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Hoy tenemos un cuento de el país de Miamar en el asia.
Habia una vez un joven principe que había salido a recorrer los campos de su reino. A medida que iba pasando por los terrenos, los habitantes, humildes granjeros y aldenos, paraban de hacer lo que estuvieran haciendo y se inclinaban con una solemne reverencia ante el paso de aquel joven príncipe, que los ignoraba y nunca los saludaba.
El príncipe y su comitiva pasaron frente a una pequeña casa con una cerca de colores que estaba rodeada de bellos arboles de mango. El príncipe desde su caballo podía ver los arboles llenos de la rica fruta, pero además alcanzo a ver que un viejo campesino se encontraba sembrando las pequeñas plantas.
El príncipe observo que aquel viejo campesino no le presto ninguna atención a el y a su comitiva y que ignorándolo siguió sembrando las pequeñas plantas al lado de la cerca de su casa.
El príncipe acostumbrado a que todos en su reino le rindieran respeto y se inclinaran a su paso se sintió molesto y haciendo parar toda la comitiva se bajo de su caballo. El viejo vio como el joven príncipe con su vestimenta real y su corona se acercaba a el y simplemente cogió entre sus manos uno de los mangos que habían caído de uno de los arboles y comenzó a comérselo mientras el príncipe se acercaba.
El Principe irritado por la falta de pleitesía hacia el. Le dijo bruscamente al viejo.
Viejo. No sabes quien soy yo.
Claro respondio el viejo, tu eres el príncipe de este reino y estas recorriendo tus tierras.
Ciertamente pero no te has parado de tu sembrado, ni te has inclinado a mi paso.
El Viejo tomo uno de los mangos que tenia a su alcance y estirando el brazo se lo paso al príncipe diciéndole.
Lo siento su alteza pero estaba muy dedicado a sembrar un árbol de mango, que producen mangos como este. Pruebelo su majestad y entendera.
El príncipe tomo con arrogancia el mango y se le dio un pequeño mordisco y luego otro y otro. Y su boca se lleno del dulce sabor de mango. Un sabor que le lleno el espíritu y le hizo olvidar la supuesta afrenta del viejo.
- Realmente esta delicioso dijo el joven príncipe. Pocas veces he probado mangos tan dulces como este.
Gracias su majestad pero debo continuar sembrando mis palo de mangos. Así que bien puede seguir su camino.
El príncipe sorprendido de la respuesta le dijo.
Viejo dime que edad tienes.
Su majestad tengo 90 años
El príncipe sorprendido le dijo. Tienes una muy avanzada edad y estas dedicado a plantar un árbol que tardara varios años en dar sus primeros frutos. De seguro no tendrás la oportunidad de disfrutar de los frutos de estos arboles de mango que hoy estas sembrando.
Dime que te lleva a hacerlo.
El viejo se levanto y por primera vez miro a los ojos al joven príncipe y le dijo.
Su majestad. El mango que te he ofrecido viene de aquel arbol, ese árbol fue sembrado por el padre de mi padre y mi padre fue el primero que alcanzo a disfrutar de lo dulce de los mangos que produce. El Siguiente árbol, lo planto mi padre y yo fui el primero en probar sus frutos. Este árbol que estoy plantando solamente lo disfrutaran mis hijos y mis nieto mucho tiempo después de que yo me haya ido. Muchas veces son nuestros descendientes los que recogen los frutos de lo que hemos sembrado.
El príncipe, entendió el mensaje y postrándose ante el viejo le agradeció su consejo y cuenta el cuento que desde aquel día el príncipe aprendió a tratar con benevolencia a sus súbditos y que el reino pro
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Había una vez un heroe griego llamado Orion. Orion era hijo de el Dios Poseidon y Euriale, hija de el Rey Minos de Creta. Debido a que su padre poseidon era el Dios de todos los mares, Poseidon nacio con el don de andar sobre las aguas y esto le permitia viajar facilmente entre las islas de el mar griego.
