Hoy En Oracion (5 Minutos de Oracion En El Hogar)

Hoy En Oracion (5 Minutos de Oracion En El Hogar)

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Hoy En Oracion (5 Minutos de Oracion En El Hogar) episodes

  • Evangelio Del Día Lunes 19 de Septiembre | Dar Luz Con Nuestras Obras | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 19 DE SEPTIEMBRE DE 2022
    Ciclo C - Año II - Color Verde
    XXV Semana del Tiempo Ordinario
    Liturgia de las Horas Tomo II
    I Semana del Salterio
    Primera Lectura Proverbios 3, 27-34
    Salmo 14
    Evangelio Lucas 8, 16-18

    “Nada hay oculto que no llegue a descubrirse”

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    Testimonio. Una de las peculiaridades de las actitudes cristianas. Un cristiano que lleva esta luz, debe hacerla ver porque él es un testigo. Y si un cristiano prefiere no hacer ver la luz de Dios y prefiere las propias tinieblas, entonces le falta algo y no es un cristiano completo. Una parte de él está ocupada, las tinieblas le entraron en el corazón, porque tiene miedo de la luz y prefiere los ídolos. Pero el cristiano es un testigo, testigo de Jesucristo, luz de Dios. Y deber poner esta luz en el candelabro de su vida. (Homilía Santa Marta, 28 enero 2016)


    Reflexión del Evangelio de hoy (D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.)
    El Señor se burla de los burlones y concede su gracia a los humildes
    El texto del libro de los Proverbios constituye un auténtico tesoro de lo que es y significa la Sabiduría de Dios, que va mucho más allá de la razón y los valores exclusivamente humanos. El pueblo de Israel toma conciencia de que ayudar al que lo necesita, evitar el enfrentamiento, experimentar la envidia incluso por el que parece triunfar mediante la violencia… responde a la voluntad de un Dios que es Padre y quiere lo mejor para sus hijos, que solo en Él todo tiene sentido.

    Tendríamos que tomar conciencia de esta Sabiduría del Amor que Dios nos propone en este mundo, ser capaces de descubrir, con su gracia y más allá de las apariencias, que merece la pena empeñar nuestra vida en una Fe que nos salva a todos los hombres.

    Nada hay oculto que no llegue a descubrirse
    La parábola de la Lámpara se sitúa tras la del Sembrador y ambas se refieren al anuncio de la Palabra de Dios por Cristo y las distintas respuestas y acogidas con que es recibida por nosotros los hombres. Como bien afirma San Juan en el prólogo a su Evangelio, la Palabra es la Luz que ilumina al mundo. Recibirla con verdadera fe implica hacerla arder en el candelero de mi vida a la vista de todos, pero ocultarla por miedo o vergüenza es poner en evidencia nuestras oscuridades, mediocridades, hipocresías…

    Por eso es importante descubrir que la Palabra de Dios se dirige personalmente a cada uno de nosotros y en nuestras circunstancias concretas y es una Palabra de Salvación, de felicidad, pero que ciertamente implica una respuesta sincera y comprometida: la mía, no la de mis contextos familiares o de conveniencias…

    El Señor, que nos conoce y nos quiere, nunca se va a cansar de llamarnos para integrarnos en su “familia” que es la Iglesia. Pero es nuestra decisión dejarnos prender por la Luz y ser lámpara o esconderla y dejar que se apague como a las vírgenes necias.

    ¡Pero que hermosa es esta misión de dar luz al mundo! Pero es una misión que nosotros tenemos. Es hermosa… También es hermoso conservar la luz que hemos recibido de Jesús. Custodiarla, conservarla. El cristiano tendría que ser una persona luminosa, que lleva luz, siempre da luz, una luz que no es suya, sino que es un regalo de Dios, un regalo de Jesús. Y nosotros llevamos esta luz adelante. Si el cristiano apaga esta luz, su vida no tiene sentido. Es un cristiano solo de nombre, que no lleva la luz. Una vida sin sentido. Pero yo quisiera preguntaros ahora: ¿Cómo queréis vivir vosotros? ¿Como una lámpara encendida o como una lámpara apagada? ¿Encendida o apagada? ¿Cómo queréis vivir? Pero no se escucha bien aquí. ¡Lámpara encendida!, ¿eh? Y es precisamente Dios el que nos da esta luz y nosotros se la damos a los demás. ¡Lámpara encendida! Esta es la vocación cristiana.
    (Papa Francisco. Ángelus del 9 de febrero de 2014)


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura del libro de los Proverbios
    Prv 3, 27-34
    Hijo mío, no le niegues un favor a quien lo necesita,
    si lo puedes hacer.
    Si le puedes dar ahora a tu prójimo lo que te pide,
    no le digas: "Vete y vuelve mañana".
    No pienses en hacerle daño a tu prójimo,
    que ha puesto su confianza en ti.
    Con nadie entables pleito sin motivo,
    si no te ha hecho ningún daño.

    No envidies al hombre malvado
    ni imites nunca sus acciones,
    porque el Señor aborrece a los perversos
    y es amigo del hombre justo.

    El Señor maldice la casa del malvado
    y llena de bendiciones la del justo.
    El Señor se burla de aquellos que se burlan
    y con los humildes se muestra bondadoso.
    Los sensatos recibirán honores
    y los insensatos, ignominia.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Lucas
    Lc 8, 16-18
    En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "Nadie enciende una vela y la tapa con alguna vasija o la esconde debajo de la cama, sino que la pone en un candelero, para que los que entren puedan ver la luz. Porque nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.

    Fíjense, pues, si están entendiendo bien, porque al que tiene se le dará más; pero al que no tiene se le quitará aun aquello que cree tener".


    Oración
    Dame un corazón sencillo y dispuesto, Jesús, un corazón solícito como el tuyo, dame también una actitud de escucha constante y el discernimiento necesario para descubrir tu rostro en el rostro de mis hermanos necesitados, y así, poder servirte y amarte en ellos

    Acción
    Hoy estaré atento a las solicitudes de recursos materiales, espirituales o de tiempo en las que yo pueda contribuir y las haré con una actitud dispuesta y alegre.
    8 min
  • Evangelio Del Día Sábado 17 de Septiembre | La Palabra Es La Semilla | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 17 DE SEPTIEMBRE DE 2022
    Ciclo C - Año II - Color Verde
    XXIV Semana del Tiempo Ordinario
    Liturgia de las Horas Tomo II
    IV Semana del Salterio
    Primera Lectura 1 Corintios 15, 35-37. 42-49
    Salmo 55
    Evangelio Lucas 8, 4-15

    “La guardan y dan fruto con perseverancia”

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    Jesús nos invita hoy a mirarnos por dentro: a dar las gracias por nuestro terreno bueno y a seguir trabajando sobre los terrenos que todavía no son buenos. Preguntémonos si nuestro corazón está abierto a acoger con fe la semilla de la Palabra de Dios. Preguntémonos si nuestras piedras de la pereza son todavía numerosas y grandes; individuemos y llamemos por nombre a las zarzas de los vicios. Encontremos el valor de hacer una buena recuperación del suelo, una bonita recuperación de nuestro corazón, llevando al Señor en la Confesión y en la oración nuestras piedras y nuestras zarzas. (Ángelus, 16 julio 2017)


    Reflexión del Evangelio de hoy (Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.)
    Se siembra lo corruptible, resucita incorruptible
    Hay cosas “naturales” que no las comprendemos, pero las admitimos sin dificultad. Así, admitimos que el grano de trigo se transforme en espiga, pero desconocemos cómo sucede ese fenómeno.

    Con las cosas “espirituales” sucede lo mismo. Por eso San Pablo en la lectura de hoy pone el ejemplo de lo que sucederá con los cuerpos resucitados,
    No nos ofrece una explicación de ese acontecer porque no la tiene. Pero sí nos ofrece un hecho lleno de esperanza y pleno de realidad: “aunque no podamos explicar cómo suceerá, una cosa es segura: que resucitaremos porque la Palabra de Dios lo afirma así: “los muertos resucitarán”.
    Y la resurrección afectará a todo nuestro ser, a todo lo que somos y sentimos. No será un “yo ideal” el que vivirá, sino nuestro propio ser en todas sus dimensiones. Ante la pregunta que se pueda hacer sobre ¿cómo será eso?, cabe la respuesta que la Palabra de Dios da en muchas ocasiones: “para Dios nada hay imposible; es suficiente con que lo creas y se realizará.

