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El juicio de Ángela sucedió de manera ordinaria, como aquellos en los que seres humanos eran los imputados, prácticamente un trámite administrativo. De inmediato despidieron a Ángela y llegó una notificación a su teléfono móvil indicándole que el derecho a la educación de Valentina había sido suspendido, y tenía dos horas para retirarla del centro técnico-formativo al que había sido asignada apenas hace un año. El mundo se le desmoronaba otra vez, hacía de menos de dos años que Miguel, su esposo, había muerto.
Se habían conocido en la universidad, eran profesores en el doctorado de física. Tuvieron a Valentina mientras estaban de sabático en Europa, cuando los tres tuvieron que regresar porque a la universidad le habían cancelado el financiamiento para proyectos “no indispensables”, que al inicio fueron todos los programas de maestría y doctorado, y a la postre prácticamente todas las licenciaturas, que fueron transformadas en cursos técnicos.
Tras la llegada de los embajadores del universo; estaba prohibido llamarles aliens o extraterrestres, ya que se afectaban sus derechos y se consideraba peyorativo; arribaron miles de avances en todos los campos del conocimiento, forzando a los gobiernos a frenar los desarrollos tecnológicos y científicos humanos, para crear hordas de especialistas que ya sólo se encargarían de implementar y mantener toda esta nueva tecnología, lo cual en un inicio parecía (otra vez) la solución a todos los problemas de la humanidad, pero esta milagrosa respuesta, convirtió en pocos años, al grueso de la humanidad en empleados, atrofiados, que sólo seguían un manual de instrucciones, a los que pagaban lo mínimo indispensable para apenas sobrevivir. Excepto un pequeño grupo de líderes que nunca perdieron su estatus y se codeaban con estos embajadores del universo, quienes les proveían de minerales raros en la tierra y tecnologías impensables, este encuentro de élites rápidamente excluyó a todos los seres humanos de un trato digno.
La humanidad dejó de serles útil, ya no eran requeridos para que les llenaran las bolsas de billetes comprando todos los productos que les ofrecían, ahora sus nuevos socios les proveían de riquezas que nunca imaginaron ver, así como respuesta a problemas de salud indisolubles e incluso la inmortalidad, pero no para todos, unos pocos habían regulado provechosamente estos acuerdos apenas llegaron a la tierra. Así, prácticamente todos estorbaban, afeaban con su pobreza el gran auge que el mundo experimentaba. Algunos lograron salvarse de la mendicidad.
Ángela fue capacitada como nana de los embajadores del universo que, por sus condiciones físicas distintas requerían de personas con el mayor grado educativo. Para Miguel las cosas no fueron del mismo modo, no tuvo más remedio que aceptar un empleo de estibador en un centro de reciclaje de madera, que por algún interesante motivo los embajadores del universo la consideraban un festín que los volvía locos; aunque las cenas entre humanos y los siempre bien recibidos visitantes eran de los más extrañas, ya que regurgitaban ácidos volver predigerible e engullirla, comportamiento que creó tendencia.
Habiendo tantas personas muriendo de hambre y sin empleo, las relaciones laborales se tornaron peligrosas. Un colega de Miguel amarró mal “accidentalmente”un cargamento con toneladas de madera, que al ser manipuladas con el montacargas, aplastaron a Miguel, dejándolo agonizar en uno de los cientos de hospitales que antes fuente de innovación, ahora apenas eran capaces de resolver problemas efímeros, por la falta de recursos técnicos y humanos. El puesto de Miguel fue ocupado inmediatamente por una persona que como otras tantas, habían sobornado a alguien para “liberar” un puesto de trabajo.
Ahora sola Ángela se enfrentaba a una situación muy compleja, su sueldo era insuficiente para solventar lo elemental. Se había ganado el aprecio de la unipareja a la que había sido asignada para cuidarles el primogénito. En el mismo cuerpo el gameto masculino y femenino convivían, un organismo bicéfalo y bisexuado, la envidia de los aburridos e individualistas seres humanos. Extraoficialmente la unipareja de embajadores del universo le donaban un poco de esos minerales raros, que vendía en el mercado negro y lograba apenas salir adelante con sus gastos. A cambio de contarles, primero, sobre si vida previa, después sobre su campo científico y finalmente aspectos elementales de la historia de la humanidad, esto último considerado sedicioso. Los únicos que podían contar la historia de la humanidad eran las élites, siempre a través de la aprobación de una “Coaliación internacional de la verdad” que entregaba una versión muy modificada de lo que había sido la historia. Los embajadores del universo eran muy superiores, podían haber dominado y destruido a la humanidad, pero lo único que no podían hacer era volver al pasado, por lo tanto la historia del mundo fue de gran interés y valor para elles, un recurso finito que sólo podían detentar unos cuantos. Alguna de las conversaciones entre Ángela y su unipareja se filtraron entre las otras personas de servicio, por lo que había dado oportunidad a que alguien más ocupara el puesto de Ángela apenas se informara del delito que estaba cometiendo.
Tras recoger a Valentina del centro técnico-formativo ya tenía una idea de lo que pasaría. En la puerta del minúsculo departamento, se le informaba que un juicio en su contra había sido ejecutado a través de una inteligencia universal; es decir una IA ultra-avanzada gracias a la nueva tecnología y abundancia de minerales raros; y había sido encontrada culpable, por lo que se le entregaba un código de acceso único para entrar al departamento y en menos de cinco minutos retirar sus pertenencias y retirarse, ya que la habitación sería asignada al cumplirse ese plazo. Los encuentros con los recién llegados podían ser violentos al forcejear por sus objetos de valor.
Ángela no requería tanto tiempo, apenas contaba con algunas cosas, lo único que tomó fue un cuaderno, una pluma que se encontraban en la única mesa del departamento y lo poco que tenía de comida y agua. Al cerrar la puerta una notificación en el teléfono la invitaba a considerar alguna de las rutas de desalojo. Ya que permanecer en la calle era ilegal, y por lo tanto muy peligroso. Ángela y todos sabían que las rutas de evacuación eran un camino a la muerte, siempre había alguien con suficiente hambre para matar por las pertenencias de quienes las rondaban.
Cuando regresaron del sabático a firmar su “renuncia voluntaria” en la universidad, la violencia en las calles era patente, acordaron que si algo pasaba, se reunirían en una zona alejada de la ciudad, a pocas horas en auto, un bosque donde acostumbraban acampar, en su momento pareció algo razonable, pero caminando con una niña de seis años, la idea era rotundamente fantasiosa.
La gata entra en la sala en donde estamos reunidos.
No es de Angora, no es persa
ni de ninguna marca prestigiosa.
Más bien exhibe en su gastada pelambre
toda clase de cruces y bastardías.
Pero tiene conciencia de ser gata.
Por tanto
pasa revista a los presentes,
nos echa en cara un juicio desdeñoso
y se larga.
No con la cola entre las patas: erguida
como penacho o estandarte de guerra.
Altivez, gatidad,
ni el menor deseo
de congraciarse con nadie.
Duró medio minuto el escrutinio.
Dice la gata a quien entienda su lengua:
Nunca dejes que nadie te desprecie.
Los hongos son organismos muy interesantes, mas cercanos filogenéticamente a los seres humanos que a los vegetales. De algún modo son quienes dominan el universo, se encuentran desde las corrientes marinas hasta las uñas de los pies. Sin su invisible trabajo, la materia orgánica se acumularía de maneras monstruosas. Producen formas de lo más extrañas, y pueden matar, alimentar, curar y hacer alucinar.
En este trabajo artístico y de divulgación Eugenia López comparte sus experiencias micófilas y nos deja conocer su interpretación sobre como interactúan función, apariencia o comportamiento biológico, con el resto del ecosistema; abriendo una rendija al interesante mundo de estos enigmáticos organismos. Lo hace de un modo que genera adicción a sus páginas y lo engalana por unas fotos muy bellas e interesantes.
El viaje literario y botánico es en extenso placentero, ya sea para quienes apenas se están interesando por este universo, o para quienes hemos tenido algún acercamiento, es una gran lectura.
Los vicios privados hacen la prosperidad pública.
Es muy probable que tenga que explicar qué es Mastodon, voy a ser simplista, con los peligros que ello entraña, esta volátil definición sería: es como twitter (X, de verdad que mal nombre es ese de equis) pero sin intereses comerciales (o al menos no muy evidentes). Es decir es una red de micro blogueo, una red social pues.
Cariñosamente yo la llamo mi red anti-social, ya que casi no cumple con los estereotipos de lo que hoy se considera social, aunque en el fondo he visto que puedes tener una comunidad más cohesiva, que en las redes más populares.
Una vez establecida una noción general sobre qué es Mastodon, procederé a contar que trabajo en una fábrica de embutidos, una empresa familiar, que como todas, empezó con el esfuerzo y el entusiasmo de unos pocos, pero que hoy vende los mejores embutidos de México y emplea a un par de miles de empleados a lo largo del país.
