Tierra, amor mío, Patria inconmensurable,

    hoy vuelvo a vos con todo el hambre encima,
    un hambre desmedido por ver tus campos y tus calles,
    tus fábricas con humo, con hombres y mujeres de trabajo.

    Tierra, amor mío, Patria de cada día.

    Recíbeme en tu seno con tu canción de cuna
    mas, si piensas que morir es lo que yo merezco
    dame la muerte, Patria mía,
    pero a ellos, a mis hijos, mis amores, mis amigos,
    a mi pueblo, mi pueblo de paciencia
    a ellos no les des la paz que habitará en mi muerte,
    a ellos dales, y por favor te pido,
    la paz que cantará en sus vidas.

    Tierra, amor mío, Patria de cada día.

    Hamlet Lima Quintana

    4 min
  • Carta de John Steinbeck a su hijo con consejos sobre el amor (Lee Arturo Puig)

    En toda su obra literaria, John Steinbeck tuvo una gran preocupación: reflexionar sobre las injusticias sociales y las clases desfavorecidas de los Estados Unidos. Un ejemplo maravilloso de eso es su novela “Las uvas de la ira”, ambientada en la década del 30 luego del gran crack financiero. Pero el fin de este episodio no es resaltar la obra del Nobel de Literatura.

    Esta carta muestra la sensibilidad no ya del escritor sino del padre. A finales de 1958, su hijo Thom le escribe para confesarle que está enamorado de una chica que se llama Susan. El novelista le contesta esta carta con su visión sobre el amor. Es un texto lleno de ternura y de una gran sensibilidad. Lee el actor Arturo Puig.

    ******

    Querido Thom:

    Recibimos tu carta esta mañana. Voy a responder desde mi punto de vista. Y, por supuesto, Elaine lo hará desde el suyo.

    Primero. Si estás enamorado, eso es algo bueno. Es lo mejor que le puede pasar a cualquiera. No permitas que nadie te haga sentir que es poco o que lo que sientes no tiene valor.

    Segundo. Hay varios tipos de amor. Uno es el egoísta, el que sujeta, el que utiliza al amor para su conveniencia. Ese es el tipo de amor feo y el que paraliza. El otro es un derroche de todo lo bueno en ti, de bondad, consideración y respeto. No sólo el respeto social por las costumbres, sino el mayor respeto: el reconocimiento de la otra persona como única y valiosa.

    El primer tipo de amor puede hacer que te enfermes, te hagas pequeño y débil; el segundo puede liberar en ti la fuerza, el coraje y la bondad, e incluso, la sabiduría que no sabías que tenías.

    Dices que el tuyo no es un amor adolescente; si tú lo sientes tan profundamente, por supuesto que no es adolescente. Pero no creo que con tu carta quieras preguntarme qué es lo que sientes. Tú lo sabes mejor que nadie. ¿En qué puedo ayudarte? Quizás pueda decirte algunas cosas.

    ¡Gloria al amor! Debes estar alegre y agradecido por ello.

    El objeto del amor es lo mejor y más bello. Trata de vivir conforme a él.

    Si amas a alguien, no hay daño posible en decirlo. Sólo hay que recordar que algunas personas son muy tímidas, y a veces se debe de tomar en consideración esa timidez. Las niñas tienen una forma de conocer o sentir lo que sientes, pero por lo general también les gusta escuchar.

    A veces sucede que lo que sientes no es correspondido o recíproco por una razón u otra, pero eso no hace que tu sentimiento sea menos valioso o bueno.

    Por último, conozco tus sentimientos porque yo los tengo y me alegro de que tú los tengas también.

    Estamos a tu disposición y para complacer a Susan. Ella será muy bienvenida. Elaine cumplirá con todos los protocolos y muy contenta de recibirlos. Ella también sabe de amor y tal vez te pueda ayudar más que yo.

    Y no te preocupes por perder. Si es correcto, sucede. Lo principal es no apresurarse. Nada bueno se escapa.

    Con amor,

    Papá.

    6 min
  • Carta de la fotógrafa Tina Modotti a Edward Weston (Lee Malena Figó)

    La italiana Tina Modotti fue actriz de cine mudo en Hollywood, modelo y pionera del fotoperiodismo social. En Estados Unidos, conoció al fotógrafo Edward Weston. Primero fue su musa, luego su alumna y, finalmente, amantes durante cinco años.

