La Emprescuela

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By Jesús LópezBusinessMarketing
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La Emprescuela episodes

  • 28. Desde dónde trabajar: casa, coworking u oficina
    ¡Muy buenas emprendedores! En el episodio de hoy vamos a hablar sobre el lugar desde donde montar nuestro negocio online. Al menos yo es un asunto que me he preguntado varias veces: ¿me mudo y trabajo desde una oficina o un coworking, o sigo trabajando desde casa? Vamos a ver las diferentes opciones y sus pros y sus contras.
    Trabajar desde casa
    Esta es la primera que deberíamos pensar siempre que montemos un negocio online. Si estamos empezando con nuestro negocio y no estamos facturando o estamos facturando muy poquito, deberíamos reducir a su mínima expresión los costes del negocio. Y trabajar desde una oficina es más caro que trabajar desde casa, así que la mayoría de vosotros empezaréis trabajando desde casa.
    Yo actualmente sigo trabajando desde casa, ya que me va bastante bien y somos sólo 2 personas, pero podría darse el caso de que vivamos con más gente: hijos, hermanos, otros familiares, algún amigo… En ese caso, y para según qué tipos de trabajo, trabajar desde casa podría llegar a ser un poco molesto. Podría haber ruidos, no estar todo ordenado en todo momento, te pueden interrumpir, etc.
    Aún así, con sus contras, creo que trabajar desde casa es una muy buena opción si tenéis el espacio adecuado. Incluso para un negocio que funcione bien, seguir trabajando desde casa puede ser una muy buena opción.
    Con respecto a esto de trabajar desde casa, constantemente he pensado en 2 opciones para crecer:
    Alquilar o comprar una casa más grande: dado que si trabajamos desde casa estamos aprovechando mucho más el alquiler o la hipoteca que si trabajamos fuera, tenemos una razón para invertir más en un piso. Por ejemplo, si sin trabajar en casa nos íbamos a gastar 500€/mes en un alquiler/hipoteca, quizás podríamos aumentar esa inversión a alrededor de 1000€/mes para trabajar más agusto (y de paso, vivir en una casa mejor).
    Alquilar o comprar otra casa para montar nuestra oficina: otra opción es contar con dos casas. En lugar de pagar 1000€/mes en una casa más grande, podemos alquilar dos de 500€/mes, de forma que separemos aún más el espacio del trabajo del personal. Si podemos hacer que ambas casas estén juntas, mejor que mejor. Además, en caso de que la hayamos comprado, en un futuro le podremos sacar un rendimiento (alquilándola, vendiéndola, etc).
    Trabajar desde un coworking
    Esta segunda opción es una que me parece muy interesante para todos aquellos que tengáis un trabajo de diseñador, programador, SEO, etc. Por una cuota bastante reducida cada mes (lo que he visto oscila entre 100€-300€/mes) tendrás acceso a unas instalaciones modernas, limpias y con todos los servicios que necesitas. Incluso tendrás otros profesionales cerca con los que poder hablar y hacer networking.
    Normalmente en los coworking suele entrar la cuota de Internet (que suele ser bueno), teléfono, recepción (podrás recibir paquetes, cartas, etc), limpieza… Sólo tendrás que preocuparte de pagar la cuota y de ir a tu puesto de trabajo, como si trabajases por cuenta ajena.
    Además, aquí podremos poner otra dirección que no sea la de nuestra casa para todo lo que sea del trabajo, de forma que podamos separar un poquito más nuestra vida personal de la profesional. Y si lo necesitamos, casi todos los coworking suelen incluir salas de reuniones que podemos alquilar por horas para quedar con clientes o para reunirnos con otros miembros de nuestro equipo.
    La desventaja de trabajar en un coworking es que no podremos hacer ciertas cosas, como por ejemplo, utilizarlos para grabar (ya que al haber más personas, seguramente habrá más ruido, tendremos que controlar mucho los horarios si queremos alquilar una sala, etc). Por ello, para lo que nosotros hacemos un coworking no es lo ideal, pero para otras personas seguramente sea la mejor opción.
    Trabajar desde una oficina
    Por último, tenemos la opción más cara, que es montarnos una oficina hecha y derecha. Para ello, podríamos alquilar un local a pie de calle, o como he mencionado antes, alquilar otro piso y hacerlo nuestra oficina (ojo, que si alquilamos un piso habrá determinadas cosas que no podremos hacer por ley).
    Lo más común es alquilar un local. El precio suele partir (al menos donde yo vivo) de los 400€/mes, aunque la mayoría de los locales están en los 600-700€/mes (depende de si están o no reformados, la zona, los metros cuadrados, etc).
    Esta opción deberíais considerarla al final. Si ya lleváis varios años con el negocio activo, y quizás estáis facturando entre 6.000€-10.000€/mes, gastar un poco en una oficina para trabajar más agusto podría tener algo de sentido. Antes, yo no le recomendaría a nadie invertir en una oficina, ya que no es una inversión que vaya a repercutir directamente en el cliente (el cliente está en la web, le da igual desde dónde trabajes).
    Si tu negocio fuera presencial, el local sería un activo muy importante para tu negocio, pero en un negocio online, puedes trabajar desde un polígono si lo prefieres. El cliente no tiene por qué saberlo. Por eso, siempre considera las opciones más asequibles en este concepto, y poco a poco ve escalándolo.
    Espero que te haya gustado este capítulo del podcast, y si es así, no olvides darle me gusta, suscribirte al podcast, compartirlo, y por supuesto, pasarte por La Emprescuela en jesuslopez.site. ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
    20 min
  • 27. Cómo organizar tu tiempo y tus horarios
    ¡Muy buenas emprendedores! En el episodio de hoy vamos a hablar sobre algo muy pero que muy importante para cualquier emprendedor. Vamos a hablar sobre la organización. Os voy a explicar qué hago yo para organizarme y asegurarme de que no se me olvida nada, sin tener que estar todo el día frente al ordenador.
    No midas tu trabajo en horas
    Lo primero que quiero tratar con vosotros sobre este tema, es que creo firmemente que hay que dejar de medir el trabajo en horas. Siempre que he trabajado por cuenta ajena, la norma era que había que cumplir un horario. Y en ciertos trabajos (por ejemplo, gente que trabaja cara al público), tiene todo el sentido del mundo, pero en otro tipo de trabajos (emprendedores, informáticos, diseñadores, etc), medir el trabajo en horas no vale para nada.
    Por ello, lo primero que te quiero transmitir es que dejes de ponerte un horario fijo si eres un emprendedor digital, porque es totalmente inútil. En su lugar, márcate franjas de trabajo flexibles y objetivos tangibles que cumplir cada día.
    Por ejemplo, yo tengo marcados una serie de objetivos cada día, que sé que tengo que cumplir. Y también tengo determinadas franjas horarias en las que siempre me pongo a trabajar (aunque las podría variar si quisiera). Simplemente lo hago para tener una rutina.
    Si he terminado los objetivos diarios, ya me siento libre para poder terminar mi trabajo por ese día. ¿De qué me sirve tener que obligarme a estar 8 horas diarias, si siendo más eficiente en mi trabajo puedo aprovechar más mi día? Si yo todo el trabajo lo acabo en 6 horas, dispongo de más tiempo para otras cosas, ya sea para tareas personales, para ocio o para lo que quiera.
    Eso sí, mucho ojo con esto, porque para que funcione hay que ser disciplinado. No vale ponerse muy pocas tareas a propósito para trabajar menos. Lo que digo es que, si soy un emprendedor y vivo de los resultados que consigo, calentar la silla no me vale para nada. Entonces, ¿por qué tengo que estar 8 ó 10 horas delante del PC?
    Por ejemplo, yo trabajo una media de 34 horas semanales. Aproximadamente, 6 horas de lunes a viernes, y 4 los sábados. Muchas veces también trabajo un pelín algún domingo o festivo, pero no es lo habitual. También hay días que trabajo 10 horas, y días que trabajo 4. Depende de los objetivos que me haya propuesto, de mi estado de ánimo, de la época del año y de muchas cosas.
