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Había una vez un hombre que caminaba por un camino con su caballo y su perro. El hombre se sentía muy extraño y no recordaba como había llegado a ese camino. Iba caminando muy tranquilo, y de vez en cuando acariciaba a su caballo y a su perro, y ambos le regresaban el saludo como solo los caballos y los perros pueden hacerlo. Después de un tiempo en ese camino, el hombre vio que se estaban acercando a una puerta de oro con un portón igualmente de oro. Allí en la puerta se encontraba un hombre que los saludo muy amablemente.
Buenos días. Le dijo al caminante. Bienvenidos.
El caminante que no recordaba en absoluto porque estaba en aquel camino, simplemente le respondió.
Disculpe. Estamos un poco perdidos. No sabemos por donde estamos caminando y realmente no sabemos que es este lugar.
El guardia de la puerta se sonrió y le dijo. Hombre. Ustedes 3 están muertos.
Muertos. Respondió el caminante. No puede ser.
Pues si puede ser porque este camino es el camino de las almas que recorren hacia el destino final y no es infrecuente que los que mueren no se hayan percatado de que murieron. Es posible que ustedes tres hubieran tenido un accidente y aquí están de camino hacia la otra vida más allá de la vida.
Y entonces este lugar que es.
El guardián le dijo sonriendo. Pues esto es el Cielo mi amigo.
El cielo. Que bien Gracias a dios que hemos llegado. Sera posible que nos dejen entrar. Ya sentimos el cansancio de tanto caminar.
El guardián lo miro y poniendo cara seria le dijo.
La verdad es que usted puede entrar con mucho gusto, pero su caballo y su perro no pueden entrar.
El caminante extrañado le dijo. Como así que mi caballo y mi perro no pueden entrar. Si ellos siempre me han acompañado a todas partes.
Lo siento dijo el portero. No pueden porque los animales no tienen alma y las reglas son muy estrictas aquí en el Cielo.
El caminante muy enojado dijo. Pues entonces yo no entro y me voy a buscar un sitio donde me reciban con mi caballo y mi perro y dándose media vuelta tomo un camino que cogía hacia la derecha.
Después de algún tiempo y ya cansado y sudorientos el caminante, el caballo y el perro llegaron a una lugar con una compuerta humilde donde estaba otro vigilante.
Allí temiendo lo peor, el caminante saludo.
Disculpe. Estamos muy cansados y necesitamos un poco de agua.
Claro, dijo el vigilante saltando alborozado. Aquí pueden entrar y tomar el agua que deseen. Dentren para dentro que no hay ningún problema. Allí pueden ver un fuente de agua y junto a ella pueden ver algunos arboles frutales, pueden beber y comer los tres sin ninguna dificultad. Son bienvenidos.
El caminante sorprendido por tan amable recibimiento y recordando las enseñanzas religiosas que había recibido. Empezó a preguntar con mucho temor.
Ahhh pero antes de entrar tengo como una preguntica muy importante.
Este sitio como se llama.
Como se llama, rio el vigilante. Ya veo que ustedes tres si están perdidos.
Pues este sitio es nada más y nada menos que el cielo .
El cielo … Un momento. Hace un rato estuvimos en otro sitio con una puerta de oro y portón de oro y allí el encargado nos dijo que ese era el Cielo y que como era el cielo ni mi caballo y mi perro podían entrar . Como puede ser aquí el cielo si allá nos aseguraron que era el mismísimo cielo.
El vigilante simplemente soltó una carcajada y con su voz profunda les dijo.
Noooo Ni de fundas. Ese lugar con la puerta dorada es nada más y nada menos que el infierno y quien los recibió es el mismísimo demonio encargado de la portería.
El caminante furioso le respondio Pero eso&
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Había una vez en una cabaña montañosa de la antigua transilvania, lo que hoy conocemos como rumania, una niña que vivía junto a sus padres y cuatro hermanos. Cuando la niña creció vio pasar por la montaña donde vivía un joven y apuesto cazador que iba detrás de un alce. La joven muchacha cuando lo vio quedó absolutamente enamorada de el. Pero como el joven iba detrás de un alce no se percató siquiera de la presencia de aquella joven.
A partir de aquel día, la muchacha salía de su casa a recorrer los campos tratando de encontrarse con el joven cazador, pero este cuando se encontraba con ella la ignoraba y seguía su camino sin prestarle ninguna atención y ni siquiera dirigirle la palabra. De esta manera la joven regresaba triste a su casa y se pasaba la noche llorando de tristeza.