    En la década del 20, Tina se estableció en México, donde colaboró con el Partido Comunista y se hizo amiga de artistas como Diego Rivera, David Siqueiros y Frida Kahlo. Su trabajo fotográfico es escaso pero fantástico. Una obra maestra, que muestra las desigualdades, la lucha social y la vida de los indígenas mexicanos.

    Esta carta pertenece a su etapa romántica. Está dirigida a Edward Weston y describe esos encuentros amorosos. Carta hecha fuego. Exaltación del placer. Lee la actriz y fotógrafa Malena Figó.

    ******

    Edward:

    Repito tu nombre con ternura una y otra vez para acercarte, en cierto modo, a mí en esta noche en la que sola recuerdo.

    Anoche, a esta hora, tú me leías un libro hermoso. ¿O bebíamos vino y fumábamos? ¿O ya la oscuridad nos había envuelto y tú…? Ah, recordarlo me emociona al borde del desmayo. Dime, a esta hora, ¿me besabas mi seno izquierdo? Ah… ¡La belleza de todo eso! El vino, los libros, las fotos, la luz de las velas, los ojos para mirarnos, la oscuridad, los besos…

    A veces, me parece que no soporto tanta belleza, que ésta me rebasa. Y vienen las lágrimas. Y la tristeza. Pero esa tristeza llega como una bendición y como una nueva forma de belleza.

    Ay, Edward, ¡cuánta belleza le has dado a mi vida! Y, ¿sabés? Ya pasó casi un año.

    Tu carta anterior la tuve debajo de mi cabeza hasta la mañana. ¿Fue su leve fragancia lo que me despertó? ¿O el espíritu de tus deseos y de los míos que parecían emanar de ella?

    Sí. Embriagarse de deseos. Y, al mismo tiempo, temerlo y demorarlo. Ésa es la forma suprema del amor.

    Ya es muy tarde. Y la intensidad de mis sentimientos me ha agotado. El sueño me cierra los ojos pero en mi corazón hay una alegría oculta por todas las cosas que seguirán siendo nuestras.

    Tina.

    6 min
  • Carta fatalista de César Vallejo (Lee Giovanni Ciccia)

    César Vallejo es el poeta más trascendente que dio el Perú y uno de los grandes innovadores de la poesía del Siglo XX. En 1923, partió hacia Europa y no volvió nunca más a su país.

    Durante su estadía en París, al igual que Julio Cortázar, fue un gran cultor del género epistolar. Escribía cartas de todo tipo a allegados, familiares y amigos. Y esos textos nos sirven para conocer profundamente su personalidad.

    En este episodio, elegimos una de las cartas que mejor nos aproxima al Vallejo fatalista, al que retrata como pocos la angustia existencial. En este texto, le cuenta a su amigo Pablo Abril de Vivero lo mal que se siente debido a una reciente operación. El poeta del dolor escribe desde el cuarto de un hospital. Como él mismo describió, son “golpes como el odio de Dios”. Lee el actor Giovanni Ciccia.

    ******

    Mi querido Pablo:

    Parece que la mala suerte sigue empecinada en herirme. Esta carta la escribo desde el hospital de la Charité, Sala Boyer, cama 22, donde acabo de ser operado de una hemorragia intestinal. He sufrido, mi querido amigo, veinte días horribles de dolores físicos y abatimientos espirituales increíbles. Hay, Pablo, en la vida horas de una negrura negra y cerrada a todo consuelo. Hay horas más, acaso, mucho más siniestras y tremendas que la propia tumba. Yo no las he conocido antes. Este hospital me las ha presentado, y no las olvidaré. Ahora, en la convalecencia, lloro a menudo por no importa qué causa cualquiera. Una facilidad infantil para las lágrimas, me tiene saturado de una inmensa piedad por todas las cosas. A Menudo me acuerdo de mi casa, de mis padres y cariños perdidos. Algún día podré morirme, en el transcurso de la azarosa vida que me ha tocado llevar, y entonces, como ahora, me veré solo, huérfano de todo aliento familiar y hasta de todo amor. Pero mi suerte está echada. Estaba escrito. Soy fatalista. Creo que todo está escrito.

