A veces pensamos que ciertas elecciones son insignificantes, sin valor, sin trascendencia. Pero en realidad son decisiones que llegan a ser parte de mí mismo(a) y me modifican.
No sólo yo quedo “tocado” en cada decisión. También los demás, sienten los efectos de mis decisiones: al aceptar o no un consejo, al dejar de realizar una llamada telefónica, al apretar bien un tornillo, al quedarme estudiando o ir a la rumba, al leer un libro constructivo o una revista de chismes, al tomar más o menos cerveza, al reciclar o no la basura... otros serán afectados, para bien o para mal, de lo que se inicia en el mundo a partir de lo que yo haga o deje de hacer.
Mi barrio, mi ciudad, el planeta tierra, van a ser mejores o peores según mis costumbres, según mi preocupación por el ambiente, según mi deseo de evitar gastos inútiles o comportamientos que aumentan o disminuyen, el malestar en un mundo sumamente frágil.
Autor: P. Fernando Pascual