Un dia Orion llego a la isla de Quios donde reinaba el Rey Enopion, el cual tenia una hija muy bella llamada Mérope. Orion puso sus ojos sobre la bella muchacha y rapidamente se enamoro de ella. Pero El rey Enopion, en desacuerdo con los amores de Orion con su hija decidio castigarlo y en una noche de borrachera aprovecho para sacarle los ojos y arrojarlo al mar.
Ciego y abandonado el el mar, Orion alcanzo a llegar a La isla de Lemnos donde se decia que se encontraba Hefestos el dios del fuego y experto herrero.
Viendo hefesto a Orion desvalido y ciego se apiado de el, le presto a su criado Cedalión para que lo acompañara hasta el este donde se encontraba Helios. Orion grande y poderoso cargo a Cedalión en sus hombros y caminando sobre las aguas del mar llegaron hasta la morada del dios Helios, el sol. Helios tomo uno de sus rayos y llevo de nuevo la luz a los ojos de Orion.
Orion ya de nuevo con su vista, quiso vengarse del rey Enopion, pero este se oculto bajo la tierra y asi pudo escapar de la ira de Orion, luego en su peregrinar llego a la isla de Creta donde conocio a la diosa Artemis quien le enseño a cazar.
Cuenta el Mito que un dia mientras estaba cazando se encontro con Pleione la esposa del Tital Atlas que viajaba con sus siete hijas. Todas ellas muy bellas. Orion desde el momento que las vio se enamoro de ellas y presa de sus pasiones comenzo a seguirlas por donde ellas viajaban.
Durante siete años años las persiguio hasta que un dia su padre Atlas, el Tital que soporta el mundo entre sus hombros, le pidio a Zeus que interviera. ZEUS decidio que la mejor manera de hacerlo era convirtiendolas en Palomas. Asi las hijas de pleione, conocidas como las pleyades, volaron hasta el cielo como palomas y luego se convirtieron en las estrellas que hoy conocemos como las pleyades, un grupo de estrellas que se pueden reconocer a simple vista en el firmamento.
Orion siguio buscandolas permanentemente y cuentan que durante la busqueda un escorpion gigantesco lo mato y Zeus le permitio subir al firmamento donde se transformo en la constelacion de orion, que aun en el cielo sigue buscando por toda la eternidad a las bellas hermanas las pleyades.
Cuentan ademas el mito griego que Atlas de nuevo se quejo con zeus y este decidio colocar el escorpion en el cielo
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Había una vez una pareja que llevaban muchos años casados. El marido un hombre ausente y poco amable y mujeriego, trataba a su mujer con desprecio y ella a su vez sentía que aquel hombre había sido un error en su vida.
Sin embargo, la mujer que había sido criada en la religión, sabia que sus votos al momento del matrimonio la llevaban a permanecer fiel al lado de su marido. Pero todos las noches antes de acostarse rezaba para que Dios se llevara a su marido.
Un día, después de muchos años de sufrimiento en silencio, decidió que era hora de matar a su marido y así se lo dijo.
Aquella noche, en la mesa de comer la mujer miro a su marido y le dijo
Te odio y voy a matarte
El marido levantando la mirada de su plato de comida le dijo.
Debes estar bromeando y solto una carcajada burlona.
La mujer de nuevo lo miro fijamente y le dijo.
Cuando he bromeado yo.
Nunca dijo el marido con una voz tremula. Realmente nunca lo has hecho.
Pues ahora te lo digo y quiero que lo tengas claro te voy a matar.
El marido desafiante le pregunto.
Y si me vas a matar, Dime como lo harias.
La mujer con voz calmada le dijo
Todavia no lo he decidido pero tengo algunas alternativas que he estado estudiando.
Podría poner una pequeña dosis de arsénico en la comida todos los días y lentamente iras muriendo. Podría alterar los frenos de tu coche de manera que en el camino a tu oficina sufras una accidente. Podria simplemente dejar caer una lámpara en la bañera cuando estas bañando. O podría darte un golpe en la cabeza con un hacha cuando estes durmiendo . Como puedes ver son muchas las probabilidades. Pero de alguna manera te matare.