    Si eres un emprendedor, trabaja por objetivos, no por horas. Y si eres capaz de terminar rápido tu trabajo, pues mejor para ti. Tampoco te sientas mal por trabajar menos de las típicas 8 horas, al fin y al cabo, trabajas para ti.
    Utiliza una agenda digital
    Para poder controlar todas nuestras tareas y objetivos, yo utilizo una agenda digital. En mi caso, Google Calendar. Antiguamente, utilizaba una agenda en papel, y me iba muy bien, la verdad, pero cuando empecé a pasarme al ecosistema de Google, terminé por adaptarme a la agenda digital.
    Sinceramente, me da igual si utilizas una agenda en papel o digital. Lo importante es que te funcione. Yo recomiendo una agenda digital, porque es accesible en cualquier momento. De forma que si yo tengo que ponerme una tarea para mañana que no quiero que se me olvide, directamente la apunto en mi agenda, no tengo que apuntarla en una nota que luego vete tú a saber si se me olvida o no pasarla a Google Calendar.
    Yo utilizo 2 herramientas de Google Calendar para llevar todo el control:
    Los eventos: aquí me apunto las reuniones con otras personas. Esto queda marcado en un día y en una hora específicos, de forma que todos los recuadros que yo veo en mi Google Calendar, sé que son reuniones.
    Las tareas: Google tiene otra funcionalidad dentro del calendario, que es la de añadir tareas. Estas pueden también etiquetarse con un día y una hora, por lo que aquellos objetivos que simplemente son tareas por hacer, pero que no incluyen una reunión con alguien, me las apunto como una tarea. Además, normalmente me las pongo sin hora concreta (las marco como “todo el día”), para que queden arriba del todo en el calendario. Cuando las he terminado, dentro de Google Calendar puedes marcarlas como completadas, y aparecen tachadas en el calendario. Está genial.
    Muy importante: utilizo dos cuentas de Google Calendar. Una personal, donde sólo aparecen eventos o tareas personales, y otra profesional, donde sólo aparece lo del trabajo. Lo que hago para verlo todo desde un mismo calendario, es que me he compartido el calendario personal como un calendario más dentro del calendario del trabajo. Esto lo podéis hacer desde Google Calendar.
    Mi método de organización
    Resumiéndolo un poquito, mi método para organizar todo lo que hago es el siguiente:
    La planificación trimestral
    Todos los trimestres hago una especie de checklist con todo lo que sé que inevitablemente tengo que hacer. De esta forma, las tareas más importantes de cada trimestre quedan directamente apuntadas en mi calendario. Algunas de esas tareas son:
    Los cierres mensuales y trimestrales
    Hacer las guías de contenidos de cada trimestre (tanto para los cursos como para YouTube)
    Los cobros de la academia
    Hacer un pequeño lanzamiento para buscar nuevos alumnos para la academia
    Los exámenes de la academia
    La organización semanal (hacerse la agenda)
    Semanalmente, Laura y yo hacemos lo que hemos denominado “hacer la agenda”. Básicamente, el viernes o el fin de semana nos paramos un rato a pensar en qué objetivos hay que sacar la siguiente semana. De esta forma, todo queda marcado en la agenda de la próxima semana, y cuando llegamos el lunes a trabajar, ya tenemos las tareas puestas en Google Calendar, simplemente tenemos que limitarnos a cumplirlas.
    Si sois un equipo de varias personas, yo lo que haría sería una pequeña reunión semanal cada viernes, de forma que se puedan revisar los objetivos de la semana en curso, ver qué queda pendiente, y poner los objetivos de cada miembro del equipo de la siguiente semana.
    Esto es un ritual que llevo haciendo años y que me funciona increíblemente bien. Cuando estoy trabajando en el día a día, no tengo que perder el tiempo en pensar qué tengo o qué no tengo que hacer. Simplemente lo hago. Y esto, sumado a la eliminación de los ladrones de tiempo, hace que pueda cumplir con mi trabajo en una media de 6 horas diarias.
    Los objetivos diarios
    Por último, todo aquello que nos hemos marcado como objetivos trimestrales o semanales, queda reflejado como una tarea diaria o un evento (una reunión). Esto es lo que yo veo en mi día a día. Yo tengo siempre mi Google Calendar abierto, y sé qué es lo que tengo que hacer ese día, qué me falta y qué he hecho ya.
    Si surge un imprevisto o alguna tarea nueva, simplemente la apunto al momento en el día correspondiente, y me olvido de ella hasta que le toque su turno.
    Actualmente, como he mencionado ya varias veces en este episodio, trabajo una media de 6 horas diarias. Es lo que me he marcado para cumplir con el trabajo y con mis otras tareas personales. Normalmente lo hago repartido en 1-2 horas por la mañana, y 4-5 horas por la tarde (la academia abre por las tardes, por lo que me es más conveniente repartirlo así).
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    22 min
  • 26. El caos al emprender
    ¡Muy buenas emprendedores! En el episodio de hoy vamos a hablar sobre algo que creo que es importante destacar para cualquier emprendedor. Algo que al menos a mí me afecta bastante, y que quiero que veáis como algo normal cuando empecéis un proyecto nuevo. Vamos a hablar sobre el caos. Algo que ocurre de forma irremediable en cualquier proyecto, y que podemos aprender a gestionar.
    ¿Qué es el caos?
    Básicamente, el caos es la falta de orden. Y no estoy diciendo que los emprendedores no sean ordenados (hay de todo). Digo que, cuando empezamos con un proyecto nuevo, son tantas las cosas que surgen por todos lados, que durante una etapa tendremos cierto descontrol. Ocurrirán miles de cosas que no teníamos previstas, y lo que nosotros habíamos previsto en un inicio, posiblemente ni se le acerque a lo que va a ocurrir en realidad.
    El caos no siempre es malo. Cuando tenemos una idea de negocio y la queremos desarrollar, empiezan a surgir cosas muy rápido. Se nos ocurren un montón de formas de materializar nuestra idea de negocio, y cuando empezamos a tener los primeros clientes, nos empezarán a pedir cosas muy diversas. Esto nos puede ayudar a encontrar horizontes nuevos, y es interesante explorar las opciones que se nos vayan presentando, pero es muy importante marcarse unos límites que diferencien bien lo que vamos a hacer y lo que no. Si no hacemos esto, nos vamos a perder.
    Los límites, la clave para luchar contra el desorden
    Esto que voy a decir ahora, es muy importante que te lo grabes a fuego: márcate unos límites claros. El primero que tiene que saber cuáles son los límites, eres tú. Básicamente porque los demás siempre van a pedirte cosas, que, sin mala intención, van a intentar desviarte constantemente de tu objetivo.
    Habrá gente que te proponga nuevos servicios, productos, negocios… Por eso, es muy importante saber qué quieres hacer, pero es aún más importante saber qué no quieres hacer.
    Por esto es tan importante el tema de la propuesta de valor, del DAFO y del CANVAS. Esto es lo que vemos constantemente en el curso de negocios online (https://www.jesuslopez.site/cursos/negocios-online/). ¿Para qué ha nacido tu negocio? ¿Qué obtiene la sociedad a través de él? ¿Cómo va a mejorar el mundo con tu producto o servicio? Hazte estas preguntas y utilizalas para marcarte límites. Y con estos límites, irás cercando cada vez más ese caos inicial. Irás haciendo que se vaya haciendo más pequeñito, y que finalmente quede reducido a la mínima expresión.