Una noche mientras lloraba invoco al diablo para que este le ayudara a seducir aquel joven, e inmediatamente en su cuarto se apareció una figura oscura y malevola. El mismísimo diablo.
Cuando la mujer lo vio le dijo. 'Oh diablo, ayúdame'. El diablo se paro frente a ella y le dijo. Dime mujer que quieres de mi. La joven temblando le contó cómo el joven cazador no le prestaba ninguna atención y como ella estaba enamorada de el. El diablo sonriendo le dijo. Males de Amor. Ya veo que eso es lo que tienes. Pero no te preocupes que yo puedo ayudarte. Y sacando de su capa un espejo se lo entregó a la muchacha diciendolo.
Lo único que debes hacer es salir mañana con este espejo y cuando veas venir al joven, le colocas el espejo frente a el y si el se ve reflejado en el espejo inmediatamente caerá rendido a tus pies.
Al siguiente día la muchacha salió feliz a buscar el cazador a la montaña y rápidamente lo vio subiendo en busca de un alce. Corriendo lo alcanzó junto a un riachuelo y cuando el joven pasó junto a ella, sin saludarla, ella sacó el espejo y lo puso frente a su cara. El joven que tenía había oido de muchas historias del diablo, se asusto cuando vio el espejo y corriendo se alejó de allí santiguandose.
La joven sorprendida por la reacción del joven regreso a su casa llorando y encerrándose en su habitacion comenzo a llamar al diablo de nuevo. Este apareció y al oír lo que había pasado se sorprendió de los astuto que era el cazador. Así que le dijo a la muchacha.
Tendremos que utilizar algo más radical con este joven. Pero esta vez deberas pagar con lo más preciado que tengas.
Lo que sea contesto la muchacha.
El diablo de nuevo sonrío y le dijo. Deberás pagar con la vida de tus seres queridos.
La muchacha inicialmente no entendió, pero el diablo le dijo. Tráeme el cuerpo muerto de tu padre. La muchacha enloquecida por la influencia del diablo, salió de su cuarto y le trajo el padre. Inmediatamente el diablo lo convirtió en un caja de resonancia. Luego le dijo . Traeme a tu madre y la joven salió y con engaños hizo entrar a la madre a su cuarto y allí el diablo la convirtió en un arco con una cuerda creada de su pelo. Luego le dijo, traeme a tus 4 hermanos y la joven salió y regresó con sus que fueron convertidos por el diablo en una finas cuerdas.
Luego tomando la caja, las cuerdas y el arco creo un instrumento musical de gran sonoridad. Un instrumento capaz de producir los sonidos más tristes y dolorosos que se pudieran crear e igualmente los más dulces y melodiosos.
Entonces el diablo comenzó a tocar el instrumento y le enseño a la joven como tocarlo de manera que llamara la atención del cazador. A la mañana siguiente la joven se internó en el bosque en espera del cazador y cuando lo vio venir comenzó a tocar el instrumento produciendo una melodía suave y cautivadora. Una melodía que lleno el bosque y las montañas.
El cazador al oír esta música se sintió atraído como nunca antes y acercándose a la joven decidió quedarse junto a ella mient
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Había una vez un ermitaño que vivía en la ladera de una escarpada montaña de la india. El ermitaño, un hombre ya de avanzada edad, con sus cabellos blancos y su rostro arrugado vivía allí desde hacia más de 60 años y gracias a la meditación había podido desarrollar un sinnúmero de poderes que los mortales no podían realizar.
S mente continuaba siendo ágil y dinámica y debido a su constante práctica de ejercicios mañanero su cuerpo era tan flexible como el de un joven 60 años más joven. Sometiéndose a toda suerte de disciplinas el ermitaño , había obtenido un asombroso dominio sobre las fuerzas de la naturaleza y las fuerzas divinas.
Su mente era capaz de levantar objetos y transportarlos a otro lugar, era capaz de convertir un metal en otro y era capaz de comunicarse telepáticamente con otros seres. Era un prodigio.
