Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

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Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda episodes

  • 411 a. El Pino (1/5) Hans Christian Andersen

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    Había una vez un pequeño pino que vivía en el bosque. Este pino era muy bonito pero pequeño. Tenía un buen sitio donde crecer y todo el aire y la luz que quería, y estaba además acompañado por otros pinos y abetos mayores que el. Pero este pequeño realmente se empeñaba en crecer con mucha prisa y pasión!

    Como tenia tanto afán de crecer No prestaba la menor atención al sol ni a la dulzura del aire, ni le ponía ningun interés en los niños del campo que pasaban charlando por el sendero cuando salían a recoger fresas y moras silvestres. 

    A veces los niños después de recoger las frutas llegaban con una canasta llena, o con unas cuantas fresas ensartadas en una pequeña rama, y se sentaban a su lado diciendo Que lindo arbolito tenemos aquí. Pero esto al arbolito no le gustaba oírlo porque el lo que quería era ser grande. 

    Al año siguiente como suelen hacerlo los pinos el pequeño pino crecio y produjo un nuevo brote de ramas en su tronco y al siguiente año otro nuevo brote mostrando su crecimiento. Ya se sabe que, tratándose de pinos, siempre es posible conocer su edad por el número de brotes que tienen en su tronco.

    Sin embargo el pino suspiraba -¡Oh, si pudiera ser tan alto como los demás árboles! - Entonces podría extender mis ramas alrededor y podría mirar el mundo desde lo alto de mi y asi los pájaros podrían venir a hacer sus nidos en mis ramas y, cuando el refrescante viento llegase podría moverme majestuosamente a los lados como lo hacen los otros arboles.

    A este pino nada lo alegraba, ni siquiera la vista de los pájaros volando, ni el brillo de el sol, ni las rosadas nubes del amanecer y el atardecer que pasaban por lo alto. 

    Cuando llegaba el invierno y la blanca nieve resplandecía por todas partes llenando la pradera donde el vivía, era frecuente que algún conejo travieso se acercara dando brincos sobre la capa de nieve y de un brinco pasara sobre el. Ohh que humillante era esto para el pequeño pinito. Sin embargo pasaron dos inviernos y cuando llego el tercero ya el pinito había crecido tanto que los conejos ya no podían saltar sobre el y dbian rodearlo para seguir su camino. Esto lo lleno de valentía y se repetia. Siii. Debo crecer y crecer y hacerme alto y mayor. Eso es realmente lo mejor y más delicioso en el mundo. Crecer y ser más alto.  

    Cuando llego el otoño, como todos los años, venían los leñadores a cortar algunos de los árboles más altos y el joven pino, que ya tenía una buena altura, temblaba sólo de verlos, pues los árboles más grandes y espléndidos terminaban cayendo al suelo entre un rugido y un temblar de la tierra al desplomarse desde sus alturas Luego el pino veía como les cortaban todas las ramas, y quedaban tan despojados y flacos en toda su longitud que era imposible reconocerlos; luego los cargaban en carretas y los caballos los arrastraban fuera del bosque.

    El pino siempre se preguntaba ¿Adónde se los llevaban? ¿Qué sucede con ellos?

    Cuando llegaba la primavera las golondrinas y las cigüeñas regresaban y el pino les preguntaba 

    -Disculpen, ustedes que viajan por todas partes ¿Saben ustedes adónde han ido los otros árboles, adónde se los han llevado? ¿Los han visto acaso en alguno de sus viajes?

    Las golondrinas nada sabían, pero la cigüeña se quedó pensativa  un rato y respondió, moviendo la cabeza:

    -Sí, yo creo saberlo. A mi regreso de Egipto mientras viajaba sobre el oceano encontré un buen número de nuevos veleros; Estos veleros tenían unos mástiles espléndidos, maravillosos, y en cuanto pase cerca de ellos sentí el aroma de los pinos que reconoci inmediatamente.  comprendí que eran ellos los pinos que antes estaban aquí. Y tengo que decir que se veían majestuosos llevando las grandes velas, altos y derechos.

    El pino que escucho esto dijo. -¡Cómo me gustaría ser lo bastante grande atravesar el mar en un velero Y dicho sea de paso, ¿cómo es el mar? ¿A qué se parece?

    La cigüeña si

    8 min
  • 411 e. El Pino (5/5) Hans Christian Andersen

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    Había una vez una pino que, por muchos años sonó con ser cortado y llevado a vivir donde vivían los humanos. Una navidad llegaron por el y lo llevaron a una mansión y lo colocaron en un gran salón adornado con toda clase de luces, manzanas y panecillos. Durante la nochebuena decenas de niños se divirtieron recogiendo los regalos en sus ramas y luego un contador de historias les contó un cuento que el arbol escucho y memorizo. 

    Pasada la noche buena, el arbol se sorprendio de que no lo adornaran de nuevo y en cambio lo llevaron a un atico oscuro donde paso todo el invierno. Su única compañía eran un grupo de ratoncitos y dos ratas que con el tiempo se cansaron de sus historias y del único cuento que se sabía. 

