La alegría del amor.
Año de la Familia

La alegría del amor. Año de la Familia

By Raquel G.Kids & Family
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La alegría del amor. Año de la Familia episodes

  • Cuando la familia está a la defensiva y no vive la felicidad
    En la Iglesia a veces se ofrecen servicios a los matrimonios, pero no siempre éstos reflejan la actitud de Jesús.
    Leemos en la exhortación Amoris laetitia Nro.38: "Debemos agradecer que la mayor parte de la gente valora las relaciones familiares que quieren permanecer en el tiempo y que aseguran el respeto al otro. Por eso, se aprecia que la Iglesia ofrezca espacios de acompañamiento y asesoramiento sobre cuestiones relacionadas con el crecimiento del amor, la superación de los conflictos o la educación de los hijos. Muchos estiman la fuerza de la gracia que experimentan en la Reconciliación sacramental y en la Eucaristía, que les permite sobrellevar los desafíos del matrimonio y la familia.(...) En el mundo actual también se aprecia el testimonio de los matrimonios que no sólo han perdurado en el tiempo, sino que siguen sosteniendo un proyecto común y conservan el afecto. Esto abre la puerta a una pastoral positiva, acogedora, que posibilita una profundización gradual de las exigencias del Evangelio. Sin embargo, muchas veces hemos actuado a la defensiva, y gastamos las energías pastorales redoblando el ataque al mundo decadente, con poca capacidad proactiva para mostrar caminos de felicidad. Muchos no sienten que el mensaje de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia haya sido un claro reflejo de la predicación y de las actitudes de Jesús que, al mismo tiempo que proponía un ideal exigente, nunca perdía la cercanía compasiva con los frágiles, como la samaritana o la mujer adúltera".
    3 min
  • Cuando el amor se vive como si fuera una red social
    Hay síntomas preocupantes que atacan el interior de la familia. Leemos en Amoris laetitia Nro.
    39. «cultura de lo provisorio». Me refiero, por ejemplo, a la velocidad con la que las personas pasan de una relación afectiva a otra. Creen que el amor, como en las redes sociales, se puede conectar o desconectar a gusto del consumidor e incluso bloquear rápidamente. Pienso también en el temor que despierta la perspectiva de un compromiso permanente, en la obsesión por el tiempo libre, en las relaciones que miden costos y beneficios y se mantienen únicamente si son un medio para remediar la soledad, para tener protección o para recibir algún servicio. Se traslada a las relaciones afectivas lo que sucede con los objetos y el medio ambiente: todo es descartable, cada uno usa y tira, gasta y rompe, aprovecha y estruja mientras sirva. Después, ¡adiós! El narcisismo vuelve a las personas incapaces de mirar más allá de sí mismas, de sus deseos y necesidades. Pero quien utiliza a los demás tarde o temprano termina siendo utilizado, manipulado y abandonado con la misma lógica. Llama la atención que las rupturas se dan muchas veces en adultos mayores que buscan una especie de «autonomía», y rechazan el ideal de envejecer juntos cuidándose y sosteniéndose."
    4 min
  • Cuando el individualismo invade nuestra familia. Nueva Temporada: realidad y desafíos.
    "El bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia. Son incontables los análisis que se han hecho sobre el matrimonio y la familia, sobre sus dificultades y desafíos actuales. Es sano prestar atención a la realidad concreta, porque «las exigencias y llamadas del Espíritu Santo resuenan también en los acontecimientos mismos de la historia», a través de los cuales «la Iglesia puede ser guiada a una comprensión más profunda del inagotable misterio del matrimonio y de la familia». No pretendo presentar aquí todo lo que podría decirse sobre los diversos temas relacionados con la familia en el contexto actual. Pero, dado que los Padres sinodales han dirigido una mirada a la realidad de las familias de todo el mundo, considero adecuado recoger algunos de sus aportes pastorales, agregando otras preocupaciones que provienen de mi propia mirada", dice el Papa Francisco en la exhortación Amoris laetitia n. 31.
    3 min
  • Familia grande y corazón más grande
    Una familia de corazón grande integra con mucho amor
    "a las madres adolescentes,
    a los niños sin padres,
    a las mujeres solas que deben llevar adelante la educación de sus hijos,
    a las personas con alguna discapacidad que requieren mucho afecto y cercanía,
    a los jóvenes que luchan contra una adicción,
    a los solteros, separados o viudos que sufren la soledad,
    a los ancianos y enfermos que no reciben el apoyo de sus hijos,
    «incluso los más desastrosos en las conductas de su vida».
    La familia grande, "También puede ayudar a compensar las fragilidades de los padres, o detectar y denunciar a tiempo posibles situaciones de violencia o incluso de abuso sufridas por los niños, dándoles un amor sano y una tutela familiar cuando sus padres no pueden asegurarla." A. L.197
    2 min
  • La familia, como un inmenso árbol
    En el árbol familiar cada miembro encuentra su lugar, aprende a amar y ama a los demás. Aman con un corazón cada vez más grande, porque todos encuentran lugar en ese corazón. Dice el Papa Francisco: "Además del círculo pequeño que conforman los cónyuges y sus hijos, está la familia grande que no puede ser ignorada. Porque «el amor entre el hombre y la mujer en el matrimonio y, de forma derivada y más amplia, el amor entre los miembros de la misma familia —entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas, entre parientes y familiares— está animado e impulsado por un dinamismo interior e incesante que conduce la familia a una comunión cada vez más profunda e intensa, fundamento y alma de la comunidad conyugal y familiar». Allí también se integran los amigos y las familias amigas, e incluso las comunidades de familias que se apoyan mutuamente en sus dificultades, en su compromiso social y en su fe". A.L. 196
    3 min
  • En la familia aprendemos a ser hermanos
    En casa aprendemos a ser hermanos, aprendemos a compartir, a ser solidarios. Dice el Papa Francisco en su exhortación: "Crecer entre hermanos brinda la hermosa experiencia de cuidarnos, de ayudar y de ser ayudados. Por eso, «la fraternidad en la familia resplandece de modo especial cuando vemos el cuidado, la paciencia, el afecto con los cuales se rodea al hermanito o a la hermanita más débiles, enfermos, o con discapacidad». Hay que reconocer que «tener un hermano, una hermana que te quiere, es una experiencia fuerte, impagable, insustituible», pero hay que enseñar con paciencia a los hijos a tratarse como hermanos. Ese aprendizaje, a veces costoso, es una verdadera escuela de sociabilidad. En algunos países existencia una fuerte tendencia a tener un solo hijo, con lo cual la experiencia de ser hermano comienza a ser poco común. En los casos en que no se haya podido tener más de un hijo, habrá que encontrar las maneras de que el niño no crezca solo o aislado".A.L 195
    3 min
  • La vida en la familia grande...
    La familia crece en el amor cuando se abre y se expresa en los actos pequeños de cada día abrazando a todos.
    Dice el Papa Francisco en Amoris Laetitia: "El pequeño núcleo familiar no debería aislarse de la familia ampliada, donde están los padres, los tíos, los primos, e incluso los vecinos. En esa familia grande puede haber algunos necesitados de ayuda, o al menos de compañía y de gestos de afecto, o puede haber grandes sufrimientos que necesitan un consuelo. El individualismo de estos tiempos (...) no brinda más paz y felicidad, sino que cierra el corazón de la familia y la priva de la amplitud de la existencia". A.L 187. Lee también los números 188,189 y 190, y descubre el tesoro que tenemos en nuestros padres y la felicidad de ser hijos amados.
    3 min
  • Un amor que se alimenta y nutre a la familia

