Hoy En Oracion (5 Minutos de Oracion En El Hogar)

Hoy En Oracion (5 Minutos de Oracion En El Hogar)

By Hoy En OracionReligion & Spirituality
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Hoy En Oracion (5 Minutos de Oracion En El Hogar) episodes

  • Evangelio Del Día Miércoles 22 de Marzo | El Amor Del Padre | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 22 DE MARZO DE 2023
    Ciclo A - Año I - Color Morado
    IV Semana del Tiempo de Cuaresma
    Liturgia de las Horas Tomo II
    IV Semana del Salterio
    Primera Lectura Isaías 49, 8-15
    Salmo 144
    Evangelio Juan 5, 17-30

    “Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    Todos somos hijos amados por Dios. No hay ninguna maldición sobre nuestra vida, sino solo una bondadosa palabra de Dios, que ha creado nuestra existencia de la nada. La verdad de todo es esa relación de amor que une al Padre con el Hijo mediante el Espíritu Santo, relación en la que nosotros somos acogidos por gracia. En Él, en Jesucristo, nosotros hemos sido queridos, amados, deseados. Hay Alguno que ha impreso en nosotros una belleza primordial, que ningún pecado, ninguna elección equivocada podrá nunca cancelar del todo. Nosotros estamos siempre delante de los ojos de Dios, pequeñas fuentes hechas para que brote agua buena. (Audiencia general, 14 junio 2017)


    REFLEXIÓN DEL EVANGELIO DE HOY (Hna. María del Mar Revuelta Álvarez)
    Exulta, cielo; alégrate, tierra
    El Profeta infunde ánimo y esperanza en quienes todavía no creen en la pronta liberación. El segundo Isaías se dirige a Israel en uno de los periodos más difíciles de su historia, el Exilio. No existe más templo, ni líderes religiosos, ni culto ni señales evidentes de la Alianza. Lejos de desanimarse, el “Siervo”, cree que a pesar de todo, es posible encontrar una nueva relación con Dios. Tiene una nueva experiencia de Dios. La fe renace. La ternura de Dios se manifiesta: “Consolad, consolad a mi pueblo” Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados» El judaísmo posterior dio una interpretación mesiánica a estos cantos misteriosos, pero fue Jesús de Nazaret el que se identificó a sí mismo como el “Siervo”.

    Mi Padre sigue actuando
    Llamar a Dios “Padre” era un verdadero atrevimiento para el pueblo judío; en cambio Dios fue, en la experiencia de Jesús, un “Padre” de verdad, amoroso y cercano, no sólo en sentido metafórico sino real. La paternidad experimentada lo condujo a vivir un amor entrañable, sin juzgar a nadie; a trabajar por la consolación y la dignificación de toda vida. Lo de Jesús no es un simple ejercicio piadoso de contemplación silenciosa del misterio de Dios, a quien se debía obedecer y temer, sino, la encarnación de un compromiso público y político de un Dios amigo de los empobrecidos y de las causas justas. Seamos hermanas/os continuadores de la misión de un Dios que sirve, dignifica, da sentido, compromete, humaniza. Este Padre de Jesús y nuestro, tiene un gran proyecto en su corazón: hacer de la tierra una casa habitable.


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura del libro de Isaías
    Is 49, 8-15
    Esto dice el Señor:
    "En el tiempo de la misericordia te escuché,
    en el día de la salvación te auxilié.
    Yo te formé y te he destinado para que seas alianza del pueblo:
    para restaurar la tierra,
    para volver a ocupar los hogares destruidos,
    para decir a los prisioneros: 'Salgan',
    y a los que están en tinieblas: 'Vengan a la luz'.

    Pastarán de regreso a lo largo de todos los caminos,
    hallarán pasto hasta en las dunas del desierto.
    No sufrirán hambre ni sed,
    no los afligirá el sol ni el calor,
    porque el que tiene piedad de ellos
    los conducirá a los manantiales.
    Convertiré en caminos todas las montañas
    y pondrán terraplén a mis calzadas.

    Miren: éstos vienen de lejos;
    aquéllos, del norte y del poniente,
    y aquellos otros, de la tierra de Senim.

    Griten de alegría, cielos; regocíjate, tierra;
    rompan a cantar, montañas,
    porque el Señor consuela a su pueblo
    y tiene misericordia de los desamparados.
    Sión había dicho: 'El Señor me ha abandonado,
    el Señor me tiene en el olvido'.
    ¿Puede acaso una madre olvidarse de su creatura
    hasta dejar de enternecerse por el hijo de sus entrañas?
    Aunque hubiera una madre que se olvidara,
    yo nunca me olvidaré de ti",
    dice el Señor todopoderoso.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Juan
    Jn 5, 17-30
    En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos (que lo perseguían por hacer curaciones en sábado): "Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo". Por eso los judíos buscaban con mayor empeño darle muerte, ya que no sólo violaba el sábado, sino que llamaba Padre suyo a Dios, igualándose así con Dios.

    Entonces Jesús les habló en estos términos: "Yo les aseguro: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta y sólo hace lo que le ve hacer al Padre; lo que hace el Padre también lo hace el Hijo. El Padre ama al Hijo y le manifiesta todo lo que hace; le manifestará obras todavía mayores que éstas, para asombro de ustedes. Así como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a quien él quiere dársela. El Padre no juzga a nadie, porque todo juicio se lo ha dado al Hijo, para que todos honren al Hijo, como honran al Padre. El que no honra al Hijo tampoco honra al Padre.

    Yo les aseguro que, quien escucha mi palabra y cree en el que me envió, tiene vida eterna y no será condenado en el juicio, porque ya pasó de la muerte a la vida.

    Les aseguro que viene la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la hayan oído vivirán. Pues así como el Padre tiene la vida en sí mismo, también le ha dado al Hijo tener la vida en sí mismo; y le ha dado el poder de juzgar, porque es el Hijo del hombre.

    No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que yacen en la tumba oirán mi voz y resucitarán: los que hicieron el bien para la vida; los que hicieron el mal, para la condenación. Yo nada puedo hacer por mí mismo. Según lo que oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió".


    Oración
    Hazme salir de mi comodidad, Señor, llévame a los afligidos, a los atribulados y prisioneros de vicios, pecados y toda atadura que los aleja de ti. Haz de mi vida un reflejo de tu luz, que pueda iluminar a los que viven en tiniebla y sombra de muerte, que pueda guiar sus pasos por tu senda de justicia y de paz.

    Acción
    En este día buscaré a alguien verdaderamente necesitado de esperanza, fe y amor, y le diré claramente que Dios le ama, que tiene un plan para su vida.
    8 min
  • Evangelio Del Día Martes 21 de Marzo | Salto De Fe | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 21 DE MARZO DE 2023
    Ciclo A - Año I - Color Morado
    IV Semana del Tiempo de Cuaresma
    Liturgia de las Horas Tomo II
    IV Semana del Salterio
    Primera Lectura Ezequiel 47, 1-9. 12
    Salmo 45
    Evangelio Juan 5, 1-16

    “Levántate, toma tu camilla y echa a andar”

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    Nos hace pensar la actitud de este hombre. ¿Estaba enfermo? Sí, tal vez tenía alguna parálisis, pero parece que podía caminar un poco. Pero estaba enfermo en su corazón, estaba enfermo en su alma, estaba enfermo de pesimismo, estaba enfermo de tristeza, estaba enfermo de pereza. Esta es la enfermedad de este hombre: “Sí, quiero vivir, pero...”, se quedaba allí. Y su respuesta no es: “¡Sí, quiero curarme!”. No, es quejarse: “Los otros llegan antes, siempre los otros”. (…) Pensemos también en nosotros, si uno de nosotros está en el peligro de caer en esta pereza, en este pecado “neutral”: el pecado del neutro es éste, ni blanco ni negro, no se sabe qué es. Y este es un pecado que el diablo puede usar para aniquilar nuestra vida espiritual y también nuestras vidas como personas. Que el Señor nos ayude a entender lo feo y lo malo que es este pecado. (Homilía de Santa Marta, 24 marzo 2020)


    REFLEXIÓN DEL EVANGELIO DE HOY (Sor Inmaculada Ocaña Gutiérrez)
    Habrá vida dondequiera que llegue la corriente
    Avanzamos en el camino cuaresmal, nos aproximamos a la Pascua y el profeta Ezequiel nos habla hoy del agua que brota del Templo y conforme avanza crece en profundidad, tanto, que solo se puede atravesar a nado. El Templo para el judío es el lugar de la presencia de Dios por excelencia, lugar de culto, lugar de Encuentro. Esta agua que brota de su interior es símbolo de la gracia, del don de Dios que actuando hace fructificar y llena de vida todo lo que toca, por eso a ambos lados de este manantial crecen árboles frutales cuyas hojas no se marchitan, sus frutos se renuevan constantemente y su agua limpia y purifica las aguas salobres y pútridas del Mar Muerto, de ahí la afirmación “habrá vida dondequiera que llegue la corriente”.
    ¿Nos dejamos tocar por el agua que brota, no ya del templo material, sino del Costado abierto de Cristo en la Cruz, verdadero Templo de Dios?

