Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

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  • 183. El Mito de los cinco Soles (Azteca)

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    Había una vez un mundo aztec donde no había nada. Así, el Dios eterno Ometecuhtli creó a Tonacatecuhtli (hombre) y a Tonacacihuatl (mujer) para que poblaran el mundo. Tuvieron cuatro hijos, en el orden descendente:

    -Xipetotec; que nació rojo y sin piel.

    -Tezcatlipoca; que nació negro, con garras y colmillos de jaguar.

    -Quetzalcoaltl;
    que nació blanco, con cabello rubio y ojos azules. Más conocido como el “SERPIENTE EMPLUMADA”.

    -Huitzilopochtli; nació azul, con la mitad de su cuerpo descarnada.

    Juntos estos cuatro hermanos crearon el fuego, el cielo, la tierra, el mar y el inframundo 

     

    Al paso del tiempo, los cuatro hermanos se acordaron en crear una obra que los venerase y dignificase como dioses. Crearon al hombre (Huehuecoyotl) y a su mujer, la pareja se llamaba Macehualtin y les
    ordenaron tener hijos que les rindieran honores como dioses.  Después, crearon los lagos, las montañas donde pusieron animales para que el hombre se alimentara por la caza.
    Finalmente, la obra era completa, exepto que había tinieblas en el Tlatipac, nunca era de dia puesto que no había sol.

    * Primer sol *

    Tezcatlipoca fue el primer dios en transformarse en sol, dando como nombre a esa época: Ocelotonatiuh. Fue el comienzo de la era inicial del mundo, en la que los demás dioses crearon hombres gigantes que vivían en la Tierra y comieron bellotas.  Tan poderosos eran estos gigantes que arrancaban los arboles simplemente con las manos. No obstante, Quetzalcoatl luchó contra Tezcatlipoca y ganó enviando a Tezcatlipoca al fondo del mar de donde emergio convertido en un enorme jaguar que se comio a los gigantes que habitaban la tierra, y luego subió al cielo y se convirtió en una constelación que hoy conocemos como la osa major. Al final, la tierra se quedó despoblada. Esta época duró 676 años.

    ** Segundo Sol **

    Luego, Quetzalcoatl se corporeizo también en Sol, el sol del viento,  y permitió que las cosechas se dieran en abundancia y que los hombres fueran felices. Todo era idílico hasta que Nahui-Ehecatl, el jaguar, subió a los cielos y derribó a su hermano de un zarpazo. En su caída, Quetzalcoatl provocó un gigantesco vendaval que destruyo todo. Muchos no sobrevivieron y otros, caminando encorvados, aferrándose a lo que tenían, se convirtieron en monos refugiándose en un bosque. Este sol duró 676 años.

    *** Tercer Sol ***

    Los dioses pusieron Tláloc por Sol, el sol del fuego, la cual duró 364 años. Pero, los hombres se dedicaron a los placeres malsanos (robo, homicidio…). Harto de tanta podredumbre, Quetzalcoatl, ordenó Xiuhtecuhtli (Dios del fuego), que destruyo a la humanidad así que comenzó a llover fuego del cielo, y los hombres atemorizados les rogaron a los dioses que los convirtieron en pájaros para huir. La ardiente lluvia transformo al pueblo de esta civilización en pavos que volaron. 

    **** Cuarto Sol ****

    Surgio entonces el cuarto sol. El sol del agua que el regido por la esposa de Tlaloc, la de la falda de jade, la diosa de los riachuelos y de las aguas estancadas. Los hombres poblaron nuevamente la tierra, pero varias lluvias derrumbaron el cielo sobre la Tierra y los hombres se murieron o fueron transformados en peces por los dioses. Llovió tanto que al final los cielos perdieron el equilibrio y se derrumbaron sobre el Tlaltipac. Los dioses deciden reparar su error, avergonzados de haber transformado a los hombres, entonces los cuatro hermanos crearon a cuatro hombres (Atemoc, Itzacoatl, Itzmaliza y Tenoch) que emergieron en los cuatro
    puntos cardinales, cada uno convertido en un árbol diferente. 

    Juntos, los dioses y árboles, levantaron los cielos y los colocaron las estrellas. Al final, los cuatro hombres se convirtieron en cuatro aves preciosas.Todo fue ordenado, pero no había hombres sobre la tierra, y por eso se creó la versión definitiva de la humanidad, cuyo primer hombre fue llamado Huehuec

    8 min
  • 182. El pueblo costero

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    Había una vez un alto ejecutivo de una empresa multinacional llamado Jorge Osman. Dr Osman, como le gustaba ser llamado, aunque no era doctor, era el encargado de concretar  los mayores negocios alrededor del mundo de su empresa y aquel día se encontraba de camino a cerrar uno de las mayores adquisiciones de su organización. Dr Osman debía comprar todo un pueblo. 