    Caso real de caos al emprender: Netflix
    Además, para poneros en contexto, quiero hablaros de cómo empezó Netflix. Una gran empresa del mundo del entretenimiento audiovisual que todo el mundo conoce. Pero que no era tan grande y tan perfecta en sus inicios. Para todos aquellos a los que os interese el mundo del emprendimiento, os recomiendo el libro “Eso nunca funcionará”, donde uno de los fundadores de Netflix cuenta toda la historia con peros y señales. Podéis encontrarlo en Amazon aquí: https://www.amazon.es/Eso-nunca-funcionar%C3%A1-nacimiento-Netflix/dp/8408214330/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&dchild=1&keywords=eso+nunca+funcionara&qid=1615998865&sr=8-1
    Netflix se creó porque sus socios fundadores querían montar su propio negocio en internet. Ya está. No hay una gran historia detrás. Después de que los dos fundadores decidieran que querían montar un negocio y de descartar un montón de ideas, dieron con la de alquilar películas en DVD a través de Internet, después de que a Reed Hastings le cobraran una sanción por devolver tarde una película en Blockbuster (que ya está prácticamente extinguida).
    Cuando empezaron con Netflix, la idea era vender y alquilar películas a través de Internet. La gente entraría en una web, y después de hacer el pago, le llegaría a casa un sobrecito con el DVD que había pedido en la web. Fijaos cómo ha cambiado todo.
    Al principio, Netflix no sólo alquilaba películas en DVD (que fue su negocio principal durante bastante tiempo), sino que también las vendían. Y las ventas de DVD eran su principal fuente de ingresos, aunque ellos sabían que no podrían competir cuando Amazon entrase a hacer lo mismo, pero mejor.
    En Netflix tenían un montón de líos al principio. Todo era caos. Cuando lanzaron la web, se les estuvo cayendo el servidor durante todo el día. Estuvieron perdiendo dinero un montón de tiempo por malas promociones que hicieron con Toshiba y Sony. Y estuvieron a punto de cerrar. Y con todo esto, se centraron en lo que realmente querían hacer: alquilar DVDs, no venderlos.
    Encontraron sus límites y supieron focalizar en lo que ellos consideraban que era su propuesta de valor: que un cliente pudiera disponer de las películas que quería de la forma más rápida y cómoda posible. Lo que hacían los videoclubs de toda la vida, pero más fácil, sin tener que coger el coche ni lidiar con las colas de gente esperando, o las molestas sanciones que les ponían continuamente.
    Y cuando aprendieron a focalizar y a poner límites en lo que no querían hacer, fue cuando Netflix se disparó.
    Es totalmente normal tener que lidiar con el caos al principio de montar un negocio. Por lo que, céntrate en definir tu propuesta de valor y establece ciertos límites para poder focalizar y avanzar, y verás como poco a poco el caos va disminuyendo.
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    12 min
  • 25. Cómo convertirme en un especialista
    ¡Muy buenas emprendedores! En el episodio de hoy vamos a hablar sobre algo imprescindible para poder diferenciarnos en Internet y crear una marca potente. Vamos a tratar el tema de la especialización. Veremos por qué es imprescindible especializarse y dos formas para especializarnos correctamente.
    Por qué hay que especializarse en Internet
    Esto es un tema recurrente que tengo que tratar con todos los clientes. Me dicen que quieren montar un negocio online, pero lo empiezan a plantear tal cual lo harían en un negocio presencial. Y es totalmente normal, a mí también me pasó.
    Cuando nos dirigimos a Internet, hay que tener en cuenta que nos dirigimos a millones de personas. Prácticamente a cualquier persona del mundo que hable nuestro idioma. Y montar un negocio en Internet con los principios de un negocio local no funciona.
    Si lo piensas bien, un negocio local también es una especialización. Ofreces un producto o servicio a una zona local. Estás especializado en una zona local. Y si a ese negocio tan especializado, lo llevas a Internet y le quitas su especialización, simplemente no funciona.
    No montes negocios online pensando en local o en presencial. ¿Por qué la gente hasta ahora vendía horas? Porque era la forma de intercambiar un servicio por dinero. Era la única forma de solucionar un problema a través de un servicio: invertir tiempo de un profesional. En Internet, no es necesario que siempre intervengamos para ofrecer un servicio. Piensa en los formatos que funcionan en Internet, y adáptate a Internet.
    Para aprender algunos modelos de negocio que funcionan en Internet, te recomiendo que le eches un vistazo al curso de negocios online: https://www.jesuslopez.site/cursos/negocios-online/
    Especializarse en un tipo de producto
    La primera forma que vamos a ver de especialización, es la especialización en producto. Esto consiste en ser muy buenos en la venta de un tipo de producto muy concreto, y hacer que nuestro negocio gire alrededor de ese producto.
    Por ejemplo, podríamos ser especialistas en mascarillas. Podríamos montar un e-commerce de mascarillas, de forma que seamos los mejores en mascarillas.
    Podemos fabricar y vender mascarillas de todos los tipos, colores, tamaños, materiales y todo lo que se nos ocurra. Mascarillas para niños, mascarillas kawaii, mascarillas veganas, mascarillas lavables, mascarillas desechables… Si nos especializamos en mascarillas, tenemos que ser de los mejores en mascarillas.
    Especializarse en un tipo de cliente
    Cuando elegimos esta forma de especializarnos, no escogemos un producto, sino un perfil de cliente. Aquí, podemos ofrecer varios productos o servicios diferentes, pero que tengan un nexo en común: la necesidad del cliente.
    Por ejemplo, podemos hacernos entrenador personal para mujeres ejecutivas, y dirigir todos nuestros esfuerzos a solucionar los diferentes problemas que tiene este perfil de cliente. Podemos sacar un servicio de entrenamiento individual, un servicio de dietas personalizadas, un membership site de vídeos con entrenamientos grabados, un ebook con entrenamientos y alimentos recomendados, un podcast donde demos consejos a ejecutivas para estar en buena forma, etc.
    Si te fijas, aquí no es necesario que seamos los mejores en ese producto. No es necesario que seamos el mejor dietista del mundo, ya que las dietas para el resto de perfiles de cliente no nos interesan. Es necesario que seamos los mejores con este perfil de cliente. Nuestro negocio nace para hacerle la vida más fácil a este perfil de cliente.
    Qué forma de especialización escojo
    ¿Eres un negocio pequeño que empieza en Internet? Entonces, especialízate en un perfil de cliente. Creo que es mucho más fácil que una idea de negocio funcione dirigiéndonos a un perfil de cliente que ofreciendo un producto especializado.
    Al dirigirnos a un perfil de cliente, estamos creando una comunidad. Y a esa comunidad, más adelante le podremos vender otra serie de productos y servicios. Además de que, normalmente hay menos competencia y es más fácil de segmentar (podemos hacer Facebook Ads o Linkedin Ads para llegar a esas ejecutivas).
    Si elegimos especializarnos en producto, hemos de tener mucho cuidado con los grandes competidores. Sobre todo si es un producto físico. A no ser que el producto lo fabriquemos nosotros y no haya otro producto igual en el mercado, cualquier Amazon de turno podría vender más mascarillas que nosotros, y más baratas.
    Aún así, si eligiéramos especializarnos en un producto, también le daría un toque de audiencia para diferenciarlo un poquito. En lugar de especialízate en mascarillas, especialízate en mascarillas frikis. Mascarillas de Star Wars, mascarillas de Disney, mascarillas con memes, etc. La especialización en producto (en la mayoría de los casos) está tan trabajada que si no le ponemos algún filtro más, nos será muy difícil destacar.
    Al final, si juntamos los dos filtros (audiencia y producto), obtenemos un negocio mucho más diferente. Esto es lo que hago yo, por ejemplo. Formación para emprendedores. No hago otros tipos de formación (audiencia), pero tampoco doy otros tipos de servicios (producto).
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    12 min
  • 24. Cómo hacer crecer mi negocio
    ¡Muy buenas emprendedores! En el episodio de hoy vamos a hablar sobre cómo podemos hacer crecer nuestro negocio cuando detectamos que estamos creciendo y que falta poco para hacerlo llegar a su techo. Veremos dos formas de crecer y cuál de ellas deberíais escoger en función de vuestra situación.
    Por qué hacer crecer mi negocio
    Lo primero que quiero hablar con vosotros es si es necesario hacer crecer nuestro negocio. ¿Realmente necesito crecer? Esto lo digo, porque inevitablemente (si os va bien, claro), llegaréis a un punto donde os estancaréis. Y acostumbrados a crecer constantemente, seguramente os plantearéis qué cosas podéis hacer para seguir creciendo. Pues bien, quiero aprovechar para decir una cosa: crecer más no es obligatorio.
