Karina Mariani Editoriales

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By karina marianiNewsPolitics
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Karina Mariani Editoriales episodes

  • El control de alquileres o la crónica de un suicidio global
    La embestida contra la propiedad privada de los últimos años es más fuerte, está bien financiada y coordinada. El objetivo es claro: el propietario como actor social debe ser anulado: ya no sólo se impide que los propietarios determinen el precio o la duración de los contratos, hay sucesivos ataques contra las viviendas que no salen del mercado, se busca impedir a los propietarios verificar los antecedentes penales y crediticios de quienes pretendan alquilar y se ha llegado a imponer como regla que la primera persona que aparezca se queda con la unidad. Nueva York aprobó el derecho del inquilino a transferir su contrato sin necesidad de permiso del dueño.
    Cuando se atan todos estos cabos, resulta evidente que el objetivo de fondo es que la vivienda sólo sea poseída y gerenciada por los gobiernos. Pocas veces un ataque contra la propiedad fue tan exitoso como subrepticio. Luego, irremediablemente, serán los gobiernos los encargados de exponer la oferta, organizar los alquileres, poner el precio, determinar la mejor locación para las personas según su sabio entender. El Gobierno determinará quién permanece, quién puede o no pagar según el control de ganancias e ingresos, si el espacio es demasiado o el lujo excesivo. Es seguro que luego determine según el crédito social quién debe ser expulsado, el “bien común” basado en una emergencia o una alarma serán suficiente justificativo. El control de alquileres es sólo el primer paso. El resto de la historia es bien conocido.
    por Karina Mariani
    16 min
  • ‘Lockdown Files’, la orgía de poder de los mediocres
    En cualquiera de nuestros países se infligió un daño masivo, se pisoteó el Estado de Derecho y todas las libertades individuales, se sentenció a los viejos a morir solos y se los expuso a tratamientos innecesarios mientras se los privaba de los cuidados más básicos y hasta del Sol, se prohibió la medicina preventiva, se suspendieron operaciones, trabajos y viajes, se quebró a los adolescentes disparando las cifras de suicidios, trastornos mentales y adicciones. Ahora tenemos ante nuestros ojos una prueba palpable de cómo y con qué facilidad se hizo. El desprecio que estos hombres, en cualquiera de nuestros países, han mostrado por los ciudadanos es el verdadero escándalo. Ninguna mentira, amenaza o encubrimiento les pareció inmoral, nadie se disculpó, nadie se retiró avergonzado. Si Matt Hancock cayó, no fue por su inutilidad o maldad sino por su lujuria. Pero no la lujuria atrapada in fraganti junto a su amante Gina, sino la lujuria frente al poder y la impunidad, tanta que lo llevaron a entregar las pruebas de sus delitos creyendo que eran los elementos para su relanzamiento político.
    Increíblemente, seguimos expuestos, en cualquiera de nuestros países, a estas narrativas del temible destino venidero. Y se multiplican los Matt Hancock para divulgar cualquier alarma o emergencia de moda, poniendo siempre como solución más poder y tamaño del gobierno. Pero no se puede separar la manipulación de la opinión pública de los esfuerzos de la sociedad por creer en burócratas charlatanes y estafadores. Ante los crecientes y palpables riesgos que los Matt Hancocks representan para nuestras vidas, lo menos que podemos hacer es desconfiar por default y ver en las alarmas perpetuas lo que realmente son: una herramienta de control social.
    por Karina Mariani
    14 min
  • El caso Dilbert o el triunfo de la Teoría Crítica de la Raza
    La TCR ha logrado en pocos años barrer con la idea de que somos individuos, capaces de razonar entre nosotros como iguales y en cambio ha instalado que somos involuntarios representantes de construcciones raciales en lucha permanente. Así es como se llega al grupo de acontecimientos que protagonizaron Adams, los entrevistados que sostenían que «no está bien ser blanco» o los participantes del video.