    Otra vez solo, el arbol se preguntaba cuando lo sacarían de allí y lo llevarían de nuevo a la pradera y el bosque donde había crecido y había sido tan feliz.

     

     

    Y Ocurrió una mañana que un grupo de personas subieron al atico donde el arbol estaba recostado en un rincón. Estas personas estaban haciendo algún trabajo y desinteresados por la presencia del pino, comenzaron a mover algunas cajas y entre algunos de ellos tomaron el pino y lo movieron de su lugar dejandolo caer sobre el piso polvoriento. Como el enorme pino estaba allí en la mitad decidieron arrastrarlo afuera y entre algunos de ellos lo bajaron por la escalera hasta el primer piso. De nuevo el arbol volvió a sentir la luz del día.  

    El arbol penso“¡La vida comienza de nuevo para mí!”, mientras sentía el aire fresco y los rayos de sol lo cubrían.  Ya estaba afuera, en el patio. Todo sucedió tan rápidamente y había tantas cosas alrededor que  el árbol se olvidó fijarse en sí mismo. El patio se abría a un jardín donde la primavera estaba en todo su esplendor.  Todo estaba en flor. Sentia el aroma Fresco y dulce de las rosas que colgaban de los pequeños enrejados del patio; los arbustos  habían florecido y las golondrinas volaban de una parte a otra cantando la belleza de aquel día:

    -¡Esta sí que es vida para mí! -gritó alegremente el pino , extendiendo sus ramas cuanto pudo. Pero, ¡ay!, estas estaban amarillas y secas y se vio tirado en un rincón, entre ortigas y hierbas malas. La estrella de papel dorado aún ocupaba su sitio en la cima y resplandecía a la viva luz del sol.

    En el patio jugaban algunos de los traviesos niños que por Nochebuena habían bailado alrededor del árbol, y a quienes tanto el les había gustado. Se pusieron felices de verlo de nuevo y  uno de los más pequeños se le acercó corriendo y le arrancó la reluciente estrella dorada.

    -¡Mira lo que aún quedaba en ese feo árbol de Navidad! -exclamó el infante mientras pisoteba las secas ramas hasta hacerlas crujir bajo sus zapatos.

    Y el árbol miró la fresca belleza de las flores en el jardín, y luego se miró a sí mismo seco y deteriorado , y deseó no haber salido jamás de aquel oscuro rincón del desván. Recordó la frescura de los días que en su juventud pasó en el bosque, y la alegre víspera de Navidad, y los ratoncitos que con tanto gusto habían escuchado la historia de Klumpy-Dumpy.

    -¡Todo ha terminado! -se dijo-. ¡Lástima que no haya sabido gozar de mis días felices! ¡Ahora, ya se fueron para siempre!

    Y vino un sirviente que cortó el árbol en pequeños pedazos, hasta que hubo un buen montón que ardió en una espléndida llamarada bajo la enorme cazuela de cobre. Y el árbol gimió tan alto que cada uno de sus quejidos fue como un pequeño disparo. Al oírlo, los niños que jugaban acudieron corriendo y se sentaron junto al fuego; y mientras miraban las llamas, gritaban: “¡pif!, ¡paf!”, a coro. Pero a cada explosión, que era un hondo gemido, el árbol recordaba un día de verano en el bosque, o una noche de invierno allá afuera, cuando resplandecían las estrellas. Y pensó luego en la Nochebuena y en Klumpy-Dumpy, el único cuento de hadas que había escuchado en su vida y el único que podí

    7 min
  • 411 d. El Pino (4/5) Hans Christian Andersen

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    Y a la A la mañana siguiente entraron dos criados.

    El pino emocionado vio como se acercaron a el y pensó 

    “Ahora las cosas volverán a ser como ayer, me pondrán todos los adornos y las luces otra vez. Pero los dos criados lo tomaron con mucha dificultad por su gran tamaño y arrastrándolo lo sacaron de aquel salón y lo llevaron escaleras arriba hasta el ático, donde ni siquiera entraban los rayos de sol. Y allí lo dejaron, en un oscuro rincón de aquel polvoriento atico. 

    El arbol extrañado se preguntaba… Que sucede… que significa esto.  Que hago aquí arriba, nadie me va a mirar y admirar. No podré escuchar los cuentos desde aquí. 

    Y recostado a la pared, el pino se quedo pensando y pensando es su destino. Y el arbol si que tenía tiempo para pensar. Pasaban los días y las noches y nadie subía a aquel oscuro ático. Un día cualquiera sintió que alquien abria la puerta y su corazón salto de gozo, pero el sirviente que entro simplemente dejó unas cuantas cajas en un rincón y sin siquiera mirarlo se marchó. Parecía que lo habían olvidado totalmente.