Periódicamente tengo reuniones con el dueño del negocio, en el organigrama tiene un nombre más rimbombante, donde se tocan los temas más variopintos. No sé cómo, pero en algún momento terminamos hablando de twitter y su padre putativo elon musk. Mi patrón estaba sorprendido de que yo no tuviera facebook, ni twitter, ni instagram, ni ninguna de las redes sociales que él identifica. No me quería enredar mucho, pero dios en su infinita maleficencia, dejó que le explicara en más detalle cómo funcionaba esta cosa de Mastodon. Lo estaba haciendo bastante mal, ya que se puso a revisar sus mensajes en el teléfono simulando gran interés en mi banal explicación. Pero cuando le mencioné que una característica era que cualquiera podría tener una “instancia”, algo así como una isla privada pero interconectada con otras islas, y así la fábrica de embutidos podría tener su propia red social, los ojos le brillaron, y yo caí redondito en la trampa, le alimenté el ego diciéndole que sería el elon musk de las salchichas y las mortadelas, hasta le escribí la propuesta de nombre para su cuenta @[email protected]. Cuando se enteró que además todos los trabajadores estarían en su red social, y que cualquier cosa que él escribiera sería leída por toda esa comunidad, ya estaba hablándole al de sistemas, que pensó que el patrón se había vuelto loco cuando le pidió un twitter para embutidos finos.
Yo me sentía el estandarte de las redes sociales no privativas (osea sin dueño), y si cualquier papanatas quiere que le den el Nobel de la Paz, porque no lo pediría yo que llevaba al fediverso (si, nuevo término que implica todas esas islas que les comenté hace rato) los chorizos y longanizas más sabrosos de todo México. Después de unos meses ya estábamos, yo muy apuntado en el equipo, bien embarcados con un servidor de lujo y con todos los aspectos técnicos casi listos para lanzar la instancia en Mastodon @embutidosfinos.mx.
Se les hizo llegar un correo corporativo con bombo y platillo, presentación en la sala de juntas al consejo directivo, y muchos aplausos por ser los primeros embutidos en México en tener su propia red social. Desde el día uno las cosas agarraron velocidad, todo mundo estaba entusiasmado, nadie sabía muy bien cómo funcionaba el elefante ese; no había poder humano que les hiciera recordar Mastodon; así que usaban el elefante de modos muy eclécticos, ya sea como twitter, como facebook, como instagram, hasta como whatsapp. Honestamente bastante caótico, cada mañana que encendía la computadora la línea de tiempo local tenía miles, literalmente miles de mensajes, así que la ignoré, y dado que yo tenía mi cuenta en otro servidor comencé a ponerle menos atención. El que no lo ignoró fue mi patrón, Don Embutidos finos, que más confundido que nadie, un día compartió el contrato del nuevo mando medio de logística que habían reclutado de una empresa gringa en la cuenta @[email protected], en lugar de hacerlo por whatsapp al director de recursos humanos, pero también a quién se le ocurre andar compartiendo un documento así por eso medios, pero en fin.
Tal contrato mostraba por primera vez los grandes beneficios que tenía un grupo selecto de allegados: oficina con ventana, secretaria, camioneta, y un sueldo bestialmente alto con buenas primas por ventas globales. Para todo el precariado no era ningún secreto, entendían el capitalismo mejor que el patrón y solo generó chistes y bromas. Quienes izaron la bandera heráldica fueron los mandos medios de otras áreas de la empresa, a quienes no les gustó la idea de que el recién llegado tuviera más privilegios que otros más cercanos y añejados en @embutidosfinos.mx. Todos ellos sin entender claramente lo que ocurría, compartían sus contratos, aparentemente solo entre ellos, pero su analfabetismo tecnológico no les permitió darse cuenta de que, los miles de empleados estaban presenciando en tiempo real un episodio de juego de tronos, pero con jamón de pavo y queso Oaxaca. Las cosas se salieron de control cuando los improperios contra el mero patrón de ser esporádicos ya eran la norma.
En la oficina estaba el abogado, el responsable de sistemas, el dueño y yo. Para no hacerles el cuento largo me culpaban de todo, ellos juraban que eso seguramente nunca la había pasado a elon musk; y palabras más, palabras menos necesitaban un chivo expiatorio, y por supuesto una solución a todo este enredo. Pues a grandes males, grandes soluciones, a la chingada la soberanía tecnológica, y las sociedades de pares, cerramos el servidor y listo.
Honestamente pensé que todo el problema habría terminado ahí, total se iban a quejar de las hermosas amistades que habían hecho, obvio no falto quién consiguió pareja, pero pues ya se regresarían a sus redes y listo. A mí me fue bien, me pusieron un acta administrativa y ya, nunca supe bien el motivo, pero eso me saco por andar de opinador sin causa.
A las tres semanas se desató la maldad. Pues a la mayoría de los trabajadores les había encantado la idea de tener su propia red social, salvo el drama de los directivos, los demás se la llevaban bien, organizaron cajas de ahorro virtuales, colectas de ayuda a colegas en desgracia, competencias deportivas, pero siempre algo temerosos porque sabían que @[email protected] podría estar viendo sus conversaciones, como cualquier otra persona. Así que cuando cerraron el servidor, le preguntaron al de sistemas si era muy costoso hacer lo que había hecho el dueño. Al de sistemas le encanta el relajo y el chisme, así que se buscó unas computadoras de segunda mano y ya sabiendo cómo funcionaba el asunto montaron su propia instancia de Mastodon, por sorteo el nombre que ganó fue @embutidoñero.soy.
La gente estaba encantada, y la instancia tenía una actividad muy intensa y divertida, tanto que, cuando los directivos que se encargaron de montar la ahora conocida #rabietadericos se enteraron de la existencia de esta instancia y de lo que ahí ocurría, que se rumoraba incluía opiniones soeces y jocosas sobre sus jefes, quisieron infiltrarse, pero ya habían aprendido la lección y les negaron el registro y todas las cuentas estaban privadas por defecto. Tal grado de insurrección fue comunicado al presidente de la compañía, que denostó el movimiento y se sentía muy alejado del proletariado con su nueva cuenta en Truth social.
Lo que ya no le gustó fue recibir una notificación de que gracias a la nueva instancia, crearon una cuenta llamada @sindicato@embutidoñero.soy que ayudo a gestionar la formación del primer sindicato en la empresa, e instaban a las autoridades para dialogar sobre una mejoría en las condiciones laborales de la empresa. Nuevamente necesitaban un chivo expiatorio, y ¿adivinen quién fue?, me inculparon de organizar el sindicato y por su puesto fui despedido.
Hasta donde me enteré, las cosas se pusieron bravas, tanto que el presidente está pensando en vender la empresa y retirarse, ya le faltaba poco y no tiene a quién heredarla. Lo que realmente me entristece es que al no pertenecer a la compañía mi cuenta fue suspendida, ni modo, honestamente se había puesto bien interesante.
Llevo unos meses desempleado, y cuando me preguntan qué es eso de Mastodon, ya no sé si reír o llorar.
(el uso inadecuado de algunas minúsculas en lugar de mayúsculas es intencional)
Te espero amado mío,
en esta mi alcoba creada para los pájaros
en esta mi soledad que se expande
cuando te marchas
¡Ven!
Acerca tu oscuridad a mi alma,
acerca tu dulzura a mi corazón.
No me olvides nahual de la montaña,
espíritu florecido del bosque.
¡Ven!
Enséñame el animal que te habita,
tu espíritu de la noche,
acerca tu nahual al mío,
dancemos durante el sueño,
atraviesa el inframundo,
hasta encontrarnos.
Nuevamente otra novela autobiográfica en la que se cuenta cómo la autora pierde a su madre, quien la abandona para seguir su sueño, y esto lo utiliza como argumento circular para contar su devenir y el de su hija (a quien cuenta la historia). Eso la envuelve de mucha nostalgia, y tiene la capacidad de escribir de manera inteligente y ocurrente, esto se ensalza por la narración en audiolibro de Tiaré Scanda, una actriz de malas telenovelas, que veía en mi adolescencia, pero que en esta ocasión, verdaderamente haca un gran trabajo dándole valor a la historia.
Regresando al libro, es una historia interesante, divertida, con sus picos y sus valles, que la hacen adictiva, hasta que llega al tercio final, dónde la historia se desquebraja terriblemente, ella y su hija se dan ínfulas de feministas avanzadas, pero terminan perpetuando un pseudo-empoderamiento clasemediero, bien cargado de malinchismo pueril y superficial que, no niega su aspiracional colonialismo. Defendiendo a su pareja que en México pasa por un gran hombre, pero que en su natal Alemania le hubieran sacado hasta la risa por no hacerse cargo adecuadamente de una hija a la que abandona.
Para mí, fue un libro agridulce, ya que se perfilaba para ser una gran revelación, pero se desinfló, ni modo, igual venderá miles de copias entre sus abanderadas.
tengo la cartera llena de libros de los cuales espero que por la noche me expliquen algo sobre mí mismo, algo que todavía desconozco
Para quien lo hace o para aquel que es un opinador web 2.0, puede parecer baladí, algo natural. Pero para mí, bucear es una de las experiencias más complejas de los últimos años, fundamentalmente a nivel mental.