    «Yo tengo un sueño, que un día en las coloradas colinas de Georgia, los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad» decía Martin Luther King apuntando a la igualdad entre individuos, y no parece que la exaltación de estereotipos y de prejuicios sea el camino para lograrlo. No se busca combatir el racismo si se lo promueve acusando a las personas no por sus actos sino por su color de piel, y esto es exactamente lo que hace la TCR. Por eso, es preocupante el abandono de toda racionalidad, que surge de las expresiones de Adams, de la encuesta y del video. Todos estos eventos son un claro indicio del éxito de la TCR, combatirla es un imperativo moral.
    por Karina Mariani
    16 min
  • Ciudades de 15 minutos, ensayo de gulag
    por Karina Mariani
    Si nuestros planificadores (que hasta ahora no han sumado un sólo beneficio a nuestras vidas, justo es decirlo) lograran aplicar estas incubadores gigantes de 15 minutos y aún así los ciudadanos siguieran desplazándose, los gobiernos no tardarían en imponer su sueño de inmovilidad por la fuerza con leyes draconianas y confiscatorias hasta llegar a la justicia penal. En Oxford ya se ha propuesto la implementación de este modelo que divide la ciudad en 6 zonas y los habitantes tienen que pedir permiso a las autoridades para salir de su zona. Además, se cuenta el número de veces que una persona sale y se establece un tiempo máximo para estar fuera, guardando registro de estos datos de la vida privada. Esto mismo se implementó en varias localidades en todo el mundo durante la covidcracia. En París, Madrid o Buenos Aires, por ejemplo, ya se prohíbe y castiga conducir por el centro. El futuro llegó hace rato.
    Toda esta charlatanería financiada con nuestros impuestos busca el mismo aislacionismo de siempre: procura despegar a los individuos del asidero que impulsó el desarrollo de la humanidad. Nuestros planificadores son perseverantes e intransigentes, tienen la caja de herramientas para imponer su relato y quien se oponga siempre será negacionista, conspiranoico y extremo, ya hemos visto esta película a repetición. Pero por más propaganda buenista que inventen, la “Ciudad de 15 minutos” no es una ciudad sino un gueto, un “no lugar” destinado a matar toda libertad, un ensayo de gulag.
    17 min
  • La revolución molecular: respirar es conspirar
    Editorial de Karina Mariani
    Dice Guattari que “Conspirar quiere decir respirar juntos y es por eso que somos acusados…”. Por décadas Occidente financió la estructura educativa de quienes estaban determinados a demoler su propia civilización. Ahora ya no les alcanza con cambiar la correlación de fuerzas, sino que apuestan a demoler la correlación de valores. De ahí la importancia de entender cómo funciona la Revolución Molecular, esa detección y clasificación de conflictos con los que acudir ante los gobiernos para exigir que se visibilice, que se atienda tal demanda, no importa cuán ridícula, efímera, injusta o minoritaria sea. Luego exigir que se alcance un consenso que, de producirse, desencadenará nuevas movilizaciones de nuevos deseos moleculares y se saldrá a la calle para ejercer una nueva insurrección para volver a coercionar para un nuevo consenso. Es un loop porque la violencia y la crisis son maneras de gobernar la atipia. Se trata de un proceso sin fin que corre el arco cada vez que se patea el penal. Un proceso en donde respirar es conspirar.
    17 min
  • La loca aventura de Mao en Canadá
    Editorial de Karina Mariani
    En la condena a la reeducación de Peterson, tal vez no sea Peterson la víctima más castigada, sino la democracia liberal usada de estropajo para esconder la tiranía progresista. Si la prostitución de los mecanismos institucionales públicos y privados son un arma de adoctrinamiento y disciplinamiento ideológico. Si la justicia responde sólo a su propia supervivencia permitiendo que el prevaricato, la desigualdad ante la ley y los estados de emergencia vayan contra las libertades individuales. Si, en definitiva, la falsificación del sistema genera una insatisfacción que lo dinamite desde dentro, ya no serán necesarios grandes dictadores para someternos, bastarán unas pocas leyes y unos grises burócratas arrastrados. La Gran Revolución Cultural habrá sido un éxito.
    13 min
  • Jim Baker: Nuestro hombre en Twitter.
    La gravedad de lo expuesto por la saga “Twitter Files” debería haber sentado en el banquillo a la familia presidencial y a los directores de las agencias de inteligencia. También debería haber disparado una investigación sobre la manipulación de la información durante la criminal sucesión de políticas globales alrededor del bichito de Wuhan ya nombrado. Un letal escándalo debería tener lugar en relación a las presiones y colusiones que existen desde el poder político para aplicar la censura y, (atención) recién se está escarbando la superficie de los documentos acumulados.
    Pero, al igual que en Nuestro hombre en la Habana, la conspiración es too big to fail, y es por eso que los “Twitter Files”, a pesar mostrar algo tan obvio como el plano de una aspiradora, se pierden en los entresijos de las noticias y no están en los titulares de los grandes medios. En cuanto a Baker, seguramente ya está mimetizado en algún otro lugar, inventando o intercambiando información, mientras todos pensamos que esas cosas sólo pasan en las novelas.
    por Karina Mariani
    17 min
  • ¡Andá pa´allá, bobo!