    Da fruto perseverando
    El Señor, que va caminando de ciudad en ciudad, siembra a voleo su Palabra de salvación. El protagonista de este pasaje es la semilla y no el sembrador. Frente al fracaso aparente, llegará a producir abundante cosecha en el futuro porque la fuerza de la semilla no puede ahogarse.

    Si la lluvia y la nieve no vuelven vacías al cielo, la Palabra de Dios no puede perderse. Es verdad que depende de la acogida que se le dé. Pero el fruto está asegurado puesto que la semilla tiene gran fuerza en sí misma, aunque la fecundidad dependa del terreno en el que caiga. La Palabra salvadora de Dios se ofrece a todos los hombres, como la semilla que el sembrador esparce a voleo en su tierra,

    Una parte de esa semilla no llega a dar fruto por “agentes externos” a la misma: los pájaros que la comen, las piedras que la entorpecen o las zarzas que le roban la sazón. A pesar de que hay varios tipos de oyentes en los que la semilla se va a perder, la parábola nos ofrece un verdadero mensaje de esperanza ya que dará abundante cosecha porque va a ser acogida con fe y alegría entre los “pobres”, “los pequeños”, “los pecadores”.

    ¿Cómo acogemos la semilla, qué clase de tierra somos, cómo la tratamos, cómo la cuidamos, cómo la defendemos?


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
    1 Cor 15, 35-37. 42-49
    Hermanos: Hay algunos que preguntan: “¿Cómo resucitan los muertos? ¿Qué clase de cuerpo van a tener?” Es que no se han puesto a pensar que el grano que se siembra tiene que morir, para que nazca la planta. Lo que se siembra no es la planta que va a brotar, sino solamente la semilla, por ejemplo, de trigo o de cualquier otra cosa.
    Lo mismo sucede en la resurrección de los muertos: se siembra un cuerpo corruptible y resucita incorruptible; se siembra un cuerpo miserable y resucita glorioso; se siembra débil y resucita fuerte; se siembra un cuerpo puramente humano y resucita un cuerpo vivificado por el espíritu divino.
    Pues si existe un cuerpo puramente humano, también existe un cuerpo vivificado por el espíritu. En efecto, la Escritura dice que el primer hombre, Adán, fue un ser que tuvo vida; el último Adán es espíritu que da la vida. Sin embargo, no existe primero lo vivificado por el Espíritu, sino lo puramente humano; lo vivificado por el Espíritu viene después.
    El primer hombre, hecho de tierra, es terreno; el segundo viene del cielo. Como fue el hombre terreno, así son los hombres terrenos; como es el hombre celestial, así serán los celestiales. Y del mismo modo que fuimos semejantes al hombre terreno, seremos también semejantes al hombre celestial.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Lucas
    Lc 8, 4-15
    En aquel tiempo, mucha gente se había reunido alrededor de Jesús, y al ir pasando por los pueblos, otros más se le unían. Entonces les dijo esta parábola:
    “Salió un sembrador a sembrar su semilla. Al ir sembrando, unos granos cayeron en el camino, la gente los pisó y los pájaros se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, y al brotar, se secaron por falta de humedad. Otros cayeron entre espinos, y al crecer éstos, los ahogaron. Los demás cayeron en tierra buena, crecieron y produjeron el ciento por uno”. Dicho esto, exclamó: “¡El que tenga oídos para oír, que oiga!”
    Entonces le preguntaron los discípulos: “¿Qué significa esta parábola?” Y él les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer claramente los secretos del Reino de Dios; en cambio, a los demás, sólo en parábolas para que viendo no vean y oyendo no entiendan.
    La parábola significa esto: la semilla es la palabra de Dios. Lo que cayó en el camino representa a los que escuchan la palabra, pero luego viene el diablo y se la lleva de sus corazones, para que no crean ni se salven. Lo que cayó en terreno pedregoso representa a los que, al escuchar la palabra, la reciben con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba, fallan. Lo que cayó entre espinos representa a los que escuchan la palabra, pero con los afanes, riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no dan fruto. Lo que cayó en tierra buena representa a los que escuchan la palabra, la conservan en un corazón bueno y bien dispuesto, y dan fruto por su constancia’’.
    6 min
  • Evangelio Del Día Viernes 16 de Septiembre | Valorar A La Mujer | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 16 DE SEPTIEMBRE DE 2022
    Ciclo C - Año II - Color Verde
    XXIV Semana del Tiempo Ordinario
    Liturgia de las Horas Tomo II
    IV Semana del Salterio
    Primera Lectura 1 Corintios 15, 12-20
    Salmo 16
    Evangelio Lucas 8, 1-3

    “Acompañado por los Doce y por algunas mujeres”

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    Y si Cristo no resucitó, es vana la fe de ustedes; y por lo tanto, aún viven ustedes en pecado, y los que murieron en Cristo, perecieron. Si nuestra esperanza en Cristo se redujera tan sólo a las cosas de esta vida, seríamos los más infelices de todos los hombres. Pero no es así, porque Cristo resucitó, y resucitó como la primicia de todos los muertos.Ya en esta vida tenemos en nosotros una participación en la Resurrección de Cristo. Si es verdad que Jesús nos resucitará al final de los tiempos, es también verdad que, en cierto sentido, con Él ya hemos resucitado. La vida eterna comienza ya en este momento, comienza durante toda la vida, que está orientada hacia ese momento de la resurrección final. Y ya estamos resucitados, en efecto, mediante el Bautismo, estamos integrados en la muerte y resurrección de Cristo y participamos en la vida nueva, que es su vida. Por lo tanto, en la espera del último día, tenemos en nosotros mismos una semilla de resurrección, como anticipo de la resurrección plena que recibiremos en herencia. Por ello también el cuerpo de cada uno de nosotros es resonancia de eternidad, por lo tanto, siempre se debe respetar; y, sobre todo, se ha de respetar y amar la vida de quienes sufren, para que sientan la cercanía del Reino de Dios, de la condición de vida eterna hacia la cual caminamos. Este pensamiento nos da esperanza: estamos en camino hacia la resurrección. Ver a Jesús, encontrar a Jesús: ¡ésta es nuestra alegría! (Audiencia, 4 diciembre 2013)


    Reflexión del Evangelio de hoy (Dominicas de Daroca)
    “Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido
    San Pablo insiste en esta carta a los corintios en la resurrección de Jesucristo, es una verdad que quiere dejar bien sentada y clara ante los de Corinto que dudaban de la resurrección de los muertos, incluso se reían cuando oían hablar de resurrección de muertos.

    Si creemos que Cristo resucitó de entre los muertos para nuestra salvación, tenemos la esperanza de heredar la vida eterna.

    Esta resurrección de Jesucristo, prueba que la resurrección es posible; negarla sería negar las esperanzas cristianas, hacer de los cristianos los más miserables de los hombres. Pero Cristo resucitó y, en virtud de nuestra unión con él, nosotros también resucitaremos, participando de su gloria y de su reino.

    Si Cristo no hubiera resucitado la muerte no habría sido vencida y por lo tanto tampoco el pecado.

    Y en 2ª Cor. 4,7-15 dice: «mientras vivimos continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús…Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: “Creí por eso hablé”, también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros».

    Si la esperanza que tenemos puesta en Cristo se reduce a esta vida, seríamos los más miserables de todos los hombres.
    “Al despertar me saciaré de tu semblante Señor”
    Quiere decir que al despertar, “resucitar”, nos saciaremos del rostro del Señor. Muestra las maravillas de tu misericordia - Tú que salvas de los adversarios. A quien se refugia a tu derecha. - Guárdame como a las niñas de tus ojos, A la sombra de tus alas escóndeme. -Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia, -Y al despertar me saciaré de tu semblante
    “Algunas mujeres acompañaban a Jesús y le ayudaban con sus bienes”
    Jesús iba caminando de ciudad en ciudad, predicando la Buena Noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y de enfermedades, le ayudaban con sus bienes.

