El Apóstol Pablo ministra a una pequeña congregación, en Filipos, acerca de la Palabra de Dios; señalando la urgencia de anunciar este mensaje: en Santidad, amor y esfuerzo. En todo tiempo, hasta hoy; Dios llama, transforma, enseña, capacita y levanta hombres y mujeres: para ministrar su Palabra, en todo el mundo. Para ello, hay que orar, llorar y estar llenos del Espíritu Santo.