Pero, a pesar de ello, aquel hombre tenia una debilidad que era consecuencia de su propia apreciación de sus habilidades sobrenaturales. Nunca se había podido deshacer de su Ego. Se consideraba superior a todos en el mundo y la humildad nunca había llegado a su alma.
un día Yama el señor de la muerte del Tibet decidió que era hora de llamar a su presencia aquel viejo ermitaño y envió un emisario para que recogiera el cuerpo y el alma de aquel hombre y lo trajera a su presencia. El emisario rápidamente empaco sus cosas y comenzó su viaje hasta aquella lejana montaña donde vivía el ermitaño, cuando el emisario de Yama comenzaba a subir la escarpada montaña, el ermitaño con su fina clarividencia detecto su presencia y adivino sus intenciones y no dispuesto a que se lo llevaran al inframundo, uso uno de sus más avanzados poderes. La ubicuidad. De esta manera proyecto 39 formas idénticas a la suya. Cuando el emisario de la muerte entro en su cueva en la montaña vio que había 40 cuerpos iguales distribuidos por toda la cueva. Todos ellos con la figura y las maneras de aquel ermitaño. Confundido y sin saber que hacer, el emisario de Yama dio media vuelta y maldiciendo se regreso hasta el inframundo donde se encontraba Yama.
Frente al dios de la muerte, le explico que había sucedido y como el ermitaño lo había engañado hasta tal punto que le era imposible escoger uno de los cuerpos para traérselo consigo. El Dios Yama que había visto todo y todo lo comprendía, se acerco a su emisario y le dio unas breves instrucciones. El emisario sonrió y deseoso comenzó el camino de regreso donde el ermitaño.
De nuevo el ermitaño presintió la llegada del emisario de la muerte y seguro de si mismo simplemente decidió repetir la hazaña y crear 39 copias del mismo para de nuevo confundir aquel ser que venia por el.
De nuevo 40 cuerpos idénticos lo esperaban en las profundas entrañas de la cueva y el emisario se plantó frente a ellos diciendo.
Veo que de nuevo están todos ustedes reunidos para que yo no pueda reconocer quien es el ermitaño verdadero. Y prendiendo una antorcha comenzó a recorrer uno a uno los 40 cuerpos y después de recorrerlos todos dijo.
Muy buen trabajo. Ciertamente cualquiera que sea el verdadero realmente tiene muy bien desarrollado el poder de la ubicuidad y debo felicitarlo. Pero también he de decir que en los detalles esta la perdición.
Después de haber recorrido todos y cada uno de ellos puedo determinar que por perfectos que sean siempre hay algún pequeño fallo en la reproducción y este fallo salto a mi vista entrenada inmediatamente.
Al oír esto el ermitaño se sintió herido en su orgullo y dejando que su ego hablara por el dijo.
No es posible. Dígame inmediatamente cuál es el defecto si es que existe.
El emisario sonrió y dijo.
Este es el defecto. Su ego lo ha delatado y
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Había una vez en el antiguo Japón un anciano llamado Takahama que era reconocido como un hombre justo y sabio. Takahama vivía en una casa humilde que quedaba en la entrada de el cementerio del pueblo. Se sabía que este anciano había vivido allí desde muy joven y también se sabía que Takahama nunca se había casado y nadie recordaba haberle visto ninguna mujer que lo acompañara. La verdad es que la vida de este hombre era un misterio para todo el pueblo.
El día a día de Takahama era en cambio conocido por todos ya que de tanto repetir y repetir su rutina diaria todos sabían aproximadamente la hora del día solamente observando donde se encontraba y que hacia el señor Takahama. Su rutina era exacta desde que se tenia memoria. El señor Takahama se levantaba a las 8 de mañana y desayunaba a las 8:30 en la puerta de su hogar, donde todos lo podían ver. Luego a las 9:30 se levantaba y tomando una escoba limpiaba el frente de su casa llegando hasta la puerta del cementerio. Terminaba de hacerlo a las hasta las 10:30 de la mañana, a esta hora entraba de nuevo a su casa, se arreglaba y a las 11:00 en punto salia a paso lento hasta el parque del pueblo donde los tenderos tenían instalado sus ventas.
El señor Takahama recorría pacientemente una a una los ventorrillos de flores y seleccionando con ojos de experto las rosas, escogía una docena de ellas, todas blancas y perfectas en apariencia. A las 12:00 del día, después de haber seleccionado y comprado las rosas, caminaba lentamente, meditando y orando hasta la puerta de aquel cementerio que quedaba al frente de su casa. Allí abría la puerta de acceso al cementerio y caminando se perdía en la infinidad de tumbas que allí se encontraba.
Nadie nunca se atrevió a seguirlo o mirar siguiera hacia donde se dirigía, pero todos sabían que a las 2:00 p.m. Takahama saldría de el cementerio, sin las flores y con una expresión de paz en su cara.
