Cuando tenía tres años, Ida Gramcko, comenzó a crear dictándole versos a su mamá y desde entonces no paró de escribir hasta el día de su muerte. Esta entrega a la escritura y constante trabajo resultaron en más de treinta libros e incontables artículos de prensa.
Sus primeras publicaciones las realiza apenas recién salida de la adolescencia, y es recibida por el público como una niña prodigio, recibiendo un premio de poesía con apenas trece años de edad.
Cuando solo contaba 16 años, el poeta Andrés Eloy Blanco —asombrado por su dominio del lenguaje— le dedica el poema: “Lamento y gozo del destino lírico”, como premonición de lo que sería la carrera de Ida.