Aquiles, en la Iliada de Homero, decía:
"odio, como las puertas de la muerte,al hombre que dice una cosa pero oculta otra en el corazón".
Cuando no se tiene un marco referencial de valores,
ni se actúa correctamente, con frecuencia se incurre en la mentira o en la deshonestidad. Hay un vicio popularizado por ciertos políticos, funcionarios públicos, profesionales y algunos ciudadanos en general, que piensan una cosa, dicen otra y después actúan, al contrario de lo que piensan y dicen. Precisamente esta conducta negativa, deviene de un problema de valores y es consecuencia de una ausencia de criticidad, de conciencia y voluntad que impide a las personas, mantener congruencia entre lo que piensan, dicen y hacen.
Ser honesto es ser real, genuino, auténtico, de buena fe.
Ser deshonesto es ser falso, impostor, ficticio.
La honestidad encierra respeto por uno mismo y por los demás. Pero debemos de entender que la honestidad no basta con expresarla, hay que vivirla y practicarla diariamente,
para convertirnos en personas íntegras y benévolas.
Autor: Guillermo Araya Guzman.
Discurso, acto de graduación