    Alimentación saludable... Que no falten los nutrientes necesarios para estar sanos, fuertes y con energía. Es importante cuidar la alimentación espiritual de la familia para reforzar el deseo de fraternidad, el sentido social y el compromiso con los necesitados.

    Respecto a la alimentación del espíritu y del cuerpo, hacemos referencia a recibir el mismo Cuerpo y Sangre de Jesús que nos hace crecer en el amor dentro de la familia y para con los demás, abiertos a las necesidades de nuestros hermanos. Leemos en Amoris Laetitia N°186: "La Eucaristía reclama la integración en un único cuerpo eclesial. Quien se acerca al Cuerpo y a la Sangre de Cristo no puede al mismo tiempo ofender este mismo Cuerpo provocando escandalosas divisiones y discriminaciones entre sus miembros. Se trata, pues, de «discernir» el Cuerpo del Señor, de reconocerlo con fe y caridad, tanto en los signos sacramentales como en la comunidad, de otro modo, se come y se bebe la propia condenación (cf. v. 11, 29). Este texto bíblico es una seria advertencia para las familias que se encierran en su propia comodidad y se aíslan, pero más particularmente para las familias que permanecen indiferentes ante el sufrimiento de las familias pobres y más necesitadas. La celebración eucarística se convierte así en un constante llamado para «que cada cual se examine» (v. 28) en orden a abrir las puertas de la propia familia a una mayor comunión con los descartables de la sociedad, y, entonces sí, recibir el Sacramento del amor eucarístico que nos hace un sólo cuerpo. No hay que olvidar que «la “mística” del Sacramento tiene un carácter social». Cuando quienes comulgan se resisten a dejarse impulsar en un compromiso con los pobres y sufrientes, o consienten distintas formas de división, de desprecio y de inequidad, la Eucaristía es recibida indignamente. En cambio, las familias que se alimentan de la Eucaristía con adecuada disposición refuerzan su deseo de fraternidad, su sentido social y su compromiso con los necesitados".


