Narra el momento en que Jesús, desde la cruz, encomienda a su madre, María, al discípulo amado (Juan), diciéndole: "Mujer, ahí tienes a tu hijo" y luego a Juan: "Ahí tienes a tu madre". Tras esto, Jesús pide vino (vinagre), declara "Todo está cumplido" y entrega su espíritu. Finalmente, uno de los soldados le traspasa el costado con una lanza, y de su herida brotaron sangre y agua.