Si lo hubiera pensado detalladamente, definitivamente no debí hacerlo, o al menos mis argumentos eran lo suficientemente sólidos como para proscribir esta nueva aventura; nueva aventura que como en la infancia fue en compañía de mi primo con quien no pocas veces me expuse a lo que en su momento me parecía arriesgadísimo, y en esta ocasión más de treinta años después no fue la excepción.
Sabía que si lo racionalizaba un poco sería muy fácil desistir. Así que, seguí la ruta crítica para cosas que en el fondo me son incómodas, ignorarlo, comenzar a pensar sobre la situación en el último momento, así ya no hay manera (siempre hay alguna manera deshonrosa) de echarse para atrás inventando algún pretexto.
Ne me voy a andar con vericuetos, la experiencia, esencialmente fue desagradable, pero exitosa, extraña contradicción. Tuve que superar dos grandes temores, uno racional y otro no tanto.
El primero, el riesgo a morir ahogado, sé que es una condición bastante controlada en manos de profesionales con experiencia (como en mi caso), pero siendo honestos, pueden suceder eventos desafortunados cuyo desenlace fuera catastrófico, en particular porque mis habilidades acuáticas no son ni cercanas a mediocres, al final del día soy un hombre de montaña, no de mar.
El segundo, mi gran temor a lanzarme a un abismo, bajar a diez metros y presenciar ese universo. Me sentí abrumado, esas otrora montañas, valles y dunas de aspecto extraterrestre son algo indescriptible, saber que otras reglas totalmente ajenas rigen una física a la que el ser humano requiere tecnología para seguirlas me sobrepasaba. La sensación de estar rodeado de incertidumbre me saturó.
Por lo tanto a la mitad de la primera de las inmersiones, se me filtró una cantidad ínfima de agua a la boca que me comenzó a dar problemas, hasta que en un momento se fue a la parte posterior de mi garganta, y temí que me diera un ataque de tos; de sólo pensarlo, todos mis demonios se desataron con ferocidad y el pánico se hizo dueño de mis actos. Le pedí a la instructora que me sacará, sentía que en cualquier momento las cosas iban a llegar a un punto de no retorno, ya no quería seguir en el fondo del mar con un buche de agua paseándose por el único lugar donde podía respirar. Mi peor pesadilla se estaba cumpliendo; bueno un episodio antes de la peor, que esa hubiera sido que me tropezara con un pulpo (mi octofobia).
La guía comenzó a calmarme, indicándome que controlara mi respiración; ver a un humano frente a mi, en medio de la inmensidad que me rodeaba logró su fin; y antes de que lo reconsiderara me indicó que prosiguiéramos. Así que, ya más tranquilo y con esos mililitros de agua en la boca logré terminar esa inmersión; demás está decir que apenas pude apreciar el espectáculo, pero un poco si. Al salir temblaba y no era de frío.
No me pude rehusar al segundo descenso, esos diez minutos de traslado en lancha me sirvieron para bajarle las revoluciones a las emociones que me andaban traicionando. Ya en ésta segunda ocasión las cosas sucedieron mejor, aprendí a deshacerme del agua en la boca. La primera mitad logré desenvolverme con un poco más de soltura, después, según yo me empecé a concentrar más y salió peor, pero bueno únicamente era un tema técnico que hacía más difícil bucear, pero nada que me pusiera en riesgo.
Al término y por muchas horas más traía la adrenalina a tope. Tanto que por un par de días me sentía físicamente cansado, pero mentalmente extraño, no puedo encontrar adjetivos, no de una manera nociva, solo distinta; creo que fueron demasiadas cosas, demasiadas emociones; seguramente necesito algo de tiempo para procesarlas.
Poco filo mi resta, ma spero che avrò modo di dedicare al prossimo tiranno i miei poveri carmi…
Eugenio Montale
Quaderno di quatro anni
Antes de irme adoraré a otro tirano.
Qué gratitud
hacia quien da respuestas a todo.
Qué alivio
sentirse parte del rebaño,
matar a cambio del cielo
y ser premiado por crímenes.
Príncipe, escucha mi alabanza,
y no te olvides de tu siervo.
En la actualidad realizar un viaje tiene pocos riesgos, no estamos exentos de algún accidente, pero en la normalidad esa es una anomalía. Hoy pasar del sitio de origen a nuestro destino, independientemente del medio de transporte que usemos, suele ser más una experiencia tediosa, prácticamente administrativa.
En El Criadero, Gustavo Abrevaya crea un mundo donde, la avería de un auto en medio del desierto nos lleva a un sitio que inicialmente parece un pueblo pintoresco y provinciano, pero que rápidamente (bueno, no tan rápidamente) se va transformando en un lugar oscuro, hostil y peligroso.
Ante la desaparación de Alicia, la pareja Álvaro, el mundo comienza a desquebrajarse en la praxis, pero en especial en el campo de la lógica. Lo absurdo, lo aparentemente irreal pierde ésta característica. La realidad es dúctil, moldeada por un pensamiento místico enfermo, pero en especial una sociedad trastornada que persigue y mata lo extraño, lo ajeno, al débil; para entregarlo a modo de inmolación a una brutal jauría de perros cimarrones que acuden puntualmente a reclamar lo que les pertenece, y lo que les deben tras el abandono, tras la resección de ese trozo de humanidad que después miles de años les hemos vertido en sus corazones salvajes.
Las reseñas prometen más de lo que cumple este thriller, que tiene un paso lento, una tensión excesivamente farragosa, que no logra llevar al lector a la profundización de la trama o los personajes, sino por momentos a la abulia. Pero tiene su antídoto, la prosa es buena, atinada y justa; así que a trompicones se va avanzando. Este camino lleva al desenlace de la novela, y ahí sí, agárrense al sillón porque la historia toma velocidad, violencia, es vertiginosa; llevando al lector a un final que merita todas la páginas, el final cumplió.
Frente al espectro de una red de comunicación que se extiende y abarca el universo entero, cada ciudadano de este mundo se convierte en miembro de un nuevo proletariado.
Hacía tiempo que no desconectaba totalmente del trabajo, es decir unas vacaciones reales, no esas precarizadas (y bastante normalizadas) en las que no asistes físicamente, pero estas pendiente de las llamadas, mensajes y porque no le echas un ojo al correo electrónico. Incluso sin nada de lo anterior, siempre tenía (en realidad sigo teniendo, pero ahora sí lo ignoré) algún artículo o tesis que revisar, tal vez una presentación, y mis días de descanso o vacaciones eran el momento ideal para que, al final del día continuara trabajando.
Para quienes me conozcan (de algún modo) podrían decir que sí me desconecto del trabajo, porque leo y escribo, corro y me salgo de la ciudad los fines de semana, eso sin contar que me olvido del whatsapp saliendo del hospital; lo que parece una adecuada separación y sano alejamiento del trabajo. No negaré que tras quince años, poco a poco he ido ganando este tipo de independencia, siempre con algo de sentimiento de culpa, también un poco de crítica por parte de algunos colegas, e incluso gente querida y cercana que me dice “privilegiado”, adjetivo cierto, pero que refleja la normalización de la inmediatez y la presencia permanente, siempre disponible para resolver cualquier imprevisto laboral.
Pero se preguntaran ¿siendo médico no estás todo el tiempo al pendiente? La respuesta es que no, las urgencias se atienden en el servicio de urgencias, quienes me puede marcar a cualquier hora y por lo tanto no estoy todo el tiempo pensando “a qué hora llegará un paciente”. La mayor parte de las veces lo que me inunda la cabeza son problemas administrativos, de escritorio, es decir que se pueden resolver dentro de un horario laboral, pero mi mente perfectamente moldeada por los usos y costumbres contemporáneos me dice que, debo ocupar todo mi tiempo libre para seguir rumiando esos pedestres problemas.
Esto ya lo venía pensando dese hacia meses, no terminaba de cuajar, justo ahora que ni siquiera fue tanto tiempo, pero el suficiente para que el ánimo y el cerebro se me aligeraran bastante, y que tengo que volver a las rutinas, me siento bastante apesadumbrado, además los sucesos mundiales de inicio de año han ayudado mucho.
Lamento venir con mis desavenencias ahora que todo el mundo tiene una lista robusta de propósitos de año. Yo sólo deseo tener el cinismo de poder limitar la invasión de mis actividades laborales en las personales. Sencillamente no quiero leer más, escribir más o correr más, sólo quiero contemplar más.