Luego entraría a su casa, se prepararía el almuerzo, y se sentaría en la puerta,. Siempre mirando la entrada de aquel cementerio. Allí pasaría toda la tarde hasta las 7:00 pm. Momento en el cual entraría a su casa, después de hacer vigilia durante toda la tarde. En aquel momento, se instalaría en la ventana de su cuarto hasta las 12:00 de la noche mirando la puerta del cementerio. Al finalizar el día, cerraría las ventanas y puertas y se acostaría a dormir hasta el nuevo amanecer.
Esa era la rutina y siempre era igual.
El señor Takahama era muy venerado en el pueblo, ya que desde su pórtico que miraba al cementerio siempre recibía a los habitantes que le querían consultar algo. Con los años y las reflexiones, se había vuelto una persona sabía y siempre daba buenos consejos. Siempre respondiendo con amabilidad y cortesía, pero siempre con los ojos puestos en aquel cementerio.
Un día y debido a su avanzada edad, el señor Takahama se sintió enfermo y no se levanto a las 8:00 en punto como solía hacerlo y no salió a desayunar al pórtico y no salió a limpiar al frente de la casa. Esto fue notado por algunos vecinos e inmediatamente se acercaron a su casa y lo vieron acostado en su cama. Asustados fueron a un pueblo vecino y contactaron con una hermana, igualmente de edad que envió a un hijo a que visitara a su tío y lo cuidara.
El joven llego raudo a la casa de aquel anciano Takahama y se instaló en su casa. El viejo lo recibió y le pidió que lo sentara todo el día frente a la ventana que daba a el cementerio. Su sobrino lo cargaba a una silla y allí lo acompañaba hasta la noche. Así pasaron los días y las noches.
Una mañana cuando el joven instalo a su tío frente a la ventana y abrió esta para que el viento de la mañana refrescara, vio como una mariposa blanca trataba de entrar en la habitación. El sobrino molesto comenzó&
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Había una vez un narrador oral que se despertó en un cuarto oscuro y vacío. Este cuentero no sabía como había llegado allí, pero por el eco que las pareces producían cuando el se movía sabía que solo estaba el en aquel cuarto y que no había nada, absolutamente nada en el.
A tientas comenzó a moverse por aquel cuarto tratando de identificar las dimensiones que pudiera tener aquel lugar en que se encontraba y rápidamente se dio cuenta que no era más que un cuarto regular. Un cuarto que pudiera ser parte de cualquier casa en cualquier pueblo y en cualquier reino.
Con sus manos fue recorriendo las paredes hasta llegar a la siguiente pared y así hasta completar las cuatro paredes. Sus ojos si bien estaban ya totalmente abiertos y alertas no alcanzaban a ver absolutamente nada. Su nariz tampoco alcanzaba a distinguir ningún olor determinado y obviamente no estaba dispuesto a utilizar su lengua para probar ni el suelo ni las paredes.
Básicamente se encontraba atrapado en la nada. Una nada que lo cubría y que solo encontraba sus límites en la dura y fría realidad de una pared cualquiera que fuera. Después de recorrer palmo a palmo las paredes reconoció extrañado que ninguna de ellas tenia una hendidura que pudiera ser parte de una puerta. No había picaportes, no había rendijas de unión. Todo era absolutamente frio y continuo.
Siendo un narrador oral, sabía que solo tenia un recurso. Su voz. Con aprehensión se atrevió a producir un sonido, como quien trata de levantar una mano después de que se ha desmallado en la calle. Como tratando de ver si todavía algo funciona en su cuerpo. Con extrema lentitud trato de pronunciar un solo vocablo. Alo… Alo… repitió. Y efectivamente de su boca salió aquella palabra y la pudo escuchar con sus oídos y luego un eco le devolvió un lo lo. El resultado incompleto de una onda sonora que golpea una pared y regresa. Sabía que podía hablar, sabía que podía oír y sabía que su mente aún funcionaba.
Desorientado aún por la extraña experiencia de estar allí en un espacio profundo y oscuro, comenzó a pensar cual seria su próximo paso. Podría gritar… Claro así alguien lo escucharía y vendrían a rescatarlo. Tomando fuerzas lleno sus pulmones de aire y con toda la caja de resonancia de su cuerpo grito tan fuerte como pudo y allí pudo escuchar su propio grito y el ensordecedor eco que golpeaba una y otra vez las paredes. Con sus manos tuvo que tapar sus oídos para no perder la cordura. Y nadie apareció.
