En la homilía de hoy, el Padre Julio Navarro, SDB, nos explica que a lo largo de la semana, cada día, escuchamos alguna de las primeras apariciones de Jesús Resucitado; hoy, en particular, vemos la figura de María Magdalena, quien tenía un gran amor hacia el Señor porque había experimentado su misericordia. Ella estuvo muy de cerca en los momentos de la Pasión y Muerte de Jesucristo.
Magdalena también estuvo al momento en que Jesús fue bajado de la cruz y puesto en el sepulcro pero, por la prisa en que debían enterrarlo, no pudieron embalsamarlo ese mismo día, sino que tuvo que volver y es cuando encuentra el sepulcro vacío.
Ella se encuentra llorando y, a pesar de que se encontraban dos ángeles en el sepulcro, no se inmutó por ellos, al contrario, cuando le preguntan porque llora, ella responde: "porque se han llevado a mi Señor". Y, a pesar de que aparece Jesús ante ella, no lo reconoce en un principio ya que, a Jesús, no lo vemos únicamente con los ojos físicos, también lo vemos con ojos de fe, de amor. Y el Señor la llama: "María", la llama por su nombre, porque Él nos llama a todos por nuestro nombre.