Y me voy, con la secreta esperanza de que ocurra algo que lo cambie todo, que la vida me sorprenda abruptamente, sigilosamente, desordenadamente en cualquier puesta de sol frente al Mediterráneo, soñando con viajar o con huir o con nadar hasta perder la línea de la costa, mirando lejos, muy lejos, donde cuando miramos nos vemos reflejados en nosotros y nos reconocemos; me voy con la secreta esperanza de que el viaje no acabe, se prolongue, se eternice, se disuelva en un vivir de viaje, me voy como si dijera adiós, hasta nunca, escapo por la gatera, me escurro entre las sábanas, tus sábanas, me acurruco y espero lo inesperado, lo subversivo la hecatombe, un terremoto personal o de la tierra si fuera necesario, una riada, un vendaval insurgente, altivo que lo limpie todo, lo arrase, lo destruya y lo levante de nuevo, nuevo y nos sorprenda en silencio, con un golpe seco, con un beso húmedo con una caricia lenta, muy lenta como el mismo viaje que me lleva y me separa y me aleja y me acerca y me destruye y me reinventa, como el viaje a ninguna parte o a todas, me voy con la esperanza de no volver a irme nunca, de estarme quieto, pensativo, mirando a lo lejos frente al mar, donde cuando miramos nos vemos por dentro, o mirando al fuego una hora, otra hora, una noche tan larga como un día sin ti, como un viaje hacia dentro, a lo hondo, a lo oscuro, a lo que nos da miedo y nos atrae en un solo acto, a ti y a mí cuando hablamos sin decirnos lo que de verdad queremos, me voy en un viaje circular que me traerá a mi mismo o a vosotros o a ti si hubiera suerte o a ninguna parte, me voy pero no del todo, me voy dejando huella, marca y señales, me voy dejando miguitas de pan en el camino para poder volver, pinchando notas en la puerta, dejando rastros, imperceptibles, enormes, como palabras esculpidas, como los dedos de las estatuas que vi de pequeño, me voy esperando que me sigas y que me encuentres y que te pierdas y que llores la ausencia y la presencia reencontrada, reencarnada frente al Atlántico cuando el sol se levanta y lo descubre besando la orilla. Me voy para volver aunque no se a dónde ni por dónde, me voy con un pasito corto que me lleve lejos y me devuelva sano y salvo, íntegro, renovado, valiente, apuesto, afortunado, sonriente.
Mi acercamiento con la autora es monopólico y comercial. Por lo que estaba lleno de prejuicios antes de leer esta novela, los cuales tengo que aceptar, algunos era correctos, es decir es una escritora con una estructura simple pero vendedora, que describe un dramón clásico, una familia que no entiende la terrible desunión de un padre que se fue muriendo cuando su esposa lo deja, y la hija que hace lo posible por entender qué pasa; todo esto embebido en el cliché de la sociedad mexicana de mediados del siglo pasado.
Lo cual no la exime de haber escrito una novela entretenida y bastante emotiva. Su corta extensión evita párrafos o capítulos farragosos, se lee con dinamismo y salvo pequeños brincos en la continuidad, es una grata lectura para un fin de semana.
…es imposible ganar este juego. Si no te mata el error te matará la duda.
leer el capítulo previo
Estaban exhaustos, el calor del verano apenas les dio oportunidad de ponerse una sábana que les cubría la cintura. Dormidos sobre su costado él la abrazaba, a pesar de la diferencia de estatura y conformación de sus cuerpos; los años en él ya cobraban algunas facturas, y en ella la juventud engalanaba a sus genes; se encontraban muy cómodos, como si de esa forma durmieran cada noche.
La recámara de Mónica daba cuenta de lo sucedido, sólo estaba la ropa interior de ambos, señal de que el resto se había ido perdiendo en el camino. Los cojines y las almohadas fueron los primeros en perecer, les estorbaban demasiado, en su afán de conocer cada esquina del colchón fueron cayendo estrepitosamente. El resultado, la cama con ellos dos abrazados y una catástrofe por todo el suelo.
La luz a través de la ventana delataba dos cosas, la mañana ya estaba bastante avanzada, y el cansancio de una noche que se alargó hasta dónde les dieron las fuerzas y el deseo, los dejaron en medio de la habitación sin que absolutamente nada los sacará de su sueño.
En algún momento de la madrugada Néstor se despertó a medias, tan solo para confirmar que ella seguía ahí, a su lado; y que el olor de su cuerpo con el de ella era inolvidable, le sorprendió la familiaridad y nostalgia de ese aroma. Mónica se dio la vuelta y él aprovechó el momento.
-¿Quieres que te tape o busque tu pijama?
-No, siento la piel hirviendo -le respondió apenas.
-¿Te vas a dormir desnuda? -le preguntó Néstor al oído, y ella sólo asintió con la cabeza- bajo tu propio riesgo.
Néstor observó el panorama, era idílico. Tomó una punta de la sábana y los cubrió parcialmente.
-!Despiértate, por favor levántate Néstor! -Lo despertó Mónica, agitada y con voz angustiada.
Néstor despertó sobresaltado y al verla sentada en un extremo de la cama, vestida con su camisa a modo de camisón, no entendía lo que estaba pasando.
-Tuve una pesadilla horrible, estábamos tu y yo, y un bebe, un hijo supongo.
Él la veía muy angustiada y en silencio asentía a lo que le contaba.
-Yo también soñé algo parecido -Mónica lo miró sorprendida-, era un varón, un niño de brazos ¿cierto?
Mónica no lo creía, al recordar el sueño los ojos se le humedecieron y lo confirmo con un sordo monosílabo.
-Vivíamos en un cuarto, no podría decir que era una casa, cuatro paredes de tabique en bruto, una mesa de plástico con sillas, un trastero, la estufa, mi bicicleta con periódicos amarrados al portabultos, la cama y una cuna. Te gritaba que despertaras, por más que te sacudía apenas balbuceabas, hedías profundamente a vino. Vociferaba que el niño estaba muerto, lo veía azul con la piel marmórea y leche regurgitada en su boca. Insistía en que despertaras y lo lleváramos al doctor. Pero apenas me respondías que ya le habías dado su biberón. Lo destapaba y era leche mezclada con alcohol. Después me acercaba al estante al lado de la estufa y tomaba un cuchillo, estaba dispuesto a matarte y mientras caminaba hacia la cama me despertaste.
Las lágrimas le escurrían por las mejillas a Mónica, mojando la camisa de Néstor.
-Yo soñé algo parecido, el cuarto y el niño eran como los describes. Mis ropas, las del niño estaban viejas, sucias, roídas, eramos pobrísimos. El bebe no paraba de llorar, me veo en el sueño vaciándole al biberón una botella de licor, y cuando se queda dormido, yo le doy termino a la botella y me recuesto en la cama. Tus gritos en el sueño me despertaron.
-Mónica ¿eres alcohólica? -le preguntó deseando no saber la respuesta.
Mónica asintió bajando la cabeza entre sollozos.
-Esto no nos puede volver a pasar -le dijo Mónica mirándolo a los ojos que se les llenaron de lágrimas.
Ambos se levantaron de la cama, y recogieron sus ropas a lo largo del departamento, en silencio.
-Creo que no nos volveremos a ver -le dijo Néstor mirando los pies desnudos de Mónica, con las puntas de los dedos levantadas. Tal como lo recordaba siempre.
Ella le tomó la cabeza entre sus manos, le besó las lágrimas y le dijo al oído.
-Siempre te voy a amar, también en otra vida.
Néstor salió del edificio, se dirigió a la sala de conciertos para recoger su bicicleta y volver a casa.
Difícil saber quién desató la cuerda
dispersa ya, entre los cuernos desgastados
de ese toro de viento.
Difícil saber si la mudez es sinónimo de muerte,
o el germinar de un nuevo idioma,
lengua devuelta al agua como un pescado
que revive, de pronto, en la mesa.
Difícil, porque esa misma cuerda
la desató un día mi mano:
echó a andar el trompo
con la misma cadencia
de la catástrofe.
El gesto infantil de lanzar hacia la tierra
una moneda, una roca,
para verificar el peso, la real
consistencia de la vida.
Conforme voy leyendo y haciendo mis reseñas, marco aquellos libros que me parecen memorables. Escribo esto a cuatro días de que termine el año y no creo ya encontrar un libro que vaya a entrar en este listado. Así que procederé al mismo, no pondré la reseña que ya escribí en el blog. Prefiero ver después de varios meses, revalorar el impacto de esos libros que cambiaron mi mundo, y que tal vez podrían cambiar el suyo.
Aclaración, los libros están en orden de aparición no de importancia
El año arrancó potente, el primer libro que me encantó fue con el que inicié este 2025. Sin relato de Lola López Mondéjar tiene el récord de ser el libro que más he subrayado, es un ensayo que desgrana las situaciones socio-políticas que han llevado a la humanidad a la estultofilia o pasión por la ignorancia, es decir en que momento murió dios y las tecnologías de la comunicación/computación le robaron al dios salud el papel que robó transitoriamente ante la debacle de la fé. Es un ensayo increíble que analiza transversalmente esta problemática, así que el fue arado que me abrió brecha al momento en que me encuentro actualmente frente a mi aproximación ante la tecnología y porque no ante el sistema económico.