    Analiza bien qué objetivo te has marcado. ¿Montaste tu negocio para poder vivir de ello, o querías crear una organización, con más personas trabajando y facturando mucho más dinero? Si lo que querías es simplemente tener un negocio del que poder sacar un buen sueldo, quizás no es malo estancarse.
    Esto lo digo porque los objetivos de cada persona son diferentes, y parece que hoy en día está mal visto detenerse y dejar de ir a por más y más. No pasa nada. El negocio es tuyo, y si no quieres que crezca más (o al menos, por el momento), pues que no crezca. Eso sí, asegúrate de mantener lo que tienes y de estar siempre actualizado, porque si no podría llegar algún competidor (o que los tiempos cambien) y poco a poco ir quedándote sin clientes. Una cosa es haber llegado al objetivo, y otra es dormirse en los laureles.
    Dos formas de hacer crecer tu negocio
    Para todos aquellos que habéis decidido que queréis hacer crecer vuestro negocio, vamos a ver dos formas para poder hacerlo.
    Integración vertical
    La primera que vamos a ver es la integración vertical. Para muchos de los negocios online (sobre todo los negocios de nicho), esta será la forma más sencilla y efectiva de crecer. Consiste en, sobre la audiencia que ya hemos construido, seguir creando productos y servicios. Es muy importante que estos productos que vayamos sacando estén relacionados con lo que veníamos haciendo hasta ahora y que le sirvan a la audiencia que ya tenemos, si no no funcionará.
    Por ejemplo, es lo que estamos haciendo en Yo te formo. Sobre la audiencia que estamos trabajando actualmente (estudiantes de japonés), poco a poco vamos sacando más productos que podamos vender, siempre girando en torno al japonés.
    Clases de japonés online
    Cursos grabados de japonés
    Merchandising
    Libros electrónicos de japonés
    Publicidad de YouTube
    Integración horizontal
    Por otro lado, tenemos otra forma de crecer, que es totalmente la opuesta. En lugar de seguir monetizando la misma audiencia con más productos, lo que podemos hacer es dirigirnos a un público nuevo. Esto es crecer horizontalmente (diversificar), y también puede estar muy bien, porque a largo plazo hace que disminuya nuestro riesgo (si funciona, tendremos dos audiencias totalmente distintas, es más difícil que caiga todo).
    Esto es, por ejemplo, lo que estamos haciendo en La Emprescuela. Aprovechando todo lo que hemos aprendido durante este tiempo, en lugar de limitarnos a enseñar japonés, estamos creando esta audiencia para, en un futuro, tener dos públicos totalmente diferentes, con dos negocios totalmente diferentes. De forma que si, por lo que sea, le ocurre algo a alguno de los nichos, tener esa vía de escape y no quedarnos sin ingresos.
    Esto está muy bien, pero es mucho más complejo. Cuesta muchísimo más tiempo que crecer verticalmente, y también más dinero. Es empezar un negocio nuevo desde cero, otra vez. Por ello, si sois solo una persona, es más fácil que crezcáis verticalmente que horizontalmente. Si tenéis recursos, tiempo y un equipo, sí es factible crear un negocio nuevo en otro nicho, pero preparaos para esperar e invertir tiempo y dinero, porque es crear otro negocio de cero. Aquí, tendremos que volver a pasar por todo el proceso de la creación de un negocio (DAFO, CANVAS, análisis de mercado, pricing, PMV…). Echadle un vistazo al curso de negocios online si no sabéis a qué me refiero: https://www.jesuslopez.site/cursos/negocios-online/
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    15 min
  • 23. Qué hago si mi negocio no despega: pivotar o perseverar
    ¡Muy buenas emprendedores! En el episodio de hoy vamos a hablar sobre algo que es muy probable que os pase al emprender, sobre todo si tenéis una idea nueva, algo que actualmente no existe (o al menos no es popular) y con lo que queréis ganaros la vida. Vamos a analizar qué podemos hacer cuando llevamos algún tiempo desarrollando nuestra idea de negocio (quizás varios meses o más de un año) y seguimos sin ver prácticamente resultados.
    El punto de encrucijada
    Puede ocurrir que, una vez hemos dejado nuestro trabajo y hemos decidido dedicarnos 100% a desarrollar nuestra idea de negocio, pasemos algún tiempo sin ver que los resultados mejoran.
    Incluso cuando ya estamos monetizando algo, podemos empezar a detectar que estamos en un punto en el que, todavía, las cosas no terminan de ir bien. Es decir, podemos estar en alguna de las siguientes situaciones:
    No estamos generando ingresos (o prácticamente nada de ingresos)
    Estamos generando ingresos pero no conseguimos hacer que aumenten
    No conseguimos captar nuevos clientes
    Estamos generando ingresos, pero no con la actividad que nosotros queríamos
    No conseguimos retener a los clientes y hay mucha rotación
    Cuando empezamos a detectar estos, u otros puntos parecidos, tenemos que pensar en si seguir tal cual lo estamos haciendo, o cambiar nuestro plan. Aquí entra la reflexión: pivotar o perseverar.
    Pivotar VS perseverar
    Por si queréis profundizar más, esta expresión la saqué del libro “El método Lean Startup”, donde el autor habla de su experiencia al crear su startup y convertirla en una empresa hecha y derecha.
    Cuando llegamos a la situación que acabamos de exponer, tenemos las siguientes dos opciones:
    Pivotar: consiste en detectar los puntos que están fallando en nuestra idea de negocio, y hacer un cambio radical, virar hacia otro objetivo.
    Perseverar: consiste en analizar los fallos que estamos teniendo, y decidir continuar con la idea de negocio, es decir, continuar hacia el mismo objetivo (quizás cambiamos la forma, pero seguimos hacia delante).
    Las dos opciones son arriesgadas. No sabemos cuál va a funcionar, pero ninguna es más arriesgada que la otra, simplemente porque no lo sabemos. No hay un método científico que nos dé las probabilidades de éxito de pivotar VS perseverar (entonces sería muy fácil). Aquí, en parte, tenemos que hacer un acto de fé. Esto es lo difícil. Hay que saber leer la situación.
    Cuándo podemos pensar en pivotar
    Hay determinadas situaciones en las que, posiblemente, funcione mejor la estrategia de pivotar. Vamos a ver algunos ejemplos:
    Nuestro plan cuesta un dinero que no nos podemos permitir más tiempo.
    Hemos construido un producto mínimo viable y, a pesar de llevar varios meses (o años) promocionándolo y dándole alcance, no nos trae clientes.
    Hay una crisis mundial que nos está afectando económicamente (una pandemia).
    Nuestro plan ha funcionado y estamos consiguiendo ventas, pero no estamos obteniendo los resultados esperados.
    Cuándo podemos pensar en perseverar
    Saber perseverar es, en mi opinión, más complicado, ya que tienes que elegir, pese a tener unos malos resultados, seguir hacia delante y confiar en que al final sí saldrá bien. Esto podría tener sentido en algunos casos:
    No estamos consiguiendo resultados, pero no estábamos haciendo promoción de nuestro producto o servicio.
    Estamos consiguiendo muy pocos clientes, pero vemos que los que sí conseguimos están tremendamente contentos y se quedan con nosotros.
    Pese a haber una crisis mundial, nuestros indicadores siguen tal cual.
    Aunque lentamente, nuestros indicadores nos muestran que estamos evolucionando (nº de clientes, ventas, etc).
    Indicadores: esto es lo que nos permitirá decidir
    Es muy importante que, para poder tomar una decisión, tengamos una serie de indicadores o de KPIs que nos den algo de luz. Algunos indicadores útiles para medir vuestros avances:
    Nº de clientes captados cada mes
    Churn rate (clientes que se dan de baja)
    Lifetime Value
    Coste de Adquisición de un Cliente (CAC)
    Ticket medio
    Tasa de conversión de los clientes
    Ventas mensuales
    Si llevamos un seguimiento de estos y algunos otros indicadores, podremos decidir con más precisión si es mejor seguir con nuestro plan, o cambiar de estrategia. Si os interesa este tema, os recomiendo el libro “El Método Lean Startup”, es muy interesante. También te recomiendo que le eches un vistazo al curso de negocios online, donde vemos desde cero cómo crear un negocio digital.