     

    La Multinacional había planeado la construcción de un gran puerto en una bella bahía de escocia y allí en esa bahía existía un pueblo de pescadores de unas pocas casas. El plan era comprar todas las casas y negocios del pueblo para utilizar el área en la construcción de las bodegas de carga. El Dr Osman sabía que no iba a ser fácil, pero sus años de experiencia le daban confianza de poder lograrlo.  Y habiendo salido de sus oficinas centrales en Nueva York el día anterior se encontraba en la única calle de aquel pequeño puerto de pescadores del norte de escocia.

    El pueblo al pie de un hermoso acantilado que daba a una hermosa y profunda bahía, tenia no mas de 3 docenas de pequeñas y hermosas casas que en una sola hilera semejaban un collar de perlas multicolores frente a un mar profundo y azul. 

    Jorge fue recibido por todo el pueblo en el pequeño recinto que hacia de comedor comunal durante el día y salón de reuniones durante la noche. Y allí frente a no mas de 60 habitantes, la gran mayoría recios pescadores, les planteo su idea de comprar por un gran precio todas y cada una de las casas y propiedades del pueblo. 

    Durante la reunión, Jorge se percato que los habitantes no se sentían muy inclinados a aceptar la oferta y que todos simplemente lo escuchaban  y que todos sin excepción tenían una pequeña libreta en sus manos con un lápiz, pero que nadie tomaba nota de lo que el decía. Después de terminar su exposición y reiterando que estaban dispuestos a ofrecer 10 veces mas de lo que usualmente podrían constar las propiedades, la recepción por parte de la comunidad fue bastante fría y finalmente la reunión termino sin que se mostrara ningún interés por parte de los habitantes, que colocaron su pequeña libreta en su bolsillo y se retiraron. 

     

    El Dr Jorge Osman, curtido negociante internacional, sabía que los negocios no se hacen en la primera oferta y no se desalentó y mas bien decidió pasar algunos días allí en el pueblo y tratar de convencer a cada uno de los habitantes. 

     

    Al otro día comenzó su tarea, Pero siendo un pueblo pesquero los habitantes salían de pesca temprano y luego de pasar todo el día en el océano, volvían felices con sus pequeños botes a la playa y allí después de separar el pescado regresaban al salón comunal donde se reunían con sus vecinos a charlar y a disfrutar de las historias comunes. Jorge allí como simple espectador veía que todos después de compartir con sus amigos sacaban la pequeña libreta y anotaban algo en ella y luego se retiraban a sus casas. 

     

    Jorge pensó. Gente metódica la de este pueblo. Sera interesante hacer negocios con ellos. 

    Y Jorge comenzó sus visitas. Casa tras casa, habitante tras habitante, siempre se negaban a aceptar la extraordinaria oferta del Dr Osman y su compañía, pero siempre le ofrecían que se quedara a comer y a charlar con ellos. Jorge, sabedor de lo importante que es relacionarse para los negocios aceptaba y he de decirse que realmente durante las comidas con los habitantes iba conociéndolos mejor y mas afecto les tenia. Y siempre los veía despedirse de el y sacar la libreta y apuntar algo en ella. Gente metódica la de este pueblo pensaba de nuevo. 

    Frustrado después de haber pasado mas de 3 semanas lejos de Nueva York, sin haber cerrado aun ningún negocio, Jorge decidió recorrer las afueras del pueblo y subiendo el blanco acantilado que coronaba el bello pueblo se encontró con un cementerio. Un cementerio normal de un pueblo escoces y sin darse cuenta&

    11 min
  • 181. 2 amantes, 3 rios y un viento (Leyenda Guatemala)

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    Había  una vez en lo que hoy se conoce como Guatemala tres ríos que se encontraban en un solo lugar. Los tres ríos se reunian gloriosamente a la sombra de 3 magníficos volcanes el Atitlan, el Toliman y el De san pedro. Dichos Volcanes son conocidos hoy como los 3 Gigantes.

     

     Hace muchos años vivía allí una tribu cuyo cacique tenia una hija muy bella que solia bañarse en la confluencia de los ríos. El nombre de la princesa era Citlatzin que significa Estrellita. Citlatzin no solo era muy bella sino que tambien tenia una voz hermosa y cuando se bañaba en el rio su voz recorria los tres ríos que se unian en el valle de los 3 Gigantes. Los ríos sabían que todos los días la princesa recorria el trayecto de la aldea hasta el rio y todos los días esperaban para oírla cantar. Su figura era tan bella y su voz tan hermosa que los 3 rios se enamoraron de ella.