    Es San Lucas el único que menciona al lado de los discípulos a las mujeres que seguían la compañía de Jesús y atendían a sus necesidades materiales. No era esto extraño a la costumbre de los rabinos. De ambos ejemplos se autorizaban los apóstoles, según indica San Pablo (1 Cor 9,5). La piedad y la Gratitud por la salud recibida eran la causa que las movía a ejercer esta obra de misericordia. Una de ellas era María Magdalena o de Magdala. No hay motivos para creer que la posesión diabólica signifique una vida culpable; pero el número siete acaso indique una recaída en el mismo mal. Esta presentación de la Magdalena demuestra también que no tiene nada que ver con la pecadora de 7,37ss.

    Las mujeres, que han sido liberadas y perdonadas por Jesús, responden a su don, con gesto de amor que las convierte en auténticas discípulas (seguidoras) del Maestro.

    En el día de hoy, con nuestras “prisas” ¿estaríamos dispuestos a acompañar a los evangelizadores (misioneros) en su trabajo, si no es físicamente por lo menos aportando un poco de dinero para hacer su vida un poco más llevadera?


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
    1 Cor 15, 12-20
    Hermanos: Si hemos predicado que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que algunos de ustedes andan diciendo que los muertos no resucitan? Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, nuestra predicación es vana, y la fe de ustedes es vana.
    Seríamos, además, falsos testigos de Dios, puesto que hemos afirmado falsamente que Dios resucitó a Cristo: porque, si fuera cierto que los muertos no resucitan, Dios no habría resucitado a Cristo. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Lucas
    Lc 8, 1-3
    En aquel tiempo, Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la buena nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y curadas de varias enfermedades. Entre ellas iban María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes.


    Oración

    Jesús, anhelo llegar eternamente a tu presencia, yo también muero porque no muero, pero tengo total convicción de que aquí me tienes porque puedo servirte en algo, y eso me da una dicha inmensa; úsame como mejor te parezca, Señor, y luego, cuando lo juzgues conveniente, llévame contigo a gozar de la bienaventuranza eterna; llévame a tus pies, para vivir abrazado a ti por toda la eternidad.

    Acción

    Hoy pensaré en qué cosas tendría pendientes de hacer si hoy muriera y tomaré cartas en el asunto, pues nadie sabe ni el día ni la hora.
    7 min
  • Evangelio Del Día Jueves 15 de Septiembre | Maria Madre Dolorosa | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 15 DE SEPTIEMBRE DE 2022
    Ciclo C - Año II - Color Verde
    XXIV Semana del Tiempo Ordinario
    Liturgia de las Horas Tomo II
    IV Semana del Salterio
    Primera Lectura 1 Corintios 15, 1-11
    Salmo 117
    Evangelio Lucas 2, 33-35

    “Ahí tienes a tu madre”

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    Que tu llanto, oh Madre, conmueva nuestros corazones endurecidos. Que las lágrimas que has derramado por nosotros hagan florecer este valle que nuestro odio ha secado. Y mientras el ruido de las armas no enmudece, que tu oración nos disponga a la paz. Que tus manos maternas acaricien a los que sufren y huyen bajo el peso de las bombas. Que tu abrazo materno consuele a los que se ven obligados a dejar sus hogares y su país. Que tu Corazón afligido nos mueva a la compasión, nos impulse a abrir puertas y a hacernos cargo de la humanidad herida y descartada. Santa Madre de Dios, mientras estabas al pie de la cruz, Jesús, viendo al discípulo junto a ti, te dijo: «Ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26), y así nos encomendó a ti. Después dijo al discípulo, a cada uno de nosotros: «Ahí tienes a tu madre» (v. 27). Madre, queremos acogerte ahora en nuestra vida y en nuestra historia. En esta hora la humanidad, agotada y abrumada, está contigo al pie de la cruz. Y necesita encomendarse a ti, consagrarse a Cristo a través de ti. (…) Acoge este acto nuestro que realizamos con confianza y amor, haz que cese la guerra, provee al mundo de paz. El “sí” que brotó de tu Corazón abrió las puertas de la historia al Príncipe de la paz; confiamos que, por medio de tu Corazón, la paz llegará. A ti, pues, te consagramos el futuro de toda la familia humana, las necesidades y las aspiraciones de los pueblos, las angustias y las esperanzas del mundo. Que a través de ti la divina Misericordia se derrame sobre la tierra, y el dulce latido de la paz vuelva a marcar nuestras jornadas. Mujer del sí, sobre la que descendió el Espíritu Santo, vuelve a traernos la armonía de Dios. (Consagración al Corazón Inmaculado de María, 25 marzo 2022)


    Reflexión del Evangelio de hoy (Monjas Dominicas Contemplativas)
    Leemos en estos versículos de la Primera carta a los Corintios uno de los primeros “credos” que recitaban las comunidades primitivas como una fórmula de profesión de fe concentrada en “tres acontecimientos históricos”: la muerte, la sepultura y la resurrección de Jesucristo. Y además Pablo repite la fórmula “según las Escrituras” como mostrando que son hechos esenciales en el plan de Dios para la salvación del mundo.

    Algunos cristianos de Corinto negaban la resurrección de los muertos, por ello Pablo parte de la proclamación evangélica: el misterio Pascual de Cristo muerto y resucitado y va enumerando varias de sus apariciones: a Cefas, a los Doce, a más de quinientos hermanos, a Santiago, a todos los apóstoles y a él, como el último de los apóstoles; pero es ésta, una lista no exhaustiva de testigos que se beneficiaron de las apariciones del “resucitado”.

    Pablo habla de sí mismo diciendo que es indigno del nombre de apóstol porque ha perseguido a la Iglesia de Dios, pero por la gracia de Dios “Pablo ha muerto a su pecado y ha resucitado con Cristo”. La “gracia” no trabaja sin nosotros y con ella hacemos mucho más de lo que lograríamos con nuestras solas fuerzas. Pues por gracia somos hijos de Dios, y por la gracia somos capaces de “ver maravillas” en los hombres y de “hacer maravillas” con los hombres. Acaso no está la gracia “naciendo” en cada ser humano cada día y en todo momento, ¿lo notas? Esta gracia de Dios en nosotros es una buena aliada para caminar en la vida.

    María está con nosotros
    Nos relatan estos versículos el último diálogo de Jesús con su madre. Leemos “Junto a la Cruz estaba su madre” porque en momentos difíciles, de sufrimiento “su madre estaba” como lo está con nosotros, pero solo Juan menciona su presencia. Él lo sabe y lo cuenta porque estaba junto a la Cruz y gracias a su presencia y a su mención en el texto evangélico, nosotros sabemos que María estaba junto a su hijo, como sabemos que está con nosotros, está junto a nosotros siempre, en los momentos difíciles y en los fáciles, en situaciones de sufrimiento y de alegría, en este “valle de lágrimas” y siempre.

    El llamar Jesús a su madre “mujer” parece indicar un acto que sobrepasa la relación filial, proclamando la universal maternidad espiritual de María con respecto a los creyentes que estamos representados por el discípulo amado. Todos nosotros estamos invitados a acoger a la madre del Señor en nuestra casa y en nuestra vida.

    Celebramos la Virgen de los Dolores, y reza un himno en este día: “La Madre piadosa estaba junto a la cruz y lloraba, mientras el Hijo pendía; cuya alma, triste y llorosa, traspasada y dolorosa, fiero cuchillo tenía” (LH Vol. IV Pág. 1189); es la Virgen dolorosa y a ella “suspiramos, gemimos y lloramos”, cuando recitamos la Salve porque el mundo es “tierra de María” y a ella le rogamos “ahora y en la hora de nuestra muerte”. Estamos llamados a ser cristianos marianos, creyentes en Jesús y en María; una madre siempre está “junto” a sus hijos ¿lo notas? María es una buena aliada para caminar en la vida.


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
    1 Cor 15, 1-11
    Hermanos: Les recuerdo el Evangelio que yo les prediqué y que ustedes aceptaron y en el cual están firmes. Este Evangelio los salvará, si lo cumplen tal y como yo lo prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.

    Les transmití, ante todo, lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según estaba escrito; que se le apareció a Pedro y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos reunidos, la mayoría de los cuales vive aún y otros ya murieron. Más tarde se le apareció a Santiago y luego a todos los apóstoles.