    Espero que te haya gustado este capítulo del podcast, y si es así, no olvides darle me gusta, suscribirte al podcast, compartirlo, y por supuesto, pasarte por La Emprescuela en jesuslopez.site. ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
    Curso de negocios online: https://www.jesuslopez.site/cursos/negocios-online/
    28 min
  • 22. Cómo darte a conocer si no puedes invertir
    ¡Muy buenas emprendedores! En el episodio de hoy vamos a hablar sobre algo que, en caso de que estés emprendiendo un negocio online desde cero, te podría ser de mucha utilidad. Vamos a hablar de cómo puedes dar a conocer tu negocio si no tienes capacidad de invertir en publicidad. Porque ya hemos hablado de cómo puedes utilizar plataformas como Facebook Ads o Google Ads para conseguir exposición rápidamente a golpe de talonario, pero no todo el mundo tiene un talonario.
    Tampoco vamos a hablar del marketing de contenidos, ya que es un tema que ya hemos tratado en este podcast. Vamos a hablar sobre otro tipo de recursos que podríamos aprovechar para darnos a conocer.
    Marketing local
    Una forma bastante efectiva (pero poco escalable) es empezar por darte a conocer en tu ciudad. Aunque sí, con un negocio online realmente podemos dirigirnos a cualquier persona del mundo, si no tenemos dinero y queremos empezar a captar clientes, no es factible a corto plazo obtener visibilidad rápida en Internet. Para ello, podemos empezar por atacar nuestra ciudad de forma presencial, que es más rápido. Algunas formas para darte a conocer de forma local podrían ser:
    Hablar con el ayuntamiento: muchas veces, los ayuntamientos organizan pequeñas charlas y talleres sobre temas profesionales, o reuniones de networking para ayudar a las personas a conocerse. En este tipo de eventos podrías encontrar una oportunidad para darte a conocer.
    Dar charlas: de forma parecida a lo anterior, podrías intentar dar alguna charla en algún colegio, universidad o incluso en alguna empresa, de forma que la gente poco a poco te vaya conociendo a ti y a tu trabajo.
    Publicidad local: aunque es necesaria una pequeña inversión, es otra forma de darnos a conocer. Podemos aparecer en alguna revista local, o incluso buzonear, es decir, repartir folletos o nuestra tarjeta por los buzones de la ciudad. Es costoso y poco escalable, pero puede ser un comienzo.
    Buscadores especializados
    Otra forma de darnos a conocer rápidamente, esta vez en Internet, es encontrar algún buscador especializado que nos permita obtener visibilidad orgánica rápidamente. Hay buscadores de todo tipo: de profesores, de freelances, de pisos…
    Este tipo de buscadores funciona muy bien al principio, ya que nos posicionarán en Google y nos darán exposición rápida.
    Aunque no es oro todo lo que reluce, ya que aquí renunciamos directamente a tener una marca y una diferenciación, y nos exponemos a que los usuarios nos comparen directamente con la competencia. Si te dedicas a algo muy concreto de lo que existe un buscador en Internet, te recomiendo que lo uses al principio para ganar algunos contactos y clientes rápidamente.
    El boca a boca
    Una de las cosas que mejor funciona para traernos clientes, es el boca a boca. Es decir, que nuestros propios clientes nos recomienden. Esto, de hecho, es lo que queremos conseguir en Internet cuando pedimos opiniones y reseñas.
    En el mundo real, es aún más efectivo, ya que es el cliente quien habla de tú a tú a sus conocidos y les instan a que contacten con nosotros o compren nuestros productos o servicios. Ahora bien, ¿cómo podemos forzar el boca a boca, si es algo que pasa de forma natural? La respuesta es muy sencilla: pídeselo a tus clientes.
    Obviamente, para hacer esto ya debemos contar con algún cliente. Si este es tu caso, lo que deberemos hacer es pedirles abiertamente que nos recomienden. Incluso podemos incentivar que esos clientes te traigan otros clientes ofreciéndoles algún descuento o promoción especial.
    Rodearte de otros expertos
    Si en el nicho donde quieres entrar ya hay otros expertos trabajando, o incluso en otras profesiones relacionadas con la tuya, algo que puedes hacer es rodearte de estas personas y hacer algún tipo de pacto.
    Por ejemplo, si quieres ser desarrollador WordPress, quizás puedes buscar personas que se dediquen al mundo del diseño web o al marketing digital que ya tengan clientes y ofrecerte como colaborador. Porque a estos diseñadores o consultores, quizás les vendría bien tener a un conocido desarrollador que poder recomendar a sus clientes cuando les pidan algo de desarrollo que no puedan hacer por sí mismos.
    De igual manera, si tus clientes te piden algo de diseño (hacer un logo, por ejemplo), tú les puedes enviar dichos clientes al diseñador con el que has hecho el pacto.
    Para encontrar este tipo de perfiles, puedes buscar en Google (incluso hay webs para hacer todo esto) o en Linkedin, donde podrás directamente buscar por profesiones.
    Aparcecer en blogs y canales especializados
    La última técnica que vamos a ver hoy, es rodearte de otras personas que ya tengan exposición en Internet hablando de algo relacionado con lo tuyo, y ayudarles en la creación de contenido.
    Siguiendo con el ejemplo del desarrollador, podría empezar a aparecer en blogs, canales de YouTube o podcasts sobre negocios online, diseño web, etc. para crear contenido que dicho creador no pueda crear por falta de conocimientos. De esta forma, ayudas a esos creadores a aportar a su audiencia un contenido profesional y diferente, y a la vez aprovechas para darte a conocer a una audiencia nueva rápidamente.
    A la vez que haces todo esto, te recomiendo que no te olvides del marketing de contenidos, ya que es lo que hará que a largo plazo tengas tu propia marca. Te dejo por aquí el link del curso de marketing de contenidos para aprender las bases: https://www.jesuslopez.site/cursos/marketing-de-contenidos/
    Espero que te haya gustado este capítulo del podcast, y si es así, no olvides darle me gusta, suscribirte al podcast, compartirlo, y por supuesto, pasarte por La Emprescuela en jesuslopez.site. ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
    15 min
  • 21. Cuándo dejar tu trabajo para dedicarte a tu proyecto
    ¡Muy buenas emprendedores! En el episodio de hoy vamos a hablar sobre cuándo puedes empezar a plantearte dejar tu empleo para dedicarte 100% a crear tu negocio. Porque no nos engañemos, si queremos que nuestro negocio realmente despegue y podamos llegar a vivir de él, nos tenemos que dedicar a ello full-time.
    Curso de negocios online: https://www.jesuslopez.site/cursos/negocios-online/
    Curso de finanzas: https://www.jesuslopez.site/cursos/finanzas/
    Tenemos que tener ingresos recurrentes mientras emprendemos
    Antes de ver cuándo dejar un empleo, quiero dejar claro que para poder emprender un negocio por nuestra cuenta, tenemos que contar con ingresos recurrentes que nos respalden. No podemos hacer las cosas a lo loco, básicamente porque tendrás que pagar un alquiler y tendrás que comer, además de hacer frente a alguna que otra inversión para ejecutar tu idea.
    Mucha gente piensa que montar un negocio es un cambio radical. Y no conozco a nadie que haya creado su negocio haciendo un cambio así. Lo normal es que sea algo gradual. Se te ocurre una idea, ya sea porque tienes un hobbie o porque quieres una salida a un trabajo que no te gusta demasiado, y empiezas a darle vueltas a cómo podrías hacerla realidad.
    Poco a poco, irás investigando, pensando en posibles productos, precios, viendo la competencia e ideando cómo sería vivir de ello, y te vas haciendo a la idea de que quizás es posible no depender de un empleo para vivir.