     

    Citlatzin que desde pequeña la habían comprometido para casarse con el hijo de otro cacique, pero cuenta la leyenda que un día después de bañarse la princesa Citlatzin durante el camino a casa se encontró con un plebeyo hijo de un carpintero  llamado Tzilmistli y ambos cuando se miraron cayeron profundamente enamorados. El problema es que por tradiciones los plebeyos  no podía tener contacto alguno con la realeza, lo que hacia su amor un imposible. Pero aquel día su encuentro lleno de energía el cuerpo de ambos y desobedeciendo las reglas acordaron encontrarse en el mismo lugar entre el rio y el pueblo todos los días. Desde ese día, Citlatzin y Tzilmiztli se encontraban a escondidas y compartían momentos inolvidables. Un día sin pensarlo Tzilmiztli le rozó la mejilla y la beso. El beso fue el inicio de una apasionada aventura que los hizo enamorarse y aferrar el alma hacía un destino incierto y sin futuro.

     

     

    Citlatzin, que todos los dias se bañaba y cantaba en el rio fue sintiendo que el tiempo de el baño en el rio la alejaba de encontrarse con su amado Tzilmistli, por lo que comenzó a recortar el tiempo dedicado al baño y con el el tiempo dedicado a cantar. 

     

    Los tres ríos que se habían enamorado de la princesa y su canto comenzaron a notar que la princesa ya casi no cantaba y decidieron preguntarle al Viento Xocomil que el que todo lo veía les dijera porque la princesa ya no se bañaba lentamente  como antes en sus aguas y porque su canto había casi desaparecido 

     

    El viento les dijo a los ríos que la princesa recortaba su baño para poder estar mas tiempo con el joven prebeyo Tzilmistli. Los rios llenos de celos le pidieron al Viento Xocomil que cuando viera que el joven plebeyo se acercara soplara con todos sus fuerza llevando al joven hasta las aguas del rio, pára que ellos lo pudieran ahogar. 

     

    Citlatzin que salía de su baño diario vio como el viento Xocomil arrastraba a su amado hasta el rio y como el rio trababa de llevarlo hasta el fondo y corriendo se acerco a su amado y tomándolo de la mano se entrego a hundirse con el hasta lo profundo del rio. Y así ambos desaparecieron en lo profundo de aquel rio que reunia el agua de los tres ríos enamorados y celosos. 

     

    Los ríos al verse impotentes de ver como la princesa preferia morir con su amado que dejarlo perder se enfurecieron mas aun y convocando de nuevo al viento Xocomil represaron sus aguas creando el lago Atitlan que hoy se encuentra a los pies de los 3 volcanes Gigantes. 

     

    Cuenta la leyenda que aun hoy, en la región del lago Atlitan, el viento Xocomil todavía azota las aguas del lago formando corrientes que pueden volcar grandes botes y en las poblaciones cercanas se cuentan cientos de lancheros han desaparecido en las aguas del lago cuando el Viento Xocomil se levanta furioso y revuelve las aguas del lago tratando protestando por la acción de los dos amantes perdidos Citlatzin y Tzilmistli. 

    7 min
  • 180. La hormiga perdida (Infantil)

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    Había una vez una hormiguita que se había separado del  resto de sus compañeras y se sentía muy sola y perdida.

    —¡Qué mala suerte tengo! Me han abandonado —decía llorando, sin dejar de buscar por un lado y por otro.

    Pasó por allí una lagartija y le preguntó:

    —¿Por qué lloras?

    —Estoy perdida, el resto de mi grupo se ha ido y no las encuentro, tengo mucho miedo porque no sé volver a casa yo sola.

    —No te preocupes, las encontraremos, ¡ven conmigo!

    La hormiguita, como era tan pequeña, se subió encima de la lagartija.

    —Vamos a dar una vuelta por el campo a ver si alguien las ha visto pasar.

    Llegaron a un arroyo y una rana les preguntó:

    —¿Dónde va una hormiga encima de una lagartija?

    La lagartija le contó que la hormiguita estaba muy asustada porque no encontraba a sus compañeras y ella quería ayudarla.

    —Yo también quiero ayudar, subid las dos encima de mí, vamos a ir por la orilla del río a ver si alguien las ha visto pasar, pero no llores más, ya verás como entre la lagartija y yo las encontramos.

    La hormiguita, subida encima de la lagartija, estaba entusiasmada del paisaje que veía, pero ahora que la lagartija se había subido encima de la rana, no os podéis imaginar cómo se sentía.

    —¡Qué de cosas veo desde aquí! ¡Qué grande es todo! —decía abriendo los ojos de par en par, asombrada. Ya no lloraba y su miedo estaba desapareciendo al darse cuenta de que los animales con los que se encontraba querían ayudarla. Eso la hacía sentirse mejor.

