La Emprescuela

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By Jesús LópezBusinessMarketing
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La Emprescuela episodes

  • 78. Qué canales de comunicación utilizar en un negocio online
    ¡Muy buenas emprendedores! En el episodio de hoy vamos a hablar sobre comunicación. Vamos a ver qué es un canal de comunicación, qué tipos de comunicación existen y cuál deberíamos elegir en función del negocio que queramos montar.
    Qué es un canal de comunicación
    Un canal de comunicación es la forma que elegimos de ponernos en contacto con otra persona.
    Dependiendo del tipo de negocio que tengamos, podremos implementar:
    Canales de comunicación sincrónicos: aquellos que requieren que ambas partes se pongan en contacto a la vez. Por ejemplo, el teléfono
    Canales de comunicación asincrónicos: son vías de comunicación que no requieren que los interlocutores se comuniquen al mismo tiempo. Por ejemplo, el email o un sistema de chat
    Algunos de los canales de comunicación principales son:
    El teléfono
    El email
    El chat
    Las videoconferencias
    Los foros
    Qué tipos de comunicación tendré en mi negocio
    Para poder gestionar correctamente la comunicación que tengamos con otras partes en nuestro negocio, os aconsejo que diferenciéis entre comunicación interna y externa:
    Será comunicación interna aquella que se desarrolle dentro de la organización de la empresa. Yo incluyo aquí también a aquellos colaboradores que, si bien no tienen un contrato de trabajo, se encargan de ayudar en ciertas tareas internas del negocio
    Será comunicación externa aquella que tengamos con nuestros proveedores y clientes
    Lo que os recomiendo que hagáis es que elijáis canales concretos para cada tipo de comunicación. Nosotros tenemos algunos canales que solo utilizamos entre nosotros, mientras que tenemos otros que solo utilizamos con los clientes. Esto nos permitirá tener una comunicación mucho más eficaz y organizada.
    ¿Qué canales de comunicación utilizo?
    Si tenéis un negocio digital, creo que esta propuesta os podría encajar:
    Para gestionar la comunicación interna, un sistema de mensajería a través de chat (como Google Chat o Slack), que incluso podemos segmentar a través de grupos y etiquietas. Otras herramientas que también influirán en la comunicación interna serían: Google Calendar, Google Drive, Trello, etc
    Para gestionar la comunicación externa, creo que lo que mejor funciona es el email. Es un canal de comunicación asincrónico, que nos permitirá optimizar la forma de respuesta a todos los mensajes que nos lleguen, y que además deja una copia por escrito de todo lo que se habla. Opcionalmente, también podéis implementar un sistema de chat con clientes. Yo para esto recomiendo WhatsApp Business, ya que todos los clientes suelen utilizar WhatsApp. Con estas dos vías de comunicación, debería ser más que suficiente para la gran mayoría de negocios online. De hecho, nosotros WhatsApp Business sólo lo utilizamos con los clientes, ni siquiera lo ofrecemos a personas que aún no son clientes.
    Opcionalmente, para gestionar grandes cantidades de personas, se pueden crear foros. Para esto, la herramienta que más me convence es Discord, ya que nos permite mucha flexibilidad y es muy fácil de implementar.
    ¿Y qué pasa con el teléfono?
    Ya lo he dicho muchas veces y no me cansaré de decirlo: no uséis el teléfono en negocios online. Y si lo usáis, usadlo estratégicamente.
    La razón no es simplemente que no quiera hablar con la gente, es que es un canal que tiene una capacidad para interrumpir increíble. Si un cliente potencial necesita hablar por teléfono, podéis hacer dos cosas: o cuadrar una reunión por videoconferencia, o llamarle vosotros a la hora que acordéis. Lo que no haría sería dejar que nos llamen sin avisar. Básicamente, porque hay otros medios mucho más eficaces para poder resolver problemas (por teléfono sólo puedes ayudar a una persona a la vez).
    Esta es la razón de que siempre recomiende utilizar WhatsApp. Si un cliente necesita ayuda urgente, va a tardar menos en escribirte un WhatsApp que en llamarte. Y si lo que quiere es hablar largo y tendido, se puede cuadrar una reunión por Google Meet para hablar tranquilamente. De esta forma podremos agendarlo y no dejar el resto de cosas sin hacer.
    Eso sí, si ofrecéis atención por chat, tened en cuenta que los clientes esperarán una respuesta rápida, por lo que poned un horario de atención al cliente donde contestéis al minuto, y una respuesta automática en caso de que no estéis disponibles, donde mencionéis el horario de atención al cliente.
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    14 min
  • 77. Cómo crear un discurso de ventas
    ¡Muy buenas emprendedores! En el episodio de hoy vamos a hablar sobre cómo elaborar paso a paso un discurso o guión de ventas.
    Para que os hagáis una idea, os pongo en situación. ¿No habéis llamado alguna vez a una pizzería, y os han atendido de una forma un poco mecánica? De hecho, si vais físicamente a la pizzería, veréis cómo los empleados tienen un papel en la pared que van leyendo según hablan por teléfono.
    No es exactamente lo que vamos a hacer en el episodio de hoy, pero con esto creo que más o menos habrás entendido por dónde voy. Los señores de las pizzerías, al hacer eso, están consiguiendo:
    Que no se les olvide preguntar por los datos de contacto
    Asegurarse de dar la información relevante a todo el mundo
    Seguir una metodología para atender a todos por igual
    Aunque en las pizzerías el resultado queda un poco robótico, vamos a quedarnos con esta idea para adaptarlo a vuestros negocios, pero de forma un poquito más personalizada.
    Qué es un discurso de ventas
    Un discurso de ventas es el método que se utiliza para transmitir un mensaje al cliente potencial, de forma que consigamos dos cosas:
    Darle toda la información relevante sin que se nos olvide nada
    Persuadirle para que tome acción
    La gran ventaja de crear nuestro discurso de ventas, es que podremos estudiar detenidamente lo que vamos a querer decir (de forma general), viendo aquellos puntos que sean más importantes para convencer a los clientes. Lo estudiamos en privado, lo elaboramos lo mejor posible y lo tendremos listo para cuando tengamos que hablar con nuestros clientes.
    No se trata de leerlo como un robot, ni de no salirnos de ahí cuando tengamos que hablar con clientes. Se trata de tener una guía, una referencia. El objetivo es asegurar cierta calidad en nuestras conversaciones, para que no se nos olvide nada con los clientes, y tener preparados ciertos puntos en la reunión para intentar llevar al cliente a nuestro terreno.
    Si intentamos hacerlo improvisando, no nos va a salir, pero si tenemos ciertas preguntas estratégicas que hacerle al cliente, y sabemos dónde hacer nuestro CTA, tendremos muchas más probabilidades de que nos salga bien.
