En el pasaje del Evangelio según san Marcos 2, 1-12, Jesús entra en Cafarnaún y la casa se llena hasta el límite. Muchos presentes, poca disposición real. Mucha cercanía física, pero escasa implicación concreta. El escenario es claro: abundan los oyentes, escasean los que cargan.
Solo cuatro hacen algo más que escuchar. No piden permiso, no buscan aprobación, no esperan turno. Cargan al paralítico, rompen el techo y lo bajan hasta Jesús. La fe, aquí, no es discurso ni postura correcta: es decisión que incomoda a otros.