Deuteronomio 4: ¡Un pueblo privilegiado!
Deuteronomio 4:4-13 RVA2015:
Pero ustedes, que fueron fieles al SEÑOR su Dios, todos están vivos hoy. “Miren, yo les he enseñado leyes y decretos, como el SEÑOR mi Dios me mandó, para que hagan así en medio de la tierra a la cual entrarán para tomar posesión de ella. Guárdenlos, pues, y pónganlos por obra, porque esto es su sabiduría y su inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales al oír de todas estas leyes dirán: ‘¡Ciertamente esta gran nación es un pueblo sabio y entendido!’. Porque, ¿qué nación hay tan grande, que tenga dioses tan cerca de ella, así como lo está el SEÑOR nuestro Dios cada vez que lo invocamos? ¿Qué nación hay tan grande que tenga leyes y decretos tan justos como toda esta ley que yo pongo hoy delante de ustedes? Solamente guárdate y guarda diligentemente tu alma, no sea que te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni que se aparten de tu corazón durante todos los días de tu vida. Las enseñarás a tus hijos y a los hijos de tus hijos. “El día que estuviste delante del SEÑOR tu Dios en Horeb, el SEÑOR me dijo: ‘Reúneme al pueblo para que yo los haga oír mis palabras, las cuales aprenderán para temerme todos los días que vivan en la tierra, y para enseñarlas a sus hijos’. Y se acercaron y se reunieron al pie del monte. El monte ardía con fuego hasta el corazón de los cielos, con densas nubes y oscuridad. Entonces el SEÑOR les habló de en medio del fuego. Ustedes oyeron el sonido de sus palabras, pero aparte de oír su voz, no vieron ninguna imagen. Él les declaró su pacto, el cual les mandó poner por obra: Los Diez Mandamientos. Y los escribió en dos tablas de piedra.
--------------------------------------------------
Este es un capítulo lleno de lecciones y reflexiones que podemos tomar de la narración que Moisés continuó exponiendo a la nueva generación, acerca del recorrido que Dios ha estado llevando a Israel a través del desierto.
En esta ocasión podemos ver cómo él les contaba sobre el privilegio que ellos tienen como nación, el haber sido llamados y escogidos por Dios. El Señor los sacó de la esclavitud, los purificó y se manifestó a ellos de forma majestuosa sobre el monte Sinaí. En ese momento Dios les dio unas leyes justas para que ellos fueran un pueblo puro delante de Dios, y así Dios pudiera vivir en medio de ellos.
Me conmueve mucho cómo Moisés les decía a ellos sobre la admiración que otros pueblos tendrían por ellos, pues el mismo Dios estaría en medio de ellos, a diferencia de otras religiones.
Recordemos que en ese tiempo existían dioses poderosos como Baal, como Dagón y la diosa Asera. Eran dioses venerados solemnemente por los pueblos cananeos, pero estos dioses nunca se habían manifestado de forma visible y sobrenatural delante de ellos.
En cambio, el pueblo de Israel era protegido, acompañado y guiado por un Dios sobrenatural que abrió el Mar Rojo para que ellos cruzaran, les daba comida que caía desde el cielo, sus vestiduras no se desgastaban, y no sufrían los ataques de animales y reptiles peligrosos del desierto.
Los pueblos alrededor sabían que el Dios de Israel era un Dios que les daba sombra de día, calor de noche, y que les daba agua que brotaba de una roca.
¡De la misma manera nosotros tenemos un Dios que escucha! ¡Creemos en un Dios que se hizo hombre, se manifestó al mundo hace 2000 años, dio su vida por nosotros, llevó el pecado sobre sus hombros, y conquistó la muerte para poder darnos vida eterna! ¡También nos dio su Santo Espíritu para que fuéramos llenos de su poder, para que nuestras vidas sean transformadas y, además, para poder servir en Su Reino por medio de los dones espirituales que nos ha dado!
No caigamos en el error del pueblo de Israel, de la primera generación que no valoraron la presencia de Dios, teniendo un Dios tan cerca de ellos que aún así murmuraban y tentaban al Señor continuamente.
Nosotros que estamos...