    ¿Quieres quedar sano?
    Lo que contemplamos como profecía en el Antiguo Testamento, Jesús lo realiza a lo largo de su vida pública. Entre otros testimonios, en el evangelio de hoy, Juan nos presenta el encuentro de Jesús con un hombre que llevaba muchos años postrado, enfermo, al que se acerca y directamente le pregunta “¿quieres quedar sano?”; con sorpresa nos llaman la atención dos cosas, primero que Jesús, a diferencia de otras curaciones que realiza, no le pide tener fe en Él previamente, y segundo, que esta persona no le responde afirmativamente, sino que le expone excusas y motivos por los que no aspira a ser curado; es como si ya se hubiera acostumbrado y aceptara su estado de postración y enfermedad. Jesús lo escucha como desea escucharnos a nosotros y quiere que le expongamos, que le expresemos nuestras necesidades, nuestras enfermedades y dolencias, nuestras tristezas y angustias, lo que nos ata e impide levantarnos y avanzar en el camino del bien, de la entrega, de la caridad, de la confianza, de la fidelidad a los compromisos adquiridos…. Él desea que con sinceridad y sencillez le manifestemos nuestra situación real, nuestros pecados, nuestras historias, nuestros fracasos y frustraciones, nuestras cobardías, perezas y limitaciones aun sabiendo que Él ya las conoce.
    A la luz de esta Palabra de Dios, debemos preguntarnos, ¿dónde estoy yo postrado?, ¿cuál es mi camilla?, ¿a qué me aferro para no cambiar, para no salir de mi parálisis anímica, espiritual, de fe, de alegría, de esperanza, de amor, de ilusión?
    Jesús en esta cuaresma y a pesar de nuestra falta de fe nos dice: Levántate, toma tu camilla y echa a andar, reconoce que el Señor del universo está con nosotros, que nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
    Dejemos actuar a la gracia de Dios en nuestras vidas, no le pongamos obstáculo, dejémonos tocar por ella. Jesús quiere y puede sanarnos y su acción es siempre gratuita, como lo fue toda su vida, muerte y resurrección.


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura de la profecía de Ezequiel
    Ez 47, 1-9. 12
    En aquellos tiempos, un hombre me llevó a la entrada del templo. Por debajo del umbral manaba agua hacia el oriente, pues el templo miraba hacia el oriente, y el agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.

    Luego me hizo salir por el pórtico del norte y dar la vuelta hasta el pórtico que mira hacia el oriente, y el agua corría por el lado derecho. Aquel hombre salió hacia el oriente, y con la cuerda que tenía en la mano, midió quinientos metros y me hizo atravesar por el agua, que me daba a los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo pasar; el agua me daba a las rodillas. Midió quinientos más y me hizo cruzar; el agua me daba a la cintura. Era ya un torrente que yo no podía vadear, pues habían crecido las aguas y no se tocaba el fondo. Entonces me dijo: “¿Has visto, hijo de hombre?”

    Después me hizo volver a la orilla del torrente, y al mirar hacia atrás, vi una gran cantidad de árboles en una y otra orilla. Aquel hombre me dijo: “Estas aguas van hacia la región oriental; bajarán hasta el Arabá, entrarán en el mar de aguas saladas y lo sanearán. Todo ser viviente que se mueva por donde pasa el torrente, vivirá; habrá peces en abundancia, porque los lugares a donde lleguen estas aguas quedarán saneados y por dondequiera que el torrente pase, prosperará la vida. En ambas márgenes del torrente crecerán árboles frutales de toda especie, de follaje perenne e inagotables frutos. Darán frutos nuevos cada mes, porque los riegan las aguas que manan del santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas, de medicina”.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Juan
    Jn 5, 1-16
    Era un día de fiesta para los judíos, cuando Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las Ovejas, una piscina llamada Betesdá, en hebreo, con cinco pórticos, bajo los cuales yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. Entre ellos estaba un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.

    Al verlo ahí tendido y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo en tal estado, Jesús le dijo: "¿Quieres curarte?" Le respondió el enfermo: "Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua. Cuando logro llegar, ya otro ha bajado antes que yo". Jesús le dijo: "Levántate, toma tu camilla y anda". Al momento el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar.

    Aquel día era sábado. Por eso los judíos le dijeron al que había sido curado: "No te es lícito cargar tu camilla". Pero él contestó: "El que me curó me dijo: 'Toma tu camilla y anda' ". Ellos le preguntaron: "¿Quién es el que te dijo: 'Toma tu camilla y anda'?" Pero el que había sido curado no lo sabía, porque Jesús había desaparecido entre la muchedumbre. Más tarde lo encontró Jesús en el templo y le dijo: "Mira, ya quedaste sano. No peques más, no sea que te vaya a suceder algo peor". Aquel hombre fue y les contó a los judíos que el que lo había curado era Jesús. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.


    Oración
    Haz, Señor, que ese torrente de tu Espíritu fluya en todo mi ser, limpia mi amargura y transfórmala en dulzura y alegría; que ese río se acreciente en mi vida, pues sé que todo lugar por donde pasa prospera, y quiero que esto sea real en mí, quiero prosperar por tu Espíritu, que pueda dar fruto abundante y que incluso sea yo mismo una bendición, salud y dicha para los que me rodean.

    Acción
    Hoy buscaré alguna oración al Espíritu Santo para repetirla constantemente en el día. Y además buscaré ser bendición para alguna persona a mi alrededor.
    12 min
  • Evangelio Del Día Lunes 20 de Marzo | Gratitud | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 20 DE MARZO DE 2023
    Ciclo A - Año I - Color Morado
    IV Semana del Tiempo de Cuaresma
    Liturgia de las Horas Tomo II
    IV Semana del Salterio
    Primera Lectura Isaías 65, 17-21
    Salmo 29
    Evangelio Juan 4, 43-54

    “José era justo”

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    San José [...] es ante todo el custodio de Jesús y de la Virgen María. Y por lo tanto también es el santo patrón de la Iglesia. [...] Puedes confiarle ciertas situaciones un poco complicadas, en las que nos damos cuenta de que nuestras fuerzas no son suficientes, que no hay soluciones a la mano. Entonces puedes dirigirte a San José en oración. Es de pocas palabras -en el Evangelio nunca habla, no hay palabras de José-, de pocas palabras, pero de muchas obras. Inténtalo. Un hombre que escucha la voluntad de Dios y la pone en práctica, sin dudarlo. Siempre le rezo, por esta necesidad, por esa otra, por esa otra, y siempre responde. […] Los planes de Dios no siempre son claros; a menudo se manifiestan con el tiempo, requieren paciencia; sobre todo exigen fe, tanta confianza en que Dios sólo y siempre quiere el bien, el mayor bien para nosotros y nuestros seres queridos. Y luego debemos hacer como San José: abandonarnos a Dios -esto significa dormir- para recibir sus mensajes. (Discurso a los empleados del Vaticano con motivo de las felicitaciones navideñas, 23 de diciembre de 2021)


    REFLEXIÓN DEL EVANGELIO DE HOY (Fray Manuel Santos Sánchez O.P.)
    José, su esposo, que era bueno
    Celebramos hoy la fiesta de San José, del que el evangelio dice que era un hombre bueno. La vida de San José es un canto a la bondad. José fue bueno con María, con la que estaba desposado, y con Jesús. Aceptó las explicaciones que Dios le dio y, llevado de su bondad, acogió a María y a Jesús, y les amó entrañablemente.
    Por eso, la fiesta de San José es un buen momento para preguntarnos por la bondad y por el lugar que ocupa en nuestra vida diaria. De entrada, podemos afirmar que la bondad habita en nuestro corazón. Y la razón es bien sencilla. Dios nos ha creado a su imagen y semejanza y Dios es amor y también bondad. “Sólo Dios es bueno”, dijo Jesús al joven rico. Por eso la bondad, el deseo de hacer el bien, es algo que Dios nos ha regalado al crearnos. Aunque después, en nuestro campo apareció la cizaña, la inclinación a hacer el mal. En el fondo, la vida del hombre es una lucha entre su bondad y su maldad, para que prevalezca siempre la bondad, y el único camino para ello es enfrentarse al mal, pero… a base del bien y nunca dejarse llevar por “el ojo por ojo y mal por mal”.
    En este tema, como en todos, Jesús es nuestro ejemplo a seguir. Su vida fue una lucha a favor del bien y en contra del mal. En el supremo momento de su muerte, cuando lo que prevalecía era la maldad de unos hombres en un juicio injusto, vence ese mal, pero no a base de matar a sus enemigos, algo que estaba a su alcance, sino a base de seguir predicando el amor, la verdad, la bondad… Ese camino le llevó a su resurrección y no al abismo. Jesús nos pide que, en la lucha que es la vida humana, no dejemos que se cuele en nuestro corazón ni un miligramo de mal, de odio, de venganza… Porque los grandes perjudicados, además de nuestros semejantes, vamos a ser nosotros. Nadie puede ser feliz con malos sentimientos. Nuestro corazón está hecho para la bondad y no para la maldad.
    En la fiesta de San José, el “hijo de David”, el que enlaza a Jesús con la dinastía de David, el evangelio destaca de él principalmente su bondad. “José era bueno”. Se sintió amado por Dios, por María, por Jesús, y dejó que la bondad guisase su vida entera. Debemos imitarle siendo personas buenas. Que nos convenza de que “es bueno ser bueno. Es malo ser malo”. Nuestro corazón está hecho para gozar con el bien y el amor. El que se guíe por el desamor y el mal no puede ser feliz. Con frecuencia, las apariencias engañan.