    Finalmente, se me apareció también a mí, que soy como un aborto. Porque yo perseguí a la Iglesia de Dios y por eso soy el último de los apóstoles e indigno de llamarme apóstol. Sin embargo, por la gracia de Dios, soy lo que soy, y su gracia no ha sido estéril en mí; al contrario, he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios, que está conmigo. De cualquier manera, sea yo, sean ellos, esto es lo que nosotros predicamos y esto mismo lo que ustedes han creído.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Juan
    Jn 19, 25-27
    En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena.

    Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: "Mujer, ahí está tu hijo". Luego dijo al discípulo: "Ahí está tu madre". Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.


    Oración

    Señor, ciertamente he pasado un buen tiempo de mi existencia lejos de ti, y me hubiera encantado encontrarte desde mucho antes, sin embargo, Jesús, quiero pedirte que no permitas que tu gracia sea estéril en mí sino más bien, que dé fruto abundante en conversiones, en gente que te conozca, con el único instrumento de mi testimonio de amor a ti. Quiero dar algo como signo de gratitud ante todo lo que me has dado.

    Acción

    Hoy buscaré a alguien y le hablaré de mí antes de conocer a Cristo y cómo eso ha cambiado drásticamente a partir de mi encuentro con él.
    9 min
  • Evangelio Del Día Miércoles 14 de Septiembre | Abre Nuestro Corazón | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 14 DE SEPTIEMBRE DE 2022
    Ciclo C - Año II - Color Verde
    XXIV Semana del Tiempo Ordinario
    Liturgia de las Horas Tomo II
    IV Semana del Salterio
    Primera Lectura 1 Corintios 12, 31-13, 13
    Salmo 32
    Evangelio Lucas 7, 31-35

    “Para que el mundo se salve por Él’

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    Jesús levantado: en la cruz. Moisés hace una serpiente y la levanta. Jesús será levantado, como la serpiente, para dar la salvación. Pero el núcleo de la profecía es precisamente que Jesús se hizo pecado por nosotros. No ha pecado: se ha hecho pecado. Como dice San Pedro en su carta: “Llevó nuestros pecados en su propio cuerpo” (cf. 1Pe 2,24). Y cuando miramos el crucifijo, pensamos en el Señor que sufre: todo eso es verdad. Pero nos detenemos antes de llegar al centro de esa verdad: en este momento, Tú pareces el mayor pecador, Tú te has hecho pecado. Ha tomado sobre sí todos nuestros pecados, se ha aniquilado a sí mismo hasta ahora. La cruz, es verdad, es un tormento, está la venganza de los doctores de la Ley, de los que no querían a Jesús: todo esto es verdad. Pero la verdad que viene de Dios es que Él vino al mundo para tomar nuestros pecados sobre sí mismo hasta el punto de hacerse pecado. Todo pecado. Nuestros pecados están ahí. Debemos acostumbrarnos a mirar el crucifijo bajo esta luz, que es la más verdadera, la luz de la redención. (Homilía Santa Marta, 31 marzo 2020)

    Reflexión del Evangelio de hoy (Fray Manuel Santos Sánchez O.P.)
    Dios siempre perdona y ama
    Hay que repetirlo cuantas veces sea preciso. La historia de las relaciones de Dios con los hombres es la historia del amor apasionado de Dios hacia todos nosotros. En un primer momento, el pueblo judío percibió con intensidad este amor cuando Dios los libró de la esclavitud de Egipto.

    Pero en el trayecto hasta la tierra prometida, en algunas ocasiones, como nos indica el episodio de esta primera lectura, no vieron claro ese amor de Dios. “El pueblo estaba extenuado del camino y habló contra Dios y contra Moisés”. El Señor envió como castigo serpientes venenosas y murieron muchos israelitas. El pueblo cayó en la cuenta de su pecado, se arrepintieron y pidieron a través de Moisés que les perdonase y que apartase de ellos las serpientes mortales. Dios se las arregló para salvarles a través de una serpiente colocada en un estandarte a quien tenían que mirar. Dios perdonaba a su pueblo y le seguía amando.

    La cruz de Jesús es la mejor prueba de su amor hacia nosotros
    La segunda lectura de San Pablo y el evangelio del día, nos ayudan a ver que la muerte de Jesús en la cruz es la exaltación del apasionado amor que nos tiene. Siempre hemos de ver unidos su vida, su muerte en cruz, y su resurrección. Si Jesús murió en la cruz fue porque vivió así, de una determinada manera, y si resucitó fue porque vivió y murió así. En esta fiesta de hoy queremos resaltar la muerte de Jesús en la cruz y el gran amor que encierra… pero lo mismo podemos y debemos decir de su vida y su resurrección.

    En lo del amor… hay que empezar por Dios Padre, que tanto amó al mundo que le envió a su Hijo. Hay que seguir por su Hijo Jesús, que fue capaz de no hacer alarde de su categoría de Dios y tomar la condición de esclavo, para que viéramos con más claridad que había venido a servirnos y no a ser servido. Y nos sirvió, no desde la altura divina, sino desde su condición humana, llenándonos de luz y predicándonos su buena noticia, gastando su vida en indicarnos el camino que nos lleva a vivir con vida, con sentido, con esperanza en esta tierra antes de desembocar en la vida de felicidad total después de nuestra muerte y resurrección.

    A las autoridades judías no les gustó Jesús, su manera de vivir y su manera de predicar. Le pidieron que se callase que no predicase su evangelio. Pero Jesús, por amor a nosotros, siguió predicando su buena noticia y como consecuencia le mataron en una cruz, pero de esta manera su amor, su evangelio, su luz han quedado para siempre con nosotros. Por amor a nosotros, por no dejarnos en la estacada, por no dejarnos sin la mejor noticia que nosotros los hombres podíamos recibir… le mataron en la cruz. Es verdad, la exaltación de la cruz, es la exaltación del gran amor que siempre nos tuvo Jesús.


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura del libro de los Números
    Num 21, 4-9
    En aquellos días, el pueblo se impacientó y murmuró contra Dios y contra Moisés, diciendo: “¿Para qué nos sacaste de Egipto? ¿Para que muriéramos en el desierto? No tenemos pan ni agua y ya estamos hastiados de esta miserable comida”.
    Entonces envió Dios contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. El pueblo acudió a Moisés y le dijo: “Hemos pecado al murmurar contra el Señor y contra ti. Ruega al Señor que aparte de nosotros las serpientes”. Moisés rogó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió: “Haz una serpiente como ésas y levántala en un palo. El que haya sido mordido por las serpientes y mire la que tú hagas, vivirá”. Moisés hizo una serpiente de bronce y la levantó en un palo; y si alguno era mordido y miraba la serpiente de bronce, quedaba curado.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Juan
    Jn 3, 13-17
    En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: “Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
    Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él’’.


    Oración

    Señor, enséñame a transmitir ese amor que menciona tu palabra, ese amor comprensivo, servicial, sin envidia, que no es presumido, ni egoísta. Quiero amar con el amor que no se deja llevar por la ira y que olvida lo malo; que no se alegra con la injusticia, sino que se goza en la verdad. Quiero transmitir el amor que disculpa sin límites, que confía sin límites, que espera sin límites y que soporta sin límites.