    El pino se decía a si mismo “que considerados son conmigo estos humanos , ahora es el invierno afuera y  la tierra esta dura y cubierta de nieve, de modo que sería imposible que me plantasen; me están resguardando aquí hasta que llegue la primavera. ¡Qué buena es la gente!… Si este sitio no fuera  tan oscuro y tan terriblemente solitario!… Ni siquiera hay algún conejito. Que feliz era yo cuando la nieve lo cubria todo allí en mi pradera y en el bosque y aquel conejito llegaba saltando. Incluso cuando saltaba sobre mi, aunque en ese momento no me hacia mucha gracia que lo hiciera. Pero lo extraño ya que aquí me siento muy solo.”

    De pronto sono un cuic. -¡Cuic! – era el sonido de un un ratoncito que en ese momento se colaba por una grieta de la pared, luego otro y luego otro. Los ratoncitos comenzaron a husmear el pino y rápidamente se deslizaron por el tronco hacia sus ramas. 

    -Hace un frío terrible afuera-dijeron los ratoncitos-, aunque éste es un espléndido sitio para estar y . ¿No te parece, viejo pino?

    -Yo no soy viejo -respondió el pino indignado-. Hay muchos árboles que son más viejos que yo.

    Los ratoncitos curiosos le preguntaron -¿De dónde has venido? -, ¿qué puedes contarnos de tu vida ? Que hermosos lugares has visitado. ¿Has estado en la despensa donde los quesos llenan los estantes y los jamones cuelgan del techo, donde se puede bailar sobre velas de sebo y el que entra flaco sale gordo?

    -No -respondió el pino-, no conozco esa despensa de la que ustedes preguntan, pero en cambio conozco el bosque donde brilla el sol y cantan los pájaros.

    Y el pino comenzó a contarlos sobre los días en que era joven. Los ratoncitos no habían escuchado nunca nada semejante y con toda atención le siguieron cada una de sus palabra.

    -¡Wow… mira que  has visto muchas cosas interesantes! -dijeron-. ¡Qué feliz habrás sido!

    -¿Yo? -preguntó el pino, y se puso a pensar en lo que acababa de decir y en lo que los ratoncitos le decían-. Sí, es cierto; habían sido realmente tiempos muy agradables.

    Y pasó a contarles luego lo ocurrido en Nochebuena, y cómo lo habían adornado con pasteles, manzanas  y velas.

    -¡Oooh! -dijeron los ratoncitos maravillados-. ¡Sí que has sido feliz, viejo pino!

    -Yo no soy  viejo -repitió el pino-. Fue solamente en este mismo invierno cuando salí del bosque. Aún estoy en plena juventud: lo único que pasa es que, por el momento, he dejado de crecer.

    -¡Qué lindas historias nos has contado! -dijeron los ratoncitos. Y a la noche siguiente regresaron con otros cuatro que querían escuchar también las historias y los relatos del pino. Mientras más cosas contaba en sus historias, mejor  iba recordando todo lo que había vivido anteriormente, y se decía:

    -Aquellos tiempos sí que eran realmente buenos en mi pradera; pero puede que v

    9 min
  • 411 c. El Pino (3/5) Hans Christian Andersen

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     Y llego el momento esperado por el pino. Por fin se encendieron las velas que tenia en sus ramas y ¡qué deslumbrante fiesta de luces! El pino en medio de su ansiedad se puso a temblar con todas sus ramas y tembló tanto que una de las velas prendió fuego a una de sus ramas verdes y esta emitió una luz brillante. 

    Debido a esto el árbol no se atrevía a mover una rama; tenía miedo de perder alguno de sus adornos y se sentía deslumbrado por todos aquellos brillos… De pronto se abrieron de golpe las dos puertas corredizas y a través de ellas entró en tropel un grupo de niños que se abalanzaron sobre el pino como si fuesen a derribarlo, mientras un grupo de personas mayores los seguían muy pausadamente y en silencio. Por un momento los pequeños se calmaron y observaban en silencio el árbol , pero sólo por un momento, luego comenzaron a gritar de alegría y sus gritos llenaron la habitación. Y juntando sus mano comenzaron a bailar alrededor del pino, y luego abalanzándose hacia las hojas le comenzaron a arrancar uno a uno los regalos que anteriormente habían puesto en él. 

    El arbol extrañado pensaba“Pero, ¿qué están haciendo?”,¿Qué va a pasar ahora?”

    Las velas se fueron consumiendo poco a poco y cuando el fuego de cada una llegaba a la rama que la sostenía era apagada inmediatamente por las mujeres que cuidaban la habitación. Cuando todas las velas se consumieron, los encargados le dieron permiso a los niños para que se acercaran a a las ramas y pudieran retirar las manzanas, los dulces y los adornos que este tenía. Los niños se lanzaron sobre el pino haciéndolo crujir en todas y cada una de sus ramas, y si el arbol no hubiera estado fijado al techo por la estrella dorada,  el pino se hubiera caido y golpeado el piso irremediablemente.

