Vamos a identificar al destinatario de las palabras de Félix Bolaños. No es desde luego el juez Peinado, al que ya ninguna presión va a doblegar. La presión pretende ejercerla sobre la Audiencia Provincial, que ha corregido algunos aspectos de la instrucción, pero no lo sustancial. Y qué es lo sustancial de un auto que no se agota en las florituras históricas del juez. Unos hechos que resultan sonrojantes, sea cual sea su calificación delictiva. Porque la única razón por la que se le construyó una carrera académica artificial a alguien con la formación de Begoña Gómez es porque era la mujer del presidente. Y hoy adquiere una elocuencia especial el gran logro, seguramente inalcanzable para cualquier español, de que dos empresas como Indra y Telefónica colaboraran gratis con ella. Bueno, gratis, con un coste muy notable para estas empresas. Sobre el poder que Pedro Sánchez tiene sobre ambas compañías, seguro que algo pueden contar, por su experiencia reciente, Ángel Escribano o Álvarez Pallete, que entró en la Moncloa como consejero delegado y salió como exconsejero delegado, después de que lo despidiera, ni más ni menos que un empleado de Pedro Sánchez. Indra y Telefónica, ni más ni menos. El ministro Bolaños dice que le avergüenza la instrucción del juez Peinado… y de la actuación de Begoña Gómez… nada le avergüenza.