    Acción

    Hoy me esforzaré porque el amor que les tengo a mis cercanos tenga al menos cinco características de las que se mencionan en este texto.
    8 min
  • Evangelio Del Día Martes 13 de Septiembre | Compasión y Misericordia | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 13 DE SEPTIEMBRE DE 2022
    Ciclo C - Año II - Color Verde
    XXIV Semana del Tiempo Ordinario
    Liturgia de las Horas Tomo II
    IV Semana del Salterio
    Primera Lectura 1 Corintios 12, 12-14. 27-31
    Salmo 99
    Evangelio Lucas 7, 11-17

    “A ti te lo digo, levántate”

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    San Lucas anota el sentimiento de Jesús: «Viendo [a la mujer], el Señor tuvo compasión de ella, y le dijo: “no llores”. Y, acercándose tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon» (vv. 13-14). Gran compasión guía las acciones de Jesús: es Él quien detiene el cortejo tocando el féretro y, movido por la profunda misericordia hacia esta madre, decide afrontar la muerte, por así decir, cara a cara. Y la afrontará definitivamente, cara a cara, en la Cruz. (…) Como al chico muerto, repite a todos: «Joven a ti te digo, ¡levántate!» (v. 14). A cada uno de nosotros dice: «¡levántate!». Dios nos quiere de pie. Nos ha creado para estar de pie: por eso, la compasión de Jesús lleva a ese gesto de la sanación, a sanarnos, cuya palabra clave es: «¡levántate! ¡ponte de pie como te ha creado Dios!». (Audiencia, 10 agosto 2016)

    Reflexión del Evangelio de hoy (Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P.)
    Buscad los carismas mejores
    Escuchamos hoy unos pocos versículos, entresacados, del muy conocido capítulo 12 de la primera carta de Pablo a los corintios. Pablo tiene una idea muy clara que desea transmitir a los cristianos de Corinto: todos nosotros, seamos quienes seamos, hemos recibido el Espíritu en el bautismo para formar un solo cuerpo en Cristo. Y lo argumenta de manera muy gráfica y fácil de comprender para todos utilizando la imagen del cuerpo humano.

    Algunos subrayados que me sugiere hoy la lectura:
    Pablo no nos está hablando aquí de nuestra igualdad fundamental como seres humanos, como hace en la carta a los Gálatas. Sino de nuestra unidad en Cristo. Unidad de los diferentes, de los diversos. La diversidad del cuerpo humano le sirve en bandeja la explicación que desea dar. Somos absolutamente diferentes, y absolutamente interdependientes. Y el “cuerpo” sólo es posible por la complementariedad de los diferentes. Lo que cada uno de nosotros no pongamos le falta al cuerpo.

    Habla también Pablo de que las funciones que cada uno realiza en el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, han sido dispuestas por Dios. Entiendo que esto significa que todo aquello que hemos recibido, que es don, lo tenemos para ponerlo en juego, para ofrecerlo, para “colaborar” al funcionamiento del cuerpo. Bien es verdad que Pablo nombra algunas de las funciones y deja entrever la existencia de problemas en la comunidad: ¿pretenden la realización de tareas consideradas importantes desde el punto de vista humano? ¿quizá las que se pueden vincular con algún tipo de poder…?

    La solución la va a dar él mismo de inmediato, en el capítulo 13 de la carta. Hay un camino mucho mejor. El único seguro. Vivir en el amor. Hoy puede ser un día estupendo para leer con calma 1 Cor 13.

    Muchacho, a ti te lo digo, ¡levántate!
    Los evangelios contienen algunos relatos en los que Jesús resucita a una persona muerta, o salva de la muerte inminente a un enfermo. Se ha convertido para el pueblo, que viene oyendo hablar maravillas de Él, en el “último recurso” en caso de una situación desesperada.

    El relato de resurrección que hoy nos presenta la liturgia no contiene ninguno de los rasgos comunes a otras resurrecciones. Nadie se dirige a Jesús para hacerle una petición de salvación. Jesús caminaba hacia una ciudad, Naín, y contempla algo que no debía ser demasiado extraño: un entierro. Y Jesús observa, Jesús escucha.

    El difunto es el hijo único de una viuda. Y en la sociedad del momento eso significaba que su madre quedaba totalmente a la intemperie, sola y sin posibilidades de salir adelante. El hijo era la única posibilidad de vida digna para la madre… Jesús se conmueve. Y la misericordia entrañable se pone en acción. La debilidad, la pobreza, la vulnerabilidad, el desamparo… de la mujer, son una llamada de socorro que Él no puede dejar de atender. Y la fuerza de la vida que reside en Él le devuelve al hijo, y con él la posibilidad de vida.

    Más allá de las diferentes interpretaciones que los especialistas en Sagrada Escritura hagan del relato, la llamada poderosa y firme de Jesús al muchacho, puede, sin ninguna duda, tener eco en cada uno de nosotros. Es una llamada a “despertar” y poner en acción todo aquello que en nosotros está apagado, abandonado, inactivo, “muerto”. Para que los otros tengan vida.


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura de la primera carta del apóstol Pablo a los Corintios
    1 Cor 12, 12-14. 27-31
    Hermanos: Así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu. El cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos.

    Pues bien, ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es miembro de él. En la Iglesia, Dios ha puesto en primer lugar a los apóstoles; en segundo lugar, a los profetas; en tercer lugar, a los maestros; luego, a los que hacen milagros, a los que tienen el don de curar a los enfermos, a los que ayudan, a los que administran, a los que tienen el don de lenguas y el de interpretarlas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos el don de curar? ¿Tienen todos el don de lenguas y todos las interpretan? Aspiren a los dones de Dios más excelentes.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Lucas
    Lc 7, 11-17
    En aquel tiempo, se dirigía Jesús a una población llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar a la entrada de la población, se encontró con que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre.

    Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: "No llores". Acercándose al ataúd, lo tocó, y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces Jesús dijo: "Joven, yo te lo mando: Levántate". Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre.

    Al ver esto, todos se llenaron de temor y comenzaron a glorificar a Dios, diciendo: "Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo".

    La noticia de este hecho se divulgó por toda Judea y por las regiones circunvecinas.


    Oración

    Señor, dame claridad de pensamiento y el suficiente discernimiento para descubrir cuáles son los dones que me has dado, para servir a mis hermanos y edificar tu Reino en esta tierra. Yo los acepto con todo el corazón y abro mis manos a tu generosidad, para ponerlos en práctica y que quienes me rodean, reciban tus bendiciones a través de mis manos.

    Acción

    Hoy practicaré, con mucho mayor ahínco, aquello en lo que sé soy especialmente bueno, debido a los dones que Dios ha puesto en mí, en la confianza de que yo los utilizaré para el beneficio común.
    6 min
  • Evangelio Del Día Lunes 12 de Septiembre | No Soy Digno | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA -12 DE SEPTIEMBRE DE 2022
    Ciclo C - Año II - Color Verde
    XXIV Semana del Tiempo Ordinario
    Liturgia de las Horas Tomo II
    IV Semana del Salterio
    Primera Lectura 1 Corintios 11, 17-26
    Salmo 39
    Evangelio Lucas 7, 1-10

    “Una sola Fe, un solo Señor”

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    Pero quizá el reconocimiento más conmovedor de la pobreza de nuestra oración floreció de la boca de ese centurión romano que un día suplicó a Jesús que sanara a su siervo enfermo (cf. Mt 8,5-13). Él se sentía completamente inadecuado: no era judío, era oficial del odiado ejército de ocupación. Pero la preocupación por el siervo le hace osar, y dice: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano» (v. 8). Es la frase que también nosotros repetimos en cada liturgia eucarística. Dialogar con Dios es una gracia: nosotros no somos dignos, no tenemos ningún derecho que reclamar, nosotros “cojeamos” con cada palabra y cada pensamiento… Pero Jesús es la puerta que nos abre a este diálogo con Dios. (Audiencia, 3 marzo 2021)


    Reflexión del Evangelio de hoy (D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP)
    Reunidos en el nombre del Señor
    ¿Os suena esto? ¿Os recuerda a algo? ¿No os veis reflejados de alguna manera?

    Por naturaleza tendemos al individualismo, a diferenciarnos de los otros, a tener nuestra propia parcela y a olvidarnos de que debemos ser una comunidad en todos los sentidos. Y como vemos estas circunstancias no son propias del mundo actual. San Pablo se lamenta de que la Iglesia de Corinto adolece de falta de unidad, de que el egoísmo habita en los corazones de los fieles y les exhorta a que recapaciten y sean un solo cuerpo eclesial, sobre todo a la hora de celebrar la Eucaristía, momento clave de la vida del cristiano.

    Dentro de la Iglesia hay multitud de carismas, movimientos, congregaciones, caminos... pero no debemos olvidar nunca que todos pertenecemos a un mismo cuerpo cuya cabeza es Cristo y que nada ni nadie puede separarnos. No podemos pensar en “yo” o “nosotros”, debemos pensar en clave universal, que al fin y al cabo es lo que significa ser católico. Y dentro de esa universalidad siempre debemos estar en clave de unidad con el Señor y con los hermanos. La separación lleva a la discordia, la discordia al egoísmo y el egoísmo al pecado. Y el pecado nos aleja de Dios. Por eso es tan importante que permanezcamos unidos a los hermanos, que seamos familia de verdad, que vivamos la fe en COMUNIÓN, y que apartemos nuestros propios intereses y gustos en favor de los demás y de la unidad de la Iglesia.