    LECTURA DEL DÍA
    Primera lectura
    Lectura del segundo libro de Samuel
    2 Sm 7, 4-5. 12-14. 16
    En aquellos días, el Señor le habló al profeta Natán y le dijo: "Ve y dile a mi siervo David que el Señor le manda decir esto: 'Cuando tus días se hayan cumplido y descanses para siempre con tus padres, engrandeceré a tu hijo, sangre de tu sangre, y consolidaré su reino.

    Él me construirá una casa y yo consolidaré su trono para siempre. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí, y tu trono será estable eternamente' ".

    Segunda lectura
    Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
    Rm 4, 13. 16-18. 22
    Hermanos: La promesa que Dios hizo a Abraham y a sus descendientes, de que ellos heredarían el mundo, no dependía de la observancia de la ley, sino de la justificación obtenida mediante la fe.

    En esta forma, por medio de la fe, que es gratuita, queda asegurada la promesa para todos sus descendientes, no sólo para aquellos que cumplen la ley, sino también para todos los que tienen la fe de Abraham. Entonces, él es padre de todos nosotros, como dice la Escritura: Te he constituido padre de todos los pueblos.

    Así pues, Abraham es nuestro padre delante de aquel Dios en quien creyó y que da la vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que todavía no existen. Él, esperando contra toda esperanza, creyó que habría de ser padre de muchos pueblos, conforme a lo que Dios le había prometido: Así de numerosa será tu descendencia. Por eso, Dios le acreditó esta fe como justicia.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Mateo
    Mt 1, 16. 18-21. 24
    Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

    Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

    Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: "José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados".

    Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.


    Oración
    Señor, me entrego a ti, y te pido que bendigas mi vida, que me conduzcas a la vida en abundancia que prometiste; que el contacto constante contigo me sature de alegría, aleje el dolor y el sufrimiento de mi caminar y que haga que prospere el trabajo de mis manos y mis obras, que contribuyan para la instauración de tu Reino en estos días.

    Acción
    Este día haré una acción concreta que agrade a Dios, como ayudar a un desconocido o un necesitado; hablarle de Dios a alguien, ir a misa, confesarme, demostrar claramente el amor a mis semejantes.
    6 min
  • Evangelio Del Día Sábado 18 de Marzo | Quebranta Mi Voluntad Y Mi Vida | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 18 DE MARZO DE 2023
    Ciclo A - Año I - Color Morado
    III Semana del Tiempo de Cuaresma
    Liturgia de las Horas Tomo II
    III Semana del Salterio
    Primera Lectura Oseas 6, 1-6
    Salmo 50
    Evangelio Lucas 18, 9-14

    “El que se humilla será enaltecido”

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    No es suficiente, por lo tanto, preguntarnos cuánto rezamos, debemos preguntarnos también cómo rezamos, o mejor, cómo es nuestro corazón: es importante examinarlo para evaluar los pensamientos, los sentimientos, y extirpar arrogancia e hipocresía. Pero, pregunto: ¿se puede rezar con arrogancia? No. ¿Se puede rezar con hipocresía? No. Solamente debemos orar poniéndonos ante Dios así como somos. No como el fariseo que rezaba con arrogancia e hipocresía. Estamos todos atrapados por las prisas del ritmo cotidiano, a menudo dejándonos llevar por sensaciones, aturdidos, confusos. Es necesario aprender a encontrar de nuevo el camino hacia nuestro corazón, recuperar el valor de la intimidad y del silencio, porque es allí donde Dios nos encuentra y nos habla. (Audiencia general, 1 de junio de 2016)


    REFLEXIÓN DEL EVANGELIO DE HOY (Fray Salustiano Mateos Gómara O.P.)
    Quiero misericordia y no sacrificios
    Seguimos recorriendo el camino de la Cuaresma, camino de conversión, siempre que se aleje de la rutina y tomemos en serio lo que estos días nos proponen.
    El texto que hemos leído del Profeta Oseas se entiende mejor si leemos el capítulo quinto. Es bueno tener presente ese texto donde Dios reprocha la vaciedad del culto que le tributan cuando no hay ética y donde no se puede encontrar al Señor. Y ética no debía haber mucha. La injusticia y la corrupción se extienden por todas partes. En ese capítulo se describen los errores sociales y religiosos que se dan en Israel y la reacción del Señor ante esa situación.
    Ante toda esa situación de desorden moral Dios “se retira”, sabiendo que en su angustia el pueblo volverá a Él.
    En este capítulo sexto, Oseas exhorta a todos a la conversión desde la seguridad de que Dios sigue amando a su pueblo y está dispuesto a la cura y al perdón. Los motivos que inducen a Israel a la conversión son los golpes que ha recibido, pero también la seguridad de que Dios curará a su pueblo.
    El profeta les previene de la inutilidad de una conversión superficial y de un culto hipócrita. El mismo Señor les ha echado en cara que el amor que ellos manifiestan es como “nube mañanera o como rocío que pronto se evapora”. Es decir, una religión superficial que se conforma con lo meramente externo.
    ¿Qué desea el Señor? Quiere “amor, no sacrificios; conocimiento de Dios y no holocaustos”. Una religión auténtica, sincera, donde prevalezca el amor frente a una parafernalia religiosa que cumple, pero vacía de contenido.
    Estas palabras del Señor siguen resonando en esta sociedad nuestra, tan dada al postureo, al cultivo de lo externo, a la superficialidad. Para nosotros, los cristianos, la cuaresma es ese tiempo de renovación: dejar atrás la rutina, lo superficial, y entrar de lleno en el amor de Dios que se va extendiendo en el amor a la verdad y la justicia como normas de vida.

    Cómo ha de ser nuestra oración
    La parábola del publicano y el fariseo encaja muy bien en la lectura que hacemos de Oseas al hablar del culto verdadero que Dios desea. La introducción que hace el evangelista expresa la razón por la que Jesús cuenta esta parábola. Va dirigida a aquellos que “confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás”.
    Estar ante Dios con la actitud de desprecio hacia los otros en el corazón, es una forma de traicionar el verdadero sentido de la oración que nos iguala a todos como hijos de Dios.
    En el comienzo del capítulo 18 Jesús ha hablado de la necesidad de orar siempre sin desanimarse. En ese contexto nos cuenta la parábola. Hay que orar siempre, pero, ¿cómo?
    Hay algo a evitar: la actitud del fariseo. Este representa el modelo autosuficiente de una piedad de la que presumir. El concepto que expresa de Dios no es el que Jesús predica. Para este fariseo Dios no es un Padre misericordioso, sino alguien que lleva cuenta de cada uno de sus méritos, fruto de su esfuerzo y de su observancia legal. Parece que cumple escrupulosamente con todo lo que ordena la ley. Se siente satisfecho de sí mismo y llega ante Dios a exhibir sus méritos. El mismo modo de orar resalta el contraste entre ambos personajes. Mientras que la oración del fariseo es larga, tediosa, la del publicano es breve y eficiente. Las dos oraciones empiezan de manera idéntica, dirigiéndose de manera personal a Dios, pero enseguida lo que sigue en la oración del fariseo convierten a este personaje en el actor principal. Dios queda reducido a un segundo plano. Las palabras del publicano, sin embargo, manifiestan que Dios es el actor principal.
    El fariseo sabe que vive cumpliendo lo mandado, pero en vez de glorificar a Dios y darle gracias, él se enaltece y menosprecia a los pecadores.
    Frente a él está la figura del publicano. Seguramente se nos habría pasado desapercibido. Su actitud, su postura misma, “no se atrevía ni a levantar la cabeza” nos habla de otro modo de estar ante Dios. Parece que no tiene de qué presumir y solo ora: “Oh Dios ten compasión de este pecador”.
    El desenlace de la escena es que el publicano volvió a su casa justificado por Dios, pues halló gracia ante Él. No ocurrió así con el fariseo
    Para nosotros
    El fariseísmo no es exclusivo de una época. Sigue vivo entre nosotros. Todos poseemos parcelas personales de esa falsa actitud religiosa, la de quien se autojustifica, al tiempo que condena o desprecia a los otros. Por eso, se puede concluir que los destinatarios de la parábola somos todos y cada uno de nosotros, tan tentados a una religiosidad superficial que no teniendo en cuenta su propia realidad, condena o desprecia a los otros.
    Purificar nuestra oración puede ser el mejor fruto de la Cuaresma que estamos viviendo.