Su intento no había resultado. Sabía que por mucho que gritara nadie lo oiría y que finalmente no le serviría para salir de allí. Su cerebro comenzó a correr cada vez más y más rápido, debía encontrar una solución, tenia que salir de aquel vacío oscuro y permanente.
Y de pronto se atrevió a lo más osado que el conocía. Tomando aire, levanto la cabeza y dijo con toda entonación.
Había una vez. Y pudo sentir como de su boca salían aquellas letras menudas que ante la falta de quien oyera inmediatamente comenzaron a caer al suelo. Y aquel narrador las escucho golpear el piso y escucho el sonido de cada letra desperdigándose seguidas de un pequeño eco.
Y luego un silencio más profundo y oscuro invadió aquella habitación.
El narrador se sobrepuso a la sensación de soledad y tomando de nuevo aire comenzó a decir, Había una vez un narrador oral que se encontraba en una habitación oscura y decidido comenzó a contar un cuento. Y a medida que seguía con su cuento y la narración las palabras fueron llenando aquella habitación y cada una de las letras fueron buscando su lugar en la habitación y con el pasar de la historia todo se fue llenando de sonidos, palabras, letras y signos de puntuación y de pronto era tal la cantidad de caracteres los que componían la historia contada por aquel narrador&
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Había una vez en un mundo guaraní en lo que hoy conocemos como el sur de América del sur, una diosa luna llamada Yacy.
La Diosa Yací desde lo alto del firmamento recorría las noches guaraníes y desde allí observaba a los hombres curiosa por conocer que eran esos seres que deambulaban bajo las estrellas y su luz clara. Además observaba como acompañando a estos seres habían ríos, cascadas, animales y plantas multicolores. limitada por la oscuridad de la noche solo alcanzaba ver sombras, pero no podía ver los detalles de lo que sucedía allí en la tierra. Curiosa su interés por todo lo que sucedía en la tierra fue creciendo.
Un día decidida fue a visitar a su hermano Kuaray, el dios sol, que iluminaba y daba brillo a la tierra durante el día. Cuando llego a donde el se ocultaba mientras ella viajaba por el firmamento, le dijo
Kuaray. Tu que iluminas brillantemente y puedes ver todo dimo como es la tierra y los seres humanos.
Kuaray sonriendo le dijo. La tierra es maravillosa, las plantas son verdes, las flores multicolores, el agua es azul y los animales son rápidos y agiles. Los humanos por su parte pueden ser buenos y generosos. Pero otros pueden ser causantes de dolor y violencia.
Con cada palabra de Kuaray más crecía el deseo de Yacy de conocer de primera mano las características de aquel mundo que solo veía entre oscuridad. Kuaray al notar el interés de su hermana le dijo.
Yacy… Si quieres visitar la tierra yo puedo convertirte temporalmente en una mujer, y asi podras experimentar el mundo como lo ven los guaraníes. Podras visitar la tierra, caminar como un humano por entre las plantas y experimentar los sonidos y las texturas de la naturaleza. Pero como serás por un tiempo humana, estarás vulnerable a todo lo que puede suceder a ellos. Así que deberás ir acompañada.
Acompañada y quien me puede acompañar.
Iras con Arai, la diosa de la lluvia, ella es posiblemente la que mejor conoce a los humanos y la tierra misma ya que permanentemente baja a darles el don del agua. Ella también será convertida en humana para que puedan recorrer juntas la tierra.
Entonces, al día siguiente Kuaray convirtió a yacy y Arai en dos bella muchachas y las deposito en la superficie de la tierra. Ambas emocionadas comenzaron a recorrer el campo jugando con las plantas, disfrutando el sonido de los animales y especialmente el placer de los ríos y los lagos.
Desafortunadamente, estas diosas no se dieron cuenta que un jaguar las acechaba mientras deambulaban por la pradera y cuando ellas estaban cerca a una laguna salto sobre ellas. Para su fortuna en ese preciso momento un hombre guarany estaba en aquella laguna recogiendo agua y observo como el jaguar se abalanzaba sobre las muchachas diosas. Ágil y rápido extendió su arco y una flecha cruzo el corazón del jaguar que cayó a los pies de las asustadas muchachas.
El hombre se acercó a ellas y al verlas asustadas las invito a su casa, y junto a su mujer les prepararon una comida a las dos jóvenes diosas. Ellas comieron y pudieron pasar el resto del día con la familia guarani e igualmente pudieron conocer de cerca las costumbres de la tribu.