    Luego los niños comenzaron a bailar y saltar con sus brillantes y espléndidos juguete y ya nadie más reparaba en el arbol de navidad. Solamente una vieja nana que se encontraba allí se acercó a él para escudriñar entre las ramas por algún higo o alguna manzana escondida aún en el.

     

    De pronto la habitación se lleno de un rugido. Los niños al unisono comenzaron a clamar-un cuento. Un cuento. cuéntanos un cuento! mientras tomando de la mano a un hombrecillo gordo lo arrastraban hacia el arbol que lo miraba extrañado. Y este hombrecito gordo se sentó debajo del pino dispuesto a comenzar a contar un cuento.

    -Aquí será como si estuviésemos en el bosque -les dijo-, y al pino nos podrá escuchar perfectamente y estará feliz de oír el cuento. Pero sólo les contaré hoy una historia. Ahora… cual cuento quieren escuchar. ¿Les gustaría el cuento de Ivedy-Avedy, o el de Klumpy-Dumpy, que aun cayéndose de la escalera alcanzo e l trono y se casó con la princesa?

    -¡Klumpy-Dumpy! -gritaron algunos de los niños , y otros pedian a Ivedy-Avedy. El griterío y el ruido eran tremendos; sólo el pino callaba, pensando:

     

    Será que debo gritar con los demás o solamente me debo quedar aquí callado.  ¿Qué papel debo tomar  o no no debo hacer nada?”

    Porque ya el era uno de ellos y ya estaba desempeñando su papel y ya había hecho justamente lo que tenía que hacer.

    El narrador oral les contó la historia de Klumpy-Dumpy, que aunque se cayo de la escalera subió al trono y se casó finalmente con la princesa. Y los niños aplaudieron y exclamaron:

    -¡Cuéntanos otros! ¡Uno más!

    Querían también oír el cuento de Ivedy-Avedy, pero tuvieron que contentarse con escuchar solamente el de Klumpy-Dumpy. El pino estaba allí silencioso escuchando atentamente el cuento pensando que nunca le había oído a los pájaros del bosque contar una historia semejante. 

    “De modo que Klumpy-Dumpy  se cayó de la escalera y, a pesar de todo, termino cansándose con la princesa.. ¡Vaya, vaya; así son las cosas en em en el gran mundo!”, pensaba. “Seguro que tenía que ser cierto la historia  si aquel narrador oral tan agradable

    8 min
  • 411 b. El Pino (2/5) Hans Christian Andersen

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    Había una vez un pino que crecía año a año en la pradera cerca al bosque y que después de ver como cortaban los pinos para llevárselos soñaba que algún día llegaran por el. Paso un año más y al acercarse la Navidad regresaron los leñadores. El pino que siempre tenía en su mente si algún día saldría de aquel lugar vio como estos leñadores venían con sus hachas y con golpes certeros cortaron algunos pinos muchos más jóvenes que el y de menor tamaño pero que ademas eran muy bellos y frondosos. El pino no entendia que estaba sucediendo. Curiosamente el pino noto que a estos pinos más jóvenes no les cortaron las ramas y más bien los recogieron con mucho cuidado y los colocaron primorosamente sobre una carretas de madera. Luego los sacaron del bosque tirados por una cuadrilla de caballos bellamente adornados. Todo había sucedido diferente a la ultima ve y el pino se preguntaba donde irían estos pequeños pinos y porque les dejaron las ramas intactas. 

     

     

    Unos gorriones que vivían en un arbol vecino dijeron piando alegres. -¡Nosotros lo sabemos, nosotros lo sabemos! Hemos viajado a las casas del pueblo vecino y allí nos hemos asomado por las ventanas y hemos podido ver algunos de los arboles que se han llevado con todas sus ramas. 

    Tenemos que contarte que a estos les espera toda la gloria y todo el esplendor que puedas imaginarte. Cuando miramos por los cristales de las ventanas vimos cómo los plantaban en el centro de una bella y cálida habitación, y cómo luego los niños y los adultos se acercaban a ellos y los adornaban con las cosas más bellas del mundo: manzanas doradas, muñecos de pan dulce, juguetes y cientos de luces de todos los colores .

    -¿Y luego? -preguntó el pino, estremeciéndose en todas sus ramas-. ¿Y luego? ¿Qué pasa luego?

    -Bueno, no vimos más -respondieron los gorriones-. Pero lo que vimos era magnífico.

    Aquel pino curioso se quedo  muy pensativo y se decía a si mismo. -Me pregunto ¡Si algún día yo tendré la suerte de ser llevado al pueblo y adornado para brillar así! -exclamó el árbol con deleite-. Creo que eso es mejor incluso que cruzar el océano en un velero. ¡Qué ganas tengo de que llegue la próxima Navidad! Ahora soy tan alto y frondoso como los que se llevaron el año pasado. ¡Oh, si estuviese ya en la carreta, si estuviese ya en esa cálida habitación en medio de ese brillo resplandeciente! ¿Y luego de eso que sucederá? Sí, luego tiene que haber algo mejor, algo aún más bello aún esperándome, porque si no, ¿para qué iban a adornarme de tal modo?, seguramente algo más sucederá. Algo más más grandioso y espléndido. Pero ¿qué podrá ser? ¡Oh, qué dolorosa es la espera! Yo mismo no sé lo que me va a pasar en el futuro. 