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura de la profecía de Oseas
    Os 6, 1-6
    Esto dice el Señor:
    “En su aflicción, mi pueblo me buscará
    y se dirán unos a otros: ‘Vengan, volvámonos al Señor;
    él nos ha desgarrado y él nos curará;
    él nos ha herido y él nos vendará.
    En dos días nos devolverá la vida,
    y al tercero, nos levantará
    y viviremos en su presencia.
    Esforcémonos por conocer al Señor;
    tan cierta como la aurora es su aparición
    y su juicio surge como la luz;
    bajará sobre nosotros como lluvia temprana,
    como lluvia de primavera que empapa la tierra’.
    ¿Qué voy a hacer contigo, Efraín?
    ¿Qué voy a hacer contigo, Judá?
    Su amor es nube mañanera,
    es rocío matinal que se evapora.
    Por eso los he azotado por medio de los profetas
    y les he dado muerte con mis palabras.
    Porque yo quiero misericordia y no sacrificios,
    conocimiento de Dios, más que holocaustos”.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Lucas
    Lc 18, 9-14
    En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos que se
    tenían por justos y despreciaban a los demás:
    “Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias’.
    El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho, diciendo: ‘Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador’.
    Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido’’.
    9 min
  • Evangelio Del Día Viernes 17 de Marzo | Resentimiento | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 17 DE MARZO DE 2023
    Ciclo A - Año I - Color Morado
    III Semana del Tiempo de Cuaresma
    Liturgia de las Horas Tomo II
    III Semana del Salterio
    Primera Lectura Oseas 14, 2-10
    Salmo 80
    Evangelio Marcos 12, 28-34

    “¿Qué mandamiento es el primero de todos?”

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    La respuesta de Jesús retoma y une dos preceptos fundamentales, que Dios ha dado a su pueblo mediante Moisés. (…) El primero es que la vida moral y religiosa no puede reducirse a una obediencia ansiosa y forzada. Hay gente que trata de cumplir los mandamientos de forma ansiosa o forzada, y Jesús nos hace entender que la vida moral y religiosa no puede reducirse a una obediencia ansiosa y forzada, sino que debe tener como principio el amor. El segundo fundamento es que el amor debe tender juntos e inseparablemente hacia Dios y hacia el prójimo. Esta es una de las principales novedades de la enseñanza de Jesús y nos hace entender que no es verdadero amor de Dios el que no se expresa en el amor al prójimo; y, de la misma manera, no es verdadero amor al prójimo el que no se deriva de la relación con Dios. (Ángelus, 25 de octubre de 2020)


    REFLEXIÓN DEL EVANGELIO DE HOY (D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.)
    No llamaremos ya más “Nuestro Dios” a la obra de nuestras manos
    Resulta realmente entrañable y consolador el texto del profeta Oseas y supone, sin duda, un hito importante en el proceso de revelación de Dios a Israel. Pero ahora, en este mismo instante en que lo leemos o escuchamos, se dirige a cada uno de nosotros que, al igual que el pueblo elegido, no pocas veces nos “olvidamos” de Él y preferiríamos un “diosecillo” que sea manejable, un ídolo, en suma. Pero Dios es el “Totalmente Otro”, el Señor de la Vida, el Omnipotente, pero también el Padre ciertamente exigente, aunque comprensivo que perdona y se compadece de sus hijos.
    En los momentos difíciles, cuando hay angustia en el alma, cuando percibimos que nada tiene sentido y las personas “poderosas” en quienes confiábamos nos fallan, nos damos cuenta, como Israel, que solo el Dios Verdadero nos puede curar, salvar. Como dice Dios por boca del profeta: “Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan... Seré para Israel como rocío...” en alusión al Espíritu Santo que nos cala por dentro y refresca el alma.

    No estás lejos del Reino de Dios
    En clara relación con la profecía de Oseas, San Marcos nos presenta la pregunta, quizá pregunta-trampa (en la versión de San Mateo) de un escriba, es decir un teólogo, a Jesús respecto al Mandamiento más importante de la Ley de Dios. Y Jesús le responde con las palabras de la Escritura en los libros del Deuteronomio y Levítico, aunque añade significativamente en la primera parte “con toda tu mente”, es decir, con todas tus potencialidades intelectuales, amén del sincero afecto del corazón a Quien nos ha dado la vida y la fe.
    Amar a Dios implica conocerlo a través de la Palabra. Cuando Jesús proclama las citas bíblicas, las hace suyas como Hijo de Dios y hermano de los hombres. La segunda parte del Mandamiento está indisolublemente unido a la primera e implica la dimensión horizontal del Amor que es y nos profesa. Esta declaración impresiona al escriba que descubre algo que ya sabía intelectualmente: el verdadero corazón de la Ley e implícitamente a Jesús como el Mesías.
    La evidencia de nuestra fe en Dios es el amor al prójimo. Así nos lo dice la Carta de San Juan. Con el amor al prójimo no caben “triquiñuelas” porque hay que implicarse, incluso mancharse las manos como afirmaría expresivamente Martín Descalzo y así lo hizo el protagonista de la parábola del Buen Samaritano.
    Este texto es muy propicio para orar en silencio, y desde la profunda intimidad del corazón repetir las palabras de Jesús al escriba, hacerlas nuestras y pedir con toda humildad que todo ese amor recibido lo comparta con mis próximos, aunque me duela, me moleste o no termine de comprenderlos.
    “En el amor a Dios puede haber engaños. Puede alguien decir que ama a Dios cuando lo único que siente es un calorcillo que le gusta en su corazón. Puede alguien decir que ama a Dios y lo que ama es la tranquilidad espiritual que ese supuesto amor le da. Amar al prójimo, en cambio, no admite triquiñuelas. se le ama o no se le ama. Se le sirve o se le utiliza. Se demuestra con obras o es sólo una palabra bonita. San Juan seguía diciéndolo de manera tajante: «Si uno posee bienes de este mundo y, viendo que su hermano pasa necesidad, le cierra sus entrañas, ¿Cómo puede estar en él el amor de Dios?» Es cierto: «El prójimo -la frase es de Cabodevilla- es nuestro lugar de cita con Dios.» Sólo en el prójimo nos encontramos con El y todo lo demás son juegos de palabras".
    (José Luis Martín Descalzo, “Razones para vivir”)


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura de la profecía de Oseas
    Os 14, 2-10
    Esto dice el Señor Dios:
    “Israel, conviértete al Señor, Dios tuyo,
    pues tu maldad te ha hecho sucumbir.
    Arrepiéntanse y acérquense al Señor para decirle:
    ‘Perdona todas nuestras maldades,
    acepta nuestro arrepentimiento sincero,
    que solemnemente te prometemos.
    Ya no nos salvará Asiria,
    ya no confiaremos en nuestro ejército,
    ni volveremos a llamar “dios nuestro”
    a las obras de nuestras manos,
    pues sólo en ti encuentra piedad el huérfano’.
    Yo perdonaré sus infidelidades, dice el Señor;
    los amaré aunque no lo merezcan,
    porque mi cólera se ha apartado de ellos.
    Seré para Israel como rocío;
    mi pueblo florecerá como el lirio,
    hundirá profundamente sus raíces, como el álamo,
    y sus renuevos se propagarán;
    su esplendor será como el del olivo
    y tendrá la fragancia de los cedros del Líbano.
    Volverán a vivir bajo mi sombra,
    cultivarán los trigales y las viñas,
    que serán tan famosas como las del Líbano.
    Ya nada tendrá que ver Efraín con los ídolos.
    Yo te he castigado, pero yo también te voy a restaurar,
    pues soy como un ciprés, siempre verde,
    y gracias a mí, tú das frutos.
    Quien sea sabio, que comprenda estas cosas
    y quien sea prudente, que las conozca.
    Los mandamientos del Señor son rectos
    y los justos los cumplen;
    los pecadores, en cambio, tropiezan en ellos y caen”.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Marcos
    Mc 12, 28-34
    En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Jesús le respondió: “El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos”.
    El escriba replicó: “Muy bien, Maestro. Tienes razón, cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios”.
    Jesús, viendo que había hablado muy sensatamente, le dijo: “No estás lejos del Reino de Dios”. Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.