    Ojo, no hablamos de hacernos ricos ni de ir a la compra en un Ferrari (eso lo dejamos para los anuncios de YouTube). Hablamos de sacar un sueldo del que vivir bien, sin depender de una empresa.
    Y después de darle vueltas, de haberte imaginado cómo sería, de inventarte algún producto o servicio y echar algunas cuentas, empiezas a ver que es posible económicamente vivir con el modelo de negocio que te has imaginado. Y es aquí cuando empiezas. No antes. Obviamente, aún tienes tu empleo, pero ahora además tienes una idea de negocio.
    Antes de dejar el trabajo, tenemos que haber validado nuestra idea de negocio
    Algo muy importante que quiero que entiendas después de escuchar este episodio, es que una idea es simplemente eso, una idea. Hay gente que piensa que una idea vale dinero. No. Una idea no vale nada. Cualquiera puede tener ideas. Lo que vale dinero es la ejecución de un modelo de negocio.
    Por eso, no te conformes con una idea para dejar un trabajo. Porque casi con total seguridad te puedo decir que la primera idea que tengas, va a fracasar. O al menos tendría que sufrir varios cambios para que llegase a funcionar.
    Nunca dejes un empleo que te da de comer por una idea. Deja un empleo por algo tangible. Y por eso, aquí va la segunda parte del episodio: tienes que validar tu idea de negocio. Si no validas tu idea, la idea sólo vive en tu cabeza. Cuando la validas (es decir, otras personas pagan algo de dinero real por tu producto), es cuando puedes empezar a tener certeza de que sí puede funcionar.
    Y aún habiendo validado tu idea de negocio, podríamos seguir con nuestro empleo. Básicamente, porque aunque validemos una idea, aún no tenemos un modelo de negocio que nos traiga ingresos recurrentes de los cuales podamos vivir.
    Por eso, en esta fase, tendremos que compatibilizar nuestro empleo con nuestro proyecto. Y digo proyecto porque, aunque estemos empezando a monetizar un poquito, no estamos viviendo de él. Esa monetización simplemente es la prueba de que se está validando la idea de negocio.
    Por cierto, para empezar a monetizar y validar la idea de negocio, tienes que montar un negocio como tal. Es decir, legalmente, o te haces autónomo o haces una SL. Esto es importante si quieres validar de verdad, ya que sí, podrás validar “de estrangis” con conocidos y familiares, pero si quieres ver si eres capaz de vender tu producto a desconocidos en el mundo real, tendrás que facturar. Y para facturar, para ver si eso se sostendría en el mundo real, tienes que tener una empresa.
    Por lo que durante algún tiempo, tendrás que compatibilizar tu empleo con tu negocio. De esto hablaremos en otro episodio más adelante.
    Llega el momento: dejamos el trabajo
    Cuando llevamos cierto tiempo transaccionando en el mercado con clientes reales, y empezamos a obtener ingresos recurrentes, puede llegar el momento en el cual podamos económicamente dedicarnos full-time a nuestro proyecto.
    Y fijaos, que para llegar a este punto, al punto de poder dejar un empleo para sólo vivir de nuestro negocio, ya tenemos que tener montado el negocio. No es necesaria una gran facturación, ni siquiera que los ingresos nos den el mismo salario que en el empleo que teníamos (durante un tiempo podemos vivir con menos dinero), pero sí es necesario que haya cierta base económica detrás.
    Cuando hagamos el cambio, y dejemos el trabajo, no nos quedaremos sin nada. Nuestros ingresos bajarán, sí, pero sólo durante un tiempo. Lo normal es que, si lo hacemos bien, vayamos facturando más poco a poco, de forma que llegue un punto en el que ganemos lo mismo (o más) que ganábamos con nuestro empleo.
    Como veis, montar un negocio conlleva riesgo y algo de inversión, por pequeña que sea (ya el mero hecho de hacernos autónomos y crear la web costará algo de dinero).
    Por ello, siempre es necesario tener ahorros. Tener un negocio, sobre todo al principio, cuesta dinero. No vale montar un negocio con la filosofía del “todo gratis”. Tendrás que tener una gestoría. Tendrás que pagar impuestos. Tendrás que hacerte una web. Y esto te costará algo de dinero, es lo que hay.
    Lo mejor que puedes hacer es, empezar por ahorrar. Por poner una cifra, para una persona (o una pareja) que quiera emprender un negocio con poca inversión (por ejemplo, uno de infoproductos o de servicios), estaría bien tener al menos 10.000€ ahorrados. De forma que, cuando lancemos nuestro negocio y dejemos el trabajo, incluso si ganamos menos que en nuestro anterior empleo, podamos vivir varios meses con nuestros ahorros.
    Recuerda que un negocio sólo muere cuando se queda sin dinero. El dinero es muy importante, así que ahorra. Ahorra dinero, y podrás tardar más en llegar a tu objetivo, e incluso podrás permitirte equivocarte.
    Espero que te haya gustado este capítulo del podcast, y si es así, no olvides darle me gusta, suscribirte al podcast, compartirlo, y por supuesto, pasarte por La Emprescuela en jesuslopez.site. ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
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    17 min
  • 20. Las emociones al emprender
    ¡Muy buenas emprendedores! En el episodio de hoy vamos a hablar sobre un tema que considero muy relevante para cualquier persona que se esté planteando crear su propio negocio: cómo gestionar las emociones al emprender.
    Por mucha experiencia que se tenga, tanto a nivel técnico como a nivel personal, crear un proyecto a través del cual se quiere monetizar, y ponerle tu cara y tu marca, afecta emocionalmente a cualquiera.
    Al emprender, surgen un montón de problemas e imprevistos que suelen generar inseguridades en los emprendedores. En este episodio vamos a hablar sobre dichas emociones e inseguridades, para que, en caso de que también te afecten a ti, tengas algo más de ánimos para continuar con tu proyecto.
    Los problemas emocionales más comunes de los emprendedores
    A continuación os dejo una pequeña lista de emociones o problemas emocionales a los que, seguramente, tendrás que enfrentarte como emprendedor (o a alguno de ellos).
    El miedo
    Este es el más común de todos. Cuando vamos a empezar algo, y más si se trata de un negocio (que es algo donde tendrás que invertir tu tiempo y tu dinero, esperando que en el futuro te dé de comer), es totalmente normal sentir miedo de que algo vaya a salir mal. Básicamente porque miles de cosas saldrán mal.
    El miedo es una emoción que surge como una respuesta a algo desconocido. Ante un mal potencial que pueda ocurrir, sentimos miedo para ponernos en estado de alerta, y conseguir esquivar, solucionar o minimizar ese problema potencial.
    El miedo es algo irracional. No es que un día te despiertes, hagas un análisis en un Excel y como conclusión, tengas miedo. Es que de repente, piensas que algo podría ocurrir (o a veces ni siquiera tienes que pensarlo), y tu cuerpo se pone en este estado de alerta. Normalmente es algo infundado. Algo que pensamos nosotros después de darle mil vueltas a algo. Y la mayoría de las veces, no se suele materializar en el mundo real.
    La única respuesta que he encontrado para luchar contra el miedo, es simplemente, actuar. No preocuparse tanto, y ocuparse más. Tomar decisiones racionales intentando siempre conseguir que las cosas salgan bien, y simplemente estar preparado para solucionar aquellas que saldrán mal. Porque siempre habrá algo que saldrá mal. Y no tiene sentido vivir con miedo constante.
    Además, algo de lo que me he dado cuenta, es que normalmente magnificamos mucho los problemas. Incluso cuando el peor de los casos se llega a materializar, normalmente podemos encontrar una solución más o menos rápido que nos permite enmendar el error.
    Pocas veces viene una pandemia.
    En este tipo de casos, planteáte: ¿qué es lo peor que podría pasar, y cómo lo solucionaría? Y verás que, la mayoría de las veces, la solución es simple. Es como si vieras el problema a través de uno de estos cristales que lo hacen todo más grande.