    —¿Adónde va una hormiga subida encima de una lagartija y subidas las dos encima de una rana? —preguntó la tortuga.

    Y le contaron la historia.

    —Yo también quiero ayudar, subid las tres encima de mi caparazón, que yo sé dónde pueden estar las hormigas.

    —Pero tú eres muy lenta —le dijo la lagartija.

    —Pero soy muy vieja y por lo tanto muy sabia, yo sé las costumbres de cada uno de los animales que se encuentran por los alrededores, por eso creo que puedo ayudarla a encontrar su hormiguero.

    La hormiguita estaba fascinada, no podía ni hablar de la emoción. Nunca había visto tantas cosas como las que veía desde encima de la lagartija, la rana y el caparazón de la tortuga: el río, los campos llenos de flores, las montañas, las casas a lo lejos… No podía imaginar que el mundo fuera tan grande.

    «Si mis compañeras vieran esto», pensó sintiendo un poco de pena, pero ya nada de miedo porque todos los animales con los que se encontraba querían ayudarla a buscar a sus compañeras. Pensó también en lo divertido que era ir encima de una lagartija que iba encima de una rana que iba encima de una tortuga. «Si me vieran aquí subida…»

    Al pasar por el camino encontraron una hilera de hormigas y la tortuga les preguntó:

    —¿Acaso estáis buscando a una de vuestras compañeras?

    —Sí, sí —contestaron llorosas—, se nos ha perdido hace un rato y no queremos volver a casa sin ella, la pobre estará muy asustada y… ¿Por qué llevas encima de tu caparazón a una rana? ¿Y por qué esta rana lleva encima una lagartija? ¿Y por qué esta lagartija lleva encima a una… ¡compañera!?

    No se podían creer lo que estaban viendo.

    —¡Compañeras, os encontré! Gracias a estas amigas os he encontrado y además he conocido lo grande que es el mundo. Al principio sentía miedo, estaba muy asustada, creía que estaba sola, pero después la lagartija me ayudó, y la rana y la tortuga, que, como es muy sabia y tiene muy buena memoria, sabía dónde podíais estar.

    Primero se bajó de la tortuga la rana, luego la lagartija se bajó de la rana y, por último, la hormiguita se bajó de la lagartija.

    Las hormigas le explicaron lo importante que era no separarse del grupo para no perderse y dieron las gracias a los animales que la habían ayudado.

    Dicen los que saben que Desde ese día la hormiguita camina cerca de sus compañeras, procura no despistarse para no pe

    7 min
  • 179. El ganador (adultos)

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    Había una vez una grupo de  5 bandidos que incursionaron en un pueblo fronterizo de Mexico y habiendo aterrorizado el pueblo entero con sus armas y desalojado a todos los habitantes de sus casas, entraron a cada una de ellas y robaron todos los elementos de valor que los habitantes tenían. 

     

    Corriendo salieron  hacia la frontera cuando la noche comenzaba a caer, se dirigieron a una casa abandonada a unos kilometros mas alla de aquel pueblo y allí en esa granja se dedicaron a tomar y repartir el botín entre ellos. Después de la repartición el jefe de todos saco de su bolsillo una baraja de naipes y les propone a todos jugar sus ganancias. 

     

    Y así durante la noche el grupo comienza a repartir cartas y a apostar las prendas robadas durante el día. 

     

    El más joven de todos, el último en haberse incorporado a la banda, el que todos llaman el bizco por ser un poco bizcorneto de uno de sus ojos, parece tener toda la suerte de sus lado. Partida tras partida , el bizco gana todo lo que es puesto sobre la mesa: Monedas de oro, collares con perlas y piedras preciosas, anillos con incrustaciones de diamantes, relojes, candelabros de oro, bellas prendas de mujer y otros tantos artículos robados a la gente de aquel pueblo de frontera.  

     

    El bizco a medida que iba ganando, se reia de su suerte y tomaba cada artículo y lo depositaba en un costal de fique que lo acompaña. El costal cada vez esta más y mas pesado y los otros compañeros ven como al terminar la noche todo su botín esta en manos del maldito Bizco. 

     

    Al salir el sol, los bandidos se levantan presurosos sabiendo que la frontera y los guardias fronterizos se encuentran varias millas adelante y se aprestan para salir. 

     

    El bizco, con su bolso cargado con las ganancias del día anterior, sale de ultimo con la cara de felicidad que la buena fortuna le había traído, sus compañeros que habían perdido todo lo robado el día anterior, simplemente lo ignoran y cantanto y bebiendo se dirigen al paso fronterizo y después de varias horas de caminar, cruzan el rio finalmente.

