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“Mientras yace en una celda, un prisionero del Señor, Pablo aún está preocupado por el futuro del evangelio. Su mente ahora piensa en la maldad de los tiempos, en la timidez de Timoteo. Timoteo es tan débil, y la oposición tan fuerte.” (John Stott)
Habrá hombres egoístas (amadores de sí mismos) φίλαυτος fílautos: Esto es ciertamente característico de nuestra época presente, cuando los hombres y las mujeres son motivados a amarse a sí mismos. Se le dice a la gente que se ame a sí misma incondicionalmente y que este tipo de amor es el fundamento para una personalidad humana saludable.
No necesitamos ser motivados a amarnos a nosotros mismos; ese amor está en nosotros por naturaleza. Tampoco debemos ser enseñados a odiarnos a nosotros mismos, pero como dijo Pablo en Romanos 12:3: Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado. Debemos vernos como lo que realmente somos – tanto lo malo que somos en la carne, como la gloria de lo que somos en Cristo Jesús.
“Mientras yace en una celda, un prisionero del Señor, Pablo aún está preocupado por el futuro del evangelio. Su mente ahora piensa en la maldad de los tiempos, en la timidez de Timoteo. Timoteo es tan débil, y la oposición tan fuerte.” (John Stott)
Los postreros días es un término amplio en el Nuevo Testamento, lo suficientemente amplio para que uno pudiera decir que los postreros días empezaron con el nacimiento de la Iglesia en el Día de Pentecostés (Hechos 2:17). Los días del Mesías marcarían los postreros días; sin embargo, el término es apropiado especialmente para la temporada que fue justo antes del regreso de Jesús y la consumación de todas las cosas.
Las características que Pablo describirá no hablan de tiempos malos, sino de personas malas. “Debemos tener en cuenta que la dureza o el peligro de este tiempo, no son, desde la perspectiva de Pablo, guerras, hambre o enfermedades, ni ninguna otra calamidad o dolencia que pueda afectar al cuerpo, sino los malvados y depravados caminos de los hombres.” (Juan Calvino)
»¡Tengan cuidado! —advirtió a la gente—. Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes». Lucas 12:15
Nuestra obsesión por las cosas tiene un alto precio. Gastamos el 110 por ciento de nuestro ingreso disponible tratando de administrar la deuda. ¿Quién puede mantenerse al día? ¡Nadie puede!
Jesús advierte en Lucas 12:15: “Absténganse de toda forma de avaricia”. La codicia viene en muchas formas. Avidez de aprobación. Apetito de aplausos. Apetencia de status. La codicia tiene muchas formas pero un solo símbolo: el de más. Dice el Qohelet en 5:10: “Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente. ¡También esto es absurdo!”
La única manera de sentirse pleno es sentirse realizado. La única forma de sentirnos realizados es comprender que todo lo que tenemos emana de Dios, y él nos da exactamente todo lo que necesitamos. ¡Todo está en préstamo! ¡Y, algún día, tendremos que devolverlo todo, comprobándolo en las puertas del cielo!
El que estaba sentado en el trono dijo: «¡Yo hago nuevas todas las cosas!» Y añadió: «Escribe, porque estas palabras son verdaderas y dignas de confianza». Apocalipsis 21:5
La gente suele decir: “¡Vos podés ser lo que quieras ser! Ser un barrendero, un abogado o un empresario. Hasta presidente si realmente te importa. Podés ser lo que quieras ser, si trabajás duro”. ¿Pero podés? Me pregunto… si Dios no puso dentro de nosotros el sentido carnal de un carnicero; las habilidades sociales de un vendedor; o la visión del mundo de un presidente; ¿se puede ser uno? Tal vez uno infeliz, insatisfecho. ¿Pero uno que se sienta completo? No.
¿Puede una semilla de mandarina convertirse en una rosa o una ballena volar como un pájaro? No se puede ser lo que quieras ser. ¡Pero se puede ser todo lo que Dios quiere que seamos!
“Hago nuevas todas las cosas” declara en Apocalipsis 21:5. No nos dio los talentos de nuestro abuelo, las habilidades de una tía lejana o la inteligencia matemática de nuestro hermano. Él personalmente y deliberadamente nos dio dones que son personales. ¡Vivamos con lo perfecto que Dios nos dio!