Desde aquella noche el marido comprendió que su esposa realmente quería matarlo y con el miedo no pudo volver a probar bocado temeroso de ser envenenado, Temeroso de que su esposa hubiera alterado su carro no volvió a salir de su casa, jamas volvió a tomar un baño para no ser electrocutado y por la noche no podía pegar el ojo ya que temía recibir un hachazo. Su vida a partir de ese momento fue miserable. De no salir, no comer, no arreglarse y no dormir comenzó a sufrir de ataques de pánico y su sistema nervioso se altero. Rapidamente se enfermo del corazón y sufria alucinaciones. En cuestión de un par de meses murió en brazos de su esposa que regreso a misa a agredecerle a dios de haberla liberado de ser una asesina.
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Había una vez un niño malo cuyo nombre era Jim. Si uno es observador advertirá que en los libros de cuentos ejemplares que se leen en clase de religión los niños malos casi siempre se llaman James. Era extraño que este se llamara Jim, pero qué le vamos a hacer si así era.
Otra cosa peculiar era que su madre no estuviese enferma, que no tuviese una madre piadosa y tísica que habría preferido yacer en su tumba y descansar por fin, de no ser por el gran amor que le profesaba a su hijo, y por el temor de que, una vez se hubiese marchado, el mundo sería duro y frío con él.
La mayor parte de los niños malos de los libros de religión se llaman James, y tienen la mamá enferma, y les enseñan a rezar antes de acostarse, y los arrullan con su voz dulce y lastimera para que se duerman; luego les dan el beso de las buenas noches y se arrodillan al pie de la cabecera a sollozar. Pero en el caso de este muchacho las cosas eran diferentes: se llamaba Jim y su mamá no estaba enferma ni tenía tuberculosis ni nada por el estilo.
Al contrario, la mujer era fuerte y muy poco religiosa; es más, no se preocupaba por Jim. Decía que si se partía la nuca no se perdería gran cosa. Solo conseguía acostarlo a punta de bofetadas y jamás le daba el beso de las buenas noches; antes bien, al salir de su alcoba le halaba las orejas.
Este niño malo se robó una vez las llaves de la despensa, se metió a hurtadillas en ella, se comió la mermelada y llenó el frasco de brea para que su madre no se diera cuenta de lo que había hecho; pero acto seguido… no se sintió mal ni oyó una vocecilla susurrarle al oído: “¿Te parece bien hacerle eso a tu madre? ¿No es acaso pecado? ¿Adónde van los niños malos que se engullen la mermelada de su santa madre?”, ni tampoco, ahí solito, se hincó de rodillas y prometió no volver a hacer fechorías, ni se levantó, con el corazón liviano, pletórico de dicha, ni fue a contarle a su madre cuanto había hecho y a pedirle perdón, ni recibió su bendición acompañada de lágrimas de orgullo y de gratitud en los ojos. No; este tipo de cosas les sucede a los niños malos de los libros; pero a Jim le pasó algo muy diferente: se devoró la mermelada, y dijo, con su modo de expresarse, tan pérfido y vulgar, que estaba “deliciosa”; metió la brea, y dijo que esta también estaría deliciosa, y muerto de la risa pensó que cuando la vieja se levantara y descubriera su artimaña, iba a llorar de la rabia. Y cuando, en efecto, la descubrió, aunque se hizo el que nada sabía, ella le pegó tremendos correazos, y fue él quien lloró.
Una vez se encaramó a un árbol de manzana del granjero Acorn para robar manzanas, y la rama no se quebró, ni se cayó él, ni se quebró el brazo, ni el enorme perro del granjero le destrozó la ropa, ni languideció en su lecho de enfermo durante varias semanas, ni se arrepintió, ni se volvió bueno. Oh, no; robó todas las manzanas que quiso y descendió sano y salvo; se quedó esperando al cachorro, y cuando este lo atacó, le pegó un ladrillazo. Qué raro… nada así acontece en esos libros sentimentales, de lomos jaspeados e ilustraciones de hombres en levitas, sombrero de copa y pantalones muy cortos, y de mujeres con vestidos que tienen la cintura debajo de los brazos y que no se ponen aros en el miriñaque. Nada parecido a lo que sucede en los libros de las clases de religión.