Al caer la tarde ambas se despidieron y se marcharon para regresar a su lugar en el firmamento; Aquella noche Yacy brillo emocionada sobre las tierras guaraníes y se dice que nunca se había visto una luna llena más bella.
Agradecida, Yacy, la luna, le pidió a su hermano Kuaray que la dejara de nuevo visitar la tribu para dejarles un regalo.
Quería darles un regalo que les ayudaría que también representaría su generosidad.
de nuevo Yacy y Arai se acercaron a la aldea guaraní y frente a la familia del cazador que las salvo sembraron una semilla de una planta verde de flores Blancas. Arai, rego suavemente la tierra donde estaba la semilla y esta inmediat
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Habia una vez un labrador que había salido a cosechar su parcela. Después de haber trabajado durante toda la mañana el labrador se sintió cansado y hambriento, por lo cual decidió caminar hasta un viejo muro que habia sido anteriormente parte de una bodega de granos. El labrador sabía que aquel muro era ideal para descansar y comer su almuerzo, porque tenia una gran sombra y podría cubrirse de el calor del medio día. Asi que tomando sus instrumentos de labrantía tomo el camino que lo llevaba hacia la vieja bodega.
Cuando estaba llegando a la bodega oyo un ruido de un aleteo profundo y un sonido como de un animal atrapado. Mirando entre los pastizales vio que un águila había quedado atrapada entre las ramas de un árbol caido. Seguramente con la tormenta de la noche anterior el árbol se había desplomado llevandose consigo el águila. El pobre animal tenia sobre si las ramas de un frondoso árbol y por mucho que aleteaba no podía liberarse.
El labrador que era un hombre caritativo y bondadoso, sabía que debia ayudar aquel bello animal, pero igualmente sabía que las águilas tenían un pico y unas garras que le podían desgarrar la piel. Con cuidado se acerco al animal y al árbol y dejando su sombrero de ala ancha en el suelo comenzó a levantar y a cortar una a una las ramas mientras el águila confundida y asustada lo miraba y algunas veces lo amenazaba con picotearlo. Sin embargo era tal la decisión del labrador que poco a poco fue logrando destrabar las alas del águila.
El aguila aturdida aún por haber estado atrapada, cuando se sintió libre simplemente comenzó a aletear con todas sus fuerzas hasta que pudo levantar el vuelo. El labrador se quedo mirando como aquel maravilloso animal se fue elevando y elevando. Luego tomando su sombrero se lo puso y camino unos pasos hasta la pared de la bodega que le ofrecia la sombra deseada.
Se sentó y apoyado contra aquel viejo muro, saco su almuerzo de sus alforjar y mientras comenzaba a comer veía como el águila se elevaba y comenzaba a hacer círculos en el cielo.
De pronto vio que el águila comenzó a volar sobre sus cabeza y después de un momento simplemente se dirigió directamente hacia el. Incredulo el labrador no entendia porque aquel animal se acercaba tan amenazante ya que era el el que la había liberado. El águila velozmente cayo sobre la cabeza de aquel hombre que no alcanzo a pararse y el animal con sus garras le arrebato ágilmente el sombrero.
Aturdido y furioso el labriego salió corriendo detrás del animal maldiciendolo por haberle quitado el sombrero y el águila unos cuantos metros más allá dejo caer el sombrero. En el momento que el labriego se agachaba a recoger su sombrero escucho un estruendo como de piedras que caian. Volteando la cabeza vio que la vieja pared donde segundos antes el se había apoyado a comer se había desplomado destruyendo su almuerzo.
El labriego levanto la cabeza a mirar el águila y comprendio que esta, con su ojo de águila, había notado que el muro se había empezado a balancear ya que la tormenta del día anterior la había afectado y había decidido que la mejor manera de apartar el labriego era arrebatándole el sombrero.
El labriego entendio que la acción de aquel animal que inicialmente el considero de malagradecida realmente estaba motivada por el agradecimiento hacia el por haberle salvado la vida. Y asi el águila le pago a el con la misma moneda. Le salvo de quedar atrapado por las rocas de una vieja pared.
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Había una vez un rico mercader que estaba planeando hacer un largo viaje, pero estaba preocupado de dejar sus tesoros. Por lo tanto llamo a un amigo y le dijo.
Mira tu eres mi mejor amigo y quisiera encargarte de algo muy importante. Tengo unas monedas de oro que quisiera dejar a tu cuidado. Dime si tu me los puedes cuidar.