     

    Y para no ser detectados deciden separarse, pero antes el jefe de la banda toma su pistola y mata al Bizco, al que habían dejado ganar para que les transportase el pesado botín

    5 min
  • 178. La miseria y la muerte

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    Había una vez… Una mujer llamada  Miseria era una pobre anciana que vivía de limosnas. Tenía un hijo, llamado Ambrosio, que andaba por el mundo, también pidiendo. Y poseía un perro mil razas, que la acompañaba en la pequeña choza en que habitaba. Junto a la misma tenía un peral, del que obtenía poco fruto, pues los chicos del pueblo le robaban las peras nada más madurar.

    Un día llegó a la puerta de su casa un hombre pobre y, como helaba fuera, la tía Miseria lo acogió en la choza. Compartió con él lo poco que tenía para cenar y le fabricó un rudimentario jergón para que pudiera dormir. Al despertar, por la mañana, también le ofreció un humilde desayuno.

    El pobre, agradecido, se dirigió entonces a Miseria diciéndole:

    -En vista de tu noble corazón, voy a concederte un deseo pues, aun-que me veas vestido como un pobre, en realidad soy un ángel del cielo.

    Aunque Miseria no quería nada, el santo insistió y, entonces, se acordó la anciana del peral:

    -Este es mi deseo -dijo-: que cuando alguien suba al peral, no pueda bajar sin mi permiso.

    Al instante le fue concedido el deseo, y fue la idea tan definitiva que, al cabo de poco tiempo, tras algunos palos de bastón y no pocos jirones en sus ropas, no volvió a acercarse al peral un solo zagal.
    Así pasaron largos años, hasta que un hombre alto y seco, con una guadaña, se acercó a la puerta de la choza y comenzó a llamar a la tía Miseria:

    -Vamos, Miseria, que es hora.

    Miseria, que reconoció rápidamente a la Muerte, no pareció estar muy de acuerdo:

    –¡Hombre, ahora que empezaba a disfrutar algo de la vida! –le dijo–. ¿Por qué no me haces el favor de cogerme esas cuatro peras del árbol, mientras yo me preparo para el viaje.

    La Muerte, ingenua, se dispuso a coger las peras y, como estaban en todo lo alto, no tuvo más remedio que subir al árbol. En ese momento escuchó la carcajada de Miseria que, asomada a la venta-na, le decía:

    -¡Muerte fiera, ahí te quedarás hasta que yo quiera!

    Y quiso Miseria que allí se quedara, hiciera calor o helara, durante muchos años. Tantos que en el mundo empezó a sen-tirse la falta de la Muerte. Nadie moría, ni en las guerras, ni por enfermedad, ni por vejez. Había ancianos de más de trescientos años, en estado tan penoso que ellos mis-mos buscaban poner fin a sus vidas.

    Algunos se tiraban por los precipicios, otros al mar, otros se arrojaban a las vías del tren, pero ninguno lograba su propósito y los hospitales se llenaban, sin poder atenderlos a todos.

    Así hasta que la Muerte vio pasar por allí cerca a un médico, antiguo conocido y amigo de ella:

    –¡Eh, viejo amigo, acércate y observa mi estado! ¡Duélete de mi situación! ¡Avisa a las gentes del pueblo y venid a cortar este maldito árbol!

    Al poco llegaron los vecinos, armados con sus mejores hachas, pero, aunque lo intentaron por todos los medios, no lograron hacer la mínima mella en el tronco del peral. Y todos los que quisieron bajar de allí a la Muerte, solo con-siguieron quedarse colgados con ella. Entonces empezaron a rogar a la vieja Miseria que se apiadase de ellos, de los que tanto sufrían, y que permitiera bajar del peral a la Muerte y a sus acompañantes. Tanto insistieron que al fin cedió la tía Miseria, aunque le puso una condición a la Muerte:

    –Que no te acuerdes de mí ni de mi hijo Ambrosio hasta que te llame por tres veces.

    Accedió la Muerte, y bajó, y comenzó a cumplir con todo el tra-bajo que tenía pendiente, lo que la tuvo ocupada durante muchas semanas. Todos los que debieran haber muerto, veían llegar su hora. Todos menos la anciana y su hijo, que por eso viven todavía la miseria y el hambre.

    7 min
  • 177. Odiseo el ajedrecista

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    Había una vez un heroe griego llamado Odiseo (conocido por los romanos como Ulises) que despertó en una cueva oscura y  observo con pavor como un gigantesco ojo lo observaba con odio. 