    Cómo preparar nuestro discurso de ventas
    Para hacerlo de forma sencilla, elaboraremos nuestro discurso dividiéndolo en tres partes:
    Contacto inicial
    Propuesta
    Llamada a la acción
    Veamos rápidamente lo que podemos hacer en cada una de las partes.
    Contacto inicial
    Es muy importante que cuando hablamos por primera vez con una persona, tengamos ya preparada una forma de presentarnos y algunas preguntas con las que recopilar cierta información básica.
    Por ejemplo, en el caso de que estemos haciéndolo por teléfono, se podría hacer algo como:
    Gabinete de psicología Pepito, le atiende Fulanito, ¿en qué le puedo ayudar?
    Por favor, ¿podría indicarme su nombre y un método de contacto?
    Estas dos sencillas frases bastarían para introducirnos en una llamada telefónica con un cliente potencial. Así, saludaremos o iniciaremos una conversación con todos los contactos por igual, y nos aseguraremos de quedarnos con el nombre y el teléfono o el email de la persona con la que hablamos, cosa que nos será muy útil más adelante.
    Propuesta
    Una vez tenemos los datos de contacto de la otra persona, nos interesaremos por saber con el máximo de detalle cuál es su problema y qué es lo que está buscando. Siguiendo con el ejemplo anterior, algunas cosas que podemos hacer serían:
    Seguir recopilando datos personales: edad, si ha ido alguna vez al psicólogo, y cualquier otro dato relevante para ayudar a esa persona con más precisión
    Hacerle preguntas concretas para que nos dé información sobre su problema: ¿qué le ocurre?; ¿qué le gustaría conseguir con la terapia?; ¿está tomando algún tipo de medicación?, etc.
    Dejar que el cliente hable. Aquí, el objetivo es saber tirar del cliente para que nos dé la información que nos tiene que dar, y mientras, ir tomando notas de aquellas cosas relevantes que el cliente nos diga. Esto nos servirá para ofrecerle una propuesta personalizada
    Ofrecerle una propuesta con uno de nuestros productos o servicios, atendiendo a toda la información que hemos obtenido. Si el cliente la rechaza, seguir preguntando y obteniendo información para ofrecerle otra.
    Llamada a la acción
    ¿Qué ocurriría si nos quedamos en el punto anterior? Si bien le hemos ofrecido algo al cliente que en principio debería encajarle, si no le pedimos activamente que haga una acción concreta, el cliente podría no hacer nada (habrá alguna persona que sea más activa y tome acción sin que se lo pidamos, pero muchas simplemente no harán nada).
    Por ello, nuestras negociaciones y discursos de ventas siempre tendrían que finalizar con una llamada a la acción.
    Si ya le hemos ofrecido uno de nuestros servicios, la continuación sería:
    Perfecto Menganito. Para que podamos empezar con la terapia, necesito que me firmes esta solicitud con tus datos, y que abones hoy la reserva para la primera sesión. De esta forma podremos empezar cuanto antes a tratar tu problema. Puedes remitirme la información por email, y abonar la consulta a través de la página web, desde el calendario de reservas.
    Una vez esté abonada la sesión, quedará reservada y no tendrás que hacer nada más. Si tienes cualquier duda o cualquier problema, nos puedes escribir por email o llamarnos a este número de teléfono. ¡Un saludo!
    Como veis, hemos seguido un pequeño guión que podremos adaptar a cada cliente. No se trata de hacerlo exactamente igual con todos, sino de tener ciertos pasos que sí tomaremos con cada cliente, para que tengamos más opciones de conseguir captaciones.
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    15 min
  • 76. El coste de oportunidad
    ¡Muy buenas emprendedores! En el episodio de hoy vamos a hablar sobre un concepto que se utiliza mucho en economía, que creo que es crucial para cualquier emprendedor. Se trata del coste de oportunidad, algo que nos afecta a todos queramos o no, ya que cada vez que tomamos una decisión, estamos renunciando a tomar cualquier otra.
    Vamos a ver en qué consiste, cómo calcularlo y cómo podemos lidiar con nuestro coste de oportunidad.
    Qué es el coste de oportunidad
    El coste de oportunidad se define como aquello a lo que renunciamos por tomar una decisión. No tiene por qué ser un coste económico, ya que hay costes de diferentes tipos:
    Coste de tiempo
    Coste de esfuerzo
    Coste tecnológico
    Coste monetario
    Al final, un coste no es más que la utilización de recursos para conseguir un fin. Todo aquello que queramos hacer, tendrá algún coste asociado. Siempre.
    Si queremos pintar nuestra habitación, habrá un coste elijamos lo que elijamos:
    Nuestro tiempo y el coste de los materiales si pintamos nosotros
    Nuestro dinero si pinta un pintor
    Este es el “gran problema” del coste de oportunidad. Que analizando cualquier situación de esta forma, siempre vamos a tener un coste. El coste de elegir.
    Cómo calcular mi coste de oportunidad
    El coste de oportunidad, antes de empezar, no es un coste que vayas a poder contabilizar como si fuese una factura a pagar. Es un coste invisible, no va a salir dinero de tu cartera (o sí, depende) por tener un coste de oportunidad. Ya que, como decía antes, el coste de oportunidad lo vas a tener siempre.
    El coste de oportunidad variará en función de la situación en la que te encuentres. La forma de calcularlo, es dar un valor económico a aquello a lo que renuncias por tomar una decisión. Y no será siempre el mismo. No es como ponerle un precio a un producto.
    Algunos ejemplos para que aprendas a calcular tu coste de oportunidad:
    Si decido ejecutar yo un servicio, renuncio a mi tiempo libre (incalculable). Si decido contratar a alguien para que ejecute por mí un servicio, renuncio al dinero que le entrego a mi empleado.
    Si decido limpiar yo mi oficina cada día, renuncio quizás a una hora diaria de tiempo. Si decido contratar a una persona que limpie por mí, renuncio al dinero que me cuesta dicha persona.
    Si decido ir a una reunión en transporte público y tardo 5 horas en lugar de las 2 horas que tardaría en coche, renuncio a 3 horas de mi tiempo. Si decido ir en coche, renuncio al coste de la gasolina, que podría ser mayor que lo que cuesta el transporte público.
    Si decido hacerme yo la comida cada día, renuncio a 1 ó 2 horas diarias de tiempo. Si decido ir a comprar comida preparada, renuncio al dinero que pago por la comida.
    Si estoy valorando realizar 2 inversiones, una que me proporcionará 10.000€ de ingresos, y otra que me proporcionará 8.000€, al elegir la inversión de 10.000€ estaré renunciando a los otros 8.000€, y viceversa.