El amigo acepto con gusto y espero en su casa hasta que llego una carretilla con las monedas de oro. El amigo quedo maravillado porque no sabía que eran tantas monedas. Inmediatamente tomo la carretilla y la llevo al establo donde en una de las caballerizas, debajo de el heno oculto las monedas de oro garantizándole al amigo que allí quedarían bien resguardadas.
El mercader quedo muy contento de la ayuda de su amigo y salió al día siguiente de viaje. Paso el tiempo y una mañana llego el mercader después de su viaje y fue directamente a la casa de su amigo para recuperar las monedas de oro.
El amigo al verlo se asusto mucho y cuando el mercader le pregunto por las monedas le dijo.
Mi amigo. Te tengo muy malas noticias. Resulta que en las caballerizas donde ocultamos las monedas de oro hay una ratas y sin que me diera cuenta parece que estas ratas se comieron tus monedas de oro.
El mercader enojado y sospechoso de su amigo, pero en total calma le dijo. No me digas que eso paso. La verdad no sabía que las ratas podían hacer eso. Ya veremos que podemos hacer. De salida de la casa el mercader paso por la caballeriza y allí encontró un bello caballo color azabache que era el orgullo de su amigo. En silencio tomo el caballo y se lo llevo para su hacienda y lo oculto en la parte de atrás de su casa.
Al otro día el amigo salió a buscar a su caballo y no lo encontró, asi que sospechando del mercader fue hasta su casa y tocando la puerta le pregunto.
Amigo ayer que estabas en mi hacienda, de casualidad no viste mi caballo azabache. Es un caballo muy costoso y no quisiera pensar que alguien se lo robo. Lo quiero mucho y estoy desconsolado.
El mercader haciendose el bobo, le contesto. La verdad es que cuando yo Sali de tu casa, pase cerca de la caballeriza y creo haber visto una lechuza que salia de uno de los corrales. Y podría afirmarte que llevaba un caballo entre sus garras.
Una lechuza. Dijo el amigo. Como me puedes decir esto. Lo que me dices es absolutamente imposible. Es la mayor tonteria que he oído. Una lechuza no puede jamás levantar el peso de un caballo que es 100 veces más pesado que ella.
Em mercader sonrio con una mirada extraña y le dijo. Pues yo vi una lechuza llevando un caballo. Estoy seguro que esa es la culpable. Además si en este pueblo las ratas comen oro, es muy probable que las lechuzas se roben los caballos.
El amigo ladron comprendio que el mercader sabía que estaba mintiendo y disculpándose le reconoció que había robado las monedas de oro y que se las iba a devolver. A cambio el mercader le devolvió su caballo, pero nunca más volvió a creer en la palabra de su disque amigo.
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Un honrado padre de familia, cargado de años y de haciendas, quiso arreglar de antemano la herencia entre sus tres hijos, y repartirles sus bienes, fruto de sus trabajos y de su industria.
Después de haber hecho tres partes iguales, y de haber asignado a cada uno su lote:
—Me queda—dijo—un diamante de gran precio, que destino a aquel de vosotros que mejor sepa merecerlo por medio de alguna acción noble y generosa, y os señalo tres meses para poneros en estado de obtenerlo.
Los tres hijos emprendieron cada uno su camino para reunirse el día señalado, en que se presentaron ante su juez, y el mayor contó lo siguiente:
—Padre mío, durante mi ausencia, un extranjero se ha encontrado en circunstancias tales, que le han obligado a confiarme toda su fortuna. No tenía de mí prueba alguna ni indicio alguno del depósito; pero yo se lo entregué con toda fidelidad: ¿no creéis digna de alabanza esta prueba de honradez?
—Hijo mío—respondió el viejo: has cumplido con tu deber; el que es capaz de obrar de distinto modo, es indigno de vivir entre los hombres, haciéndose el blanco del oprobio universal; debería morir de ver- güenza, porque la probidad es uno de nuestros más sagrados deberes; tu acción es una acción justa, no una acción generosa.
El segundo hijo pleiteó su causa en estos términos:
—En mi viaje me he encontrado a la orilla de un lago, en el que acababa de caer un niño, que sin duda se habría ahogado a no haberme arrojado al agua para salvarle, en presencia de los habitantes del pueblo inmediato, que puede atestiguar el hecho.
—En hora buena—dijo el padre;—pero esta acción no es noble: es humana.