    Oración
    Señor, me asombra tu amor y tu misericordia; gracias por perdonar todas mi maldades, por aceptar mi arrepentimiento sincero y porque cada vez, a pesar de que caigo y no cumplo mi palabra, tú has aceptado nuevamente mi promesa de volverme a ti; cura, Dios mío, mis infidelidades.

    Acción
    En este día repasaré los mandamientos del Señor y confrontaré mi vida con ellos. Haré énfasis en los mandamientos que más he incumplido o pasado por alto y me haré consciente de cómo han afectado mi persona y la de los que me rodean.
    7 min
  • Evangelio Del Día Jueves 16 de Marzo | Si Eres Invisible | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA – 16 MARZO DE 2023
    Ciclo A - Año I - Color Morado
    III Semana del Tiempo de Cuaresma
    Liturgia de las Horas Tomo II
    III Semana del Salterio
    Primera Lectura Jeremías 7, 23-28
    Salmo 94
    Evangelio Lucas 11, 14-23

    “El que no está conmigo está contra mí”

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    Este episodio contiene una advertencia que nos sirve a todos. De hecho, puede suceder que una envidia fuerte por la bondad y por las buenas obras de una persona pueda empujar a acusarlo falsamente. Y aquí hay un verdadero veneno mortal: la malicia con la que, de un modo premeditado se quiere destruir la buena reputación del otro. ¡Que Dios nos libre de esta terrible tentación! Y si al examinar nuestra conciencia, nos damos cuenta de que esta hierba maligna está brotando dentro de nosotros, vayamos inmediatamente a confesarlo en el sacramento de la penitencia, antes de que se desarrolle y produzca sus efectos perversos, que son incurables. Estad atentos, porque este comportamiento destruye las familias, las amistades, las comunidades e incluso la sociedad. (Ángelus, 10 de junio de 2018)

    REFLEXIÓN DEL EVANGELIO DE HOY (Fr. Mitxel Gutiérrez Sánchez O.P.)
    Me dieron la espalda y no la cara
    Jeremías recuerda al pueblo lo que Dios está observando en ellos. En este tiempo de cuaresma nos sirve a nosotros para ver nuestro comportamiento ante Dios y ante los demás, pues igual nos ocurre como al pueblo de Israel, de ahí nuestra necesidad de conversión.
    Las acusaciones que dirige al pueblo son duras. Podemos pensar ¿Cómo nos suenan a nosotros? No escuchar a Dios. No confiar en Él. Tener el corazón obstinando y preso de nuestros intereses y no tenerle sensible. Dar la espalda y no la cara. Da la sensación que necesitamos de un cambio, descubrir que Dios todavía confía en nosotros.
    Me llama mucho la atención lo de dar la espalda y no la cara, pues es algo que suena muy mal, y está mal vista por todos, cuando lo hacemos a las personas; pues cuando lo hacemos a Dios… Significa desinterés por ese personaje. Da sensación de no querer escuchar y tampoco que te escuche. Cuando negamos el oído y el habla a alguien negamos su existencia. En definitiva, significa no confiar para nada en él.
    ¡Qué duro y qué ingrato si tenemos este comportamiento con Dios!Con confianza en el amor de Dios Padre manifestado en Jesús, oremos con el salmo 94, que hoy la liturgia nos ofrece. “Ojalá escuchemos hoy la voz del Señor y no endurezcamos nuestro corazón”.

    Admiración e incomprensión
    Ante la actuación de Jesús en beneficio de la personas, todos los evangelista nos describen la distintas reacciones de las personas, normalmente son de admiración, rechazo e incomprensión. En este pasaje San Lucas nos describe la de admiración y la de rechazo e incomprensión.
    Las dos reacciones son normales. Ciertamente la más fácil es la de admiración. Pero el saber de dónde le viene esa fuerza para sanar es difícil de descubrir y por tanto la otra también es comprensible. Sabemos que el poder y el conocimiento de las cosas les hace no descubrir de dónde le viene la fuerza y la razón por lo que lo hace.
    La respuesta de Jesús es contundente: no es Él, es la fuerza que Dios ha puesto en Él. Es la necesidad de demostrar su misión como enviado de Dios, y es hacer la voluntad y poner en práctica la voluntad de Dios: liberar a las personas. Ellos con sus normas y con sus preceptos marginaban a las personas. Jesús trata de devolverles la dignidad e integrarles en la sociedad. Es el “dedo de Dios” el que Jesús quiere introducir en la sociedad. Su cercanía y su presencia.
    De ahí la frase final “aquél que no está conmigo, está contra mí”, es decir, se equivoca, desparrama. ¿Estamos con Jesús? ¿Dejamos que Él actúe en nosotros? ¿Actuamos nosotros en nombre de Jesús y con su fuerza y confianza?


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura del libro de Jeremías
    Jer 7, 23-28
    Esto dice el Señor: “Ésta es la orden que di a mi pueblo: ‘Escuchen mi voz, y yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo; caminen siempre por el camino que yo les mostraré, para que les vaya bien’.

    Pero ellos no escucharon ni prestaron oído. Caminaron según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, y en vez de darme la cara, me dieron la espalda, desde que sus padres salieron del país de Egipto hasta hoy.

    Yo les envié a mis siervos, los profetas, un día y otro día; pero ellos no los escucharon ni les prestaron oído. Endurecieron su cabeza y fueron peores que sus padres. Tú les dirás, pues, todas estas palabras, pero no te escucharán; los llamarás y no te responderán. Entonces les dirás: ‘Éste es el pueblo que no escuchó la voz del Señor, su Dios, ni aceptó la corrección. Ya no existe fidelidad en Israel; ha desaparecido de su misma boca’ ”.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Lucas
    Lc 11, 14-23
    En aquel tiempo, Jesús expulsó a un demonio, que era mudo. Apenas salió el demonio, habló el mudo y la multitud quedó maravillada. Pero algunos decían: “Éste expulsa a los demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.

    Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: “Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Satanás. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios con el dedo de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.

    Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”.


    Oración
    Cuántas veces, Señor, me has buscado y cuántas veces yo he hecho oídos sordos a tu llamado. Perdóname, Dios mío, por tanta dureza de mi parte, perdona mi ignorancia y necedad al no escuchar tus invitaciones a la vida bienaventurada que me ofreces. Hoy, Señor me rindo ante ti para decirte que escucharé tu voz cada día en tu Palabra, y andaré según el camino que a través de ella me indiques para que en todo me vaya bien.

    Acción
    El día de hoy tendré un tiempo a solas con Dios, para expresarle todo lo que he perdido por vivir fuera de él, y durante ese tiempo haré un compromiso de corazón con él para serle fiel de hoy en delante.
    7 min
  • Evangelio Del Día Miércoles 15 de Marzo | Quejarse | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 15 DE MARZO DE 2023
    Ciclo A - Año I - Color Morado
    III Semana del Tiempo de Cuaresma
    Liturgia de las Horas Tomo II
    III Semana del Salterio
    Primera Lectura Deuteronomio 4, 1. 5-9
    Salmo 147
    Evangelio Mateo 5, 17-19

    “Ese será grande en el Reino de los Cielos”

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    Hoy el tema es la actitud de Jesús respecto a la Ley judía. Él afirma: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud» (Mt 5, 17). Jesús, sin embargo, no quiere cancelar los mandamientos que dio el Señor por medio de Moisés, sino que quiere darles plenitud. E inmediatamente después añade que esta «plenitud» de la Ley requiere una justicia mayor, una observancia más auténtica. (…) Jesús no da importancia sencillamente a la observancia disciplinar y a la conducta exterior. Él va a la raíz de la Ley, apuntando sobre todo a la intención y, por lo tanto, al corazón del hombre, donde tienen origen nuestras acciones buenas y malas. Para tener comportamientos buenos y honestos no bastan las normas jurídicas, sino que son necesarias motivaciones profundas, expresiones de una sabiduría oculta, la Sabiduría de Dios, que se puede acoger gracias al Espíritu Santo. Y nosotros, a través de la fe en Cristo, podemos abrirnos a la acción del Espíritu, que nos hace capaces de vivir el amor divino. (Ángelus, 16 de febrero de 2014)