    Cómo minimizar mi coste de oportunidad
    Como llevamos diciendo todo el episodio, no es posible eliminar el coste de oportunidad. Lo siento. Lo que sí puedes hacer, es minimizarlo.
    Tampoco quiero que te obsesiones y analices racionalmente cada decisión que tomas en tu vida, por pequeña que sea. No es necesario. Lo que sí deberías hacer es analizar aquellas decisiones importantes que te afecten como emprendedor. Sobre todo en materia de dinero y tiempo.
    Para mí, el coste más importante al que me enfrento cada día, y que no puedo evitar utilizar por el mero hecho de estar vivo, es el tiempo. El tiempo pasa quiera o no quiera. Y es el recurso que más me fastidia perder.
    Gastar más o menos dinero, me da un poco igual, la verdad (siempre siendo coherentes, obviamente). Pero perder el tiempo, me fastidia muchísimo. Por ello, yo te recomendaría que intentes evitar utilizar tu tiempo en tareas que sean de escaso valor en la medida de lo posible.
    Delega todo lo que puedas, y externaliza todo aquello de lo que no puedas o no te quieras encargar. Veo a muchos autónomos intentando hacerlo todo ellos solos, y no tiene ningún sentido. Un emprendedor tiene un único objetivo: desarrollar su proyecto y hacer la vida más fácil a sus clientes con él. Es en eso en lo que te tienes que centrar.
    Si no sabes de impuestos, deja de intentar aprender a hacer tu propia declaración de la renta y contrata a un gestor. Si no sabes de páginas web, utiliza alguna herramienta que sea más sencilla que desarrollarte tu propia web por ti mismo, o paga a alguien para que te la haga. Y así con todo.
    Si te desvías lo menos posible y centras tus esfuerzos en hacerle la vida más fácil a tus clientes, tu proyecto despegará.
    Y esto es aplicable a la vida en general, no solo al emprendimiento. Si tienes la capacidad económica de que otras personas te ayuden con aquello que se te da peor, aprovéchalo. Compra tiempo con tu dinero siempre que puedas, y utiliza ese tiempo para generar más dinero, o para disfrutar, o para lo que quieras.
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    18 min
  • 75. No hagas esto en tu página web
    ¡Muy buenas emprendedores! En el episodio de hoy vamos a hablar sobre cosas que odio de algunas páginas web.
    Es muy frecuente que cuando alguien que no sabe mucho de hacer páginas web, intente crear diseños muy complicados que además son muy poco usables. Ya sabéis que yo abogo por la sencillez ante todo, y en el episodio de hoy voy a mencionar algunos puntos que yo, como usuario, odio cuando entro en algunas páginas web que parece que no quieren que naveguemos por ellas. ¡Vamos a ello!
    Los sliders
    Entras en una web, y te plantan una imagen gigante, a veces incluso con un texto y un botón que están dentro de la imagen (que no se puede pulsar), y que va rotando cada ciertos segundos, muchas veces sin dejarte leer lo que pone.
    ¿Lo hacen para vacilarnos, o es en serio? Imagínate al usuario. Intentando leer el slider, y de repente cambia a otra imagen. Y vuelve a intentar fijarse, y vuelve a cambiar de repente, sin que el usuario quiera.
    E incluso si el usuario quisiera leer lo que pone en el slider, ¿se va a tener que tragar todas las diapositivas que queramos ponerle? ¿No sería más eficiente poner toda la información de otra forma?
    Los popups
    Qué rabia me dan los popups. Entras en una web, quieres ver cierta información, y de repente, ¡zas, en toda la boca! Un popup.
    Sinceramente, a nadie le gustan los popups. Pero cuando se trata de construir una web, mucha gente quiere tenerlos en su web. ¿Por qué? Si cuando navegas por Internet no te gusta que te pongan popups molestándote con algo que no te interesa, ¿por qué los pones?
    Este tipo de prácticas lo único que hacen es molestar al usuario, y no creas que porque sea algo que todos los usuarios tienen que ver sí o sí vas a conseguir más suscriptores o más clientes. La gran mayoría van a cerrarlo sin leerlo, y quizás mucha gente se vaya de la web, por pesado.
    Los banners imposibles de cerrar
    Muy relacionado con los popups molestos, son los banners. Estos al menos sirven para que la persona que tiene la web gane algo de dinero con la publicidad. Pero son muy molestos.
    En muchas ocasiones, navegas por Internet porque quieres leer un artículo, y de repente empiezan a cargar banners molestos, que además tardan un ratito en cargar, y que son casi imposibles de cerrar. Que cada vez que le das a la cruz, te equivocas y pinchas en el enlace del anuncio sin querer.
    Si quieres que los usuarios de tu web tengan una buena experiencia de navegación, no pongas banners, por favor.
    Que se muevan las cosas
    Otra cosa horrible. Vas haciendo scroll por la página web y no paran de moverse los textos, las imágenes, los botones… ¿Por qué?
    ¿Qué sentido tiene que se mueva un botón, a ver? ¿Te imaginas yendo al supermercado, y que cuando fueras a coger un producto te movieran la estantería? Pues en una página web es lo mismo. Es como si al entrar en una tienda vieras como se van moviendo las estanterías para colocarse en su sitio, es surrealista.
    Quédate con esto: todo aquello que el usuario no ha solicitado activamente que haga la página web, es porque no quiere que lo haga. ¿Te ha pedido el usuario que se mueva el texto? ¿Ha hecho click en algún sitio para que se muevan las cosas? No, pues déjalas quietecitas.
    Los colorines
    Otra cosa igual, las páginas web que parecen un semáforo. ¿Por qué sobrecargamos tanto de colores algunas webs?
    Sobre todo, la gente que sigue a algunos gurús del marketing, que hacen páginas web con constructores visuales y hablan a los usuarios como si tuvieran 3 años en los textos de la web. Es este perfil de webmaster el que suele poner un color diferente en cada franja de la página web. Colores que normalmente ni se complementan ni quedan bien. Parece que los hayan elegido al azar.
    Por favor, haced webs sencillas de ver. Es decir, elegid 2 ó 3 colores e intentad basar la página web en esa paleta de colores. Con eso es suficiente, no hace falta tener 10 colores y poner un apartado de la web de cada color.
    Y ya ni hablemos de cuando se ponen fondos de colores que no dejan leer bien el texto.
    Las imágenes de mala calidad
    Si utilizáis imágenes, que sean de buena calidad. No me refiero a calidad fotográfica (que también), sino calidad del archivo de la imagen. Que no se vea pixelada en la web.