En fin, el último de los tres hermanos tomó la palabra, y con el rostro lleno de confusión y en un tono tímido:
-Padre mío—dijo:—he encontrado a mi mortal enemigo, quien, habiéndose extraviado por la noche, se había quedado dormido en el borde de un abismo; al movimiento más leve que hubiese hecho al despertar, debía precisamente caer en él; su vida estaba en mis manos; yo me he acercado para despertarle con las debidas precauciones, y le he salvado.
—¡Ah!, hijo mío—exclamó el buen viejo transportado de alegría y abrazándolo con ternura:— A ti de debo dar la sortija con el diamante ya que has salvado la vida de un hombre que es tu enemigo, esa es la mayor muestra de generocidad que puedes hacer.
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Había una vez un guitarrista que tenía como su mayor pasión tocar la guitarra. Desde pequeño su padre le había enseñado que la guitarra podía ser su mejor aliada cuando creciera. Que debía aprender a tocar bellas canciones y que cuando creciera vería como la reacción de las mujeres sería maravillosa.
El muchacho decidió seguir los consejos de su padre y durante años dedicó su tiempo libre a aprender a tocar aquella guitarra. Horas y horas de dedicación poco a poco fueron dando los frutos y después de un tiempo ya conocía aquella guitarra a la perfección. Ya sabía cómo mover sus dedos sobre ella para que produjera sonidos dulces, cómo mover su mano para hacerle sonar con angustia o dolor, como acariciar sus cuerdas para que se elevaran de su caparazón sonidos de placer. El muchacho sentía que aquella guitarra era parte de el mismo y que podía escucharla sonar horas y horas sin cansarse.
La guitarra era su compañía permanente. Ella estaba con él a todo momento y cuando no estaba en su hogar, el la tomaba y colgada de sus hombros la llevaba a todas partes. Así cuando el muchacho llegaba a una reunión de amigos, siempre la guitarra era su compañera. Todos se alegraban de verlo llegar ya que sabían que este muchacho y su guitarra los deleitará con sus melodías, canciones y sonetos.
La pasión de el joven era tal por la guitarra que cuando se iba a dormir la dejaba acostada al lado suyo. Le gustaba sentir el suave y ondulado contorno del cuerpo de la guitarra junto a el, sentía como la boca de la guitarra le llevaba algunos sonidos cuando el se movía y como el mástil le servía de guía para asegurarse de su presencia. Era para el lo más importante de su vida.
Ya un poco mayor, cuando comenzó a estudiar en la universidad, su guitarra fiel compañera, le comenzó a mostrar otras ventajas. Alguna vez sus compañeros lo invitaron a una fogata en la playa y como siempre llevo su guitarra y el mundo cambió para el y para su guitarra.
Como siempre todos lo recibieron alborozados y se sentó junto a la fogata con su guitarra y mientras los pedazos de leña sonaban y dejaban salir fulgurantes colores de fuego en aquella noche estrellada su guitarra comenzaba a sonar con unos leves compases. Todas las miradas de se dirigieron hacia el y el complacido comenzó a tocar y cantar una canción suave, melodiosa, romántica. Una canción que evocaba claramente el amor. Y todas las jóvenes fijaron su atención en aquel muchacho como si una fuerza hipnótica se hubiera apoderado de ellas. Cada movimiento de sus manos sobre el cuerpo de aquella guitarra producía un pequeño tremor en el cuerpo de las jóvenes, cada vibrar de las cuerdas hacía vibrar sus más profundos deseos, cada nota que salía de la boca de aquel instrumento resonaba en sus bocas. Y aquel muchacho empezó a experimentar el éxtasis de ser objeto del deseo. Y comenzó a cantar cada vez más y más y su guitarra lloraba, gemía, cantaba, saltaba y las muchachas resonaban ante cada nota.
Y de pronto una boca dulce se acercó a el y sin saber cómo sus manos dejaron caer la guitarra sobre la arena y estas mismas manos comenzaron a recorrer el cuerpo de una joven y sus dedos tocaban ya las fibras más dulces y profundas y la boca de la mujer dejaba salir suaves murmullos cuando las curvas de su cuerpo eran recorridas por las diestras manos de aquel guitarrista.
Y en la playa junto a su guitarra, el joven guitarrista comenzó a practicar una larga noche de pasión y desenfreno. Y cuando la luz del amanecer comenzó a iluminar su cuerpo se levantó y noto que algo faltaba. Su guitarra. Desesperado busco por toda la playa sin encontrarla y nadie le daba razón de su paradero. Y ella desapareció para siempre. Y nunca se enteró que aquella guitarra celosa y dolida de sentirse abandonada se había escapado con otro aprendiz de guitarrista. &
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