En contra de la voluntad de su padre, y después de haber estado postrada en el lecho por una grave enfermedad, entró en el convento de la Encarnación, en Ávila, donde profesó en noviembre de 1534. Una vez en el convento, su estado de salud empeoró. Pocos años después de volver al convento, ya recuperada, perdió a su padre, lo cual le produjo un gran dolor. Por esa misma época tuvo su primera aparición.