Cadáver exquisito de la argentina Agustina Bazterrica, me llama poderosamente la atención que sea un best-seller, cuando lo leí me pareció una novela sediciosa. A través de la descripción de un mundo apocalíptico donde un virus impide comer y tener animales, deciden crear una especie de subhumanos para satisfacer las necesidades de aquellos que pueden pagarlo (cualquier relación con el sistema económico y social actual es pura coincidencia, o no); así la autora quita la externalización de nuestro sistema de producción basado en animales. Esta tangibilidad a mi me removió las entrañas profundamente, llevándome al flexiterianismo. La pensé sediciosa porque no imagino que alguien no desee, al menos un poco, reducir su consumo de animales, cuando te demuestran lo injusto, sanguinario e innecesario que hacemos, no para satisfacer nuestras necesidades, sino para generar riqueza a unas cuantas manos; pero parece que no es así. Como nota al margen hasta el momento es el libro con el final más duro, triste y miserable que he leído nunca.
En El descontento de Beatriz Serrano se cuenta una historia típica de casi cualquier empleado de cuello blanco. Esta autora te hace reír de principio a fin, pero siempre metiendo el dedo en la llaga sobre lo absurda que la vida dentro de las oficinas; siendo un panfleto de lo idiotas que nos volvemos con tal de pagar la renta y mal vivir. Es una dura crítica al sistema económico lleno de ocurrencias que, me hicieron desear tener a la protagonista como compañera de trabajo para que continuara contándome, todas sus peripecias. Es un libro para reír, pensar y deprimirse.
Siguiendo con las catástrofes en Radicalizado de Cory Doctorow presenta cuatro relatos que profanan a las sociedades del primer mundo, por todos los orificios naturales. Son fantasiosos, parecen futuristas; pero sólo falta moverlos un poco de escenario y son completamente actuales. Y llevan a la visualización de situaciones que son patentes y preocupantes, en todo el globo.
No todo fue capitalismo voraz, el mundo tiene mas mierda. La mala costumbre de Alana S. Portero es una novelón autobiográfico sobre el proceso de aceptación y exposición a la sociedad de una mujer trans en España. Es un libro hermoso, tierno y cruel, que permite al lector dar elementos para evitar expresarse incorrectamente ante la decisión de cualquier ser humano de expresar sus preferencias. Para aquellos que opinamos a la ligera sobre el tema, es una lectura que nos altera la circuitería neuronal y emocional. Además de que la historia tiene una banda sonora rotundamente memorable, selección que por sí misma vale la pena.
Finalizaré con un gusto culposo Elvira Sastre, que de acuerdo con la comparación que hace mi hermano (comparación atinada) frente a la poeta española, Mario Benedetti podría considerarse un poeta maldito. Sus poemas no destacan en la estilística y uso de figuras retóricas; pero se entienden y se sienten, así que con eso me basta.
Dejaré dos menciones especiales para “La viralidad del mal” de “proyecto UNA” y el compendio “The Right Not to Use the Internet ” ambos lecturas muy valiosas y valientes.
La experiencia lo hizo descubrir el gran poder que las palabras tenían para acercar o alejar a las personas
leer el capítulo previo
Aún les faltaba para llegar a la casa de uno de los músicos, donde se había acordado que sería la fiesta de cierre de temporada que, además inauguraba las vacaciones en la universidad. Néstor y Mónica aprovecharon el frío para ir un poco más cerca de lo usual, tan sólo lo suficiente que permite la confianza de dos viejos conocidos.
Ninguno de los dos dio explicaciones sobre su comportamiento, era obvio que ambos habían establecido un recíproco y furtivo interés. En lugar de eso, con naturalidad inexplicable se pasaron todo el trayecto conversando y escuchando sin incomodas pausas, quienes los veían pasar pensarían que se estaban actualizando sobre las últimas noticias de su vida. Tras decenas de minutos ambos entregaron al otro una hoja de ruta, estableciendo sucesos, detalles que quien escuchaba, devoraba por entero.
Mónica se detuvo de improviso.
-¡Ya nos pasamos! -le dijo mientras le jaló el brazo a Néstor. Su mano decidida pero dócil lo sonrojó, él deseaba más que nada seguir sabiéndolo todo de ella. Mónica lo miró fijamente dos segundos.
-Tengo que ir a la fiesta -le dijo mirando los labios de Néstor- pero te la vas a pasar bien, lo prometo.
A nadie llamó la atención que Mónica entrara con alguien ostensiblemente mayor que ella, agarrado de la mano. Néstor estaba sorprendido de ver a los músicos comportándose tan normalmente, alejados de su papel impostado por la partitura. En algún momento Mónica se ofreció a ir por una ronda más de copas de vino. Néstor la observaba desenvolviéndose en la fiesta, la casa era grande, había gente platicando ruidosamente en todos lados. Al no volver, comenzó a caminar y ver a los invitados, después de haberlos estado observando desde su asiento toda la temporada, de algún modo esas personas le parecían familiares. Se había formado prejuicios sobre su comportamiento, basado en el instrumento que ejecutaban en las presentaciones. Al final todos eran bastante ordinarios, sólo le contrastaba un poco que la mayoría con vestido de noche o frac, se comportaban como cualquiera en las reuniones a las que en contadas ocasiones acudía Néstor con sus amigos.
Tras deambular un rato que le pareció más prolongado de lo usual, comenzó a buscarla entre las conversaciones, pero se había esfumado. Néstor ya comenzaba a barajar su opciones, entre las que se encontraba abandonar la fiesta y regresar por su bicicleta para volver a casa. Decidió ir a buscar algo que beber antes de partir, y cuando el mesero le entregó su copa de vino, Mónica se le acercó por la espalda, a un milímetro de tocar sus cuerpos, pero a la suficiente distancia para que él percibiera su calor.
-Te tengo una sorpresa -le dijo sutilmente al oído.
Se fue detrás de ella, atravesaron un par de salones y en el fondo, Néstor sospechó cuál era la sorpresa y se puso nervioso. En una esquina estaban cuatro chelistas y un par de violinistas; volteó a ver a Mónica que lo presentó a todas, y tras continuar la conversación, lo miró con picardía y preguntó si alguien deseaba algo de beber, una de ellas aprovecho para pedirle que rellenaran su copa mientras Néstor veía cómo se alejaba. Se quedó sorprendido, en el camino a la fiesta le había confesado su fascinación por las chelistas, pero después de un rato, volvió a preguntarse ¿dónde estaría Mónica? Satisfecha su parafilia musical, se despidió y fue a buscarla.
Ella lo observaba a lo lejos deambular, hasta que él sintió su mirada y se acercó hacia la esquina donde estaba sentada. Mónica le extendió la mano sugiriéndole que la ayudara a levantarse.
-Pensé que me dejarías abandonada -le dijo mientras se levantaba del sillón, sin soltarle la mano, Mónica lo adelantó y cruzaron la casa sin despedirse de nadie.
-Deja tu copa -le dijo Mónica cuando pasaron una mesa llena de botella vacías- en mi casa también hay de beber.
leer la tercera y última parte
Siento saudades de todo lo que marcó mi vida.
Cuando veo retratos, cuando percibo olores,
cuando escucho una voz, cuando me acuerdo del pasado,
yo siento saudades…
Siento saudades de amigos que nunca volví a ver,
de personas con las que ya no hablé ni me topé…
Siento saudades de mi niñez,
de mi primer amor, del segundo, del tercero,
del penúltimo y de aquellos que aun voy a tener, si Dios quiere…
Siento saudades del presente,
que no aproveché en lo absoluto,
recordando el pasado
y apostando por el futuro…
Siento saudades del futuro,
que, si idealizado,
probablemente no será como
pienso que va a ser…
Siento saudades de quien me dejó ¡y de quien yo dejé!
De quien dijo que vendría
y ni se apareció;
de quien apareció corriendo,
sin conocerme bien,
de quien nunca voy a tener
la oportunidad de conocer.
¡Siento saudades de los que se fueron y de quien no me despedí bien!
De aquellos que no tuvieron
cómo decirme adiós;
de gente que pasó por la acera del lado opuesto de mi vida
¡y que sólo atisbé de un vistazo!
Siento saudades de cosas que tuve
y de otras que no tuve
¡pero que quise mucho tener!
Siento saudades de cosas
que ni sé si existieron.
Siento saudades de cosas serias,
de cosas hilarantes,
de casos, de experiencias…
Siento saudades del cachorrito que tuve un día
y que me amaba fielmente, ¡como sólo los perros son capaces de hacerlo!
¡Siento saudades de los libros que leí y que me hicieron viajar!
Siento saudades de los discos que oí y que me hicieron soñar,
Siento saudades de las cosas que viví y de las que dejé pasar,
sin disfrutarlas del todo.
Cuántas veces tengo ganas de encontrar no sé qué…
no sé dónde…
para rescatar alguna cosa que ni sé qué es ni dónde la perdí…
Veo el mundo girando y pienso que podría estar sintiendo saudades
en japonés, en ruso,
en italiano, en inglés…
pero que mi saudade,
por haber nacido en Brasil,
sólo habla portugués, a pesar de que, allá en el fondo, pueda ser políglota.
Además, dicen que se acostumbra usar siempre la lengua patria,
espontáneamente cuando estamos desesperados…
para contar dinero… hacer el amor…
declarar sentimientos fuertes…
no importa el lugar del mundo en el que estemos.
Creo que un simple
“I miss you”
o no sé
cómo podamos traducir saudade en otra lengua,
nunca tendrá la misma fuerza y
significado de nuestra palabrita.