Si Timoteo se permite ser arrastrado a acaloradas discusiones sobre minucias, se apartará de las cuestiones principales, se arriesgará a tomar el camino inferior de las meras argumentaciones humanas y quedará expuesto a una posible pérdida de respeto por parte de los demás. Tales discusiones son inútiles de todos modos y, lo que es peor, sirven “para destruir a los oyentes” (v. 14). Pablo también habla de las “palabrerías profanas” de los falsos maestros, y, aunque sus enseñanzas se extiendan, la implicación es que Timoteo no puede contenerlas mediante controversias al nivel de ellos y, de hecho, las discusiones contribuyen en realidad a su extensión. El consejo que Pablo da nos recuerda la sabiduría del libro de Proverbios.
Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo. (2 Corintios 10:5)
No somos robots, ni víctimas de nuestros pensamientos. Tenemos elección, tenemos una voz. ¡Podemos ejercitar la libertad de elegir nuestros pensamientos!
Cuando tenemos días malos decimos: “No me hables”, "Estoy de mal humor." Como si un estado de ánimo fuera un lugar en el que estamos secuestrados, cuando en realidad es una emoción que permitimos.
También decimos: “No te metas con él o con ella, tiene mal carácter. ¿Es el carácter algo que tenemos como un resfriado o una gripe? ¿O realmente tenemos elección?
Pablo nos dice que destruyamos o capturemos (llevemos cautivos) cada pensamiento: nos da la impresión de que somos soldados y los malos pensamientos son nuestros enemigos. En el momento en que se nos vienen a la cabeza, tenemos que entrar en acción porque tenemos la capacidad de hacerlo. El egoísmo, la envidia, la bronca, ¡tienen que estar fuera de nuestro territorio!
¡Capturar pensamientos es difícil! ¡Pero podemos hacerlo!
Tributen al Señor, seres celestiales, tributen al Señor la gloria y el poder. Tributen al Señor la gloria que merece su nombre; póstrense ante el Señor en su santuario majestuoso. Salmos 29:1-2
Cuando pensamos en adoración, ¿Qué se nos viene a la mente? ¿Cuáles son las imágenes mentales que se proyectan en el imaginario de la iglesia en general?. ¿Son canciones motivacionales? ¿Oraciones dramáticas gritadas vehementemente? ¿Sermones irrelevantes pero cargados de emoción? ¿Qué es la adoración?
La esencia de la adoración es muy simple: dar a Dios la honra que se merece; ¡reconocer la grandeza de Dios!
Pablo nos transmite en Colosenses 3:17: “Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él.”.
La adoración, es un estilo de vida, es acción, es actitud. ¡Es la vida misma!
Cada cristiano es un instrumento, de acuerdo a las condiciones que reúne, buenas o malas, su afirmación es hecha en términos muy generales: «si alguno se limpia de estas cosas». Se describe en palabras simples pero hermosas: «será instrumento para honra», y esto se amplía con tres expresiones adicionales: «santificado» (apartado permanentemente), «útil al Señor» (al servicio del amo de la casa) y «dispuesto para toda buena obra». No podríamos imaginar un honor mayor que ser un instrumento en las manos de Jesucristo, y estar a su disposición para el avance de sus propósitos, dispuestos cada vez que sea requerido para su servicio.
Desde las cálidas palabras de ánimo de 2:1-10y el elevado mensaje de 2:11-13, nos encontramos de repente volviendo al mundo de la iglesia de Éfeso con sus falsos maestros. No hay discontinuidad, pues el versículo 14 se refiere a lo que acababa de decir con la exhortación “no dejes de recordarle estas cosas”. Pero el recordatorio que hace Timoteo debe ir acompañado de una advertencia, algo tan serio que se hace “delante de Dios”.
Así Pablo coloca a estas dos clases de maestros en contraste y ofrece un ejemplo de cada uno.
Mi propósito es cerrar de cierto modo, a través de este ultimo mensaje, lo que vimos a lo largo de los capítulos anteriores, no solo con lectura, sino con las palabras y acciones que surgieron en el trayecto, y como lo que vimos de Jesús y la vida de la iglesia da sentido a la nuestra de una forma sorprendente.
Lo primero que tenemos que considerar es que Jesús realmente vivió, murió y resucitó, conocer sin lugar a dudas que la historia de la Pascua contiene “veracidad histórica” y que es la clave para entender la historia de la humanidad, y para saber sobre ello tenemos los evangelios, esos documentos históricos que cuentan la historia de Jesús.
La Semana Santa termina bien. No termina en la cruz, ni en la muerte, ni con la soledad del sábado. Termina con la aparición del Cristo Resucitado, recorriendo las calles de Galilea y/o Jerusalén. Algunos mensajes en este domingo para nuestra vida cristiana:
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