    REFLEXIÓN DEL EVANGELIO DE HOY (Hna. Carmen Román Martínez O.P.)
    Guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos
    El Deuteronomio significa en griego “Segunda Ley” y de alguna manera el título se acomoda perfectamente al contenido del libro, ya que se trata de una nueva promulgación de la mayor parte de la legislación contenida en los libros anteriores del Pentateuco. Estamos ante una composición oratoria en clave de enseñanza, en la que se recogen los discursos de Moisés en Moab antes de entrar en la tierra prometida y al final de la travesía del pueblo de Israel por el desierto.
    Moisés exhorta al cumplimiento de la ley divina, recordando la situación privilegiada del pueblo elegido por Dios entre todos los pueblos de la tierra. La expresión con la que se introduce el discurso: “Y ahora” indica que estamos ante una enseñanza fundamental, importante a la que hay que prestar atención. Los verbos que dinamizan está predicación: escuchar, hacer, vivir, entrar, mirar, recorren el discurso y nos revelan dos ideas fundamentales: 1) la primera es la presencia de Dios en medio de su pueblo, escucharle es el gran privilegio de Israel, que debe llevarle a poner en práctica lo mandado por el Señor en medio de situaciones difíciles y entrar en la tierra prometida.2) La segunda idea recuerda a Israel que éste ha recibido de Dios una ley santa como no la tiene ninguna otra nación. Este pueblo pequeño e insignificante en comparación con los que le rodean tiene una ley, un contenido religioso inalcanzable a los pueblos más cultos de la antigüedad. Por ello, guardar y poner en práctica estas normas y preceptos es sabiduría e inteligencia ante los ojos de los demás pueblos. La relación con Dios cercana e íntima, supera cualquier expectativa y sus leyes enseñadas y transmitidas por los profetas animarán la vida: el ser y el hacer del pueblo de Israel.
    Guardar estas enseñanzas en el corazón implica no olvidarse del contenido de las mismas y enseñarlas así a todo el pueblo de generación en generación. Jesús recogerá en la parábola de la semilla, en la del constructor, como escuchar la palabra de Dios implica ponerla en práctica para poder vivir y permanecer en el Señor.

    No he venido a abolir, sino a dar plenitud
    Después de la gran apertura del capítulo cinco, con las Bienaventuranzas y las palabras acerca de ser sal y luz, donde Mateo coloca una de las grandes enseñanzas de Jesús, nos encontramos en la lectura de hoy con un elemento clave de su misión: él no ha venido a abolir la ley, a destruir lo anterior sin más, sino a llevarlo a su plenitud.
    Frente a una comunidad en crisis de identidad ante las enseñanzas e interpretaciones de la Ley (Torá) llevadas a cabo por un grupo de teólogos judíos instalados en Jamnia, Jesús va a decir que la observancia legal de los escribas y fariseos está totalmente superada. No se trata de cumplir unas normas porque están escritas, sino que hay que llenarlas de contenido que ayuden a vivir al ser humano. El cumplimiento de la ley alejado de una sana relación con Dios y del compromiso con las personas, especialmente con los que más sufren, no tiene sentido, porque es incapaz de transformar la realidad, la vida.
    La sentencia inicial de la narración es toda una declaración de intenciones. Dar cumplimiento y sentido a la ley es buscar el bien del ser humano, mostrar la justicia que viene de Dios y cumplir su voluntad. Frente a la Ley y los profetas, Jesús se sitúa en continuidad, pero no de cualquier manera sino para llevarla a su plenitud definitiva. La llegada de Jesús, su persona, su enseñanza y predicación es capaz de superar cualquier expectativa humana. Por eso, cumplir la ley no consiste solo en poner por obra lo indicado en ella, sino llenarla de un contenido diferente capaz de transformar nuestra vida.
    Jesús ha dado sentido a la ley, en consecuencia, él es el único camino para alcanzar la Verdad. La ley, en su persona se ha transformado, permitiéndole alcanzar la plenitud a la que estaba destinada. He aquí la gran paradoja que supone la permanencia de lo antiguo y a la vez su radical transformación. Jesús se sitúa en línea con los antiguos profetas que distinguían entre lo esencial y lo secundario en relación con Dios. Mateo va a insistir en el cumplimiento profético de la ley, de tal forma que no pasará el cielo y la tierra hasta que se cumpla o realice su más pequeña letra o tilde. Jesús muestra así su autoridad y su superioridad sobre la ley al conferirle una práctica diferente en referencia siempre al ser humano, especialmente a los más débiles y marginados.
    El comportamiento ante la ley manifestará la responsabilidad que el creyente tiene de comprometerse con la voluntad de Dios y, en consecuencia, su grandeza o pequeñez ante el reino de los cielos. ¿Quiero ser grande en el Reino de los Cielos?


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura del libro del Deuteronomio
    Dt 4, 1. 5-9
    En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: “Ahora, Israel, escucha los mandatos y preceptos que te enseño, para que los pongas en práctica y puedas así vivir y entrar a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de tus padres, te va a dar.

    Yo les enseño mandatos y preceptos, como me ordena el Señor, mi Dios, para que se ajusten a ellos en la tierra en que van a entrar y que van a tomar en posesión. Guárdenlos y cúmplanlos, porque ellos son su sabiduría y su prudencia a los ojos de los pueblos. Cuando tengan noticia de todos estos preceptos, se dirán: ‘En verdad esta gran nación es un pueblo sabio y prudente’. Porque, ¿cuál otra nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos como lo está nuestro Dios, siempre que lo invocamos? ¿Cuál es la gran nación cuyos mandatos y preceptos sean tan justos como toda esta ley que ahora les doy?

    Pero ten cuidado y atiende bien: No vayas a olvidarte de estos hechos que tus ojos han visto, ni dejes que se aparten de tu corazón en todos los días de tu vida; al contrario, transmíteselos a tus hijos y a los hijos de tus hijos”.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Mateo
    Mt 5, 17-19
    En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.
    Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos”.


    Oración
    Gracias, Señor, por tu Palabra, gracias porque tengo la oportunidad de escucharte a través de ella y recibir tu instrucción, mandatos, consejos y conocer tu voz. Dame tu gracia, pon tus palabras en mi boca y que la unción de tu Espíritu me acompañe, para que así todos los de mi casa puedan experimentar el maravilloso amor que tienes por nosotros.

    Acción
    En este día buscaré la oportunidad y compartiré de una manera agradable algo bueno de lo que la Palabra de Dios me deja día con día.
    6 min
  • Evangelio Del Día Martes 14 de Marzo | Celos Del Hermano | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 14 DE MARZO DE 2023
    Ciclo A - Año I - Color Morado
    III Semana del Tiempo de Cuaresma
    Liturgia de las Horas Tomo II
    III Semana del Salterio
    Primera Lectura Daniel 3, 25. 34-43
    Salmo 24
    Evangelio Mateo 18, 21-35

    “¿Cuántas veces tengo que perdonarlo?”

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    Vemos en esta parábola dos actitudes diferentes: la de Dios, representado por el rey —que perdona tanto, porque Dios perdona siempre—, y la del hombre. En la actitud divina, la justicia está impregnada de misericordia, mientras que la actitud humana se limita a la justicia. Jesús nos exhorta a abrirnos valientemente al poder del perdón, porque no todo en la vida se resuelve con la justicia, lo sabemos. (…) ¡Cuánto sufrimiento, cuántas divisiones, cuántas guerras podrían evitarse, si el perdón y la misericordia fueran el estilo de nuestra vida! También en familia, también en familia. Cuántas familias desunidas que no saben perdonarse, cuántos hermanos y hermanas que tienen ese rencor en su interior. Es necesario aplicar el amor misericordioso en todas las relaciones humanas: entre los esposos, entre padres e hijos, dentro de nuestras comunidades, en la Iglesia y también en la sociedad y la política. (Ángelus, 13 de septiembre de 2020)

    REFLEXIÓN DEL EVANGELIO DE HOY (MM. Dominicas)
    ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?
    La pregunta que hoy hace Pedro a Jesús es de una actualidad tal que deberíamos hasta estar agradecidos con él por habérsela hecho. Es una pregunta que surge muchas veces en el interior y fácilmente se deja traslucir hacia afuera tras sentirnos ofendidos por actitudes de los que nos rodean o de realmente ser ofendidos.
    Es un tema delicado sin duda. Un tema en el que Jesús insiste en muchas ocasiones y de diversas maneras en los Evangelios. Pero el Señor no quiere que lo vivamos como una exigencia moral sin más, sino como fruto de un encuentro con el Perdón.
    El Señor nos da la respuesta a la pregunta ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano? Nos responde con un número exorbitante de veces: setenta veces siete. Si con solo leerlo ya nos da pereza, cuánto más para realizarlo.
    Ese número gigantesco de veces que estamos llamados a perdonar no llega ni de lejos a lo que debía el siervo de la parábola al Rey.
    Es verdad que existen las ofensas, deliberadas o sin deliberar; todos las sufrimos o las hacemos sufrir a otros. En estas situaciones el Señor nos llama a cambiar el foco y a responder a las ofensas o deudas con compasión.
    Siendo sinceros, compadecernos del que nos ofende no es lo primero que nace en nuestro corazón. Esta experiencia de compasión sólo podemos tenerla con los demás después de haberla experimentado nosotros. Después de un encuentro vital.
    Para este encuentro nos estamos preparando; para el encuentro con Aquel que ha cargado sobre sí todos nuestros pecados, que se ha convertidoen un gusano, vergüenza de la gente, desprecio del pueblo (cfr. Salmo 22, 6);más aún, que se ha hecho un maldito ante su pueblo – porque dice la escritura – maldito el que cuelga de un madero (cfr. Gal 3,13).
    Es un tiempo para ajustar cuentas con el Rey. Envía a su propio Hijo para llevarnos ante Él; el Príncipe de la paz lleva roja la túnica de sangre, camina con pies sangrantes y está coronado de espinas. Él se hace cargo de las cuentas y nos justifica hasta llegar a decir “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”(Lc 23, 34).
    Y cuando experimentamos que realmente sus palabras son verdaderas en nosotros, que necesitamos su perdón y que nos lo ha concedido gratuitamente, nuestro corazón experimenta la compunción, la humildad, la compasión. Tenemos la experiencia de que, sin su misericordia, somos unos esclavos y vivimos ahogados con los intereses que traen los “negocios turbios”.
    Solo esta profunda, real y consciente experiencia de necesidad permite que se caigan las escamas de nuestros ojos y reconozcamos que el que nos ha ofendido es tan frágil y pobre como nosotros, que tampoco sabe lo que hace.
    Para vivir esto no debemos esperar al Viernes Santo. Este encuentro es necesario que se produzca HOY en la vida de cada uno. Hoy y cada día, para que, al sabernos amados en nuestra debilidad, vivamos los encuentros o situaciones, no desde el fastidio de las ofensas, ahogando al prójimo hasta que nos pague lo poco o mucho “que nos debe”, sino que vivamos en la plena libertad de los hijos de Dios – y dejemos vivir en ella – reconciliados, gozosos, agradecidos, enamorados del Dios que se ha compadecido de nosotros.