Una vez le robó el cortaplumas al profesor, y temiendo ser descubierto y castigado, se lo metió en la gorra a George Wilson… el pobre hijo de la viuda Wilson, el niño sanote, el niñito bueno del pueblo, el que siempre obedecía a su madre, el que jamás decía una mentira, al que le encantaba estudiar y le fascinaban las clases de religión de los domingos. Y cuando se le cayó la navaja de la gorra, y el pobre George agachó la cabeza y se sonrojó, como sintiéndose culpable, y el maestro ofendido lo acusó del robo, y ya iba a dejar caer la vara de castigo sobre sus hombros temblorosos, no apareció de pronto un juez de paz de peluca blanc
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Había una vez un Maestro de Obra llamado Florentino. Florentino vivía en la ciudad de Santafe de bogota en Colombia en 1792, época en que Colombia hacia parte del virreinato Español de la Nueva Granada. El virrey Jose de Espeleta, un hombre de gran visión, apoyo las obras de construcción y deseoso facilitar el viaje desde Santa fe de Bogota hasta las minas de sal de zipaquira, decidió contratar la construcción de un puente sobre el Rio Bogota.
Cuenta la Leyenda que Florentino, un hombre de mucha reputación en Bogota, obtuvo el contrato para construir dicho puente. Lo que no sabia el Virrey Espeleta era que Florentino no tenia el dinero para iniciar la construcción del puente y que el adelanto que le habían dado para iniciar las obras lo había perdido en el juego. Además los prestamistas de la época, enterados de lo poco confiable que era Florentino económicamente se negaban a hacerle algún prestamo.
Dicen que una fría noche, estando Florentino en una taberna, un hombre con mirada sombría se acerco a el y le dijo
Florentino, sabemos que tienes que construir un puente y que no tienes el dinero para realizarla. Sabemos además que la pena por incumplir un contrato con el virrey es básicamente la muerte.
Florentino, que no entendia como aquel extraño conocía de su situación económica le pidio que no rebelara esa información.
El extraño, hablándole suavemente le dijo. Florentino nosotros te podemos construir el puente en una noche… pero a cambio nos tienes que dar algo…Pero no te preocupes no es dinero. Es algo mas.
Florentino entusiasmado de ver que le ofrecían una salida para su problema, pregunto que debia entregar a cambio
El extraño, sacando unos pliegos de papel y mostrandoselos a Florentino le dijo.. Tu alma. Solamente tu alma. Cuando mueras iras directo al infierno.
Florentino que entendió que estaba hablando con el diablo y que sabía que todo lo pactado con el diablo se cumple, Respondio.
Dada mi situación actual no tengo alternativa, pero si quiero asegurarme que usted cumpla su parte del contrato. Así que tiene que colocar en ese documento que si usted el diablo no entrega el puente antes de que salga el sol y cante el primer gallo no tendrá derecho a tomar mi alma.
Satanas, sonriendo tomo una pluma y con la habilidad que años de experiencia redactando contratos le daba, escribió un nuevo párrafo sobre las hojas de papel y luego se lo paso a Florentino para que lo leyera y firmara.
Florentino, leyó el documente, y sonriendo lo firmo. Acababa de venderle el alma al diablo para evitar ser ejecutado por no cumplir con otro contrato.
Dicen los que dicen, que la noche acordada para la construcción del puente, cayo sobre aquella ciudad y sobre el área donde se iba a construir el que seria conocido como el puente del común, una neblina tan densa que no se alcanzaba a ver mas alla de un metro de distancia. Se cuenta además que el diablo saco a todas los demonios del infierno para que le construyeran el puente durante la noche y que un sonido de piedras moviéndose y cortándose se oia a decenas de kilómetros a la redonda.
