Como era de esperar, Sigüenza se le quedó enseguida pequeña a Elvira Daudet, una joven tímida e insegura, según se describe a sí misma, pero aventurera e imaginativa. Con 17 años se trasladó a estudiar a Madrid pero su principal objetivo era publicar un libro de poemas que traía bajo el brazo. Sabía que los escritores importantes y los prometedores se reunían en el Café Gijón y allí se presentó ella, elegantemente vestida y calzada y en medio de la barahunda, su presencia logró un minuto de silencio que aprovechó para anunciar, como Moisés cuando mostró las Tablas de la Ley a los israelitas, “Soy poeta, me llamo Elvira Daudet y vengo a publicar este libro de poesía”.Como era de esperar, Sigüenza se le quedó enseguida pequeña a Elvira Daudet, una joven tímida e insegura, según se describe a sí misma, pero aventurera e imaginativa. Con 17 años se trasladó a estudiar a Madrid pero su principal objetivo era publicar un libro de poemas que traía bajo el brazo. Sabía que los escritores importantes y los prometedores se reunían en el Café Gijón y allí se presentó ella, elegantemente vestida y calzada y en medio de la barahunda, su presencia logró un minuto de silencio que aprovechó para anunciar, como Moisés cuando mostró las Tablas de la Ley a los israelitas, “Soy poeta, me llamo Elvira Daudet y vengo a publicar este libro de poesía”.