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El 19 de agosto de 1747, un grupo de marinos españoles embarcaban como prisioneros en barcos de la Royal Navy británica. Encabezados por su capitán, Pedro Mesía de la Zerda, fueron recibidos con admiración y casi como héroes. Habían librado una batalla que pasaría a la historia de la Armada española, al derrotar a 12 buques de guerra británicos y poner en jaque a su Marina con una sola fragata. Esta es la historia de un legendario viaje, conocido como la Carrera del Glorioso, y de cómo en Fisterra se libró una de las más épicas batallas navales de nuestra historia.
En el año 705 se fundaba un pequeño negocio en Hayakawa, Japón: el Nishiyama Onsen Keiunkan, una pequeña posada familiar de fuentes termales. Su fundador nunca pensó que sería regentado por 52 generaciones de la misma familia durante más de 1.300 años, convirtiéndose en el más antiguo del mundo. El papel de este hotel fue esencial durante las diferentes guerras dinásticas del país, ya que era el lugar elegido para recuperarse de sus heridas y lesiones, tanto los oficiales imperiales como los temidos guerreros samuráis. Mucho tiempo después, en 1486, los Reyes Católicos llegaban a Santiago de Compostela en busca de un milagro: la conquista de Granada. Pero al llegar junto al Apóstol, sus corazones descubrieron otra necesidad, los peregrinos no tenían dónde alojarse o curarse de sus heridas, y decidieron sufragar la construcción del Hospital Real de Santiago, que acabaría convirtiéndose en el hotel más antiguo de España y uno de los más antiguos del mundo: el Hostal de los Reyes Católicos.
¿Qué tienen en común, lugares tan dispares como Bulgaria, India, Pakistán, China, Japón, Inglaterra, Escocia o Galicia? Pues que en todos ellos, un mismo instrumento forma parte de su cultura popular más arraigada: la gaita. A pesar de que se desconoce el momento y el lugar exacto de su aparición, su origen parece ser extraordinariamente antiguo, pues existen pinturas y grabados del Antiguo Egipto donde se pueden ver instrumentos similares a gaitas en algunos de sus templos. Y su uso no solo era lúdico, ya que eran empleadas en los campos de batalla por las legiones de Roma y por los escoceses para generar el pánico entre sus enemigos antes de los enfrentamientos armados. A lo largo de la historia, la gaita ha sido un instrumento eminentemente masculino hasta que, a principios del siglo XX, una gallega decidió dedicarse profesionalmente a tocarla, para poder sacar adelante a su familia. Esta mujer sería considerada en su época la Reina de la gaita, fue la primera gaiteira profesional de la que tenemos noticia en la historia y es, posiblemente, la primera mujer representante de un grupo musical: María Áurea Rodríguez Rodríguez.
En el verano de 1960, una joven empresa pesquera gallega realizaba un novedoso encargo a un astillero de Vigo. Tras siete meses de fabricación, se entregaba aquel innovador buque de pesca, el primer arrastrero congelador de la historia, un avance tan extraordinario que cambiaría para siempre el mundo de la industria pesquera. Su nombre era “Lemos” y su dueño era una recién creada y desconocida compañía: Pescanova. La innovación del Lemos estaba en su tecnología, que permitía procesar las capturas a bordo ultracongeladas, lo que posibilitaba faenar durante semanas sin tener que volver a puerto, facilitando que se pudiera pescar en caladeros más lejanos, con más capturas y a los que hasta ese momento no se tenía acceso. El 8 de septiembre de 1961, el Lemos partió rumbo a la costa argentina y cuando regresó a Vigo, el 8 de diciembre, lo hizo con 250 toneladas de pescado, el primero que puso a la venta la compañía. El salto tecnológico de que dio Pescanova, permitió que, en menos de diez años, se convirtiera en una de las cien mayores empresas de España y en la primera compañía pesquera de Europa, con una flota de más de 100 buques. Pescanova no solo cambió para siempre la industria de la pesca, sino que creó una nueva categoría de producto alimenticio: el pescado congelado.
En 1943, mientras trabajaba en su laboratorio, el químico suizo Albert Hoffman empezó a sentir una sensación extraña: se encontraba en otra realidad, los colores cambiaban y la habitación y su humor flotaban. Sin querer, había ingerido la sustancia con la que estaba trabajando: LSD. En 1938, Hoffman había conseguido sintetizar, partiendo del cornezuelo del centeno, un hongo que coloniza los granos de ese cereal, la dietilamida de ácido lisérgico. Cuando experimentó aquel "viaje", no sabía a qué se debía, hasta que sospechó, pasados los efectos, que quizá algún resto de LSD debía de haber quedado entre sus dedos, por lo que decidió hacer un experimento. El 19 de abril de 1943 tomó un cuarto de miligramo de esa sustancia, cinco veces la dosis máxima recomendada, y regresó a casa en bicicleta, en un trayecto que duró seis horas, durante el cual no dejó de experimentar alucinaciones y efectos sensoriales inexplicables y del que después no recordaría nada. El LSD es considerada una de las peores drogas de la historia y a la vez uno de los mayores inspiradores de la cultura occidental durante buena parte del siglo XX, hasta tal extremo que varias agencias gubernamentales estadounidenses de tres letras llegaron a contactar con Hoffman para que les ayudara a obtener toneladas de ella para uso militar. Lo que pocos saben es que Galicia fue uno de los epicentros de cultivo de aquel hongo que dio origen al LSD, convirtiendo a un pequeño pueblo ourensano en el epicentro de la industria farmacéutica mundial y el lugar donde se decidían los precios de este oro negro. Esta es la historia del cornezuelo gallego: “o corno”.