     

    En aquel momento Odiseo sabia que se encontraba en una situación que solo podría resolver haciendo uso de las habilidades que  sus 10 años de jugador de ajedrez le podrían proporcionar. Las circunstancia en aquella cueva solo podría sortearse utilizando su ingenio y su calculado juicio. El Ajedrez le había enseñado la necesidad de anticipar las jugadas del contrincante y a preparar su jugadas con anticipación. 

     

    Odiseo había aprendido a jugar ajedrez, mientras se encontraban acechando la ciudad de Troya junto a las huestes griegas y acompañado de su amigo Aquiles. Durante los largos 10 años de asedio y aprovechando los tiempos que no había batalla, Odiseo encontró en el Ajedrez que venia de extrañas regiones en el este un pasatiempo maravilloso que le ayudo a formar una mente de estratega. 

     

    Hoy frente a aquel monstruo que lo miraba con odio requeriría pensar como estratega para evitar ser devorado. Y su primer pensamiento fue. Como llegue a estar aquí en esta situación. 

     

    Una vez terminada la guerra entre los aqueos y los troyanos, Odiseo se preparo para regresar a su natal Ítaca donde su esposa penélope lo esperaba pacientemente. Tomando uno de los barcos aqueos comenzo a navegar por el mar egeo y en una de sus muchas aventuras se encontró con una isla poblada por una tribu de ciclopes – Gigantes de un solo ojo. Escasos de comida y agua, Odiseo y sus hombres se aventuraron en la isla de los ciclopes y allí encontraron una cueva que contenia grandes cantidades de comida, vino y agua. Odiseo y sus hombres aprovecharon la ocasión y se sentaron a comer  y a tomar vorazmente. 

     

    De pronto la roca que cubría la entrada a aquella cueva se cerro y una enorme antorcha ilumino la cueva donde odiseo se encontraba y allí frente a ellos un gigantesco ser con un solo ojo los miraba con furia de ver que estos se habían comido todos su queso, y habían tomado gran parte de su vino. El gigante llamado Polifemo era el líder de la tribu de ciclopes y su cueva era reservada para el y su rebaño de ovejas. La presencia de aquellos hombre lo irritaba en extremo y estaba dispuesto a hacerles pagar su osadia. 

     

    Polifemo miro a odiseo y luego vio que dos hombres se acercaron desafiantes, sin esperar un solo segundo los tomo entre sus manos y con un solo movimiento se los llevo a su boca devorandolos de un solo mordisco. 

     

    Odiseo comprendió que posiblemente el sería el siguiente y que tendría que pensar rapidamente. Lo primero que se le ocurrio fue pasarle a aquel gigante un barril lleno de vino que el gigante bebio de un solo movimiento. Luego el aterrorizado odiseo le paso otro y otro y el ciclope se los tomaba de inmediato. 

     

    Después de tomar varios barriles de vino, el gigante miro con su ojo a odiseo y le pregunto. 

     

    Quien eres tu. Dime como te llamas. Y allí su mente de ajedrecista comenzó a trabajar. Inmediatamente sin dudarlo y sabiendo que en su respuesta se encontraba su inmediato futuro le contesto a Polifemo . Mi nombre es Nadie. Dijo Odiseo como quien adelanta un alfil entre las filas de su contrincante en el ajedres Así me llamaron mis padres Laertes y Anticlea. Soy Oriundo de Itaca y estoy en esta isla regresando de troya y comenzo a contarle la historia de la guerra de troya

     

    Odiseo entre más hablaba y hablaba veía como el vino hacia efecto en el ciclope hasta que borracho cayo dormido. Odiseo llamo a sus hombres y tomando una larga que tenía el ciclope en la cueva se abalanzaron sobre el único ojo del gigante dañándole el ojo y dejandolo ciego. Luego apagaron la antorcha y se sentaron a esperar que el gigante desper

    10 min
  • 176. El arbol y el Junco (Infantil)

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    Habia una vez un arbol que vivia en una pradera que era muy arrogante y que cada día daba las gracias a la madre naturaleza por los muchos dones que había recibido. Tantos eran que se consideraba a sí misma como el árbol perfecto.

    De todas sus cualidades una de las que más valoraba era la de ser alta, ya que le permitía no perderse ni un detalle de lo que sucedía a su alrededor. También se sentía muy satisfecha por haber nacido hermosa, y siempre que tenía ocasión, presumía de su copa formada por multitud de brillantes hojas verdes.  Sí, era esbelta, guapa, y además gozaba de una salud envidiable para producir cientos de riquísimas bellotas al llegar el otoño, pero puesta a elegir, lo que más le gustaba de sí misma era su enorme y grueso tronco que le hacían sentirse fuerte, segura e imbatible.