    La inseguridad
    Este es un clásico. Y es totalmente normal sentir inseguridad. Básicamente porque crear un negocio es lo más inseguro que hay en la vida (aunque realmente nada sea seguro en el mundo).
    Puedes sentir inseguridad antes de empezar con tu proyecto (¿saldrá bien o no?), mientras montas el proyecto (¿tiene sentido esto que estoy haciendo?), cuando te planteas dejar tu trabajo (¿de verdad voy a dejar un trabajo por esto?), cuando consigues tus primeros clientes (¿lo haré bien?), hasta cuando te va bien el negocio (¿cuánto tiempo seguirá funcionando esto?).
    El único remedio que he encontrado para luchar contra la inseguridad, es concienciarse de que realmente nada es seguro en la vida. Lo único seguro es el esfuerzo que puedas poner en tu proyecto. Y, aún dando el 200%, podría fracasar, y no pasa nada.
    Nos sentimos inseguros porque queremos tener la certeza de algo. Y es imposible. Simplemente piensa que, en caso de fracasar, o de hacer algo mal, tienes todo el tiempo del mundo (hasta que decidas dejarlo, hasta que te quedes sin dinero o hasta que te mueras) para remediarlo.
    Vemos el fracaso como el fin, cuando es simplemente una parte más de todo el recorrido. Si tienes una idea y quieres hacer un proyecto, asegúrate de que no te causará un mal irreparable (no vendas tu casa, no te endeudes, etc.) y hazlo y punto. No le des más vueltas. Porque por muchas vueltas que le des, vas a sentir la misma (o más) inseguridad e indecisión.
    El perfeccionismo
    Otro típico. Y ojo, que ser perfeccionista es algo malo. Podría parecer que alguien perfeccionista es alguien que trabaja muy bien, pero nada más lejos de la realidad.
    Alguien perfeccionista es alguien que es incapaz de avanzar si no consigue “la perfección”. Lo pongo entre comillas porque lo que para él es la perfección, seguramente para otro no lo sea. Básicamente, la perfección no existe.
    Cuando creamos un proyecto, no sabemos si va a funcionar o no. No es lo mismo que trabajar en una multinacional o trabajar en la administración, donde cada persona tiene unas funciones muy marcadas y medidas de las que no se puede salir.
    Un emprendedor necesita resolver problemas rápido. Aunque de primeras, las soluciones que cree no sean las más eficientes o no sean estéticamente bonitas. No podemos atascarnos en lo estético o en lo “perfecto” si queremos avanzar. Sobre todo si estamos solos.
    Yo me considero, en parte, algo perfeccionista, pero no demasiado. Y me alegro. Buscar un buen resultado está bien, pero buscar la excelencia es inviable para un emprendedor (al menos al principio).
    Lo mejor es ser práctico. Aprender a detectar problemas concretos y solucionarlos de forma sencilla, sin complicaciones. Es ahí cuando podemos avanzar. Por lo que, si este es tu caso, si te consideras una persona altamente exigente y perfeccionista, vas a tener que relajar tus exigencias si quieres ver resultados e ir avanzando con tus proyectos.
    Sí, podrías crear un proyecto mucho más complejo tardando 10 veces más, pero quizás para cuando lo tengas terminado, ya hay 25 marcas que han sacado sus productos, o quizás incluso ya no se necesita lo que querías hacer. Si analizas la vida de cualquier start-up, verás que sus principios eran caóticos, desastrosos y nada perfeccionistas. Empresas como Netflix eran un caos al principio. Y es lo normal.
    Simplemente, mentalízate de que la perfección no existe, y de que lo que para ti es perfecto, seguramente no lo sea para los demás. Céntrate en hacer las cosas fáciles.
    La obsesión
    Este es de los peores. Y casi todos los emprendedores que he conocido, se han obsesionado con sus proyectos en algún momento (o siguen obsesionados).
    Yo al principio, cuando estábamos empezando con Yo te formo, me obsesioné bastante. Cuando llegaba de trabajar, mientras cenaba, hacía cursos para aprender a crear mi web. Mientras estaba en mi antiguo trabajo iba avanzando cosas de mi proyecto, en mis ratos libres. Antes de irme a dormir seguía pensando en cómo íbamos a crear la academia. Y nada más despertarme, nada más abrir los ojos, lo primero que pensaba era la academia. Y estuve así 2 años. Hasta que empecé con La Emprescuela y pude obsesionarme con otra cosa.
    La verdad es que nunca he dejado de obsesionarme, por lo que no sé cómo resolverlo. Y no estoy seguro de que esto sea algo negativo. En parte sí, lo es, porque a veces es superior a tus fuerzas: simplemente no puedes parar de pensar. Pero por otro lado, gracias a esto, avanzamos mucho más rápido.
    Sinceramente, creo que obsesionarse al principio de un proyecto es totalmente normal si el proyecto te gusta. Y si no te afecta negativamente en tu vida, no creo que haya nada de malo en pensar 24/7 en tu proyecto durante algún tiempo.
    Ahora bien, ojo con esto, porque si esto se alarga en el tiempo, te pasará factura. Luego vendrá el efecto rebote, y no querremos ponernos a trabajar. No querremos oír más de emprender, ni de nuestro proyecto, ni de nada. A largo plazo no podemos mantener ese ritmo de obsesión, nos volveríamos locos.
    Mi recomendación en este caso, es que a veces hay que controlar los impulsos. Cuando nos obsesionamos, hacemos las cosas por impulso. Si controlamos esas ganas de hacer cosas, y las canalizamos un poco, no perderemos nunca el impulso para trabajar.
    La culpa
    Esta es una de las que más he estado trabajando últimamente. Muy ligado con todo lo anterior, muchas veces nos sentimos culpables por cualquier cosa:
    Por no haberlo hecho perfecto con un cliente
    Por no haber estado trabajando todo el día
    Por desconectar el fin de semana
    Por haberte equivocado en algo
    Por cogerte vacaciones
    Porque un cliente ha tenido un problema que no has causado tú
    En definitiva, sentirte culpable por cualquier cosa. Y esto sí me ha pasado. Y sí he aprendido a gestionarlo, así que aquí va mi recomendación: establecer muy bien los límites.
    Cuando estableces límites muy claros, tanto a tus clientes como a ti mismo, empiezas a discernir entre lo que es responsabilidad tuya y lo que no. Esto sirve tanto para ti (cuando te echas la culpa por descansar, o por hacer otras cosas), como para los clientes (cuando te quieren echar la culpa de algo, o incluso cuando, sin que te echen la culpa, te sientes culpable).
    Básicamente, delimita muy bien lo que haces:
    ¿Qué ofreces exactamente? Define muy bien lo que paga el cliente (límites, precios, pagos, responsabilidades, garantías, etc).
    ¿Cuánto vas a trabajar? Ponte horarios, días de descanso obligatorios, días de vacaciones, etc.
    Muchas veces nos sentimos culpables por cosas de las que no les echaríamos la culpa a nuestros empleados. Básicamente, porque no hay nadie con más responsabilidad o nadie que nos proteja detrás. Así que, protégete a ti mismo. Pon límites y verás dónde termina la responsabilidad de los demás y dónde empieza la tuya.
    El cansancio o la pereza
    Como consecuencia de todo lo anterior, irremediablemente nos quemamos. Viene el cansancio, la pereza. La falta de incentivos, la falta de ganas de hacer cosas. Y por eso el poner límites, el no obsesionarse tanto, etc.
    Lo primero, es totalmente normal cansarse. Incluso quemarse de vez en cuando. Aprovecha que diriges tu propio negocio, y si puedes parar, para un tiempo. Si te tienes que tomar un par de días libres para centrarte, tómatelos. Para eso es tu negocio.
    Igual que no tenemos días de asuntos propios pagados, o vacaciones pagadas, somos nosotros quienes tenemos que encargarnos de descansar. De hecho, muchas veces la gente se quema por no descansar.
    ¿Qué pasaría si usas una máquina sin parar y sin hacerle el mantenimiento? Que te acabas cargando el motor. Pues hazte el mantenimiento.