Al amanecer del 13 de agosto de 1799, un joven Napoleón Bonaparte, sudoroso, pálido y desencajado, emergió de la Gran Pirámide. “Aunque lo contara, no lo creeríais”, fue lo único que alcanzó a decir. Tenía tan solo 29 años, y durante el resto de su vida evitó volver a hablar jamás sobre el asunto. El secreto quedaría resguardado para siempre entre él y las milenarias piedras de la Pirámide de Keops. Durante aquella campaña en la que Bonaparte pretendía conquistar Egipto, fue descubierta la piedra Rosetta, clave para descifrar los jeroglíficos, se exploró el Nilo y se consiguieron dos obeliscos para Francia, los obeliscos de Luxor. Durante los 3 años que duró el traslado a París de uno de ellos, el barco que lo transportaba hizo escala en una ciudad gallega a la que dejó maravillada. Tanto que aquellos locos decidieron que ellos no serían menos que los parisinos y también tendrían su propio obelisco: el Obelisco de A Coruña.
Se cree que la Abadía de Glastonbury, en Somerset, era donde estaba situada la fabulosa isla de Ávalon, el lugar del descanso final del rey Arturo. Incluso hay quien afirma que José de Arimatea llegó a este mismo paraje desde Tierra Santa portando consigo el Santo Grial para fundar la primera iglesia de Britania. Los monjes de la abadía de Glastonbury afirmaban que, en el siglo XII, habían desenterrado los restos del rey Arturo y la reina Ginebra, aunque se cree que se trató de un fraude medieval para aumentar el número de peregrinos y donaciones a la abadía, de la que en la actualidad solo se conservan sus ruinas. A lo largo de los siglos el relato del rey Arturo va convirtiéndole en un semidiós alrededor del cual todo es fantástico: el mago Merlín, su fabulosa espada Excalibur, la búsqueda del Santo Grial... Pero en toda historia de luz siempre hay una parte de oscuridad: Cuando Ginebra y Lanzarote lo engañan, provocando el fin de Arturo. Pero no fue el final ni de Ginebra ni de Lanzarote, porque una preciosa leyenda nos cuenta que este caballero llegó a Galicia, donde siguió realizando proezas y hazañas extraordinarias, dejando atrás un linaje que aún perdura en nuestros días. Hoy os cuento la leyenda de Lanzarote del Lago, el caballero que llegó a Cedeira.
En 1879, el periodista A. H. Wood escribía una obra teatral inspirada en los hechos que habían tenido lugar un par de años antes en un tren de la línea Texas-Pacific, cuando había sido asaltado por una banda de forajidos. La obra no tuvo demasiado éxito, pero entre el público se encontraba Thomas Alva Edison, a quien le impactó tanto que años después encargaría su adaptación para una película. Finalmente, el 1 de diciembre de 1903, se estrenaba con gran expectación, la primera película de un género que aún no existía, el wéstern, dirigida por Edwin S. Porter: “El gran asalto al tren”. Duraba 10 minutos y estaba compuesta por 14 escenas rodadas en varias localizaciones de Nueva Jersey, en el estudio de Thomas Edison en Nueva York, y a lo largo de la vía del tren de Lackawanna. Aquella película se convirtió en el inicio del furor por el wéstern que, en España, llegaría de la mano de un autor que comenzaría a escribir en la cárcel y que, junto a un editor de Vigo, crearían un sistema de distribución y de venta pionero que convertiría a Galicia en la cuna de la industria de las novelas del Oeste. Esta es la historia de la Editorial Cíes y de Marcial Lafuente Estefanía, los creadores del género del Oeste en España.
El 16 de octubre de 1819, el capitán británico William Smith desembarcaba en las Islas Shetland, siendo reconocido como el descubridor y el primer hombre que puso pie en las tierras heladas del Sur, más allá de los 60° de Latitud, la Antártida. Durante su exploración del continente helado descubrió restos recientes de un naufragio, con sus propios ojos vio el buque encallado y numerosas muestras de que parte de la tripulación había sobrevivido durante un tiempo en tierra firme. Cuando regresó a su base en Valparaíso, Smith quiso admitir que no había sido el primero en pisar la Antártida, pero las autoridades británicas le obligaron a guardar silencio y reclamaron aquel nuevo territorio para el Imperio Británico. El barco que descubrió el capitán Smith era un buque de guerra construido en Ferrol, llevaba a bordo a 644 tripulantes y su nombre era “San Telmo”. Este es el relato de su travesía y de un descubrimiento que, aunque no vivieron para contarlo, podría haber cambiado los libros de Historia.
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