Tal vez no exprese correctamente
la inmensa falta
que sentimos de cosas
o personas queridas.
Y es por eso que tengo más saudades…
Porque encontré una palabra para usar todas las veces
que siento este vacío en el pecho,
medio nostálgico, medio sabroso,
mas que funciona mejor
que un signo vital
cuando se quiere hablar de vida
y de sentimientos.
¡Ella es la prueba inequívoca
de que somos sensibles!
De que amamos mucho
lo que tuvimos
y lamentamos las cosas buenas
que perdimos a lo largo de nuestra existencia…
Debo iniciar confesando que por lo general no me gustan los libros que a priori implican una secuela. Pero en lo particular con mis escritores favoritos, hasta el momento han sido de mi completo agrado. Tampoco son tantos, Pierre Lemaitre y Carlos Ruíz Zafón.
Entrando en materia, El ancho mundo inaugura la trilogía de Los años gloriosos, la cual se sitúa, cronológicamente, después de la segunda guerra mundial. La novela cuenta las peripecias de una rica familia francesa afincada en Beirut. Por lo que se espera un entorno disfuncional con hijos que no están a la altura de quien se rompió la espalda para formar el patrimonio. Por supesto tal premisa se cumple, hay cuatro hijos que roban casi toda la atención del lector, y aunque son unos incapaces de manual, a lo largo de las páginas se van estructurando en seres complejos en los que se exploran diversas aristas del comportamiento humano, es decir se tornan interesantes.
La estructura es narrar sus aventuras en paralelo y ocasionalmente tienen encuentros fortuitos y otros infortuitos. Pier Lemaitre ya nos tiene muy bien adiestrados y sabemos que deben ocurrir eventos torales, de manera mágicamente e inexplicable las historias se entrelazan a modo de una telaraña, haciendo que los giros argumentales nos trastornen y confirmen nuestra creencia de que el autor es un genio.
En esta entrega el giro de tuerca no fue tan radical, pero lo que sí, muy inesperado, incluyendo un recurso que no había detectado, hacer referencia a personajes de otra trilogía, no ahondaré más para evitar el espóiler. El cierre del libro parece que será bastante obvio, pero en un párrafo abre una serie de conjeturas, las cuales sirven para salir volando a comprar la secuela que, seguramente leeré en breve.
Mientras tanto cerraré diciendo que no es el libro más contundente del francés, pero no desilusiona ni poco.
Las palabras pesan; quien las calla es su amo; quien las dice es su rehén.
Néstor pedaleaba equilibrando la velocidad y su transpiración, se le había hecho tarde, el último grupo se enfrascó en una discusión sobre política que, nunca llevan a nada. Encadenó la bicicleta donde siempre, confirmó que no olía a sudor y trató de arreglarse el cabello, hoy era el último concierto y la universidad saldría de vacaciones.
La primera vez que la vio fue cuando acudió al primer concierto de la temporada, consiguió uno de los boletos que la universidad regala a sus docentes, los más alejados de la orquesta. Néstor aceptó la reglas absurdas de la burocracia para la petición y entrega de las entradas de cortesía, no estaba en condiciones de darse el lujo de pagar ese entretenimiento, pero cuando vio en los carteles afuera de los salones que el coro y la orquesta de su universidad habían programado “Un réquiem alemán” de Johannes Brahms se entusiasmo muchísimo, así que, con el boleto más económico escucharía el concierto.
Ese primer concierto fue por fin una pequeña tregua que le daba la vida, los últimos años su situación económica era precaria, vivía con lo elemental o menos, incluso se tuvo que tragar la vergüenza de ser el único profesor de la universidad que se movía con un medio tan innoble como la bicicleta, pero su adicción a visitar con demasiada regularidad el hipódromo lo había llevado a endeudarse a niveles rotundamente peligrosos. La última vez que lo buscaron sus acreedores lo pusieron en una situación tan grave que, casi se queda a dormir en la calle, a no ser por algún colega que le permitió dormir en su sofá, hasta que vendió casi todo, pagos sus deudas y consiguió un cuarto de azotea, desde entonces juró que jamas le volvería a pasar.
Llegó temprano -a la postre Néstor llegó a pensar que si hubiera llegado a tiempo jamás se hubiera visto envuelto en esta situación-, apenas ubicó su asiento, miró a su alrededor, la sala estaba casi vacía y algunas personas se afanaban en terminar de acomodar atriles, precisar la posición de los micrófonos, dejando todo a punto. Voluntarios o becarios eran quienes hacían todos los preparativos sobre el escenario. Por un momento Néstor que había subido una de las integrantes, una chelista o violinista aventuró. La mujer joven, pero mayor que el resto de lo voluntarios y becarios, daba órdenes con demasiada facilidad, no podía ser parte de la orquesta pensó Néstor, la vio dar los últimos retoques al escenario y tras un par de minutos no la volvió a ver en todo el concierto, él deseaba que hubiese sido chelista para verla las dos horas del concierto, era su sueño.
Se afanó en conseguir boletos para todos los conciertos, deseaba verla otra vez o más si fuera posible. Se había jurado no volver a enamorarse de la forma patológica que lo había llevado a la ruina emocional, desde que la observó, le pareció la mujer mas hermosa, lo perturbador era que la percibía excesivamente familiar, en sus deambulares insomnes pensaba de dónde la podía conocer, pero no lograba recordarlo.
Al final sucumbió, esta decidido a buscarla y éste último concierto era su oportunidad, pero cuando en la eterna fila para entrar a la sala escuchó la segunda llamada, las esperanzas de verla se desvanecieron. Néstor ignoró prácticamente todo el concierto, volteaba de un lado a otro del escenario, ya había identificado dónde se escondía ella para ver a los violinistas, le afligía que fuera la pareja de alguno, pero durante toda la presentación no la veía por ningún lado, cabía la posibilidad de que justo hoy que se había armado de un valor irracional, justo en este último concierto, ella no estuviera.
Terminó la presentación y la oleada de aplausos no se dejó esperar, los cuales se alargaron anormalmente para agradecer no sólo a los músicos y el director, sino a todos lo que hicieron posible la temporada, pero entre todos ellos, no aparecía.
Esperó a que los empleados comenzaran a desmantelar el escenario, al no tener señales de ella fue a la puerta de servicio. Todos salían contentos, excitados de haber terminado con tantas semanas de trabajo, primero los músicos con el director, y después todo el personal de apoyo. Néstor escuchaba entre risas ponerse de acuerdo sobra la fiesta que tendrían para festejar el cierre; pero de ella nada, ni cómo preguntar, no sabía su nombre, y lo acusarían de pervertido si sólo se las describía, la había observado tanto que estaba seguro, podía hacer un retrato hablado idéntico. Al cerrar la puerta de servicio se convenció de su fracaso, tratando de justificar su destino, fue por su bicicleta, se hincó para retirarle el candado y guardarlo en su mochila, cuando casi se muerte del susto.
-Pensé que la dejarías abandonada -le dijo Mónica parada detrás de él.
leer la segunda parte
Cuando el mundo sabe a dónde va
Tú y yo abrazados
En el centro del cuarto
Que es una nave quemada
A punto de llegar al lirio
De pie
En el lugar donde hubo un bosque
Una palabra
Nos encontramos
Anticipándonos a la gran carrera
Donde nadie ha de avanzar un paso
En tanta libertad.
Hace un poco más de ciento veinte años H.G. Wells se ampara en el mito de Prometeo, es decir robar el fuego de los dioses para dárselo a los seres terrenales. En El hombre invisible la cienca logra aquello descrito en libros de magia y misticismo, la invisibilidad. Entonces la humanidad se enfrenta a la realidad, qué hacer cuándo a través del conocimiento se logra tal objetivo. A diferencia que lo bien que lo realiza Harry Potter, en este caso es, esperablemente, una catástrofe, primero a individual ya que el hombre sufre todas las peripecias imaginables, incluso desde el momento en que la invisibilidad es sólo una potencialidad. Desde ese momento se envenena de poder y soberbia, floreciendo su peor versión.
Se explora también lo que la sociedad haría ante tal situación, aquí H.G. Wells fue un inocente optimista, un soñador, a lo largo de la novela representa a la sociedad con un comportamiento (que salvo con alguno matices) crítico, racional, que evita contagiarse de la locura del hombre invisible y de lo que él representa.
Él, que ya no tiene ningún referente, ni limites, al perder sus ropas evidencia que también la alteridad, transformándose en un ser intrínsecamente maligno.
Es una extraña alegoria para mostrar la relevancia de no tocar ciertos límites y que de hacerlo, solo el resto, los otros pueden contener esta reacción negativa. Situación que en estas fechas se percibe distante, pero deseable.
Es una lectura dinámica, sin pretensiones grandilocuentes, por lo que fluye entre las manos con naturalidad, y por supuesto se requieren ciertas concesiones, pero honestamente, se creería que su edad centenaria la haría sentirse vetusta o absurda, y por el contrario es bastante universal.
Las palabras pesan; quien las calla es su amo; quien las dice es su rehén.