    No hace falta que pongáis tamaños grandes de imágenes, simplemente elegid el tamaño de la imagen que después se verá realmente en la web. Pero fijaos en que no se vea pixelada, que queda muy mal.
    Los textos que no dicen nada
    ¿No habéis entrado nunca en una página web y os han plantado un texto gigante, genérico y sin imágenes? O las típicas frases filosóficas que las lees y te quedas igual. ¿Qué pinta todo esto en una web?
    En una página web, cada uno de los elementos que pongáis tiene que tener una función. Si un texto simplemente está para decorar, quítalo. Pon aquellos textos que ayuden al usuario o a informarse o a tomar acción, pero no pongas textos bonitos simplemente por rellenar. Lo único que vas a conseguir es quitarle protagonismo a los textos que sí son importantes.
    Que no estén los precios
    Esto es horrible. Vas a un sitio web a informarte sobre si comprar un producto o un servicio, y por mucho que busques no ves los precios. Para saber el precio, tienes que mandar un email, o peor, ¡llamar por teléfono!
    Pero qué estamos, ¿en el siglo XIX? Por favor, si vendéis algo y lo estáis poniendo en la web, poned el precio. Y si no hay un precio fijo, especificad al máximo las características del servicio y poned un desde.
    ¿Te imaginas ir a una tienda y que no estén los precios puestos en los productos? No, porque es ilegal. Pues lo mismo con las páginas web. Da igual que seas un fisioterapeuta y no vendas productos físicos, puedes perfectamente ponerle los precios a la gente.
    Y no te preocupes por tu competencia, porque si es por eso por lo que no los pones, seguramente ya se habrán hecho pasar por un cliente interesado para preguntar los precios y ya se los habrás dicho. Sabrán los precios los de la competencia y no tus clientes, genial.
    Los sonidos inesperados
    He dicho antes que no está bien que una web haga cosas por sí misma sin que el usuario lo solicite. Pues con los sonidos esto es aún más importante. Me he llevado cada susto viendo páginas web que suenan de repente, que no os imagináis.
    Imagínate que entras en una tienda tranquilamente, y sale de detrás de la puerta un señor con un megáfono y te dice: ¡HOLAAAAAAAA! Pues es lo mismo que le haríamos a la gente si ponemos un sonido así porque sí en nuestra página web. No lo hagáis.
    Los menús que ocupan media pantalla
    Para terminar, otra cosa que me fastidia mucho de las páginas web es cuando tienen un menú enorme que no me deja ver bien el contenido de la web. He visto sitios web que tenían un menú que quedaba flotante (que queda fijo al hacer scroll) y que ocupaba casi la mitad de la pantalla, sin exagerar.
    Siempre os recomiendo que hagáis menús cortitos, con 4 ó 5 botones como máximo, pero también es importante calcular el espacio que ocupa en la pantalla. Por favor, que ocupe poquito espacio.
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    15 min
  • 74. Cuándo encaja el modelo de las suscripciones
    ¡Muy buenas emprendedores! En el episodio de hoy vamos a hablar sobre las tan utilizadas suscripciones. De hecho, yo también utilizo esta forma de pago en La Emprescuela, y la verdad es que me chirría ver a muchos negocios en Internet intentando colocarles suscripciones a sus clientes cuando realmente la propuesta de valor que ofrecen no encaja con esa forma de cobrar.
    Veremos algunos aspectos básicos sobre las suscripciones, y cuándo podéis y cuándo no cobrar de esta forma a vuestros clientes. ¡Vamos al lío!
    Qué son las suscripciones
    Para aquellos que viváis debajo de una piedra y no sepáis en qué consiste una suscripción: es un modelo de negocio basado en cobrar un importe periódico a los clientes, a cambio de una propuesta de valor también periódica.
    Quedaos con esto del periódico, porque es fundamental. Periódico significa de forma recurrente, es decir, cada mes, cada trimestre, cada año, etc.
    El ejemplo que puso de moda esto en el mundo, es Netflix. Las suscripciones ya existían antes de Netflix, pero fue esta empresa la que lo popularizó y lo llevó al público general, ofreciendo una propuesta de valor muy rompedora a cambio de una cuota mensual, rompiendo con todo lo que se hacía en el sector hasta entonces.
    Netflix revolucionó el mundo, es así. Netflix cambió la forma en que consumimos contenido en Internet. Se arriesgó, pasó de lo que hacían los videoclubs de toda la vida (cobro por película) e implantó un modelo en el que al fin y al cabo es el usuario quien más gana.
    Netflix lo hizo bien. Y muchos lo están haciendo mal.
    Cuándo utilizar las suscripciones
    Siendo muy concreto: las suscripciones se pueden utilizar cuando aportemos valor periódicamente a nuestros clientes. No hay más misterio. Fin del podcast (no hombre, no).
    La verdad es que la suscripción lo único que hace es que el usuario tenga que decidir una sóla vez. Con otros modelos de negocio, el cliente tiene que tomar la decisión de pago cada vez que quiere consumir, y eso es peor para el consumidor y para el negocio.
    La suscripción expone la propuesta de valor delante del cliente y le dice: te voy a cobrar cada mes este importe, y vas a conseguir esto. ¿Estás de acuerdo? Pues paga aquí.
    Si lo que quieres es tener continuidad con tu cartera de clientes, ofrecerles valor de forma recurrente y tienes una propuesta de valor muy marcada (con unos límites muy claros), puedes utilizar el modelo de negocio por suscripción. Vamos a ver algunos ejemplos:
    La Emprescuela
    Netflix
    Dollar Shave Club
    Un renting de un vehículo
    Una lista de la compra recurrente
    Lo veis, ¿no? Cada vez que el cliente hace un pago, recibe cosas. Lo que no vale, es que el cliente tenga que pagar muchas veces para disfrutar de lo mismo. Que es lo que vamos a ver ahora.
    Cuándo no encajan las suscripciones
    Si tu propuesta de valor es cerrada, es decir, vas a ofrecer al cliente una especie de pack que no se va a ampliar ni va a cambiar, y va a ser siempre la misma, entonces no metas una suscripción en tu negocio.
    El ejemplo que más me enfada de este tipo de suscripciones son algunas aplicaciones que hay en la App Store de iOS. He visto muchas aplicaciones que están muy chulas, pero que te piden pagos cada mes (incluso a veces hasta cada semana) para poder utilizar una aplicación.
    Entendería que una aplicación pueda cobrar una suscripción para poder tener acceso a un servicio (por ejemplo, Netflix, donde no pagas la infraestructura como tal, sino el contenido, que va variando). Pero por ejemplo, ¿una app de notas?
