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En esta sesión de La Quinta Disminuida, fueron los oyentes quienes sugirieron la música para el penúltimo programa del año. Una selección variada que abarca diferentes estilos del jazz que definió un programa de lujo.
Muchas evidencias discográficas nos hacen pensar que la utilización de “grupos de cuerdas” para los músicos de jazz, tenía una connotación no solamente musical, sino también comercial y de posicionamiento de un público adicional. Muchos creen que la utilización de Las palabras “con cuerdas” tenía un sonido sagrado para los músicos de jazz. Significaba que una compañía discográfica los consideraba dignos de una gran inversión, que podría conseguirles un público más amplio y, tal vez, poner fin a sus penurias. En aquellos épocas de la supremacía del Long Play, los discos de “música ambiental” con melosos sonidos orquestales se vendían como pan caliente y eran como un empapelado musical para el hogar de los felices años cincuenta. Y así era como sonaba la mayoría de los discos de jazz con violines de los cuales muchos músicos decían: “voy a hacer un álbum con cuerdas” y al escucharlos eran un horror. Pero eso no era necesariamente una generalidad, por ejemplo las sesiones llamadas “Charlie Parker with Strings” (Charie Parker con cuerdas) son de las más injustamente tratadas ya desde su lanzamiento.
Muchas evidencias discográficas nos hacen pensar que la utilización de “grupos de cuerdas” para los músicos de jazz, tenía una connotación no solamente musical, sino también comercial y de posicionamiento de un público adicional. Muchos creen que la utilización de Las palabras “con cuerdas” tenía un sonido sagrado para los músicos de jazz. Significaba que una compañía discográfica los consideraba dignos de una gran inversión, que podría conseguirles un público más amplio y, tal vez, poner fin a sus penurias. En aquellos épocas de la supremacía del Long Play, los discos de “música ambiental” con melosos sonidos orquestales se vendían como pan caliente y eran como un empapelado musical para el hogar de los felices años cincuenta. Y así era como sonaba la mayoría de los discos de jazz con violines de los cuales muchos músicos decían: “voy a hacer un álbum con cuerdas” y al escucharlos eran un horror. Pero eso no era necesariamente una generalidad, por ejemplo las sesiones llamadas “Charlie Parker with Strings” (Charie Parker con cuerdas) son de las más injustamente tratadas ya desde su lanzamiento.
En el jazz, algunas composiciones se convierten en testimonios vivos porque nacen de heridas colectivas, experiencias personales o momentos que marcan la historia. “Strange Fruit”, interpretada por Billie Holiday, es quizá el ejemplo más sobrecogedor: un poema transformado en canción-protesta que denunció el linchamiento racial en Estados Unidos. Su interpretación convirtió el escenario en un acto de resistencia, revelando el poder del jazz para enfrentar injusticias con una belleza inquietante.
Otro caso es “Goodbye Pork Pie Hat” de Charles Mingus, escrito como elegía para Lester Young tras su muerte en 1959. Más que un homenaje, es un retrato emocional de un músico sensible y adelantado a su tiempo. Mingus canalizó su admiración y dolor en una melodía que respira cercanía, casi como una conversación silenciosa entre dos amigos.
Louis Armstrong también dejó historias profundas detrás de su música. “(What Did I Do to Be So) Black and Blue”, que él reinterpretó con una emotividad singular, se transformó en una declaración contra el racismo cotidiano. Aunque no fue compuesta por él, Armstrong la convirtió en un lamento íntimo, revelando la dureza de vivir en un país que celebraba su talento pero ignoraba su sufrimiento.
Estas obras muestran cómo el jazz no solo se escucha: también se recuerda.
En el jazz, algunas composiciones se convierten en testimonios vivos porque nacen de heridas colectivas, experiencias personales o momentos que marcan la historia. “Strange Fruit”, interpretada por Billie Holiday, es quizá el ejemplo más sobrecogedor: un poema transformado en canción-protesta que denunció el linchamiento racial en Estados Unidos. Su interpretación convirtió el escenario en un acto de resistencia, revelando el poder del jazz para enfrentar injusticias con una belleza inquietante.
Otro caso es “Goodbye Pork Pie Hat” de Charles Mingus, escrito como elegía para Lester Young tras su muerte en 1959. Más que un homenaje, es un retrato emocional de un músico sensible y adelantado a su tiempo. Mingus canalizó su admiración y dolor en una melodía que respira cercanía, casi como una conversación silenciosa entre dos amigos.