    Humildad, limpieza de corazón, Fe
    Para mi este pasaje del Evangelio es uno de los más enternecedores por varios motivos: la fe del Centurión, que además es un hombre bueno (“nos ha construido la sinagoga”), la misericordia de Jesús (“Jesús se admiró de él”), la curación que proviene de Cristo (“los enviados encontraron al siervo sano”) Es admirable todo lo que se nos narra.

    Pongámonos en situación: un hombre ajeno al pueblo de Israel oye hablar de Jesús. Tiene un siervo enfermo y acude al Maestro en busca de solución. Es un centurión, un representante del poder, pero su carácter humilde le impide presentarse en persona y envía a unos amigos. Su pureza de corazón hará que Cristo se conmueva y exclame “Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe”, porque la fe de ese hombre salta a la vista de todos. No importa que sea extranjero, que sea pagano, que venga de otras tierras. Lo único que importa es su actitud ante Cristo, del que ha oído hablar y en quien cree desde el fondo de su corazón.

    Cuánto tenemos que aprender del centurión... Si fuéramos como él nuestra vida sería mucho más sencilla, más llena de amor, más plena, más en comunión con Jesús y la Iglesia, y en el fondo seríamos más felices, más llenos de vida, y eso se notaría a nuestro alrededor: seríamos esa “sal de la tierra” capaz de transformar el mundo. Estoy seguro que ese día en el que la vida del centurión se cruzó con Cristo muchos de los que fueron testigos creyeron y se convirtieron, y no tanto por el prodigio de la curación como por la actitud de aquel hombre y la respuesta que obtuvo de Jesús. Seamos humildes en nuestro trato con Dios, confiemos plenamente en Él, dejemos de lado nuestras circunstancias, nuestros deseos mundanos, nuestros recelos y prejuicios: El Señor sabrá recompensarnos con su infinita misericordia.


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
    1 Cor 11, 17-26
    Hermanos: Con respecto a las reuniones de ustedes ciertamente no puedo alabarlas, porque les hacen más daño que provecho. En efecto, he sabido que, cuando se reúnen en asamblea, hay divisiones entre ustedes, y en parte lo creo. Es cierto que tiene que haber divisiones, para que se ponga de manifiesto quiénes tienen verdadera virtud.

    De modo que, cuando se reúnen en común, ya no es para comer la cena del Señor, porque cada uno se adelanta a comer su propia cena, y mientras uno pasa hambre, el otro se embriaga. ¿Acaso no tienen su propia casa para comer y beber? ¿O es que desprecian a la asamblea de Dios y quieren avergonzar a los que son pobres? ¿Qué quieren que les diga? ¿Que los alabe? En esto no los alabo.

    Porque yo recibí del Señor lo mismo que les he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía".

    Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él".

    Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Lucas
    Lc 7, 1-10
    En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado muy querido. Cuando le dijeron que Jesús estaba en la ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo: "Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga". Jesús se puso en marcha con ellos.

    Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano envió unos amigos a decirle: "Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno: '¡Ve!', y va; a otro: '¡Ven!', y viene; y a mi criado: '¡Haz esto!', y lo hace".

    Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: "Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande". Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano.


    Oración
    Señor, lléname de tu Espíritu para entender la maravilla que significa que conviertas un trozo de pan y un poco de vino en Ti mismo. Abre mis ojos Jesús ante este milagro que va mucho más allá de la razón, para que de ese modo, en cada ocasión en que voy a misa a celebrar ese gran misterio, le dé la importancia que merece.

    Acción
    Hoy haré los arreglos necesarios en mi agenda, con mi familia y un compromiso personal para no volver a llegar tarde o faltar a misa.
    9 min
  • Evangelio Del Día Sábado 10 de Septiembre | Irradias a Jesús | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 10 DE SEPTIEMBRE DE 2022
    Ciclo C - Año II - Color Verde
    XXIII Semana del Tiempo Ordinario
    Liturgia de las Horas Tomo II
    III Semana del Salterio
    Primera Lectura 1 Corintios 10, 14-22
    Salmo 115
    Evangelio Lucas 6, 43-49

    “De lo que rebosa el corazón habla la boca”

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    Es Él, la fuerza. Pero muchas veces, quien confía en el Señor no aparece, no tiene éxito, está escondido… pero es firme. No tiene su esperanza en decir, en la vanidad, en la soberbia, en los efímeros poderes de la vida... El Señor, la roca. La concreción de la vida cristiana nos hace avanzar y edificar sobre esa roca que es Dios, que es Jesús; en el sólido de la divinidad. No en las apariencias ni en la vanidad, en el orgullo, en las recomendaciones... No. La verdad. (Homilía Santa Marta, 6 diciembre 2018).


    Reflexión del Evangelio de hoy (Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P.)
    No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios
    San Pablo escribe con una determinada intención a la comunidad de Corinto. Trata de que en esta comunidad se profundice en el sentido de la fe. Toda una catequesis, volcada en el sacrificio de entrega de Jesús, la que emplea Pablo para persuadir a sus lectores. Para ello, utiliza una expresión fuerte: «Huid de la idolatría» con la que trata de que caigan en la cuenta de que no se puede jugar a dos aguas en el seguimiento de Jesucristo. Tampoco se puede hacer un cristianismo a la carta, tomando de aquí y de allá lo que más nos interesa para justificar en todo momento las faltas de coherencia y fidelidad que exige el Evangelio.

    La Sagrada Eucaristía: pan partido y sangre derramada. Memorial de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Entrega total de Jesús por amor para nuestra redención. Al participar en ella nos une a Él y nos va identificando, configurando con Él, para de este modo ser más de Cristo. Sin embargo, el sacrificio a los ídolos es algo vacío: «Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, hechura de manos humanas: tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven; tienen orejas, y no oyen; tienen nariz, y no huelen; tienen manos, y no tocan; tienen pies, y no andan; no tiene voz su garganta: que sean igual los que los hacen, cuantos confían en ellos» (Sal 115,4-8). Eso es lo que apunta san Pablo que el ídolo no te da la salvación ni sentido a tu vida.

    La llamada de atención es a crecer y a madurar en nuestra fe en Jesucristo. Vivir en coherencia y en fidelidad a su Palabra y confiad en su providencia para que adquiramos un corazón agradecido. Así lo marca la experiencia del salmista en el clamor de su oración: ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

    ¿Por qué no hacéis lo que os digo?
    El pasaje del Evangelio de la liturgia del día de hoy nos presenta a Jesús dando una enseñanza al discipulado. El Maestro de Nazaret quiere dejar un poso de sabiduría en sus seguidores. Para ello, comienza con un lenguaje sencillo, apoyado en el mundo rural, la imagen del árbol la traslada a la esencia de la persona. Al discipulado de Jesús lo reconocerán por «sus frutos».

    Hay una profundidad en esta imagen del “árbol”. Hay una inmensa variedad de árboles frutales. Hay una infinita variedad de árboles que producen flores. Hay otros destinados a producir buena madera y otros se limitan a dar una reconfortante sombra y limpiar el aire de la contaminación. A cada uno de ellos, le corresponde una función y el que está sano, fuerte, vigoroso, da frutos en su sazón. Sin embargo, el que está “enfermo”, raquítico, no puede dar frutos, tiene bastante con subsistir.

    Sigue el Maestro de Nazaret en la cátedra. Ahora después de mostrar la imagen de un aparente “árbol” toca llevarla al plano personal. Así somos los discípulos. El que es capaz de escuchar la Palabra de Dios, rumiarla, degustarla como si fuese un tesoro y la lleva al corazón, la contempla, la hace vida. Hace de esa Palabra la «sabia» que nutre todo su ser, por tanto, el mensaje de Jesús ha entrado en lo más íntimo de su corazón y brota hacia afuera con frutos que hablan del mandato del amor con sabor al Reino. Esos frutos realmente son sanos no perecen.