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura de la profecía de Daniel
    Dn 3, 25. 34-43
    En aquel tiempo, Azarías oró al Señor, diciendo:
    "Señor, Dios nuestro, no nos abandones nunca;
    por el honor de tu nombre no rompas tu alianza;
    no apartes de nosotros tu misericordia,
    por Abraham, tu amigo,
    por Isaac, tu siervo,
    por Jacob, tu santo,
    a quienes prometiste multiplicar su descendencia,
    como las estrellas del cielo y las arenas de la playa.

    Pero ahora, Señor, nos vemos empequeñecidos
    frente a los demás pueblos
    y estamos humillados por toda la tierra,
    a causa de nuestros pecados.
    Ahora no tenemos príncipe ni jefe ni profeta;
    ni holocausto ni sacrificio ni ofrenda ni incienso;
    ni lugar donde ofrecerte las primicias y alcanzar misericordia.
    Por eso, acepta nuestro corazón adolorido
    y nuestro espíritu humillado,
    como un sacrificio de carneros y toros,
    como un millar de corderos cebados.
    Que ése sea hoy nuestro sacrificio
    y que sea perfecto en tu presencia,
    porque los que en ti confían no quedan defraudados.
    Ahora te seguiremos de todo corazón;
    te respetamos y queremos encontrarte;
    no nos dejes defraudados.
    Trátanos según tu clemencia
    y tu abundante misericordia.
    Sálvanos con tus prodigios
    y da gloria a tu nombre".


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Mateo
    Mt 18, 21-35
    En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: "Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?" Jesús le contestó: "No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete".

    Entonces Jesús les dijo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: 'Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo'. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.

    Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: 'Págame lo que me debes'. El compañero se le arrodilló y le rogaba: 'Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo'. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.

    Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: 'Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?' Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.

    Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano".


    Oración
    Señor, me acerco a ti con un corazón abierto, con sencillez y humildad, y con esta actitud reconozco delante de tu presencia que mucho tiempo de mi vida he permanecido lejos del camino que hiciste para mí. Reconozco que los males que me han ocurrido son en buena medida porque he estado alejado de tu plan amoroso. Hoy te pido que, más que cualquier sacrificio, recibas mi corazón adolorido y mi espíritu humillado y arrepentido; confío en ti, Señor, y sé que no quedaré defraudado.

    Acción
    Hoy haré un examen de conciencia profundo y honesto, y programaré mi siguiente confesión para antes de que termine este mes.
    6 min
  • Evangelio Del Día Lunes13 de Marzo | Orgullo | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 13 DE MARZO DE 2023
    Ciclo A - Año I - Color Morado
    III Semana del Tiempo de Cuaresma
    Liturgia de las Horas Tomo II
    III Semana del Salterio
    Primera Lectura 2 Reyes 5, 1-15
    Salmo 41 y 42
    Evangelio Lucas 4, 24-30

    “Ningún profeta es bien recibido en su tierra”


    REFLEXIÓN DEL EVANGELIO DE HOY (Fray Manuel Santos Sánchez O.P.)
    No hay otro Dios fuera de mí
    Esta primera lectura nos relata de manera pormenorizada la curación de Naamán, general del ejército del rey de Siria. El profeta judío Eliseo, cuyo nombre significa “Dios salva”, en nombre de su Dios, cura a Naamán de su lepra, sin grandes y costosos procedimientos, a través de bañarse siete veces en el río Jordán, lo que lleva a Naamán a confesar al verdadero y único Dios: “Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra más que el de Israel”.

    Jesús, el gran profeta, el Hijo de Dios, ha venido a nuestra tierra a curarnos de todas nuestras lepras y regalarnos la salud, la salvación. Lo hace porque no solo es hombre sino Dios, y Dios su Padre le concede realizar ese milagro de sanarnos. Lo hace ofreciéndonos su amistad, “a vosotros os llamo amigos”, e indicándonos el camino a seguir, las actitudes que debemos vivir en nuestro día a día. La pregunta que nos podemos formular es si lo que no pide Jesús es algo tan sencillo como lo que le pidió Eliseo a Naanán de bañarse en el río Jordán, o lo que nos pide es más bien algo muy difícil y costoso para nosotros.
    Sabemos que lo que nos pide Jesús va todo en la línea del amor, del perdón, de la sencillez, de las bienaventuranzas…que es posible que, a veces, nos pueda resultar difícil de cumplir, pero, a poco que reflexionemos, nos damos cuenta de que está siempre en la línea de nuestra naturaleza humana. No nos pide extravagancias, cosas inauditas, sino algo que va en la línea de nuestra condición humana y de nuestra condición de hijos de Dios…algo que está en la línea de bañarse siete veces en el río Jordán.

    Ningún profeta es bien recibido en su tierra
    A veces, cuando predicamos a Jesús y su evangelio, y vemos que no llega a mucha gente, pensamos que cuando Jesús, el mejor predicador de todos los tiempos, predicaba siempre era bien escuchado y aceptado.
    Es verdad que con frecuencia multitud de personas acudía a escuchar a Jesús, pero el evangelio de hoy también nos recuerda que no siempre fue así. Nos lo presenta predicando en la sinagoga… y les recuerda que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Su predicación no gustó a sus oyentes, de tal manera que trataron de llevarle a un barranco que estaba fuera del pueblo con intención de despeñarlo. “Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba”. Aunque sabemos que en un momento dado de su vida no logró alejarse de sus perseguidores, que le clavaron en lo alto de una cruz. Pero al tercer día resucitó.

    Pensando en nosotros, seguidores y predicadores de Jesús en el siglo XXI, no podemos olvidar que “nunca el discípulo va a ser mayor que su Maestro”. Y también nosotros nos encontramos con gente que escucha nuestra predicación del evangelio de Jesús y otros que no quieren ni oír hablar de él. Le han apartado de sus vidas. Le han matado.
    Lo mismo que Jesús, debemos seguir predicando y viviendo su buena noticia, como la mejor manera de vivir la vida humana. Pase lo que pase, Él permanecerá con nosotros y siempre nos espera la resurrección a una vida de total felicidad.


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura del segundo libro de los Reyes
    2 Reyes 5, 1-15
    En aquellos días, Naamán, general del ejército de Siria, gozaba de la estima y del favor de su rey, pues por su medio había dado el Señor la victoria a Siria. Pero este gran guerrero era leproso.

    Sucedió que una banda de sirios, en una de sus correrías, trajo cautiva a una jovencita, que pasó luego al servicio de la mujer de Naamán. Ella le dijo a su señora: “Si mi señor fuera a ver al profeta que hay en Samaria, ciertamente él lo curaría de su lepra”.

    Entonces fue Naamán a contarle al rey, su señor: “Esto y esto dice la muchacha israelita”. El rey de Siria le respondió: “Anda, pues, que yo te daré una carta para el rey de Israel”. Naamán se puso en camino, llevando de regalo diez barras de plata, seis mil monedas de oro, diez vestidos nuevos y una carta para el rey de Israel que decía: “Al recibir ésta, sabrás que te envío a mi siervo Naamán, para que lo cures de la lepra”.

    Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras exclamando: “¿Soy yo acaso Dios, capaz de dar vida o muerte, para que éste me pida que cure a un hombre de su lepra? Es evidente que lo que anda buscando es un pretexto para hacerme la guerra”.