Louis Armstrong también dejó historias profundas detrás de su música. “(What Did I Do to Be So) Black and Blue”, que él reinterpretó con una emotividad singular, se transformó en una declaración contra el racismo cotidiano. Aunque no fue compuesta por él, Armstrong la convirtió en un lamento íntimo, revelando la dureza de vivir en un país que celebraba su talento pero ignoraba su sufrimiento.
Estas obras muestran cómo el jazz no solo se escucha: también se recuerda.
Mano a mano entre dos de las figuras más influyentes de la guitarra contemporánea, pero que representan visiones muy distintas dentro del jazz y sus derivaciones. Aunque comparten generación, ambos nacieron en 1954, y ambos irrumpieron en la escena en la década de 1970, su desarrollo musical tomó caminos casi opuestos. Ambos tuvieron una formación jazzística sólida formándose en entornos académicos de alto nivel y desde el inicio mostraron un dominio técnico sobresaliente.
Sus primeras apariciones profesionales fueron disruptivas, ambos fueron discípulos de referentes del jazz-fusión y ambos cruzaron fronteras entre el jazz, el rock, la música latina, el flamenco y la fusión. Sin embargo, las divergencias también son evidentes, uno de ellos desarrolló un sonido más atmosférico y expansivo, caracterizado por líneas melódicas largas y armonías abiertas. El otro, en contraste, apostó por la velocidad, la precisión rítmica y la complejidad técnica, explorando métricas irregulares y virtuosismo extremo.
Mano a mano entre dos de las figuras más influyentes de la guitarra contemporánea, pero que representan visiones muy distintas dentro del jazz y sus derivaciones. Aunque comparten generación, ambos nacieron en 1954, y ambos irrumpieron en la escena en la década de 1970, su desarrollo musical tomó caminos casi opuestos. Ambos tuvieron una formación jazzística sólida formándose en entornos académicos de alto nivel y desde el inicio mostraron un dominio técnico sobresaliente.
Sus primeras apariciones profesionales fueron disruptivas, ambos fueron discípulos de referentes del jazz-fusión y ambos cruzaron fronteras entre el jazz, el rock, la música latina, el flamenco y la fusión. Sin embargo, las divergencias también son evidentes, uno de ellos desarrolló un sonido más atmosférico y expansivo, caracterizado por líneas melódicas largas y armonías abiertas. El otro, en contraste, apostó por la velocidad, la precisión rítmica y la complejidad técnica, explorando métricas irregulares y virtuosismo extremo.
¿Hay una relación real entre la música y la pintura? Según Wassily Kandinsky, el pintor ruso precursor de la abstracción en la pintura, sí. Por eso escribió un manuscrito, que luego se transformó en libro, llamado “Lo Espiritual en el Arte“, y terminado allá por el 1910. En él, habla sobre la belleza cromática en el cuadro, que, según Kandinsky, ha de atraer con gran fuerza al espectador y al mismo tiempo ha de esconder su contenido pictórico profundo, o séase, las emociones del artista expresadas pictóricamente, prácticamente a modo de partitura musical.
¿Hay una relación real entre la música y la pintura? Según Wassily Kandinsky, el pintor ruso precursor de la abstracción en la pintura, sí. Por eso escribió un manuscrito, que luego se transformó en libro, llamado “Lo Espiritual en el Arte“, y terminado allá por el 1910. En él, habla sobre la belleza cromática en el cuadro, que, según Kandinsky, ha de atraer con gran fuerza al espectador y al mismo tiempo ha de esconder su contenido pictórico profundo, o séase, las emociones del artista expresadas pictóricamente, prácticamente a modo de partitura musical.
Este es el tema alrededor del cual girará la sesión de hoy.
Hay nombres que la historia del jazz pronuncia en voz baja. Músicos que tocaron como si el mundo los estuviera escuchando, aunque casi nadie, o muy pocos lo hicieran. Artistas que vivieron en los márgenes, donde el jazz se confunde con la vida misma: entre la belleza, la pobreza, la locura o la lucidez más pura.
Este programa está dedicado a ellos —a los grandes desconocidos del jazz—, esos intérpretes que nunca alcanzaron la gloria de los titulares, pero cuya música sigue latiendo, como una corriente subterránea que alimenta todo lo demás.
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La Quinta Disminuida es el programa de jazz que se emite desde la ciudad de La Paz - Bolivia.
Este programa nació un 12 de julio de 2007 y tiene por objetivo compartir con…
Con el afán de trascender las fronteras de la “capital más cercana al cielo” es que los programas también estarán presentes en formato del podcast de su preferencia.