    La clase sigue adelante y Jesús lanza una pregunta: ¿Por qué no hacéis lo que os digo? Parece ser, que cuesta trabajo encarnar la enseñanza de Jesús y la asignatura del «amaos unos a otros» la llevamos siempre cogida con alfileres. Ahora una parábola: «la casa edificada sobre roca», para reforzar y refrescar los conocimientos adquiridos junto a Jesús. Con una serie de verbos nos lleva a interiorizar lo anterior: Viene a mí, escucha mi palabra y la pone en práctica, ese será un discípulo “sano” que dará lo mejor de sí. Por el contrario, el que se autoexcluye de este proyecto, su ruina es grande.

    Vendrá la crecida del río de la vida con sus contrariedades, obstáculos, noches oscuras, horizontes sin luz, pero el que hace de Jesucristo el cimiento de su vida no se hundirá. Jesús y su Palabra son cimientos firmes, que puestos en nuestra vida hacen que nuestro corazón se humanice, sea de carne, y una vez interiorizados nos envía a vivir en el reto del amor.


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
    1 Cor 10, 14-22
    Queridos hermanos: Huyan de la idolatría. Me dirijo a ustedes como a hombres sensatos; ustedes mismos juzguen lo que voy a decir: El cáliz de la bendición con el que damos gracias, ¿no nos une a Cristo por medio de su sangre? Y el pan que partimos, ¿no nos une a Cristo por medio de su cuerpo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan. Consideren al pueblo de Israel: ¿no es cierto que los que comen de la víctima sacrificada en el altar quedan unidos a él?
    Con esto no quiero decir que el ídolo represente algo real, ni que la carne ofrecida a los ídolos tenga algún valor especial. Lo que quiero decir es que, cuando los paganos ofrecen sus sacrificios, se los ofrecen a los demonios y no a Dios.
    Ahora bien, yo no quiero que ustedes se asocien con los demonios. No pueden beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios. No pueden compartir la mesa del Señor y la mesa de los demonios. ¿O queremos provocar acaso la indignación del Señor creyéndonos más poderosos que él?


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Lucas
    Lc 6, 43-49
    En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos. Cada árbol se conoce por sus frutos. No se recogen higos de las zarzas, ni se cortan uvas de los espinos.
    El hombre bueno dice cosas buenas, porque el bien está en su corazón; y el hombre malo dice cosas malas, porque el mal está en su corazón, pues la boca habla de lo que está lleno el corazón.
    ¿Por qué me dicen ‘Señor, Señor’, y no hacen lo que yo les digo? Les voy a decir a quién se parece el que viene a mí y escucha mis palabras y las pone en práctica. Se parece a un hombre, que al construir su casa, hizo una excavación profunda, para echar los cimientos sobre la roca. Vino la creciente y chocó el río contra aquella casa, pero no la pudo derribar, porque estaba sólidamente construida.
    Pero el que no pone en práctica lo que escucha, se parece a un hombre que construyó su casa a flor de tierra, sin cimientos. Chocó el río contra ella e inmediatamente la derribó y quedó completamente destruida’’.
    6 min
  • Evangelio Del Día Viernes 9 de Septiembre | Ser Misericordiosos | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 09 DE SEPTIEMBRE DE 2022
    Ciclo C - Año II - Color Verde
    XXIII Semana del Tiempo Ordinario
    Liturgia de las Horas Tomo II
    III Semana del Salterio
    Primera Lectura 1 Corintios 9, 16-19. 22-27
    Salmo 83
    Evangelio Lucas 6, 39-42

    “¿Puede un ciego guiar a otro ciego?”

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Cor 9, 16), declaraba san Pablo. Si a nosotros el Señor Jesús nos ha cambiado la vida, y nos la cambia cada vez que acudimos a Él, ¿cómo no sentir la pasión de darlo a conocer a todos los que conocemos en el trabajo, en la escuela, en el edificio, en el hospital, en distintos lugares de reunión? Si miramos a nuestro alrededor, nos encontramos con personas que estarían disponibles para iniciar o reiniciar un camino de fe, si se encontrasen con cristianos enamorados de Jesús. ¿No deberíamos y no podríamos ser nosotros esos cristianos? Os dejo esta pregunta: «¿De verdad estoy enamorado de Jesús? ¿Estoy convencido de que Jesús me ofrece y me da la salvación?». Y, si estoy enamorado, debo darlo a conocer. Pero tenemos que ser valientes: bajar las montañas del orgullo y la rivalidad, llenar barrancos excavados por la indiferencia y la apatía, enderezar los caminos de nuestras perezas y de nuestros compromisos. (Angelus, 6 diciembre 2015)


    Reflexión del Evangelio de hoy (Sor Mª Ángeles Calleja O.P.)
    Revisión oftalmológica para los ojos del corazón
    Proyección lo llama el psicoanálisis clásico freudiano al mecanismo de defensa utilizado por la persona en la que impulsos, sentimientos y deseos propios se atribuyen a otro objeto (sea persona, fenómeno, cosa externa).

    La cuestión viene de lejos. Ya el autor sagrado recrea en el relato de la caída (Gén 3) un escenario cuyo denominador común se concentra en que el ser humano, a toda costa, busca eximirse de su actuación errada, buscando para ello -a tiempo y destiempo- un chivo expiatorio donde depositar el contubernio montado, quedando así inmaculado (según su planteamiento) y por ello con derechos para arbitrar los despropósitos ajenos, intentando a toda costa enmendar la plana al que ha sentado en el banquillo de los acusados.

    El Maestro es categórico al respecto, formulando una cuestión que le sirve para sajar la ceguera y actuar como colirio para la misma: «- ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?» (Lc 6,39)

    Hoyo que simboliza parálisis en el crecimiento integral del ser humano por abundancia de oscuridad, que no es otra cosa que ausencia de luz. Bien lo recita el refranero popular con aquello de: «Consejos vendo y para mí no tengo».

    La parábola que el texto lucano pone en boca de Jesús, se convierte en piedra de clave que sostiene la estructura de la naturaleza esencial que somos, haciendo frente a las trampas en que se mueve el falso yo, invitándonos a transitar de manera permanente el camino del conocimiento de uno mismo, pudiendo decir con San Pablo: «Corro, no al azar; lucho, no contra el aire; sino que entreno mi cuerpo y lo someto, no sea que, después de proclamar para otros, quede yo descalificado» (1ª Cor 9, 26-27).

    El apóstol de los gentiles es sabedor del peligro de los maquillajes, lifting y demás postizos que son garante de una «corona que se marchita» (v. 25); de facto, de disfrute limitado con la consiguiente insatisfacción.

    La corona incorruptible, de la que se hace vocero S. Pablo, invitando a acoger -a tiempo y a destiempo-, al que es la Buena Noticia, con rostro y nombre concreto: Jesús, llamado el Cristo.
    Aquel del que se canta según la oda de Gat, de los hijos de Coré, en el Salmo 83: «Dichoso el que encuentra en ti su fuerza y tiene tus caminos en su corazón»(v.6)

    La sociedad de cada tiempo y la nuestra en grado superlativo vende el sentido de la vida en estuche de programas emocionales de felicidad, diseñados a medida del ego y por ello, infectados de autorreferencialidad, -como insiste hasta la saciedad el papa Francisco-, siendo por ello botín de cajón desastre.

    La Buena Noticia no se cifra en estar exentos de problemas, combates, contrariedades, contratiempos, sino que «cuando atravesamos áridos valles, los convertimos en oasis» (v.7), porque quien se definió como «el Camino» (Jn 14,6) se convierte en camino del caminante… y entonces se encarnan aquellas letras del poema de D. Antonio Machado: «Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar»…la de los perfectísimos, inmaculados… doctorcillos de la vida que se dedican a sacar pajas en ojo ajeno, teniendo vigas en los propios.

    Ea!, que a cada uno se nos tome la tensión ocular… la del corazón, por si tenemos que pedir cita para revisión oftalmológica.