En el episodio anterior
Thomas dio un segundo sorbo al café, y a punto de comenzar su respuesta fue interrumpido nuevamente por El Capitán.
-Me gustaría avisarle que, todos los caballeros aquí sentados son personas serias y muy ocupadas, como pudo observar, este es un centro de operaciones, controlamos la mayoría del tráfico de drogas, armas y personas a nivel global, es el lugar más seguro y blindado del mundo. Por lo que, esta conversación es muy importante para todos los presentes. También sabemos que el gobierno de Estados Unidos, y otros con quienes tenemos estrechas relaciones comerciales, han intervenido en el juicio que lo trajo hasta aquí. Por lo tanto le rogamos sea honesto, no esperamos escuchar una replica de lo ya publicado en todos los medios.
Thomas dejó de ver su taza de café, apoyó los codos en la mesa y cruzó los brazos.
-Veo que están bien enterados de mi trabajo y el escándalo que montamos para terminar en prisión. Pero es muy probable que no supieran lo que pasó después de publicar mi último estudio, donde se demostró que el medicamento redujo en más del ochenta por ciento el consumo de drogas duras, y con pequeñas dosis de mantenimiento las recaídas eran prácticamente nulas. Pensándolo bien, tal vez ustedes lo sepan mejor que yo -volteó a mirar a El Capitán, quien contuvo una sutil sonrisa-. Pues lo primero que llamó la atención al consejo directivo de la compañía fue que, la nueva aprobación para el tratamiento de la adicción a drogas duras se estaba retrasando más de lo habitual, por “motivos de seguridad” argumentaban. Volví a revisar las bases de datos, realizamos análisis estadísticos más rigurosos y no encontramos nada inusual, lo mismo que en los estudios de obesidad, diabetes y cirrosis. La primera noticia me la dieron tirado afuera de mi casa con esposas en las manos, mientras me transportaban a la comisaria los custodios me enlazaron una videoconferencia con el presidente la empresa. Sin muchos preámbulos me pidió que lo disculpara por la terrible situación a la que me exponía, pero era el único modo de enmendar los errores de ese estudio. Yo le aseguré que no había tales desaciertos, no cabía lugar a dudas. Me explicó que el errar era el estudio en sí, no entendía a qué se refería. Ahora, que me explica su cartera de clientes, creo que todo es más claro. Me comentó que las agencias regulatorias y de seguridad de diversos gobiernos alrededor del mundo, me imagino que sus socios comerciales, le hicieron llegar sus preocupaciones sobre cómo éste fármaco podría afectar sus proyecciones económicas, los cálculos estimaban la caída de gran parte del tráfico y venta de drogas ilegales a nivel mundial, situación que de inicio era compleja, pero que arrastraría a sus socios del mercado financiero, minero, tecnológico y tantos otros que de un modo u otro facilitan o se benefician de esa actividad económica. Las estimaciones no eran halagüeñas, los mejores escenarios contemplaban una crisis peor que la del inicio del siglo pasado. Mientras iba camino a la prisión lo único que se me ocurrió fue proponer que se retractara el artículo, situación que ya se había dado con otros fármacos donde al final no demostraron la utilidad prometida, y fueron retirados del mercado. Aclaró que la decisión no estaba en sus manos, y la propuesta de generar tal escándalo y polarización de la sociedad era algo que ayudaría a distraer la atención del verdadero problema económico que surgía ante la cura de las adicciones. Me pidieron paciencia, que todo mi apoyo sería recompensado generosamente, apenas la situación en los mercados internacionales se calmara, comenzarían a trabajar en una reducción significativa de la condena.
Thomas volvió a beber su café y se apoyó en el respaldo de la silla. La mesa permanecía pensativa en silencio.
-Le agradezco su sinceridad Dr. Thomas, para nosotros esta información es muy importante. Efectivamente asesoramos a los gobiernos en las proyecciones financieras, pero el modus operandi para corregir el problema es autoría de nuestros socios, ellos son los expertos.
-Me imagino que esta conversación se encuentra al margen de la compañía y sus socios ¿o me equivoco? -le pregunto Thoma a El Capitán.
-Así es Dr. Thomas, de hecho el que usted fuera sentenciado de por vida en esta penitenciaria tampoco es azaroso. Esta reunión fue organizada para hacerle una propuesta.
El Capitán se levantó de la mesa, invitando a Thomas para lo siguiera fuera de la sala de juntas, y detrás todos los integrantes de la reunión. Pasaron algunos pasillos y El Capitán se detuvo frente a una de las puertas, digitó un código que le permitió el acceso a un inmenso laboratorio de investigación. Thomas sin parpadear volteó a verlo.
-Mire Dr. Thomas, además de asesorar a nuestros socios comerciales, una de las labores de este centro de operaciones es buscar nuevas oportunidades. Nuestros investigadores han seguido de cerca su trabajo, y de acuerdo a sus consideraciones, sugieren que podemos utilizar estos conocimientos a modo de ingeniera inversa.
-¿Quiere que desarrolle fármacos que promuevan la adicción? -preguntó Thomas, mientras continuaba observando al actividad en el laboratorio.
-Yo no lo llamaría fármacos Dr. Thomas, pero sí, quisiéramos utilizar sus conocimientos para no sólo promover una mejor adherencia a nuestros productos, sino incluso incursionar en la modificación del comportamiento, para que nuestros clientes finales no tengan la menor intención de reducir su consumo, pero su conducta sea ¿cómo llamarlo? , políticamente correcta, no pierdan su capacidad productiva, lo cual resulta en mayores beneficios para nosotros y nuestros socios ¿no sé si me explico Dr. Thomas?
-Es decir el fin de las adicciones… tal como las conocemos -respondió Thomas sonriendo.
-Así es Dr. Thomas, eso sin contar con el acuerdo económico que le proponemos, tan solo con las ganancias por ser accionista del consorcio, el contrato que tenía con la compañía farmacéutica le parecerá un acuerdo para un becario. Y con algo de discreción y algunos ajustes logísticos, podría dejar esta prisión cuando lo desee.
Thomas se alejó un poco, caminó hacía el laboratorio sonriendo, viendo el trabajo que se realizaba.
Si no quieres leerlo a retazos, aquí está el cuento completo
Si me dicen que estás al otro lado
de un puente, por extraño que parezca
que estés al otro lado y que me esperes,
yo cruzaré ese puente.
Dime cuál es el puente que separa
tu vida de la mía,
en qué hora negra, en qué ciudad lluviosa,
en qué mundo sin luz está ese puente,
y yo lo cruzaré.
Es indudable que México (aunque también el mundo) está cursando un momento histórico de violencia desbocada. Situación que tampoco es novedosa ya que, desde que tengo memoria siempre ha existido, anteriormente perpetrada por el gobierno y sus grupos paramilitares y ahora con un organismo de magnitudes y alcances monstruosos, conformado por una “maldísima” trinidad: gobierno, ejército y narcotraficantes. Para que ésta situación se geste debe hacer condiciones que lo promuevan y faciliten, las cuales deben ser sistemáticas, arraigadas profundamente; por tanto sus directrices provenir de las élites políticas, económicas y religiosas.
En Fabricación, Ricardo Raphael pone en evidencia ad nauseam un caso que por mediático se encuentra muy bien documentado, el de Isabel Miranda de Wallace, quien a modo de teatro medieval pasa de ser bufón a dictador, bajo el pretexto de la búsqueda de justicia, la protagonista se embarra hasta las cejas de toda la mierda que ha arrojado la aristocracia de este país por décadas; utilizándolo a su favor para mostrar en la praxis la decadencia de nuestros gobiernos y sus instituciones. El libro hace un pase mágico, quitándole el manto de invisibilidad a algo que, de tan frecuente lo hemos perdido del campo visual. Este proceso de revisibilización no es fácil, reacondicionar la mirada es fatigoso, y para lograr el objetivo el lector tiene que someterse a un via crucis.
La obra es absurdamente extensa, pésimamente escrita, sin estilo (ya que intenta ser un mutante amorfo entre novela policíaca y texto periodístico), tristemente tendendiosa (cayendo en el pecado de sus verdugos), lleno de vacíos argumentales y conclusiones absurdas, sin una cuota de juicio y/o visión crítica. Tales defectos impiden al lector moverse más allá del plano contemplativo, volviéndola una lectura farragosa, estéril y de un amarillismo que abruma, siendo así totalmente prescindible.
Cada persona necesita un recinto mental para esconder secretos inconfesables.
En el episodio anterior
Thomas se disponía a terminar sus últimos pendientes en el laboratorio, y regresar a casa, deseaba un fin de semana tranquilo para disfrutar de un buen restaurante, tirarse al asoleadero en el jardín y chapotear un rato en la alberca.
