Mateo 24:14; Romanos 10:14-15.
Aún hay más de 3.000 pueblos aún esperando escuchar por primera vez el nombre de Jesús, y en este preciso momento, Dios está mirando esta congregación y preguntando: “¿A quién enviaré?”. La respuesta no está en un continente lejano; está en sus manos, en sus rodillas dobladas, en sus recursos administrados con sabiduría, en sus corazones dispuestos a decir: “Heme aquí, envíame a mí”.