    3 min
  • Vivir la fecundidad del amor
    ¿Pensaste en la importancia de dejar huellas en la sociedad?. De aquí que sea necesario desarrollar otras formas de fecundidad, salir de sí en la búsqueda solidaria.
    Recuerdo casos donde familias a veces alojan a amigos de los hijos con problemas en sus familias.
    Familia fecunda que mira el ejemplo de la Sagrada Familia. Es una familia cercana, sencilla, integrada al barrio, al pueblo con normalidad. Es una familia que no juzga ni desprecia a los otros.
    El matrimonio que experimenta la fuerza del amor sabe que ese amor lo llama a sanar heridas de los abandonados, a instaurar la cultura del encuentro y a luchar por la justicia. Dios llama a la familia para que haga doméstico el mundo, para sentir a todos como hermanos.
    Hay necesidad por todos lados de una robusta inyección de espíritu familiar.
    Que la familia sea abierta y solidaria, que le haga espacio a los pobres, a los que no pueden retribuir.
    Las familias con el testimonio y las palabras hablan de Jesús, despiertan el deseo de Dios y muestran la belleza del Evangelio, del estilo de vida que propone.
    Hay un llamado a ser matrimonios cristianos que dan un color especial a lo gris de la sociedad. Este tipo de familia hacen presente el amor de Dios en la sociedad. Leamos de la exhortación Amoris laetitia los puntos 181 al 184 y renovemos el espíritu de nuestras familias.
    4 min
  • Padres que adoptan, padres admirables, generosos que aman de verdad
    Adoptar es el acto de amor de regalar una familia a quien no la tiene. Es un gran desafío, te complica la vida... por eso es un acto generoso de amor, te hace mediador del Amor de Dios. Cuesta abrir las puertas del corazón, de la casa y del matrimonio, pero es posible cuando el amor es verdadero.
    Leemos en la Exhortación Amoris Laetitia (178, 179 y 180)
    "Muchas parejas de esposos no pueden tener hijos. Sabemos lo mucho que se sufre por ello. Por otro lado, sabemos también que «el matrimonio no ha sido instituido solamente para la procreación [...] Por ello, aunque la prole, tan deseada, muchas veces falte, el matrimonio, como amistad y comunión de la vida toda, sigue existiendo y conserva su valor e indisolubilidad». Además, «la maternidad no es una realidad exclusivamente biológica, sino que se expresa de diversas maneras».
    La adopción es un camino para realizar la maternidad y la paternidad de una manera muy generosa, y quiero alentar a quienes no pueden tener hijos a que sean magnánimos y abran su amor matrimonial para recibir a quienes están privados de un adecuado contexto familiar. Nunca se arrepentirán de haber sido generosos. Adoptar es el acto de amor de regalar una familia a quien no la tiene. Es importante insistir en que la legislación pueda facilitar los trámites de adopción, sobre todo en los casos de hijos no deseados, en orden a prevenir el aborto o el abandono. Los que asumen el desafío de adoptar y acogen a una persona de manera incondicional y gratuita, se convierten en mediaciones de ese amor de Dios que dice: «Aunque tu madre te olvidase, yo jamás te olvidaría» (Is 49,15).
    «La opción de la adopción y de la acogida expresa una fecundidad particular de la experiencia conyugal, no sólo en los casos de esposos con problemas de fertilidad [...] Frente a situaciones en las que el hijo es querido a cualquier precio, como un derecho a la propia autoafirmación, la adopción y la acogida, entendidas correctamente, muestran un aspecto importante del ser padres y del ser hijos, en cuanto ayudan a reconocer que los hijos, tanto naturales como adoptados o acogidos, son otros sujetos en sí mismos y que hace falta recibirlos, amarlos, hacerse cargo de ellos y no sólo traerlos al mundo. El interés superior del niño debe primar en los procesos de adopción y acogida». Por otra parte, «se debe frenar el tráfico de niños entre países y continentes mediante oportunas medidas legislativas y el control estatal».
    3 min

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Familia, escuela de amor, perdón y alegría.