El resultado de la ruptura del reino de Israel lleva a la idolatría del pueblo que, en manos de un rey sin escrúpulos, utiliza la religión como medio para cuidar sus intereses personales y políticos, sin perspectivas de futuro, solo de muerte y destrucción. El evangelio por su parte, nos hacen un llamado a descubrir como Dios motiva los corazones a la solidaridad y el compartir, lo cual dará paspo a la actuación de Dios nuestra historia, multiplicado nuestros recursos y nuestra generosidad. ¡señor, multiplica nuestro amor y fraternidad y así sacia nuestra hambre!