En la parábola del Sembrador, Jesús presenta cuatro terrenos distintos en los que la semilla, que es la palabra de Dios, cae. Los tres primeros son inadecuados para que la semilla germine, y equivalen a la persona egoísta, superficial y materialista, respectivamente. En cambio, la semilla finalmente cae en tierra buena, que es el corazón del hombre que escucha, entiende y pone por obra la palabra de Dios.