    Dentro de seis u ocho días más creo que saldré del hospital según dice le médico. En la calle me aguarda la vida, lista, sin duda, a golpearme a su antojo. Adelante. Son cosas que deben seguir su curso natural, y no se puede detenerlas.

    He leído la respuesta bondadosa del Sr. Leguía, sobre la beca. Ojalá no me la quiten de las manos. Ya, cuando esté mejor le escribiré al señor Leguía, agradeciéndole. De todas maneras, le ruego, mi querido Pablo, no descuidarse de asegurar la beca.

    Desde mi lecho de infortunio, le envío mi abrazo fraternal y agradecido.

    César.

    5 min
  • Carta de amor desesperada de Antonieta Rivas Mercado (Lee María E. Sandoval)

    Antonieta Rivas Mercado nació en 1900 en la ciudad de México. A los 30 años, se suicidó pegándose un tiro en el corazón dentro de la Catedral de Notre Dame. Parte de su historia está contada en la película “Antonieta”, que Carlos Saura dirigió en la década del 80. Rivas Mercado fue una de las grandes promotoras de la cultura mexicana después de la Revolución. Por ejemplo, fundó el primer teatro independiente del país. Y apoyó como mecenas a una gran cantidad de escritores y pintores.

    Uno de esos pintores fue Manuel Rodríguez Lozano. Cuando lo conoció, quedó impactada por su belleza y su personalidad. Incluso lo contó en uno de sus textos. “Andaba usted. Dueño de cada una de sus pisadas. Sentí su pureza. Sentí su integridad”. Pero éste fue uno más de los amores desdichados de Antonieta. Un amor no correspondido por una sencilla razón: Manuel era homosexual. Antonieta escribe esta carta con el corazón en la mano. Le dice que lo ama y que sólo él puede salvarla de la amargura. Lee la actriz María Sandoval. El arte de este episodio es de Santiago Quintero (@sanquinter).

    ******

    Manuel:

    Le escribo ya que usted así me lo indicó. No quiero que imagine desamor u olvido. ¡Qué más quisiera yo!

    ¿Quiere usted, a sabiendas, echarme a perder algo de lo mejor que aún traigo conmigo? ¿Tan poco vale mi cariño, para usted, que decía necesitar arraigados afectos, que como sembrador está lanzando amarga semilla?

    Hubiera sido mejor irme, si mejor es el engaño. Siento agudamente que en estos momentos descansar para usted es descansar de mí, que la ausencia sólo reza conmigo. ¡Qué no daría por quererlo hoy!

    Comprendo que mi comprensión sólo agudiza mi sensibilidad. Mucho debo haberlo ofendido o muy poco debe haberme querido y, si insisto en hablar en términos de cariño, es que todo lo otro, el mundo de estimación y dejamiento, el frío existir de sentimientos sin devenir cálido, me hostiliza.

    Es usted injusto, es usted cruel. ¿Vale tan poco mi cariño, valgo poco yo, Manuel, no puede usted salvarme de la amargura? ¿Quiere usted que yo también llegue a no atreverme a dar fuerza a que me hayan negado? Llevaba una flor en el alma. ¿Dígame? ¿Qué quiere usted hacer de mí? ¿Valía la pena rescatarme cuando iba a la deriva, si había de ser para esto?

    Será necio y romántico, pero verídico. Si usted me deja seguir el camino sola, me iré a restañar en el silencio. Tiene usted mi vida entre sus manos.

    Nada quiero porque quiero todo. No me agusane el corazón. Si en usted he puesto mi fe y mi amor, si soy toda quietud y paz y paciencia y ternura, si mi hondura es usted quien me la da, no ciegue la obra buena, lléveme consigo.

    Este año, en la crisis mala estuve a su lado. No me envenene negándome ese derecho. Es ahora cuando el amigo tiene derecho al amigo. ¿Qué quiere usted hacer de mí?

    Antonieta.

    7 min

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Escribir cartas es una de esas cosas que dejamos de hacer. Este podcast busca rescatar algo que parece un arcaísmo. Artistas le pondrán la voz y el sentimiento a misivas de distintas épocas y…