    La app como tal va a ser la misma, aunque incluya actualizaciones. El cliente va a tener siempre la misma aplicación, y no entiendo cómo alguien podría pagar 10€ cada mes por utilizar una misma aplicación. Si calculamos cuánto va a pagar el cliente al final de su ciclo de vida, la aplicación resultaría valer carísima.
    Lo que no vale, es coger el importe que se cobraría normalmente de forma única, y extenderlo en el tiempo por medio de una suscripción. Si el importe que esperas obtener de cada cliente con tu aplicación es de 20€, una de dos: o pones un precio único de 20€ para siempre, o pones una suscripción cuyo valor actual sean esos 20€ (por ejemplo, 1 ó 2€ al mes). Pero no vale cambiar la forma de pago cobrando lo mismo.
    Sí, aquellos que piquen te pagarán mucho más, pero tu propuesta de valor será desastrosa.
    Esto, por ejemplo, nosotros lo aplicamos en nuestras academias. Actualmente en Yo te formo vendemos cursos grabados, pero los vendemos bajo un pago único, ya que son cursos cerrados cuyo temario no va a cambiar, y no nos parece justo intentar colarle a alguien una suscripción mensual para acceder a un curso cerrado.
    Sin embargo, en La Emprescuela vamos subiendo contenido nuevo cada mes, además de tener acceso a otras herramientas (como el formulario privado de soporte) que convierten la plataforma en un servicio, no en un producto. Y dado que los servicios llevan asociadas horas de una persona (en este caso, las mías), han de cobrarse de forma recurrente. El cliente tiene ahí siempre acceso a poder hacer preguntas y a contenidos que se amplían constantemente, por lo tanto podemos cobrarle de forma recurrente.
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    17 min
  • 73. Costes fijos, semifijos, semivariables y variables
    ¡Muy buenas emprendedores! En el episodio de hoy vamos a estudiar un poquito de contabilidad analítica. Y aunque parece muy complejo, es tremendamente sencillo y creo que tener ciertas bases de contabilidad os va a venir bien a todos los que queráis montar un negocio.
    En concreto, hablaremos sobre los tipos de costes que existen. Recordad que en contabilidad analítica hablaremos siempre de costes, no de gastos ni de pagos, que son conceptos diferentes.
    Para hacerlo sencillo, un coste es todo aquello que nos cueste dinero, independientemente de cuándo se genere la obligación de pagar. Con esta breve explicación, creo que vais a poder seguir el episodio sin problemas. ¿Listos?
    Qué son los costes fijos
    De los primeros costes que vamos a hablar son los costes fijos. Creo que son los más sencillos de entender: un coste fijo es aquel en el que tendremos que incurrir independientemente del volumen de producción que alcancemos.
    En cristiano. Imaginemos que vendemos mesas. Para fabricar mesas, necesitaremos de ciertos factores de producción, y algunos de ellos tendrán costes fijos. En especial, el alquiler de nuestro local y, si tenemos, el coste salarial de los empleados (seguridad social + salarios).
    ¿Qué ocurriría en nuestra fábrica si vendemos 0 unidades? Que el local y los sueldos los vamos a tener que pagar igual. ¿Y si vendemos un millón de mesas? Que ese local y esos sueldos los vamos a tener que pagar igual.
    Como veis, este tipo de costes nos es muy beneficioso cuando tenemos volúmenes altos de ventas, mientras que cuando estamos empezando, todo lo que sean costes fijos hará que tengamos más dificultades.
    Qué son los costes semifijos
    Estos seguro que no los habéis escuchado tanto, ¿a que no? Pues es muy sencillo.
    Los costes semifijos son aquellos que son fijos sólo en ciertos intervalos o tramos de actividad. Es decir, pagaremos siempre lo mismo mientras que estemos en un intervalo de producción, pero si pasamos ciertos límites nuestros costes darán un salto de repente, y nos encontraremos en otro tramo de costes.
    Por ejemplo. Imaginad que nuestro proveedor logístico nos cobra una cuota fija cada mes que depende del volumen de pedidos que movamos, y que va por tramos. Es decir, que por ejemplo, pagaríamos 1.000€ por mover entre 300 y 500 paquetes, pero si nos pasamos de 500 entraríamos en la siguiente franja, que sería de 500 a 1000 paquetes, y que cuesta 2.000€, independientemente de que movamos 505 paquetes o 999.
    Estos costes siguen siendo fijos si no nos movemos de nuestro tramo habitual de actividad, pero si nos movemos demasiado, nuestro coste se incrementa sustancialmente, para volver a ser fijo dentro de otro tramo.
    No es tan complicado, ¿no?
    Qué son los costes variables
    Los costes variables son aquellos que fluctúan en función de nuestro volumen de producción. Es decir, más produces, más pagas. Simple.
    Por ejemplo, en la fábrica de mesas, los costes variables más claros serían las materias primas. Si queremos fabricar más mesas, necesitamos más madera. Por lo tanto, a más producción, irremediablemente tendremos que incurrir en más costes.
    Esto es algo beneficioso a corto plazo cuando estamos empezando, pero que cuando tenemos volúmenes grandes nos puede perjudicar mucho contablemente. Por ejemplo, un caso claro de esto en el mundo online es Shopify, que se lleva una comisión por cada venta que realices en su plataforma.
    Cuando estás empezando y facturas poquito, no duele. Pero cuando mueves mucho dinero cada mes, las comisiones pueden llegar a ser muy altas.
    Qué son los costes semivariables
    ¿Cómo que semivariables? ¿No es lo mismo que semifijos? Pues no.
    Hemos dicho que los costes variables varían en función de la producción. Pues los semivariables son parecidos.
    Son costes semivariables aquellos que tienen parte fija y parte variable. Por ejemplo, los suministros: la luz, el agua, etc. Normalmente este tipo de costes tiene una base fija mínima, por lo que si no utilizásemos el servicio, sólo pagaríamos esa base fija. Pero además de la base fija, tienen un componente variable, por lo que según utilicemos el servicio, pagaremos más por los costes variables.
    Los semifijos eran fijos dentro de unos tramos, mientras que los semivariables siempre varían en función del uso, teniendo una base fija.
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    10 min
  • 72. Productos de margen VS de rotación
    ¡Muy buenas emprendedores! En el episodio de hoy hablaremos sobre la diferencia entre dedicarnos a vender productos de margen y productos de rotación, y veremos también qué tipo de producto conviene más en función de la fase en la que estemos como emprendedores. Antes, recordad, como siempre, que donde digo producto también digo servicio, pero no me apetece poner las dos palabras constantemente. Vamos allá.
    Qué son los productos de margen
    Un producto de margen es aquel que podemos vender con un precio alto, y que nos deja un margen económico considerable en cada venta. Es decir, que el precio de venta es muy superior al precio de compra.