    El viento y la luz del sol que lo escuchaban se acercaron a el y le dijeron -Alégrate ahora con nosotros, alégrate de tu vigorosa juventud al aire libre y disfruta cada instante. 

    Pero el pino no tenía la menor intención de seguir su consejo. Y el tiempo paso y este continuó creciendo y creciendo. Y a medida que pasaba la primavera, el verano, el otoño y el invierno. Y este piso convertio en un arbol esplendido y adquirio un bello color verde oscuro. Tan oscuro que la gente al verlo decían. 

    -¡Ése sí que es un hermoso árbol!

    Y llego la siguiente navidad. Y los hombres con las hachas llegaron. Esta vez se acercaron a el y con movimientos certeros golpearon su tronco y el hacha cortó muy hondo a través de la corteza, hasta la médula, y el pino cayó a tierra con un suspiro, desfallecido por el dolor, sin acordarse para nada de sus esperanzas de felicidad.  Cuando era arrastrado hacia la carreta se sintió triste de pensar que se alejaba de su hogar, del sitio donde había crecido; nunca más vería a sus viejos amigos, los pequeños arbustos y las flores que vivían a su alrededor, y quizás ni siquiera a los pájaros. Ahora que se alejaba sentía que no era nada agradable aquella despedida.

    E

    10 min
  • 410. Vainamoinen (Mito de creacion Finlandia)

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    Había una vez en las tierras del norte en lo que hoy llamamos Finlandia un mundo que aún estaba por nacer y no había hombres. En este mundo existía solo el mar y el cielo. El cielo tenía una hija llamada Illmatar que bajo a las aguas del mar y allí se acostó a esperar hasta que naciera un hijo primogénito. Un día un pato voló por el cielo y puso un huevo en las rodillas de Ilmatar y plácidamente se sentó allí entre las rodillas a incubar su huevo. Con el calor de la incubación el huevo comenzó a calentar las hasta que el calor comenzó a quemar las rodillas de ilmatar y esta adolorida movió las rodillas dejando caer el huevo que se quebró entre las aguas. 

     

    Ce las cascara inferior  de aquel huevo comenzó a crecer a formarse la tierra que comenzó a flotar sobre el agua, de la cascara superior del huevo se formó el cielo azul que hoy conocemos. La clara del huevo se esparció por aquel cielo formando las luna y las estrellas y de la yema amarilla salió el sol que alumbra las tierras de Finlandia. 

     

    Imatar siguió flotando en las aguas y del contorno de su cuerpo se formó el contorno de la tierra finlandesa y un día después de mucho esperar nació el primer ser humano. Un hombre llamado Vainamoinen, quien una vez nacido tuvo que nadar hasta encontrar tierra firme. Pero esta tierra no tenia aún vida y con la ayuda de Sampsa, la naturaleza comenzó a llenar la tierra de vegetación y vida. 

     

    De aquel proceso de crecimiento desmesurado de la naturaleza un árbol comenzó a crecer hacia el recién formado cielo donde el sol   y la luna empezaban a viajar, pero al haber crecido con sus ramas llegando a lo alto del cielo, estas atraparon el sol y la luna inmovilizándolos. 

     

    Vainamoinen comprendio que era necesario hacer algo ya que sin el movimiento continuo del sol y la luna no habría alternancia del día y la noche y las recién formadas formas de vida no podrían vivir. Decidido a solucionar esto, Vainamoien invoco el océano para que le ayudara. De pronto de las espumas del mar que golpeaba las costas finlandesas surgió un niño no más alto que un pulgar y totalmente cubierto de Cobre. Con zapatillas de cobre, gorro de cobre, guantes de cobre, cinturón de cobre, armadura de cobre y un haca y un cuchillo de cobre. El hombrecillo se acercó a Vainamoinen y este le pregunto. 

     

    Quién eres pequeño El hombrecillo le dijo. Soy el héroe del mar y he venido a derribar el árbol que ha detenido el deambular del sol y la luna. 