    Tener tantos atributos tuvo con el paso del tiempo una consecuencia negativa: la encina empezó a creerse superior al resto de las plantas y comenzó a comportarse de manera insolente, especialmente con las que consideraba más débiles.

    ———

    Unos metros más abajo de donde vivía, en un pequeño humedal, habitaba un joven y delicado junco. A diferencia de su vecina era muy fino, y como no tenía ni hojas ni flores, pasaba totalmente desapercibido a ojos de los demás.

    Un día, la encina se dio cuenta de su existencia y empezó a meterse con él.

    – ¡Eh, junco!… ¿Qué se siente cuando uno es frágil e insignificante?

    El pobre se quedó perplejo ante una pregunta tan desagradable.

    – Bueno, pues no tengo mucho que decir salvo que vivo tranquilo y contento.

    Al escuchar la contestación, la encina empezó a reírse con desprecio.

    – ¡Ja ja ja! Desde luego con poco te conformas. No entiendo cómo se puede ser feliz rodeado de tanta humedad, plantado en ese lodo negro y pegajoso. ¡Puaj, qué asco!

    El junco le respondió con humildad.

    – La verdad es que me habría gustado más haber nacido en la pradera como tú, pero como bien sabes soy una planta acuática y necesito estar permanentemente en el agua para poder crecer.

    La encina soltó otra risotada y siguió burlándose.

    – ¡Ja ja ja! ¿Crecer?… ¡Pero si mides menos de medio metro!  Mírame a mí: yo sí soy un árbol estilizado, bello, y… ¿te has fijado en mi poderoso tronco? ¡Alucinante! ¿verdad?   Tú, en cambio, eres flacucho como un alambre. ¡Ay, qué vida tan miserable te ha tocado vivir!

    El junco sabía de sobra que no era el más forzudo del lugar, pero tenía muy claro que eso no le hacía peor que nadie.

    – Sí, soy bajito y delgado, pero tengo dignidad y una virtud que tú no tienes.

    La encina dio un respingo y preguntó en tono socarrón.

    – ¡No me digas!… ¿Y se puede saber cuál es, listillo?

    – ¡Pues que soy muy flexible!

    La encina estalló en carcajadas.

    – ¡Ay, qué risa, esa sí que es buena!… ¡Flexible!… ¿Y de qué te sirve eso, si se puede saber? Perdona, pero ser así de blando es horrible, todo el día moviéndote de un lado a otro como un tentetieso y doblándote cada vez que sopla una ligera brisa… ¡Qué mareo y qué tortura!

    – Bueno, pero en determinadas situaciones puede ser muy positivo…

    – ¡¿Positivo?!… ¡Positivo es tener un  tronco grande y bien plantado como el que tengo yo!

    Apenas sonaron estas palabras el cielo se oscureció, se cubrió de nubes, y estalló una de esas tremendas tormentas que aparecen cuando nadie las espera. Como es lógico todos los animales corrieron a ponerse a cubierto para protegerse de la lluvia, el viento y los relámpagos, pero las plantas y los árboles no pudieron escapar. Su única opción era limitarse a resistir y esperar a que escampara.

    Desgraciadamente, sucedió lo peor: el aire enfurecido se transformó en un huracán descomunal que soplo con vientos no vistos anteriormente en dicha pradera y después de algunos momentos descuajo el árbol y lo lanzó sin piedad al fondo de un acantilado. Ni su belleza, ni su altura, ni su enorme tr

    7 min
  • 175. El canasto del panadero (Adultos)

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    Había una vez un en el parís de siglo XVII un joven panadero que fue contratado por la revolución para una trabajo muy importante. El joven había aprendido durante años su profesión de panadero y con gracia había aprendido la mas difícil de las artes que panadero alguno podía desarrollar, el transporte del pan. 

     

    Todas las mañanas el joven aprendiz de panadero debía ir a la panadería donde el maestro panadero terminaba de hacer el primer horneado del día y con gran rapidez debía tomar los panes recién salidos del horno y ponerlos en el canasto de mimbre que estaba preparado para recibir los panes. 

     

    Una vez el pan estaba allí debía cubrir con una franela roja los panes y luego colocar la canasta sobre su cabeza y con movimientos muy bien entrenados para que que canasto no cayera de su cabeza recorrer toda la ciudad hasta su destino final, El lujoso palacio de versalles a las afueras de parís donde vivia Maria antonieta con su marido el Rey Luis XVI.

     

    Maria Antonieta no podía empezar el día sin su lonja de pan y aquel muchacho era quien mejor sabia recorrer las calles llevando en su cabeza el canasto de pan. Mientras recorría las calles de aquel parís de finales de siglo XVIII, el Olor del pan recién horneado viajaba y se esparcía por todas las calles de la ciudad llenando de sabor y exquisitez las mentes de los habitantes que olian el pan recién orneado. 

