Hoy, con Fran Mezcua, Javier Urra, Nila Álvarez Pousa, Ana Olivares, Esteban Massana, Alfonso Manjavacas y Candela Rojas.
En El Mejor Día de la Semana, hablamos de aquello que nos acompaña y nos define. Primero, a través de la poesía de Nila Álvarez Pousa, con la identidad, la memoria y el vínculo con la tierra como protagonistas. Y, desde ahí, damos paso a otra forma de mirarnos por dentro: la bondad, los límites y la manera de relacionarnos con los demás, de la mano del psicólogo Javier Urra.
Poetas gallegos: Nila Álvarez Pousa
En la sección coordinada por Isabel de la Iglesia, Candela Rojas ha puesto voz a La frente morada, de Nila Álvarez Pousa, un poema marcado por la identidad, la memoria y el vínculo con Galicia.
La tierra, el mar y la herida aparecen como símbolos de pertenencia y arraigo. El poema habla de lo que permanece en nosotros, incluso cuando estamos lejos: los lugares, los recuerdos y todo aquello que termina formando parte de nuestra propia identidad.
Ser bueno no es ser tonto
Ser buena persona no significa dejar que los demás se aprovechen de nosotros. Tampoco callar siempre, ceder por sistema o renunciar a defender lo que consideramos justo. De ello hemos hablado con el psicólogo Javier Urra.
Urra lo expresa con claridad: "Ser bueno no significa ser ingenuo, ser tonto o carecer de capacidad". La bondad necesita límites. Se puede ayudar, ser generoso y actuar con respeto sin terminar asumiendo siempre el trabajo, las obligaciones o las renuncias de los demás.
La bondad también pone límites
En la conversación aparece una idea clave: la asertividad y la bondad no se contradicen. Saber decir "hasta aquí" también forma parte de una relación sana con los demás. Como señala Urra, se puede ser bondadoso y, al mismo tiempo, "tener las ideas claras".
Su experiencia profesional le ha permitido conocer también a muchas personas que dedican tiempo, esfuerzo y cariño a ayudar a otros. Frente a los comportamientos más egoístas o abusivos, pone el foco en quienes cooperan, acompañan y actúan con generosidad.
Ser bueno, por tanto, no consiste en permitirlo todo. Consiste en actuar con respeto, ayudar cuando podemos y saber defender nuestros límites cuando es necesario.