     

    Vainamoinen que no comprendía aún la naturaleza de aquel pequeño ser, rio y le dijo No pareces tener las características requeridas para la tarea. El árbol es enorme y tu eres muy pequeño además…

     

    Aún no había terminado de pronunciar su queja, cuando aquel pequeño comenzó a crecer y a crecer. Y creció tanto que su cuerpo se veía cruzando las nubes más altas y sus pies se apoyaban en el fondo del mar. De aquel ser insignificante había crecido un hombre cuyo cuerpo abarcaba toda la vista. De repente saliendo de el mar comenzó a caminar hacia el enorme árbol que tenía atrapado el sol y la luna. Y tomando el hacha que igualmente había crecido al unísono del cuerpo, golpeo una primera vez el tronco enorme. Con ese primer golpe una pequeña abolladura  surgió en el tronco. Con el segundo golpe de hacha una pequeña un agujero se hizo en el tronco y con el tercero  un gran hueco  comenzó a formarse a los ancho del árbol. De pronto aquel árbol que se elevaba hasta el cielo comenzó a ondular lentamente y aún soportado por sus ramas enclavadas en el cielo comenzó a doblarse hasta que con un gran estruendo después de haber liberado el sol, la luna y las estrellas cayó sobre la tierra provocando el primer temblor de tierra. 

     

    El sol, la luna y las estrellas, por fin libres reanudaron su transitar en el firmamento retornando el día y la noche. D

    7 min
  • 409. Los hombres salmon (Leyenda Tlingit - Alaska)

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     Había una vez en lo que hoy es Alaska una tribu tlingit que vivía en las costas del mar y por sus tierras pasaban los torrentes que bajan de las montañas de Canada. Sin embargo pese a vivir en la costa y tener los ríos a sus pies los tlingit no encontraban peces para pescar y su única alimentación eran alces y ciervos. Desafortunadamente cada vez era más difícil cazar estos animales y tenían épocas de hambruna. Cuando los Tlingit se entraban en los ríos y el mar para pescar no encontraban allí ningún pez . Las aguas no contenían ninguna vida. 

     

    Desesperados por la situación los habitantes de la aldea Tlingit decidieron visitar un brujo que vivía en el bosque para preguntarle si el podía hacer algo. El brujo que tenia mucho años y había visto pasar muchas lunas, los recibió intrigado.  El jefe de los Tlingit le llevo un frasco de miel y un jamon de ciervo como regalo. El brujo recibió muy agradecido el regalo pero rápidamente les pidió que le dijeran la razón para dicha visita. 

     

    El jefe Tlingit le dijo que su pueblo estaba pasando hambre por la total falta de peces en sus aguas. El brujo les dijo que el sabía que sucedia. Muchos años atrás existía una raza de hombres salmon que vivía en lo profundo del mar, cuando los hombres llegaron a vivir en la tierra no encontraron comida suficiente para alimentarse y los hombres salmon decidieron ofrecerse como alimento convirtiéndose en el salmon que viajaba a las costas y los ríos, para asi ser pescados y consumidos por los hombres de la tierra. Asi la tribu podía consumir el pescado como fuente de su alimentación. Pero había una sola condición. Cada uno de los huesos de el salmon que ellos consumieran, incluso los más pequeños debian ser guardados y tirados de nuevo a las aguas para que estos viajando por el rio y las aguas del mar regresaran a su casa en el mar y así renacer de nuevo como hombres salmon. 

     

    Durante muchos años esta costumbre se conservo pero con el tiempo se fue olvidando y algún día un habitante de la tierra no regreso todos los huesos al rio y un hombre salmon renacio deforme ya que le faltaban algunos huesos de la cara. Debido a esto los hombres salmon decidieron no volver a las costas y los ríos de lo Tlingit y por esta razón no había pesca en aquellas tierras. 

     

     

    Aquella noche, cuando los rayos del sol abandonaron las cimas de las montañas el brujo encendio una hoguera y convidando a los visitantes Tlingit les pidió que tocaran con sus tambores una melodía que despertara el mundo de los espiritus. Luego vistiendo una piel de oso blanco, y siguiendo el sonido de los tambores comenzó a golpear con fuerza la tierra mientras su brazos se estiraban como si quisieran alcanzar el mundo entero. Su cara comenzó a cambiar tomando inicialmente la forma de un cuervo, luego de una foca y finalmente de un pez. Y su cuerpo cayo al suelo. Los miembros de la tribu Tlingit ataron el cuerpo del brujo y vieron como su espíritu se elevaba abandonando el cuerpo. 

     

    El espíritu del brujo viajo por la costa y luego se interno bajo el mar donde vivía el dios supremo Cuando llego ante el gran creador le pidió que le permitiera a los hombres salmon regresar a las aguas de los tlingit y que estos estaría dispuestos a seguir la costumbre de conservar los huesos de los salmones y regresarlos a las aguas para que renacieran como salmones de nuevo y asi pudieran regresar de nuevo a las costas y los ríos. 