    Esto no significa que el producto sea caro, recordad la diferencia entre precios altos y precios caros, esto también lo tenéis más detallado en el curso de pricing. Que el producto tenga un precio alto, significa que necesitaremos poquitas ventas cada mes para poder llegar a nuestros objetivos de facturación.
    Por poner un ejemplo: si nos dedicamos al diseño web, crear una web a medida sería un producto de margen, ya que con cada venta podemos generar quizás unos ingresos de más de 1000€, y el único coste que lleva asociado serían nuestras horas invertidas en diseñar dicha web.
    Si nuestro objetivo de facturación es de 4000€ mensuales, con captar 4 clientes de 1000€ cada mes ya hemos conseguido el objetivo. Y como una sola venta nos proporciona ingresos altos, podremos dedicar cierta parte de nuestro presupuesto a invertir en captación de clientes (por ejemplo, publicidad).
    Qué son los productos de rotación
    Los productos de rotación son aquellos que tienen un precio bajo (que no barato), y que vendemos muchísimas veces a lo largo del mes.
    Para poder llegar a nuestros objetivos financieros cada mes, tendremos que tener un volumen considerable de clientes, ya que necesitamos que haya mucho movimiento.
    Por poner un ejemplo, La Emprescuela (30€ IVA incluido) sería un producto de rotación. Es mucho más escalable que un servicio de margen, pero necesitamos muchas personas apuntadas para poder vivir de ello al mismo nivel que mencionábamos antes. Para llegar a esos 4000€, necesitaríamos 160 personas apuntadas, es decir, 160 ventas cada mes, que no tiene nada que ver con las 4 ventas que mencionábamos antes.
    Este tipo de productos suelen ser mucho más escalables. Es decir, a largo plazo nos van a dar menos trabajo en el día a día (por regla general), pero necesitamos llegar a ese volumen para que funcione, y no es fácil.
    Entonces, ¿qué hago?
    Si eres un emprendedor que está empezando, sinceramente te recomendaría que hagas una mezcla. Veamos un ejemplo con el diseñador web.
    Supongamos que quieres dedicarte a crear las webs de otros emprendedores, autónomos y PYMEs, y que aún no tienes clientes. La estrategia que podríamos hacer sería:
    A corto plazo, sacar un producto de margen. Siempre intentad empezar así, ya que es mucho más fácil captar unos poquitos clientes, aunque tengan un precio mucho más alto, que llegar al volumen (aunque la lógica nos diga lo contrario)
    A largo plazo, tener una mezcla de productos escalables con productos de margen. Si nos dedicamos sólo a vender tiempo y productos de margen (que normalmente llevan tiempo), a largo plazo tendremos un techo. Los productos de margen están genial para arrancar, pero tienen un tope. Por ello, yo iría preparando cierto producto escalable (a poder ser digital) para tener una estructura mixta: productos de margen que nos aseguren una facturación mínima cada mes, y productos de rotación que nos den un extra escalable cada mes, sin tener que invertir más tiempo.
    Por ello, podríamos tener 3 productos:
    Una suscripción para tener acceso a formación y recursos sobre páginas web
    Sesiones individuales de consultoría para dudas puntuales
    El diseño web personalizado a medida
    Con esta estructura básica cubrimos diferentes necesidades y podemos seguir escalando sin que todo dependa de nuestro tiempo.
    Empezar desde cero con un producto de rotación es muy difícil. Por eso hemos puesto el de margen a corto plazo. Porque al principio necesitamos facturar, y convencer a un gran número de personas de que nos paguen es tremendamente difícil. Necesitaremos invertir en publicidad, crear contenido y dejar que vaya pasando el tiempo. Pero las cuotas a la seguridad social, nuestro sueldo y el resto de costes fijos no van a esperarnos. Por eso, tened en cuenta esta estructura desde el inicio, dejando hueco para ir creando otros productos y servicios en el futuro, pero empezad por los productos de margen, que son más sencillos de sacar adelante.
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  • 71. No vendas productos, vende soluciones
    ¡Muy buenas emprendedores! El episodio de hoy va a ir sobre ventas. Muchos pequeños empresarios, con toda su buena fé, obviamente, intentan vender sus productos o servicios de una forma que al cliente no le llama demasiado, o incluso se atascan cuando el cliente dice un primer no en la negociación.
    En el episodio de hoy, lo que quiero que entendáis es que los clientes realmente no están buscando tus productos o servicios porque les apetezca. Están buscando una solución a un problema. Es decir, ven en ti o en tu negocio una posible solución a algo que les molesta, y por eso te contactan y te piden información.
    Un cliente no quiere comprar un producto, ni quiere gastar su dinero. Quiere mejorar su vida en algún aspecto, ya sea que le duele la espalda, que quiere aprender un idioma o que necesita una forma de tener reuniones online con sus clientes. Por eso, el cliente normalmente no va a querer pararse a analizar lo buena que es tu sesión de fisioterapia, o lo maravillosa que es una webcam. Quiere que le quites el dolor de espalda, o que sus clientes le vean bien en una videoconferencia.
    Vamos a ver algunos puntos importantes para que mejoréis un poquito vuestra forma de vender.
    Escucha al cliente
    Parece obvio, pero escuchando se consigue mucho. No me refiero a que simplemente charles con él, sino a que intentes ir un poquito más allá y que intentes interpretar lo que el cliente necesita realmente.
    Muchas veces los clientes no saben lo que quieren. Saben que tienen un problema, o un objetivo al que quieren llegar, pero no son expertos. Hazle preguntas, analiza por qué dice las cosas y verás cómo logras comprender la solución que ese cliente necesita.
    Un error muy común es pararse en lo primero que te dice el cliente. A veces, cuando los clientes contactan, no nos indican directamente el producto o servicio que desean comprar, y es simplemente porque no lo saben. Ven en ti una posible solución, pero no saben exactamente qué es lo que te tienen que decir. Por eso, haz preguntas y detente todo el tiempo que necesites hasta que averigües qué le pasa a esa persona. Como los médicos cuando los pacientes van a la consulta, igual.
    No te centres en las características técnicas
    Algo que echará para atrás a muchos clientes tuyos es invertir demasiado tiempo en describir las características técnicas de los productos (ojo, cuando no es el momento). Hilando con lo que decíamos anteriormente, el cliente no quiere un producto por unas características tangibles y concretas. Quiere pasar de A a B, y para eso, el medio que quiere utilizar es uno de tus productos o servicios.
    En lugar de describir con peros y señales lo bueno o lo malo que es cierto producto, haz ver al cliente una posible solución.