    Recuerda que no tienes un empleo, tienes un negocio. Para lo bueno y para lo malo. Nadie va a venir a obligarte a coger vacaciones y a descansar, tienes que elegirlo tú. Así que canaliza tus ganas de hacer cosas cuando las tengas, guarda unas poquitas para cuando no tengas tantas ganas, y establece descansos para no tener que llegar al extremo.
    El síndrome del impostor
    Antes de terminar, quería hablaros de algo llamado el síndrome del impostor.
    Esto es algo que he visto que le pasa a casi todos los emprendedores. Se trata de, por muchos conocimientos o habilidades que tengamos, sentir que no estamos capacitados para hacer lo que hacemos, que estamos engañando a la gente o que nuestro trabajo realmente no vale lo que decimos.
    Es la falta de seguridad en uno mismo. Y suele pasar sobre todo a personas que trabajan solas, que empiezan a darle vueltas a las cosas y terminan dejando de confiar en sí mismos.
    Tenemos que hacer valer nuestro trabajo. Aquí el problema a veces, es que sentimos que nuestro trabajo es muy fácil. Esto a mí me ha pasado muchas veces. Me veo haciendo una web, y pienso que es algo realmente sencillo que puede hacer cualquier persona hoy en día. Pero luego veo a un fontanero, a un albañil o a un carpintero, y me quedo alucinado con lo bien que hacen su trabajo.
    Y la verdad es que, aunque yo vea que lo que yo hago es muy fácil, precisamente lo es porque sé hacerlo. Piensa. ¿Crees que lo que haces es muy fácil o que lo podría hacer cualquiera? Habla con alguna persona que no se dedique a lo que haces, y pregúntale si sabe hacerlo por ti. Y vas a ver como otras personas son igual de incapaces de hacer tu trabajo, que tú al hacer el trabajo del fontanero.
    ¿Serías capaz de desarrollar un proyecto para tu perfil de cliente? ¿Serías capaz de hacer una lista de contenidos hablando sobre problemas que tengan tus clientes? ¿Los clientes te siguen pagando, a pesar de que te ves a ti mismo como poco profesional? Entonces, no eres un impostor. Simplemente, tienes el síndrome del impostor.
    Crea tu podcast. Crea tu canal de YouTube. Escribe un libro. Haz cosas para convencerte de que sabes de lo que hablas, porque el síndrome del impostor sólo existe en tu cabeza.
    Si todo esto no te ha ayudado y lo estás pasando mal, por supuesto, te recomiendo que hables con un psicólogo, ya que va a saber cómo ayudarte de forma profesional.
    Espero que te haya gustado este capítulo del podcast, y si es así, no olvides darle me gusta, suscribirte al podcast, compartirlo, y por supuesto, pasarte por La Emprescuela en www.jesuslopez.site. ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
    25 min
  • 19. El customer journey
    ¡Muy buenas emprendedores! En el episodio de hoy vamos a hablar sobre un concepto que se utiliza mucho en el mundo del marketing digital para estudiar el comportamiento de los consumidores. Esto te será muy útil para comprender mejor a tus clientes y para planificar tus precios, tu cartera de productos e incluso tus campañas de marketing. Hoy vamos a hablar sobre el customer journey.
    Esto lo vemos más en profundidad en el curso de marketing digital: https://www.jesuslopez.site/cursos/marketing-digital/
    Qué es el customer journey
    El customer journey, o viaje del cliente en español, es el recorrido que realiza el cliente desde que tiene una necesidad hasta que la resuelve.
    Para estudiar el customer journey, este recorrido se divide en varias fases, dependiendo de la intención del usuario en cada momento de su recorrido, de forma que podamos hacer acciones concretas que encajen con el usuario en todo momento.
    El objetivo del estudio del customer journey es poder ofrecerle al consumidor diferentes beneficios que le permitan ir pasando de fase en fase, hasta que se termina convirtiendo en cliente fidelizado. Esto nos permitirá saber qué busca el usuario en cada momento, cómo lo busca, dónde lo busca y qué espera encontrar, de forma que podamos tomar acciones concretas.
    Las fases del customer journey
    En primer lugar, decir que no hay un modelo que sea “el bueno” sobre el customer journey, sino que esto lo tienes que adaptar a tu caso en particular. Aún así, vamos a mencionar 5 fases, que son las generales para cualquier usuario y negocio:
    Conocimiento: en esta primera fase, el consumidor se da cuenta de que tiene una necesidad. Por ello, empieza a buscar en Internet cómo resolverla y empieza a obtener información. Aquí, nosotros como negocio podemos aprovechar para darnos a conocer.
    Interés: el consumidor ha estado durante cierto tiempo consumiendo información para resolver su necesidad, y ha detectado varias soluciones (gratuitas o de pago) para resolver su problema. El consumidor empieza a plantearse pagar.
    Conversión: el consumidor ha comparado en la fase anterior entre los principales proveedores que le permiten resolver su necesidad, y finalmente se decide por uno de ellos. Decide pagar y el consumidor se convierte en cliente.
    Fidelización: el cliente ha quedado satisfecho con la transacción anterior, y decide volver a comprar (el mismo producto u otro del mismo negocio). Aquí el cliente no suele comparar más, simplemente se queda dónde está.
    Recomendación: el cliente está fidelizado y tan satisfecho que quiere que sus conocidos también prueben lo que está comprando. El cliente empieza a hablar sobre el negocio y a recomendarlo.
    Cómo hacer un customer journey map
    Hacer un customer journey map es muy sencillo. Si vas a hacerlo para ti, no necesitas utilizar ningún tipo de software, sólo papel y boli. Para ello, cogeremos un papel y, en formato apaisado, crearemos 5 columnas para representar las 5 fases de las que hemos hablado antes. En cada columna, tendrás que escribir qué espera el consumidor/cliente y qué acciones concretas vas a realizar para satisfacerlas. Por ejemplo:
    En la fase de conocimiento, mi consumidor quiere aprender a resolver ciertos problemas concretos, cómo crear su página web, vender a través de Internet o utilizar alguna herramienta. Para que el consumidor pueda resolver su problema y además yo pueda darme a conocer, en esta primera fase haremos inbound marketing: un canal en YouTube con tutoriales donde enseñe a hacer todo esto en vídeo.
    Para la fase de interés, el consumidor espera cierta ayuda más personalizada y profunda para seguir creando sus proyectos. Por ello, vamos a crear 2 servicios: los cursos (que además me permitirán posicionarme en Google) y las sesiones de consultoría individual. Para hacer que el usuario llegue hasta aquí, usaremos enlaces en las piezas de contenido gratuito, Google Ads y Facebook Ads.
    Cuando los usuarios convierten y pasan a ser clientes, empiezan a consumir mis servicios. En ese momento, tendremos preparado un pequeño proceso de onboarding para que el cliente sepa todo lo que tenemos. Aquí buscamos el efecto “guau”.
    Para conseguir fidelizar a los clientes, les daremos un valor añadido que nos permita retenerles y fidelizarles: soporte para dudas individualizado, descargas de ficheros, etc. Aquí el objetivo es que el cliente vea que está obteniendo más de lo que ha pagado, y que quiera quedarse mucho tiempo con nosotros. Que vea que es preferible pagar el servicio que no pagarlo.
    En esta última fase, buscamos que los clientes nos recomienden. Algunos lo harán por su propia voluntad si están contentos con nuestro servicio, pero muchos de ellos simplemente no harán nada, aunque estén contentos. Para ayudarles a tomar acción, podemos directamente pedirles que nos recomienden: que nos pongan reseñas en Google, que compartan nuestra web en sus RRSS, que nos traigan amigos dándoles un descuento, etc.
    Espero que te haya gustado este capítulo del podcast, y si es así, no olvides darle me gusta, suscribirte al podcast, compartirlo, y por supuesto, pasarte por La Emprescuela en jesuslopez.site. ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
    Curso de marketing marketing digital: https://www.jesuslopez.site/cursos/marketing-digital/
    17 min

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