Santa Teresita se decía una y otra vez “quiero ser santa, pero siento mi impotencia, y por eso te pido, Dios mío, que sea tú mismo mi santidad”. Descubrió que la santidad es Dios, y se dedicó a vivirla con pasión, a vivir sumergiéndose en Dios. Decía con naturalidad: “No necesitaba más guía que a Jesús. Él me instruía en secreto en las cosas de su amor”.
Semana, casa, perro, vestido, juguete, carro son santos porque Dios está en ellos y ellos en Dios. “Dios está en este lugar y yo no lo sabía” (Gén 28, 16), se dijo asustado Jacob al despertar después de dormir a campo abierto.
Todo lo que existe es profano, tiene consistencia propia, y lo profano es susceptible de ser santo en cuanto el hombre reconoce allí la presencia divina.
Modo excelente de vivir la Semana Santa, descubrir la presencia divina en personas y cosas.
Autor: Padre Hernando Uribe Carvajal