    Cuando llevemos más tiempo hablando con un cliente, sí que podría darse el caso de que el cliente realmente se interese por las características técnicas del producto, y en ese momento podrás extenderte todo lo que quieras, pues el cliente te lo agradecerá. Pero no antes.
    Haz ver al cliente los beneficios reales de tu producto o servicio
    Como decíamos, el cliente quiere ir de A a B. En una primera fase de la negociación, céntrate en que el cliente comprenda que con tu producto o servicio podría llegar a B de una forma eficiente y sencilla.
    Habla en términos que el cliente pueda entender, sin que tenga que ser un experto en la materia, y en lugar de decirle cómo de grande es el producto, cuánto pesa, el color, etc, céntrate en que el cliente vea tu producto como una solución a su problema.
    Si el cliente te dice un primer no, intenta ofrecerle otra solución
    Es muy normal que cuando un cliente nos plantee un problema, y nosotros le ofrezcamos una solución, pueda lanzarnos una objeción. Es que ese horario no me va bien, es que es un poco caro, es que esta marca no me convence, es que me gustaría probarlo antes…
    Esto, es normal. Y si nos quedamos con el primer no, no vamos a conseguir la venta. Por eso, cuando el cliente nos diga el primer no (que nos lo dirá), vamos a intentar ir un poquito más allá e intentar comprender qué es lo que necesita exactamente para ofrecerle otra cosa.
    La clave está en siempre ofrecer otra cosa. En el momento en el que le digas que no puedes ayudarle, se irá. Si el cliente te está preguntando, es porque te ha visto como una opción. Analiza sus objeciones y ofrecele una propuesta de valor que le encaje para solucionar su problema. Un horario nuevo, un precio más reducido con menos cosas, dejarle que pruebe el producto, ofrecerle otra marca, etc.
    Pon ejemplos de otros clientes
    Para esto último que comentábamos, algo que funciona muy bien es poner ejemplos de otros clientes.
    A: Mira, es que este horario no me encaja demasiado, porque llegaría tarde todos los días 5 minutos
    B: No te preocupes, si es por 5 minutos, vas a poder estar en este horario sin problemas. Fulanito llega tarde todos los jueves 20 minutos pero aún así puede seguir las clases sin problemas
    A: ¿Ah sí? Bueno venga, voy a probar.
    Ojo, como os digo siempre, decid cosas que sean verdad. No vale mentir, por supuesto. Pero si tienes otros clientes con una situación parecida y han conseguido solucionarla, ponerles como ejemplo suele funcionar muy bien para que entiendan que la situación no es tan grave como parece.
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  • 70. Qué son los servicios productizados y cómo crearlos
    ¡Muy buenas emprendedores! Episodio número 70 ya. En este capítulo vamos a hablar de un concepto cuyo nombre me he tenido que inventar para el episodio: los servicios productizados.
    El nombre como tal no existe, y simplemente le he puesto este nombre para hacer énfasis en que, aunque estemos hablando de servicios, los vamos a tratar como si fuesen productos. Vamos a ver en qué consiste, qué ventajas tiene con respecto a vender un servicio normal y cómo podéis crear los vuestros.
    Qué son los servicios productizados
    Un servicio productizado consiste en poner unos límites y unas características muy marcadas a un servicio, de forma que podamos venderlo como si fuera un producto.
    La idea es que podamos tener unos “productos” con precios fijos en nuestro negocio, que podamos cuantificar de forma concreta y podamos calcular el número de unidades que hemos de vender para llegar a nuestros objetivos financieros a final de mes.
    La diferencia entre los servicios productizados y los servicios normales, es que no necesitaremos hacer presupuestos a los clientes, ni vender un servicio diferente en cada proyecto. Crearemos unos estándares, con varios planes de precios, que le transmitiremos al cliente con el fin de poder ofrecer una propuesta de valor concreta, con un precio concreto.
    Qué ventajas tienen los servicios productizados
    Trabajar de esta forma, a la larga, nos va a traer algunos beneficios:
    Será fácil calcular el número de servicios que tenemos que vender cada mes
    El cliente entiende fácilmente nuestra propuesta de valor
    Podemos ofrecer precios cerrados a los clientes
    Calcular el tiempo que nos llevará ejecutar dichos servicios será mucho más sencillo
    También será más fácil calcular lo que nos cuesta vender cada servicio
    Ejemplos de servicios productizados
    Veamos algunos ejemplos prácticos de este tipo de servicios:
    La Emprescuela: el cliente paga una cantidad fija cada mes, para acceder a una propuesta de valor concreta cada mes. Los límites están muy marcados, todos los clientes pagan lo mismo y el proceso de ventas es muy corto.
    Clases de una academia: normalmente, las academias hacen esto también muy bien. Pagas una cuota mensual para tener ciertas horas de clase cada semana. Es algo cerrado, y podemos calcular fácilmente lo que necesitaremos para vender dichas clases (profesores, aulas, horas, etc)
    Google Workspace: cada mes pagas una cantidad fija para poder utilizar determinadas herramientas. El cliente entiende perfectamente a qué tiene acceso antes de pagar, y Google sólo ha de centrarse en captar más usuarios.
    Un seguro: muchos seguros funcionan bajo los mismos preceptos. En función de ciertos parámetros, se calcula la cuota que el tomador ha de pagar cada mes, para tener acceso a asegurar ciertos riesgos concretos y tangibles.
    Una hipoteca: de forma parecida a los seguros, el banco estudia la operación que quieres hacer en base a unos criterios cuantitativos, y te vende un “producto” con unos límites y características concretos (un tipo de interés concreto, cuota, plazos, etc)
    Un billete de avión: el precio viene prefijado por la compañía aérea y el cliente sabe exactamente la fecha del vuelo, el precio, la duración y el trayecto antes de comprar.
    Si os fijáis, todos los servicios productizados tienen un denominador común: al tener los límites tan marcados, tenemos la opción de cobrarlos por adelantado, casi como si fuera un e-commerce, donde el cliente puede ver un catálogo de productos en la web y comprarlo directamente por Internet, en muchos casos sin tener que hablar con nadie.
    En qué ocasiones no podemos vender servicios productizados
    Aunque son muy bonitos, porque son más sencillos de gestionar, no siempre podemos ofrecer los servicios productizados. En concreto, no es aplicable cuando nos dedicamos a vender servicios profesionales, donde necesitamos hablar detenidamente con el cliente para ofrecerle un presupuesto a medida para su proyecto, que casi con ninguna probabilidad va a volver a repetirse con otro cliente.
