- Desde que tengo uso de memoria, en mi familia hacíamos grandes fiestas todos los 15 de septiembre.
- Además de la fiesta de México, celebramos el cumpleaños de mi madre.
- Mi casa se llenaba de banderas, papel picado tricolor, escudos nacionales, dulces mexicanos, olor a pozole y música mexicana.
- Mi padre, que fácilmente puede pasar por el cura Hidalgo, a pesar de ser orgullosamente judío, se colocaba en algún lugar alto de la casa y daba el grito, mientras todos respondíamos.
- Después, prendíamos la tele y volvíamos a dar el grito, respondiendo al presidente en turno, que arengaba a todos los mexicanos, en su papel de jefe del estado.
- Era impensable no celebrar en grande el 15 de septiembre.
- Era inimaginable un 15 de septiembre en la noche sin fiesta, baile, pozole, gritos, cohetes, luces de bengala, cornetas y atuendos mexicanos. Gobernara quien gobernara, ese día se sentía como un momento especial para vivir el orgullo de ser mexicano
- A la mitad del sexenio de Peña Nieto dejamos de prender la tele. Nos parecía imposible contestar con orgullo la arenga de independencia a un presidente que estaba retomando las peores prácticas priistas en el ejercicio de gobierno.
- Pero seguimos festejando en familia y haciendo el grito entre nosotros. Nunca vimos un grito del narco presidente López. Hosted by Simplecast, an AdsWizz company. See https://pcm.adswizz.com
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