Dos personas pueden estar leyendo el mismo pasaje bíblico y, de pronto, una dice:
—En mi Biblia no dice así.
La otra revisa la suya y responde: —Pues en la mía sí.
¿Alguna de las dos tiene una Biblia equivocada?
No necesariamente.
La razón empieza mucho antes de nuestras Biblias actuales. Los textos bíblicos fueron escritos originalmente en lenguas que la mayoría de nosotros no hablamos: principalmente hebreo, arameo y griego.