La soberanía de Dios es su autoridad absoluta y su control perfecto sobre toda la creación, de modo que nada ocurre fuera de su voluntad, conocimiento y propósito eterno. Dios gobierna todas las cosas para la gloria de su nombre y el cumplimiento de sus decretos, incluyendo la salvación de su pueblo. En su amor y misericordia, Dios tomó la iniciativa de salvar a los suyos por medio de Jesucristo, no por obras, méritos o decisiones humanas, sino según el beneplácito de su voluntad. Dios soberanamente elige, llama, regenera, justifica y preserva a su pueblo, asegurando que toda la gloria pertenezca únicamente a Él.