Florentino, que sabía que si el diablo terminaba a tiempo la obra perdería su alma, llego durante la noche para supervisar como se desarrollaba la obra y preocupado veia que desde ambos lados del rio iba creciendo la estructura de manos de miles de demonios. Sin embargo, el pensaba tener un as bajo la manga.
Faltando pocos minutos para que saliera el sol, el diablo que supervisaba la obra veía como las últimas piedras era colocadas en la parte central del puente vio como de las sombras caminaba hacia el puente la figura de Florentino y otro ser que no reconocía.
De pronto se oyo la voz de aquella figura que acompañaba a Florentino levanto una cruz y c
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Habia una vez, un campesino que estaba entrando al pueblo y encontró en la entrada del pueblo una jaula con un tigre adentro. El campesino, un hombre amable y considerado, se sintió muy triste de ver como ese maravilloso animal se encontraba atrapado en aquella jaula y acercándose a ella le dijo al animal.
Dime que haces en esa jaula. El tigre mirando al campesino le dijo..
Unos cazadores me han perseguido por toda la pradera y finalmente utilizando una terrible red me han cazado y me han puesto en esta pequeña jaula. Tu que te ves con un hombre justo, comprenderás que no es adecuado que me tengan aquí y además ni agua me han dado.
Déjame salir para así poder tomar un poco de agua. Ayúdame a salir de aquí.
El campesino que bien conocía el poder de un tigre le dijo. No puedo y no debo. Si te abro la puerta de la jaula te abalanzarás sobre mí y me atacaras como lo haces con los corderos y las gacelas de la pradera.
Noo como se te ocurre algo así. Yo se que tu me estas ayudando y jamás intentaría hacerte daño. Por lo contrario estaría muy agradecido contigo y te protegería.
El campesino confiando en la palabra del tigre le abrió la puerta e inmediatamente el tigre se abalanzó sobre el dispuesto a devorarlo.
El campesino viéndose atacado grito
Tigre no es justo que me ataques. Te he abierto la puerta y te he dejado salir.
El tigre contesto. Ja. No me importa. Te devoraré inmediatamente justo o no justo.
El campesino suplicando le propuso al tigre que para que no cometiera una injusticia consultara con 3 animales sobre la justicia de su acto. El tigre cansado de discutir con el campesino acepto y ambos se sentaron a esperar la aparición de los 3 animales.
El primero que apareció fue un burro. El burro se acerco temeroso de ver un tigre junto a un humano,
Hermano burro, no te asustes dijo el campesino. Solamente te tenemos una pregunta. Te parece justo que el tigre quiera devorarme después de haberlo liberado de una jaula donde estaba encerrado.
El burro miro al tigre y le dijo.
Yo no se si es justo o no pero estos humanos son crueles con los burros. Nos hacen trabajar desde que sale el sol hasta que se oculta y nos maltratan si no hacemos lo que ellos quieren. Yo creo que si debes comertelo.
El Tigre sonrio y abriendo sus fauces se preparo para comerse al campesino.
El campesino dijo… Espera habíamos acordado que le preguntariamos a 3 animales. Este solo es uno de ellos. Esperemos a los otros.
El tigre bastante ofuscado acepto y se sentaron a esperar a otro animal.
El segundo animal que paso fue un Aguila. El campesino levantando los brazos llamo la atención del águila que bajo y se poso frente al tigre y al campesino. El campesino le dijo lo mismo que le había dicho al burro y el águila dijo
En cuanto a Mi concierne, bien te puedes comer al humano, hermano tigre. Ellos son terriblemente crueles, yo tengo que volar alto porque ellos tratan de cazarme y muchas veces tratan de matar a mis pobres polluelos en su nido. De nuevo te dijo. Justo o no, puedes comértelo cuando quieras.
El tigre sonrio de nuevo y se preparo para saltar sobre el campesino que dijo.
Espera habíamos acordado preguntarle a 3 animales, todavía me falta uno. Ok dijo el tigre ya muy alterado con lo que estaba acordado.
Momentos después paso un perro por aquel camino y el hombre lo llamo diciéndole.
