Algunos lo entienden como la enésima prueba de la tendencia de Sánchez a contradecirse. Me refiero al wasap que mandó a Ábalos antes de su detención: "te quiero como un amigo". Curiosamente, poco después dijo que era un gran desconocido. A mi juicio no hay contradicción alguna. Querer como un amigo no significa nada en un tiempo en que todos tenemos, no un millón de amigos, como pedía la canción, pero sí unos cuantos cientos o incluso miles en Facebook, que está más muerto que MySpace. El antropólogo Robin Dunbar ha establecido que nuestra mente no está diseñada para más de 150 relaciones significativas, y esto es así por razones evolutivas: 150 es el número máximo de personas que pueden cooperar para cazar y recolectar. Sobra decir que las redes sociales superan con mucho el llamado “Número Dunbar”. Por eso hay amigos que son uña y carne: la roña de la uña y la carne del pescuezo, que ni es carne ni es hueso. "Oh, amigos, no hay amigos", decía una frase muy enigmática de Aristóteles que hoy entendemos bien: si todos son amigos, ninguno lo es. Calculo que el número máximo de amigos está entre los 150 del antropólogo Dunbar y los cuatro del Peugeot. Porque la cosa no va de abundancia, sino de acumulación, y en el supermercado de la amistad los amigos van al peso. No nos sorprendamos, en consecuencia, si caducan pronto. Tengamos pocas pero buenas amistades. Mejor nos iría edificando menos rascacielos de "amigos" y más chozas robustas donde solo entren unos pocos.