     

    El gran creador acepto y permitió que los hombres salmon regresaran a las costas como salmones. El espíritu del brujo regreso a su cuerpo y le informo al jefe de los Tlingit las condiciones para el regreso de los salmones. Cuando todos aceptaron se oyo un ruido proveniente de las aguas y miles de salmones comenzaron a saltar entre las aguas camino hacia las montañas. Allí los esperarían de regreso la tribu Tlingit para hacer de ello

    7 min
  • 408. El peor enemigo

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    Había una vez un hombre que vivía alejado de la civilización, se había pasado toda la vida lejos de cualquier pueblo o ciudad. Por años vivía en una área rural y se alimentaba básicamente de lo que cultivaba. El hombre después de muchos años sintió que sus fuerzas le estaban faltando y sentía un extraño dolor en el pecho. Preocupado hizo lo que nunca había hecho. Tomo un par de cosas, las coloco en un pequeño saco y comenzó a caminar hacia el camino más cercano. Aquel camino que algunas veces había utilizado para intercambiar sus cultivos por comida y alguna vestimenta. 

     

    Cuando llego al camino, cansado y pálido se acostó, con la fortuna de que paso por allí en ese preciso momento un príncipe que al verlo en tan mal estado, hizo que sus pajes, lo subieran al coche dorado en que se movilizaba. El hombre nunca había visto el oro y se maravillaba de el resplandor que producía y el color como el sol. 

     

    Después de algunas hora finalmente llegaron al palacio, y el príncipe mando a llamar al medico real para que lo examinara. Mientras llegaba el medico el príncipe hizo trasladar al viejo moribundo a una habitación. 

     

    El viejo dormido fue llevado a la cama y acostado allí sin que se despertara. Paso todo el día dormido y a la mañana siguiente, ya descansado un poco, pero todavía con dolor en el pecho, se levantó de la cama y mirando a su alrededor no podía creer en lo que veía. Con sus ojos viejos veía un grupo de personas que lo estaban mirando, todas ellas lo estaban rodeando y todas ellas no le quitaban la atención. Todos ellos vestidos de igual manera y todos tenían la misma cara. 

     

    El viejo no reconocía aquellas personas y peor aún lo miraban con extrañeza directamente y luego lo miraron con susto y luego con cierto enojo. Trato de ocultarse de nuevo en su cama, pensando que era un mal sueño, pero al abrir los ojos allí estaban todos mirándolo. Como era un hombre de campo rudo decidió defenderse y enfrentar a los intrusos, pero para su sorpresa vio que si el los miraba amenazante ello igualmente lo miraban amenazantes y eran muchos. Si levantaba un brazo para atacarlos, veía que ellos igualmente levantaban un brazo amenazante y eran muchos. 

     

    Su corazón comenzó a sentir temor real de que aquellos hombres los fueran a lastimar y sentía como este comenzaba a palpitar cada vez con más fuerza. Decidió gritarles y escucho un sonido que repetía lo que el decía y esto aumento más su confusión. 

     

    Finalmente, confundido, asustado y enojado el nivel de angustia lo sobrepaso.

     

    Y el medico llego y al entrar encontró un pobre anciano tirado en el suelo con una mueca de dolor y cientos de imágenes de el mismo reflejándose en el cuarto de los espejos.

    Esta habitación estaba decorada por todas partes de espejos. Cada una de las paredes estaba cubierta de abajo hacia arriba de espejos, lo que producía un efecto de infinito con el que el príncipe disfrutaba ya que el reflejo de uno se dirigía hacia el otro y así parecía un túnel permanente. El viejo que nunca había estado frente a un espejo y menos frente a decenas de ellos Había muerto atacado por el peor de los enemigos. El mismo. 

    5 min
  • 407. El durmiente

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    Había una vez en la india un pueblo que quedaba cerca de la ruta por la que viajaban muchos comerciantes y viajeros. Por ese pueblo pasaba asi mucha gente y todos los viajaban se daban cuenta que en aquella ruta cerca del pueblo había un hombre que siempre, siempre estaba dormido. Se decía que el hombre llevaba más de 25 años durmiendo sin parar. Todos aquellos que pasaban por allí al regresar una y otra vez veían al hombre profundamente dormido y nadie se atrevia a despertarlo, simplemente lo miraban dormir y aunque preguntaban en el pueblo por la razón que tenia aquel hombre de siempre dormir, nadie era capaz de dar una razón valida para aquel durmiente

    En las cercanías de la localidad vivía un ermitaño que era un hombre muy sabio y de grandes poderes. El ermitaño que era muy huraño y que dedicaba todo el tiempo posible a la meditación se sintió ofendido cuando un emisario del pueblo llego a preguntarle que si el podía visitar aquel durmiente eterno y averiguar cual era la razón de su constante dormir. Fastidiado, pero deseoso de que no lo molestaran más accedió a visitar al hombre que dormía y una vez llego junto a el comenzó a hacer un trance mental que le permitiera entrar en los pensamientos y en el cerebro de el hombre. Después de entonar un mantra profundo y subir unos cuantos niveles en su capacidad mental pudo entrar en la mente de aquel hombre y comenzar a explorar su vida de sueño. Con la capacidad de clarividencia conectada directamente con la mente del hombre pudo experimentar los pensamientos más profundo que el hombre tenia y después de un tiempo regreso al estado natural bastante agitado y con semblante pálido. 