    La hipocresía que ha develado este mundial es algo que pasará a la historia. Partiendo de la sumisa aceptación de la flagrante homofobia qatarí, blandamente denunciada con unos gestitos imbéciles como taparse la boca o poner la bandera lgtb en un angulito minúsculo de una remera que no se usa, en lugar de plantarse y no ir; continuando con la doble vara de haberse pasado 40 años criticando a quienes festejaron la copa del 78 para ir a regodearse con las bondades de la dictadura del Emir Tamim bin Hamad Al Thani, y su capricho construido sobre miles de trabajadores muertos en condiciones de semiesclavitud. Sin olvidarse del feminismo que en occidente combate idioteces pero que guarda silencio en países donde las mujeres tienen los mismos derechos que las mascotas. Y ni que hablar de los que llaman al ahorro de los privados: “fuga de capitales” mientras llenan las tribunas de Qatar de funcionarios que no son más que vampiros de las arcas públicas. Hay que agradecer a este mundial el ser una aplanadora de caraduras.
    Para tapar sus incongruencias y desvergüenzas, el wokismo omnipresente se ha convertido en sommelier de ceremonial y etiqueta. Inspectores de modales ajenos que son incapaces de resistir la emocionalidad del triunfo, porque la emocionalidad del triunfo implica orgullo, defensa del logro propio, rechazo del victimismo, autoconfianza y osadía. La emocionalidad del triunfo implica sacar el pecho, una bravura indigerible para los que promueven un mundo donde la única emoción válida sea el resentimiento de los ofendiditos.
    por Karina Mariani
    15 min
  • Bonafini: síntoma y enfermedad
    por Karina Mariani
    Las bancas no están diseñadas para el postureo personal. Algo mal estamos haciendo cuando permitimos que se homenajee en el Congreso de la Nación a una persona como Bonafini. La excusa de la solicitud de una bancada es procaz, no hicieron ni pidieron silencio para las víctimas de los terroristas, no lo hicieron para policías acribillados cotidianamente, no lo hicieron para las víctimas de la guerra narco. Las condolencias personales se expresan en el plano íntimo, las condolencias expuestas para el postureo político hablan de un apoyo y de una empatía necesariamente. Por eso, en su momento, el kirchnerismo se encargó de tapar el minuto de silencio para Nisman con un aplauso por el cumpleaños de Néstor, para no mostrar empatía o solidaridad con el fiscal asesinado.
    Que el kirchnerismo desee amortizar su consorcio usándola post mortem tiene todo el sentido del mundo. Hemos escuchado decir que Néstor, su fundador, nos vigila desde un satélite nacional y popular. El kirchnerismo puede decir cualquier cosa. Pero que el resto de la clase política no entienda que cuando están en una banca tienen una obligación y lealtad representativa es gravísimo. Funcionan bajo una agenda contraria a los intereses y valores de quienes representan. Se sostienen por un andamiaje logístico electoral cada día más desprestigiado. Viven para el corto plazo y al ritmo de la ley del más fuerte. La muerte de Bonafini es un triste síntoma de una enfermedad para la que la clase política no tiene remedio.
    14 min
  • ¿Quién mató a Shanti de Corte?
    por Karina Mariani
    Con todo, y aún en el pleno respeto de las decisiones individuales y la soberanía ante la propia vida, no podemos ni naturalizar ni congratularnos ante el surgimiento de este nuevo “derecho”, estamos ante una tragedia que debemos procurar evitar como evitamos tantos otros males con tanto éxito. Cuando una sociedad acepta la muerte como un servicio proporcionado por el Estado para solucionar cualquier grado del sufrimiento humano, ya no sabemos ni de qué clase de sociedad ni de qué clase de Estado estamos hablando.
    Pronto quienes tengan menos acceso a tratamientos contra el dolor, contra enfermedades crónicas que resulten agotadoras, quienes tengan poca contención emocional, quienes pasen por depresiones severas o por un momento profundamente trágico, quienes padezcan adicciones o sean más vulnerables psíquicamente a la propaganda de la panacea terminal serán víctimas de un sistema cuya solución ante la adversidad consista en eliminar, sin más, al angustiado, en lugar de atender su angustia. Y todo este andamiaje entregado al poder del Estado según el superior entender de un burócrata y su corte de expertos. ¿No entendimos ya cómo funciona ese matrimonio? ¿Estamos dispuestos a conceder al Estado, también, esa licencia? ¿Qué clase de sociedad desea ser cómplice de ese mandato?
    16 min

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