     

    Aquella mañana, como muchas otras mañanas, el joven aprendiz de panadería, llevaba su canasto sobre su cabeza y como siempre teniendo el cuidado de que su contenido no cayera. Extrañamente, esa mañana del 16 de octubre de 1793 los habitantes de la bella Paris no solo se maravillaban con el contenido de aquel canasto, sino también con el  olor que desprendia por todas las calles de parís.  El olor a libertad que desprendia la cabeza de Maria Antonieta después de caer guillotinada dentro de aquel canasto que llevaba presuroso el joven aprendiz hasta la casa de Madam Tussaud para que fabricara una mas de sus famosas mascaras de cera.

    4 min
  • 174. El Pirata Jardinero

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    Había una vez un pirata llamado Luis de Montbars. El Pirata Montbars era el capitán de el mas fiero barco pirata que recorría las costas del caribe y era temido por todas las embarcaciones que transportaban oro entre los puertos de America y España y por todos los puertos fortificados donde se almacenaban el oro y las joyas que algún día se iban a transportar. 

     

    Aquella mañana el barco pirata había interceptado un velero que había salido de Cartagena y después de abordarlo habían saqueado sus tesoros fondearon en una bahía de un islote caribeño. 

     

    El capitán Montbars bajo con su segundo al mando a las bodegas para revisar con detalle los tesoros robados durante el asalto al velero español. Después de valorar las grandes piezas de oro y los baules llenos de joyas, se percató de un cuadro que venia cubierto por una fina tela de seda. Al retirar la seda, encontró que el retrato de una mujer lo miraba de frente y una inscripción que decía Doña Manuela, Esposa del Almirante de la Cruz. Cartagena 1790

     

    Aquel pirata que a nada le temia súbitamente palideció y sus ojos se abrieron mostrando incredulidad. El segundo al mando llamado Jack philippe , lo observo y rapidamente le pregunto. 

     

    Capitán que le sucede. Lo veo pálido, sabe usted acaso quien es la mujer del retrato. 

     

    El capitán Montbars solamente dijo. Jack ordenale a la tripulación que regrese a Cartagena y que fondee al frente de un islote. 

     

    A Cartagena, le contesto Jack philippe. Capital Recuerde que Cartagena es la mas resguardada de todas las poblaciones del caribe. Si ven nuestro barco nos atacaran con sus cañones. 

     

    Cierto Jack solamente desembarcare yo y ustedes deberán regresar a esta isla. Aquí volveré cuando yo pueda. 

     

    Pero Capitan de que se trata todo esto. Pregunto Jack philippe. 

     

    Mi buen amigo te contare que esta mujer del retrato, la vi pasar hace algunos años en santo domingo justo cuando me iban  a ahorcar y he de decirte que cuando la vi desee morir al pensar que nunca la podría ver de nuevo. Afortunadamente cuando estaba en el cadalso hubo un terremoto y en la confusión pude escapar. 

     

    Llevadme a Cartagena. Tengo que volver a verla. Siempre he querido volver a verla y ahora se que la mujer mas bella de la tierra esta en Cartagena. 

     

    El barco enfilo obediente a las playas del caribe cartagenero y aprovechando una noche sin luna dejo a su capitán en la playa antes de regresar a su isla secreta. El capitán disfrazado de persona normal llego a las puertas de Cartagena y se dirigio directamente a la mansión del almirante de la Cruz. 

    Al día siguiente, viendo que la mansión tenia una gran jardín y que este se encontraba en mal estado solicito el puesto de jardinero. El encargado de la servidumbre lo contrato sin dudarlo e inmediatamente lo puso a cargo de recuperar el jardín.

     

    Pasaron los días y una mañana en que Luis de Montbars se encontraba podando gentilmente las rosas, sintió una presencia en sus espaldas. Sintio un remolino de tristeza que navegaba por los patios de aquella mansión. Al darse vuelta vio a doña Manuela que caminaba con ojos tristes por los linderos de coral de aquel jardín. Sin poder ocultar su emoción, aquel rudo pirata alcanzo a decir. Su señoria. Sabe usted que las Rosas han florecido esta mañana. He cortado esta para usted.

     

    La mujer sin percatarse de su jardinero solo dijo. Eso veo y sin mirarlo tomo la rosa entre sus manos y siguió su camino. 

     

    El pirata dijo además esa rosa es mágica. 

     

    Magica dijo Doña Manuela. A que se refiere usted, aun sin mirar el jardinero.

     

     Si mira con cuidado sus pétalos podrá ver en ellos la belleza de los amaneceres del mar caribe y podrá obse

    9 min

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