    Los habitantes del pueblo que se habían reunido para observar el acontecimiento en cuanto vieron que el ermitaño abría los ojos le preguntaron afanados que era los había visto en los insondables laberintos de la mente de aquel hombre dormido. El ermitaño comenzó a balbucear algo que era difícil de entender y después de un rato su mente logro volver al estado de conciencia normal y les dijo. 

    He llegado al centro mismo del cerebro de este hombre que lleva más de un cuarto de siglo durmiendo, he podido sentir y explorar sus sueños y ver que estaba sucediendo en ellos y lo que he visto me ha dejado aterrado. Algo que no puedo comprender esta sucediendo en el cerebro y en la mente de este hombre. Preferiría que nadie lo moleste y nunca, nunca se atrevan a despertarlo. 

     

    Porque dijeron todos al unisono. 

    Porque este hombre esta soñando el mundo que vivimos y todos nosotros estamos en el. No quiero pensar que nos pasaría si el despierta. 

    5 min
  • 406. El ataud de Ayaviri (Leyenda del Perú)

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    Había una vez, en el siglo XVIII, en lo que hoy es la provincia de Melgar, Perú, un pueblo llamado Ayaviri. Este bello pueblo enclavado en una planicie bordeada por algunas colinas  cuenta  con una bella iglesia colonial construida a finales del siglo XVII, llamada la catedral de San Francisco de ayaviri. La Catetral con sus dos torreones de piedra es una joya conservada por el tiempo. En dicha catedral con vista a la plaza de armas desde épocas inmemoriables se conservaba una ataud de madera rustica y de muy pobre factura. Este ataud, sin adornos, tenia un solo propósito. Era mantenido en el interior de la catedral para servir de medio de transporte  de aquellos que morían y que eran tan pobres que no podrían costearse un ataud propio. 

     

    En las noches del siglo XVIII cuando la única luz disponible era la de algunas cuantas lamparas de aceite, las noches sin luna era tan oscura que poco o nada podía observarse y durante algunas noches la luz de la luna solo servia para aumentar el misterio a partir de las sombras. Cuentan los habitantes de Ayaviri, que algunas noches pasada la medianoche se podía escuchar un ruido macabro que recorria las calles empedradas de aquel pueblo. Por falta de luz y por el frio de la noche, los habitantes no se atrevían a salir a verificar que era lo que sonaba, pero desde hace muchos años se tenia por cierto que aquel sonido de ultratumba se debia a aquel feretro que vivía en la catedral. 

     

    Se decía que aquel feretro salia a recorrer las calles del pueblo y que deambulando por ellas llegaba hasta la casa de quien en pocos días habría de morir. La leyenda de aquel feretro ambulante pasaba de generación en generación pero nadie la podía confirmar. Al menos hasta aquella noche. Cuentan que una noche un habitante del pueblo decidió confirmar por el mismo si la leyenda era real y para ello se subio a lo alto del campanario. Allí se instalo esperando que las campanas de la iglesia dieran las doce. De su lugar privilegiado podía observar en aquel noche de luna llena, las sombras de la plaza de armas y las calles desiertas. De pronto escucho el sonido de madera crujiente y entre sombras y luces pudo ver que el feretro de madera salia de la puerta de la catedral y se dirigía hacia la plaza de armas. Alarmado toco con fuerza la campana que tenia sobre sus hombros en aquella torre y al tañir de la campana vio como el feretro retrocedia y se internaba en la iglesia. Al rato volvió a sentir el sonido de madera crujiente y vio de nuevo el feretro saliendo. De nuevo toco la campana y el feretro regreso por segunda vez desandando el camino que había tomado. Luego después de un rato, sintió de nuevo el crujir pero esta vez, el osado muchacho decidió seguir el feretro y no asustarlo con el sonar de la campana. Desde el atrio de entrada a la iglesia vio como la imagen oscura de aquel feretro daba la vuelta en el marco de la plaza de armas y valientemente corrio hasta allí. Lo pudo divisar de nuevo y lo siguió por varias calles, escuchando siempre el vibrar y crujir de la madera. 

     

    Finalmente vio como el feretro se detenia ante una humilde casa y de allí se regresaba de nuevo hasta la iglesia de donde había salido. Extrañado por lo que había podido presencial el joven no revelo a nadie, pero menos de una semana después, se entero que uno de los habitantes de aquella casa que había visitado el feretro había muerto y al día siguiente los portadores de caridad habían llevado el feretro en sus hombros para recoger al muerto y llevarlo a la iglesia y luego al cementerio. Después de depositar los restos el feretro fue devuelto a la catedral para que allí esperara la próxima muerte. 

    Desde esas épocas fue claro en el pueblo de Ayaviri que cuando se escuchaba el traquear de madera en la noches oscuras era el ataud ambulante que salia a recorrer el trayecto desde la catedral hasta la casa del que moriría prontamente. Y por obvias ra

    6 min

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