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
    1 Cor 9, 16-19. 22-27
    Hermanos: No tengo por qué presumir de predicar el Evangelio, puesto que ésa es mi obligación. ¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por propia iniciativa, merecería recompensa; pero si no, es que se me ha confiado una misión. Entonces, ¿en qué consiste mi recompensa? Consiste en predicar el Evangelio gratis, renunciando al derecho que tengo a vivir de la predicación.
    Aunque no estoy sujeto a nadie, me he convertido en esclavo de todos para ganarlos a todos. Con los débiles me hice débil, para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos, a fin de ganarlos a todos. Todo lo hago por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.
    ¿No saben que en el estadio todos los corredores compiten, pero uno solo recibe el premio? Corran de manera que consigan el premio. Además, todos los atletas se privan de muchas cosas: ellos lo hacen por un premio que se acaba; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre.
    Así pues, yo corro, pero no a ciegas, y lucho, pero no dando golpes al aire, sino que domino mi cuerpo y lo obligo a que me sirva, no sea que, después de predicar a los demás, quede yo descalificado.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Lucas
    Lc 6, 39-42
    En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos este ejemplo: “¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
    ¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, si no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano”.


    Oración

    Señor, te pido que me enseñes a acondicionar mi ser interno; yo me comprometo a privarme de todo aquello que me daña y que limita mi desarrollo; además de disciplinarme en cada cosa que me edifique para llegar a la estatura del hombre perfecto, hasta tu plenitud.

    Acción

    Hoy cuidaré de ser diligente en mis prácticas diarias de oración y me privaré de algo como parte de la ascesis diaria.
    6 min
  • Evangelio Del Día Jueves 8 de Septiembre | Maria Mujer Elegida | Hoy en Oración
    Evangelio Diario
    LITURGIA - 08 DE SEPTIEMBRE DE 2022
    Ciclo C - Año II - Color Blanco
    XXIII Semana del Tiempo Ordinario
    Liturgia de las Horas Tomo II
    III Semana del Salterio
    Primera Lectura Romanos 8, 28-30
    Salmo 12
    Evangelio Mateo 1, 18-23

    “La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo”

    PALABRAS DEL SANTO PADRE
    La Palabra revela a Dios (…) precisamente por medio de las Escrituras, nos revela el rostro de Dios como el de Aquel que se hace cargo de nuestra pobreza y le preocupa nuestro destino. No es un tirano que se encierra en el cielo, esa es una fea imagen de Dios, sino un Padre que sigue nuestros pasos. No es un frío observador indiferente e imperturbable, un Dios “matemático”. Es el Dios con nosotros, que se apasiona con nuestra vida y se identifica hasta llorar nuestras mismas lágrimas. No es un dios neutral e indiferente, sino el Espíritu amante del hombre, que nos defiende, nos aconseja, toma partido a nuestro favor, se involucra y se compromete con nuestro dolor. Siempre está presente allí. Esta es «la buena noticia» (v. 18) que Jesús proclama ante la mirada sorprendida de todos: Dios es cercano y quiere cuidar de mí, de ti, de todos. Y este es el modo de tratar de Dios: la cercanía. (Homilía, Domingo de la palabra de Dios, 23 enero 2022)


    Reflexión del Evangelio de hoy (Fray Salustiano Mateos Gómara O.P.)
    Natividad de Nuestra Señor
    La virgen concebirá y dará a luz un hijo
    La gran profecía anunciada por los profetas y anhelada por el pueblo de Israel, a lo largo de los siglos, se orienta a la llegada del Mesías. Es el punto final de un camino que estuvo salpicado por la esperanza de que, pese a todas sus infidelidades, Dios no abandonaría a su pueblo, sino que enviaría a quien establecería una Nueva y definitiva Alianza. María va a tener un especial protagonismo al convertirse en la madre de esa gran promesa, Jesús. Ella es esa “virgen que concebirá y dará a luz un hijo”, tal como anunció Isaías.

    El hecho de su nacimiento es lo que hoy celebramos. Desde antiguo esta fiesta, posiblemente desde el siglo V en Oriente, ha sido una llamada a recordar el comienzo de su historia. Lo que sabemos de su vida más allá de los textos evangélicos, lo sabemos por el protoevangelio apócrifo de Santiago. Los evangelios no nos cuentan nada del acontecimiento que hoy conmemoramos. La presencia de María en los textos sagrados está toda orientada a Jesús, el Hijo de Dios. Por eso, no necesitamos datos concretos del contexto de lo que fue su llegada a este mundo. Sabemos lo que definió su vida: su entrega y fidelidad al plan de Dios para que se hiciera en ella lo que la Palabra del Señor pedía. De esa entrega y fidelidad surge todo lo que significa María en la historia de la salvación.

    El evangelio nos habla del nacimiento de Jesús en medio de una familia sencilla que pone frente a nosotros a María y a José. María con su seguridad de haber respondido a la petición de Dios para traer al mundo a Jesús y a José con sus dudas e incertidumbres ante lo desconocido. Ellos ofrecieron a Jesús el marco para desarrollar su vida en Nazaret y recibir lo que todo hombre que llega a este mundo necesita: amor hecho de ejemplos concretos de vida.

    El comienzo de todo nos retrotrae al acontecimiento fundamental en la vida de María que no es otro que la Anunciación. María es contemplada como el mejor ejemplo de lo que significa vivir en cristiano. Ella es madre y discípula; ella es modelo de disponibilidad y entrega a la voluntad de Dios. Su “hágase en mi según tu palabra” es una manifestación plena de confianza en Dios a quien entrega su vida.

    La fiesta de su nacimiento nos recuerda que la Virgen María vino al mundo sin pecado original; por eso es pura, santa y así recibirá al autor de la gracia dispuesta de la forma más digna para acoger a Jesús, para ser la madre de Dios hecho hombre.

    Celebrar la natividad de la Virgen María nos sitúa ante la figura de la Madre del Señor, para aprender a estar disponibles, para acoger y aceptar lo que Dios tiene reservado a cada uno, asumiendo con todas las consecuencias, nuestra aportación a la obra de la salvación.

    San Juan Damasceno (675-749) predicó, un 8 de septiembre en la Basílica de Santa Ana, en Jerusalén, un hermoso sermón que sirve de colofón a este comentario:
    “¡Ea, pueblos todos, hombres de cualquier raza y lugar, de cualquier época y condición, celebremos con alegría la fiesta natalicia del gozo de todo el Universo. Tenemos razones muy válidas para honrar el nacimiento de la Madre de Dios, por medio de la cual todo el género humano ha sido restaurado y la tristeza de la primera madre, Eva, se ha transformado en gozo. Ésta escuchó la sentencia divina: parirás con dolor. A María, por el contrario, se le dijo: Alégrate, llena de gracia!”.

    Alabemos a Dios por su misericordia. Ensalcemos a María, madre nuestra por su generosidad al aceptar ser la Madre del Salvador y madre nuestra.


    LECTURA DEL DÍA
    Lectura de la profecía de Miqueas
    Miq 5, 1-4
    Esto dice el Señor:
    “De ti, Belén de Efrata,
    pequeña entre las aldeas de Judá,
    de ti saldrá el jefe de Israel,
    cuyos orígenes se remontan a tiempos pasados,
    a los días más antiguos.
    Por eso, el Señor abandonará a Israel,
    mientras no dé a luz la que ha de dar a luz.
    Entonces el resto de sus hermanos
    se unirá a los hijos de Israel.
    Él se levantará para pastorear a su pueblo
    con la fuerza y la majestad del Señor, su Dios.
    Ellos habitarán tranquilos,
    porque la grandeza del que ha de nacer llenará la tierra
    y él mismo será la paz’’.


    EVANGELIO DEL DÍA
    Lectura del santo evangelio según san Mateo
    Mt 1, 18-23
    Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.
    Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.
    Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.


    Oración

    Madre María, enséñame a ser cómo tú, a tener un corazón dócil, a llenarme de la gracia de Dios y sobre todo, a decir siempre "sí".Ruega por nosotros santa madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de nuestro Señor Jesucristo.

    Acción

    Hoy imitaré con más tesón tres valores fundamentales en María:

    1. Su humildad.
    2. Su comunión con Dios.
    3. Y su actitud de servicio constante.
    7 min

About Hoy En Oracion (5 Minutos de Oracion En El Hogar)

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¨Donde dos o tres se reúnen a orar en mi nombre, allí estoy yo, en medio de ellos.¨ -Mateo 18: 19-20
Oraciones, lecturas y alabanzas de cada dia. Las oraciones y lecturas son publicadas en Cinco…