El kilómetro cero en nuestra vida es nuestra madre. Después de nueve meses en su vientre, llegamos a este mundo pequeños, indefensos y hambrientos de cuidados. “El cuerpo de la madre es el hábitat del recién nacido”, dice el neonatólogo sueco Nils Bergman.
Allí se encuentran respuestas a todas las necesidades básicas: calor, alimento, protección. Sin embargo, cuando ese vínculo se interrumpe, el impacto puede ser profundo y duradero, tanto para el bebé como para la madre.
La separación de una madre y su hijo, incluso cuando se es bebé, deja cicatrices invisibles pero profundas. Aunque el bebé no tenga recuerdos conscientes, la ausencia de ese primer vínculo impacta en su desarrollo emocional y neurológico.
Es Stella Sánchez Alcalá, una joven de 25 años, que sabe muy bien de lo que habla. Nació en Honduras y a los tres años y medio fue adoptada por una familia en Valencia. Esta semana, desde COPE Santiago, comparte su historia.
Uno puede crecer rodeado de ...