Hermano Perro. Por favor acérquese, necesitamos hacerle una pregunta. El perro desconfiado de la presencia del tigre se acerco muy lentamente. <
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Había una vez un pueblo que era dominado por un alta montana en la cual vivía una dragón de 7 cabezas. Este tenia atemorizada la comarca ya que se devoraba todo cuanto encontraba: hombres, ganados, cualquier cosa que consideraba comestible. Nadie se atrevía a transitar por aquellos caminos. Y cuando los hombres del pueblo se atrevian a enfrentarlo siempre eran devorados por alguna de las cabezas del dragón.
Angustiados los vecinos se reunieron para encontrar alguna solución a tan grave mal. Lo mejor hubiera sido matar al dragón. Pero, ¿quién se atrevería a hacerlo? El que hasta entonces lo había intentado estaba ya bajo tierra. Por fin decidieron llegar a un arreglo con el dragón mediante un pacto que consistía en entregarle cada año una doncella del pueblo con la condición de dejar en paz a los demás habitantes. El monstruo aceptó tal convenio.
Todos los años echaban a suerte entre los vecinos para saber a qué doncella le correspondía ser entregada al dragón. Se la llevaba cerca de la sima de la montana donde el dragon y la bestia la devoraba. Desafortunadamente para el Rey aquel ano le correspondio a la hija del rey ser la sacrificada.
El noble padre, angustiado, prometió que daria la mano de la princesa y todo su reino a aquél que la liberase del dragón.
Llegado el día, ataron a un árbol a la hija del rey abandonándola a su triste destino. El padre estaba desesperado; ningún voluntario se había presentado para matar al dragón. La muchacha lloraba aterrorizada. Poco faltaba para que el monstruo devorase a la princesa, de pronto de la nada apareció un viajero con un perro y al ver a la joven atada a un árbol se acerco y la encontró desmayada.
Inmediatamente se presento el dragón con sus 7 cabezas y el viajero dejo que su fiel perro atacara la cola del dragón y cuando el dragón volteo su cuerpo para atacar al perro el viajero saco su espada y atravesando el pecho del dragón lo mato.
Las siete cabezas del dragon cayeron a sus pies dejando al descubierto sus bocas con las 7 siete lenguas, el viajero corto las siete lenguas y las guardo en su bolso de viaje. Luego se acerco a la joven y cortando los cordeles que tenían amarrada a la joven trato de despertarla pero esta seguía inconsciente. De pronto oyo unas voces y decidió seguir su camino dejando a la joven junto al árbol.
Las voces provenían de un grupo de jóvenes que regresaban de caceria y que encontraron a la joven aun desmayada y un dragon de 7 cabeza muerto a sus pies. El líder del grupo corto las cabezas del dragon y tomando a la princesa llego hasta el castillo del rey. El rey cuando vio a la princesa a salvo se lleno de felicidad decidió hacer una fiesta para celebrar la salvación de la princesa. Y declaro que cumpliendo la promesa casaria a quien mato a el dragon con su hija y le heredaría su trono cuando el muriera.
La fiesta comenzó al día siguiente y todo el pueblo fue invitado. Y allí en el salón principal se encontraba el rey, su hija y el prometido de esta, el joven que había cortado las 7 cabezas del dragon.
De repente al salón entro un caminante con un perro y parándose frente al rey, su hija y el prometido pidió que fuera el el que recibiera la mano de la princesa.
El joven prometido se levanto con la espada en la mano y acercándose al joven caminante lo amenazo que si no se retiraba lo mataria ahí mismo.
El caminante le dijo.
Quien eres tu para reclamar la mano de la princesa.
Y el joven cazador dijo…
Soy el que mato al dragon y aquí están las 7 cabeza que atestiguan mi proesa
El caminante sonrio y con voz profunda dijo
Que sea el Dragon el que diga quien lo mato.
Incensato … dijo el cazador . No ves que el dragon esta muerto y no puede hablar
Mmm dijo el muchacho
Tienes razón. Este dragon esta muerto pero aun nos puede decir quien
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