    Cuando Eliseo, el hombre de Dios, se enteró de que el rey había rasgado sus vestiduras, le envió este recado: “¿Por qué rasgaste tus vestiduras? Envíamelo y sabrá que hay un profeta en Israel”. Llegó, pues, Naamán con sus caballos y su carroza, y se detuvo a la puerta de la casa de Eliseo. Éste le mandó decir con un mensajero: “Ve y báñate siete veces en el río Jordán, y tu carne quedará limpia”. Naamán se alejó enojado, diciendo: “Yo había pensado que saldría en persona a mi encuentro y que, invocando el nombre del Señor, su Dios, pasaría la mano sobre la parte enferma y me curaría de la lepra. ¿Acaso los ríos de Damasco, como el Abaná y el Farfar, no valen más que todas las aguas de Israel? ¿No podría bañarme en ellos y quedar limpio?” Dio media vuelta y ya se marchaba, furioso, cuando sus criados se acercaron a él y le dijeron: “Padre mío, si el profeta te hubiera mandado una cosa muy difícil, ciertamente la habrías hecho; cuanto más, si sólo te dijo que te bañaras y quedarías sano”.

    Entonces Naamán bajó, se bañó siete veces en el Jordán, como le había dicho el hombre de Dios, y su carne quedó limpia como la de un niño. Volvió con su comitiva a donde estaba el hombre de Dios y se le presentó, diciendo: “Ahora sé que no hay más Dios que el de Israel”.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Lucas
    Lc 4, 24-30
    En aquel tiempo, Jesús llegó a Nazaret, entró a la sinagoga y dijo al pueblo: “Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, que era de Siria”.

    Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta una saliente del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí.


    Oración
    Señor, te pido que me enseñes a obedecerte de un modo total, a no cuestionar lo que me pides, sino simplemente dejarme llevar por tu mano y tu instrucción. Rodéame Señor, de una comunidad de personas que te busquen y que sepan aconsejarme cuando yo sea rebelde y de ese modo puedas rescatarme y sanarme. Yo abriré mi boca y diré como aquel hombre: "No hay más Dios que tú".

    Acción
    En este día estaré muy atento para descubrir la voz de Dios en mis semejantes, y en cuanto la descubra obedeceré sin pretextos.
    7 min
  • Evangelio Del Día Sábado 11 de Marzo | El Señor Escucha | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 11 DE MARZO DE 2023
    Ciclo A - Año I - Color Morado
    II Semana del Tiempo de Cuaresma
    Liturgia de las Horas Tomo II
    II Semana del Salterio
    Primera Lectura Miqueas 7, 14-15. 18-20
    Salmo 102
    Evangelio Lucas 15, 1-3. 11-32

    “El padre lo vio y se conmovió”

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    Aquellos que tienen sed de salvación pueden saciarla gratuitamente en Jesús, y el Espíritu Santo se convertirá en él o ella en una fuente de vida plena y eterna. La promesa de agua viva que Jesús hizo a la mujer samaritana se hizo realidad en su Pascua: “sangre y agua” brotaron de su costado atravesado (Juan 19, 34). Cristo, Cordero inmolado y resucitado, es la fuente de la que mana el Espíritu Santo, que perdona los pecados y regenera la nueva vida. Nuestra búsqueda y nuestra sed encuentran en Cristo la satisfacción plena, manifestaremos que la salvación no está en las “cosas” de este mundo, que al final llevan a la sequía, sino en Aquél que nos ha amado y nos ama siempre: Jesús nuestro Salvador, en el agua viva que Él nos ofrece. (Ángelus, 15 de marzo 2020)


    REFLEXIÓN DEL EVANGELIO DE HOY (Fray Juan José de León Lastra O.P.)
    El padre lo vio, se conmovió y echando a correr, se le echó al cuello, y se puso a besarlo
    La parábola que nos dice cómo es nuestro Dios. La llamamos la del “hijo pródigo”. “Pródigo” tiene sentidos diferentes según la RAE: “se dice de una persona que consume su hacienda en gustos inútiles sin medida ni razón”; y también de quien “es muy dadivoso “ o bien, de aquello “que tiene o produce gran cantidad de algo”; la tierra es pródiga si nos ofrece buena cosecha.
    Dicen los especialistas que se ha de entender la parábola más como la del “hijo pródigo”, como la descripción del Dios de Jesús, del Padre.
    Él es el protagonista: en la parábola se manifiesta su reacción ante el diferente modo de ser de sus hijos. Es el Dios que, a pesar de las ofensas, desobediencias, del extravío de un hijo, que se aleja de la casa paterna; corre a abrazarlo cuando éste -arrepentido- vuelve.
    Es un Padre que no entiende que el hermano no se una a la fiesta, porque es Dios de fiesta, de fiesta del amor, fiesta porque el hijo perdido se ha encontrado, porque puede abrazarlo y tenerlo en su casa.
    ¡Qué feo papel hace el hijo mayor! Seguro de sí mismo, desprecia a su hermano: nada de amor a él, ni le llama hermano “ese hijo tuyo”, dice hablando al Padre común, es escoria. No sabe de amor y por ello tampoco de fiesta, de celebración. La vida la reduce a cumplir lo que le corresponde; pero sin sentimientos, como un autómata. Renuncia a lo más humano, lo que vivimos en nuestro interior, a sentir el afecto; y por ello a la celebración, a la fiesta, al banquete.
    No es “pródigo”, porque no ha malgastado la herencia; pero tampoco lo es por ser dadivoso, generoso.
    Tampoco compasivo, no tiene sentimientos de afecto hacia nadie: ni hacía el padre, para él es el amo, el que da órdenes, ni hacia el hermano, que no reconoce como tal. Lo contrario del Dios de Jesús, del de la parábola.
    Son tres personajes en los que podemos mirarnos. ¿De quién nos vemos más cerca o más lejos?


    LECTURA DEL DÍA
    Primera lectura
    Lectura del libro del Éxodo
    Ex 17, 3-7
    En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, fue a protestar contra Moisés, diciéndole: “¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado?” Moisés clamó al Señor y le dijo: “¿Qué puedo hacer con este pueblo? Sólo falta que me apedreen”. Respondió el Señor a Moisés: “Preséntate al pueblo, llevando contigo a algunos de los ancianos de Israel, toma en tu mano el cayado con que golpeaste el Nilo y vete. Yo estaré ante ti, sobre la peña, en Horeb. Golpea la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo”.
    Así lo hizo Moisés a la vista de los ancianos de Israel y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la rebelión de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: “¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?”
    Segunda lectura
    Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
    Rm 5, 1-2. 5-8
    Hermanos: Ya que hemos sido justificados por la fe, mantengámonos en paz con Dios, por mediación de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido, con la fe, la entrada al mundo de la gracia, en el cual nos encontramos; por él, podemos gloriarnos de tener la esperanza de participar en la gloria de Dios.
    La esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado. En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado.
    Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Juan
    Jn 4, 5-42
    En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.
    Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: “¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”.
    La mujer le respondió: “Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”.
    La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla”. Él le dijo: “Ve a llamar a tu marido y vuelve”. La mujer le contestó: “No tengo marido”. Jesús le dijo: “Tienes razón en decir: ‘No tengo marido’. Has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad”.
    La mujer le dijo: “Señor, ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén”. Jesús le dijo: “Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”.
    La mujer le dijo: “Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo”. Jesús le dijo: “Soy yo, el que habla contigo”.
    En esto llegaron los discípulos y se sorprendieron de que estuviera conversando con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo: ‘¿Qué le preguntas o de qué hablas con ella?’ Entonces la mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y comenzó a decir a la gente: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías?” Salieron del pueblo y se pusieron en camino hacia donde él estaba.
    Mientras tanto, sus discípulos le insistían: “Maestro, come”. Él les dijo: “Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocen”. Los discípulos comentaban entre sí: “¿Le habrá traído alguien de comer?” Jesús les dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿Acaso no dicen ustedes que todavía faltan cuatro meses para la siega? Pues bien, yo les digo: Levanten los ojos y contemplen los campos, que ya están dorados para la siega. Ya el segador recibe su jornal y almacena frutos para la vida eterna. De este modo se alegran por igual el sembrador y el segador. Aquí se cumple el dicho: ‘Uno es el que siembra y otro el que cosecha’. Yo los envié a cosechar lo que no habían trabajado. Otros trabajaron y ustedes recogieron su fruto”.
    Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer: ‘Me dijo todo lo que he hecho’. Cuando los samaritanos llegaron a donde él estaba, le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es, de veras, el salvador del mundo”.
    6 min

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¨Donde dos o tres se reúnen a orar en mi nombre, allí estoy yo, en medio de ellos.¨ -Mateo 18: 19-20
Oraciones, lecturas y alabanzas de cada dia. Las oraciones y lecturas son publicadas en Cinco…