    Por ejemplo, esto es más difícil de aplicar en servicios como:
    Diseño y desarrollo web: el cliente querrá cosas que seguramente no podremos aplicar en otros clientes, por lo que el proceso de ventas será más largo y tendremos que adaptarnos a cada cliente por separado
    Diseño gráfico: logos, ilustraciones, branding, etc. Lo mismo que con el diseño web
    Albañiles, fontaneros, electricistas: en todas estas profesiones, normalmente el profesional va a casa del cliente a valorar el trabajo, para poder ofrecer un presupuesto personalizado y adaptarse a lo que necesita ese cliente en concreto
    Artesanos: si nos dedicamos a vender productos a medida (trajes, por ejemplo), tendremos que hacer una valoración diferente para cada cliente y el trabajo de un cliente podría ser totalmente diferente a lo que quiere otro cliente
    Veis la diferencia, ¿no? Cuando vendemos productos o servicios a medida, no podemos vender como si se tratara de un supermercado o de un e-commerce. No vale el poner unos precios fijos en la web y dejar que el cliente añada al carrito su servicio, ya que cada cliente necesitará algo diferente.
    En este tipo de casos, para poder poner un precio justo para cada cliente, os recomiendo que siempre calculéis el precio en base a los mismos factores. Por ejemplo:
    Horas invertidas (poneos un precio hora, aunque el cliente no lo sepa)
    Materiales
    Coste de personal
    Desplazamientos
    Herramientas y costes extra
    Así os aseguraréis de que no vais a vender vuestros servicios por menos de lo que deberíais en ningún caso.
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    23 min
  • 69. Diferencia entre beneficio, ganancia y rentabilidad
    ¡Muy buenas emprendedores! En este episodio número 69 vamos a resolver algunos conceptos de contabilidad que deberíais manejar con soltura como emprendedores. Vamos a ver la diferencia entre beneficio, ganancia y rentabilidad.
    Ya sé que la mayoría de emprendedores no tenéis formación técnica en finanzas ni contabilidad, pero creo que hay ciertas bases y conceptos que son importantes de entender para comprender si la situación financiera de un negocio es correcta o no.
    ¿No os ha pasado alguna vez escuchar a algún autónomo que dice que gana mucho o poco dinero, cuando realmente se refiere a su facturación? No, los ingresos no son lo mismo que los beneficios, ni los beneficios son lo mismo que las ganancias. Así que vamos allá, que creo que este episodio va a ser bastante interesante.
    Qué son los beneficios en una empresa
    Popularmente se conoce como beneficio a una ganancia neta en la contabilidad de la empresa. Dicho de otra manera, se dice que una empresa tiene beneficios cuando gana dinero, una vez hemos deducido todos los gastos a los ingresos.
    Esto, técnicamente es incorrecto (al menos a nivel contable). Contablemente, los beneficios no son más que una resta: los ingresos menos los gastos. Y por ello, podréis observar en la contabilidad de muchas empresas que hay beneficios negativos. Y esto no es un eufemismo, es que se llama así.
    De hecho, a nivel fiscal, los beneficios negativos son deducibles durante los siguientes ejercicios. Por ello, lo primero que tenéis que entender en el episodio de hoy es que el beneficio de una empresa se calcula restándole a los ingresos todos los gastos, aunque estos sean superiores a los primeros.
    Qué son las ganancias de una empresa
    Ahora sí, se le llaman ganancias a los beneficios positivos. Es decir, cuando hacemos el cálculo del beneficio de una empresa, si este es positivo (es decir, mayor a cero), se dice que esa empresa ha tenido ganancias.
    Recordad que el beneficio es lo que queda de los ingresos cuando deducimos todos los gastos: costes de personal, alquileres, suministros, gastos financieros, impuestos, etc. Si cuando hemos pagado todo esto, queda algo de dinero, eso son ganancias. Aunque sea de céntimos.
    De hecho, ¿no te suena que existe un documento llamado “cuenta de pérdidas y ganancias”? Las pérdidas son lo contrario a las ganancias. Cuando restamos a nuestros ingresos todos los gastos y lo que queda es negativo, hemos perdido dinero, y a eso es a lo que llamamos pérdidas. En la cuenta de pérdidas y ganancias lo que se hace es calcular cuál es la cuantía de dicho beneficio, para poder ponerle nombre.
    ¿Y qué es la rentabilidad?
    La rentabilidad de un negocio es un término algo más complejo de explicar. Antes de entrar en tecnicismos, os voy a poner un ejemplo:
    Imaginad que tenemos un negocio de servicios con el que cada mes facturamos 10.000€. Para poder llegar a este nivel de ventas, hemos de incurrir en los siguientes gastos:
    Un local que cuesta 500€/mes
    2 empleados, que nos cuestan en conjunto 4.000€/mes
    Nuestro sueldo, que es de 2.000€/mes
    Otros gastos, como suministros y material de oficina, por 500€/mes
    Además, para simplificarlo, vamos a suponer que cada mes devengamos unos impuestos (que abonaremos trimestralmente) de 1.000€/mes. Lo que queda neto de las ventas que hemos mencionado antes, sería de 2.000€/mes (10.000 - 7.000 - 1.000). Por lo tanto, sobre los 10.000€, el beneficio neto (2.000€) representa un 20%. Por ello, se dice que hemos tenido una rentabilidad sobre ventas del 20%.
    Imaginemos ahora que, en lugar de facturar 10.000€ cada mes, facturamos 100.000€. Y el conjunto de gastos e impuestos que hemos de pagar para llegar a esos 100.000€, es de 80.000€. En este último caso, la rentabilidad sería del mismo 20%, ya que aunque en términos absolutos hemos ganado más (20.000€ en lugar de 2.000€), en términos relativos estamos siendo igual de eficientes.
    La rentabilidad es un cálculo que nos permite saber cuánto de eficientes estamos siendo para poder llegar a un nivel de ventas objetivo. Porque, ¿de qué nos sirve tener un volumen alto de ventas, si luego el beneficio es muy bajo, o incluso negativo?
    Antes de terminar el episodio, me gustaría decir que es en el margen y en la rentabilidad donde más deberíais fijaros. A menudo la gente se esfuerza por tener más ingresos, porque a priori parece que generamos más dinero, pero no cae en los esfuerzos que estamos haciendo para llegar a dichos ingresos (tanto económicos como personales). Fijaos en el margen, que es lo que nos quedamos al final de todo. ¿Estamos ganando realmente dinero, o simplemente estamos moviéndolo de un lado para otro?
    Un buen ejercicio al terminar este podcast, sería que mirarais rápidamente vuestras cuentas, y calculéis cuál ha sido vuestra rentabilidad efectiva en los últimos meses, o en el último año. Y quizás os deis cuenta de que recortando en alguna partida de gastos, o incluso dejando de lado alguna de vuestras actividades (esto podría pasar), a nivel neto generéis más dinero.
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    9 min

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