Su Porsche estaba estacionado al lado del de el director general, prestación de la empresa que recibió a los dos años de haber ingresado. Los biotecnólogos de la compañía llevaban años buscando fármacos que ayudaran al control de la obesidad, hace una década pensaron que lo habían logrado, pero cuando probaron el medicamento en miles de personas alrededor del mundo, se triplicaron las tasas de suicidios. La empresa casi se va a la ruina, pero los inversionistas confiaron en que iban por la senda correcta, así que la re-financiaron y continuaron sus investigaciones. Sabían que encontrar la cura para un problema tan frecuente que parecía invisible, sería una excelente inversión. Por eso no dudaron en integrar a Thomas a su equipo, su estudio en ratas mostraba un control del comportamiento como nunca antes visto, revirtiendo hábitos que eran imposibles de erradicar.
Los inversionistas no estaban equivocados, dejaron a disposición de Thomas una pléyade de sustancias en experimentación, para que comenzara a evaluarlos y avanzar en su potencial desarrollo. En menos de dos años las pruebas en cerdos, en quienes el reto era mayúsculo por su ausencia de centro de la saciedad, demostraron controlar su consumo de alimento y bajar de peso, de forma casi mágica. Thomas había identificado un defecto en las células de diversos órganos, que afectaban su comportamiento, y administrando una inyección semanal a los animales, lograba esos increíbles hallazgos.
Los primeros resultados en humanos coincidieron con la hipótesis planteada, tras probar varias dosificaciones, encontraron la manera de inducir modificaciones en el comportamiento de las personas, que les reducía el consumo masivo de calorías, y algunos otros cambios que al principio se consideraron irrelevantes, pero que a la postre consolidaron a la empresa a nivel mundial.
En cuatro años de trabajo Thomas publicó los resultados de miles de personas con obesidad, tratados con su inyección mágica, el artículo científico demostraba una reducción de peso tan grande como la obtenida a través de las agresivas cirugías, destinadas a pacientes con severos problemas de salud derivados de la obesidad. Tras su aprobación en Europa y Estados Unidos, la empresa recibía toneladas de dinero en ganancias, tenían a la gallina de los huevos de oro. Para ese momento a Thomas le actualizaron su contrato y por primera vez en la historia un investigador, un científico tenía un convenio económico mejor que el de cualquiera de los mayores deportistas del mundo.
Como si eso no fuera suficiente, de inmediato, sabiendo lo que había descubierto, iniciaron pruebas para ver si la medicina podría funcionar en otros escenarios. Así que, comenzaron a tratar enfermedades relacionadas, como la diabetes, problemas del corazón, renales, hepáticos; y todo mejoraba, ampliando el abanico de ingresos de la empresa.
Thomas estaba convencido de que eso solo era el inicio, mientras su cuenta de banco se engrosaba significativamente, el seguía trabajando con sus ratas, nunca aceptó hacerse una figura pública, tenía mayor interés en sus experimentos, los cuales comenzó a mover hacia su verdadera pasión la modificación del comportamiento. Tras algunos ajustes, encontró la manera de mejorar modelos animales de enfermedades degenerativas. Los directivos no tardaron en comenzar a explotar estas posibilidades, sin saber que estaban abriendo la caja de Pandora.
Llegó al portón de su casa, la puerta automática comenzaba a abrirse y de improviso, decenas de patrullas lo rodearon, Thomas estaba confundido, no entendía lo ocurrido, pensaba que todo debía ser un error, con decenas de policías armados con rifles lo obligaron a salir del auto y sometido en el suelo, le colocaban las esposas, le recitaban sus derechos y le gritaban que estaba detenido por el asesinato de decenas de sujetos de investigación.
Cuarta y última parte
Si no quieres leerlo a retazos, aquí está el cuento completo
Hay un lugar privilegiado para mi amado,
aquel donde brotan la música y la danza,
aquel que habitamos antes de la luz,
antes de ser.
Yo te invoco amado mío,
donde sea que estés
sueña conmigo,
que nadie te haga olvidar
que nacimos para contemplar
los atardeceres de Ajway’.
Yo te invoco amado mío,
donde sea que estés,
¡Nómbrame!,
Eres mi dualidad,
la cima del Gran cerro,
todos los orgasmos que me faltan.
Este es un libro objeto, hermoso, ecléctico, híbrido, que explora sensorialmente lo profundo de la literatura y profundiza sobre lo efímero que es la tecnología mediática y de masas. A través de ensayos recopilados, poemas, intervenciones en arte digital, permite establecer un interesante sustento para tales contradicciones. Siempre dejando presente su exposición de motivos. De alguien ahora converso que ve con ojos críticos la interacción entre literatura (no sólo poesía) y modernidad (o tal vez post-modernidad).
El libro no tiene, o no encuentro comparación con alguna obra similar, por lo que su originalidad puede desconcertar, particularmente a los más dogmáticos, pero conforme se avanza en la lectura, la sensación se vuelve plenamente interesante.
Así que lleva a la reflexión, sin dramatismo.
Necesito un cómplice. Teniendo un cómplice, comida y descanso, no hay nada imposible.
Leer la primera parte del relato
Apenas lo movieron con el resto de los presos y ya lo tenían perfectamente ubicado. Thomas lo intuía y aunque intentaba ser cuidadoso y no exponerse, ni llamar la atención, sus habilidades eran inútiles casi pueriles.
Al final de la tercera semana, cuando Thomas cruzaba un pasillo no muy bien iluminado, que casualmente quedaba fuera del ángulo de visión de la cámara de seguridad, fue detenido por tres cabezas rapadas que, sin mediación comenzaron a golpearlo, ya en el suelo, uno de ellos sacó del calcetín una punta de acero afilada, que empuñó con dirección al cuello. Thomas intentaba zafarse, pero era inútil, lo superaban en número, habilidad y fuerza.
-A ver pinches gringos, ya se les acabó la fiesta, dejen al mexicanito ese en paz -dijo un tipo que bien podía ser primo de Thomas, sólo que dos veces más grande y con más músculos que tatuajes.
-No te metas hijo de puta, este nos lo encargaron -le respondió el tipo con la punta de acero apuntando al cuello de Thomas en el suelo.
-Pues a nosotros también, este mexicanito lo cuidamos nosotros ¿está claro?
El tipo con la cabeza rapada observó desconfiado a esa montaña de músculos, sabía que estaba solo, pero apenas intentará enterrarle la punta, decenas de compatriotas los aniquilarían en cuestión de segundos. Se le quitaron de encima y se fueron caminando, tan tranquilos, como si no hubiera pasado nada.
Thomas no sabía si estaba más aliviado o consternado por todo lo ocurrido.
-Levántate cabrón, no deben de tardar en venir los custodios, para ver qué ocurre.
Con todo el cuerpo magullado se esforzó por levantarse del suelo, y seguir instintivamente al tipo que, lo salvó de morir desangrado con una punta de acero en la yugular.
-Gracias -le dijo tímidamente, mientras el tipo continuaba caminando con naturalidad mientras lo ignoraba.
-De verdad te lo agradezco -insistió Thomas- pero creo que te equivocaste, yo no soy mexicano.
El tipo se detuvo de improviso y Thomas por nada se estampa en su espalda. Volteó y lo vio de arriba a abajo.
-Pues cabrón, tengo varios hermanos igual de prietos y panzones que tú, lo que sí es que hablas inglés como gringo, pero si no quieres despertar mañana con una navaja en el hígado, será mejor que te vayas sintiendo uno de los nuestros, lo cual te conviene, porque yo creo que todos los demás van a buscar el mejor momento para entregar tu cabeza y cobrar la recompensa.
Sin mediar más palabras ambos entendieron el acuerdo y Thomas continuó caminando detrás, primero por las zonas comunes donde invariablemente todos los observaban, ya se había regado la información. Paulatinamente comenzaron a deambular por pasillos solitarios, en el poco tiempo que llevaba recluido jamás había estado en esa sección de la prisión. Al final del pasillo había dos guardias y un sistema de detección de metales.
De manera automática el tipo musculoso, en silencio, se detuvo frente de uno de ellos, separó las piernas y levanto las manos a los costados. Lo revisaron escrupulosamente y pasó por el arco de seguridad, se iluminó una luz verde y otro custodio abrió la puerta permitiendole el paso. La puerta se cerró y Thomas quedó solo con los guardias, imitó el comportamiento de su anfitrión y paso por la pesada puerta de metal.
Al entrar, Thomas pensó que se encontraba en el recibidor de un corporativo de oficinas, salvo por el hecho de que, todos eran hombres de aspectos latino que portaban el uniforme de presos de la penitenciaria. Se quedó observando durante varios segundos el movimiento de la gente, verdaderamente el ambiente era ajeno al un centro de reclusión.
Thomas salió de su asombro y volteó a todos lados, para encontrar a la montaña de músculos que lo había salvado de morir desangrado, el tipo había desaparecido entre el ejército de personas que se movía de una oficina a otra. En el centro de la inmensa sala, había una recepción con tres personas frente a sus computadoras, tomaban llamadas y tecleaban información afanosamente. Le pareció absurdo, pero era lo único que se le ocurría, se acercó a pedir informes.
-Buenos días -dijo dubitativo, sin mas argumentos que agregar.
-Buenos días señor Thomas -respondió uno de los presos que atendía la recepción-, ya lo están esperando.
No supo qué responder, no entendía qué estaba pasando, hace apenas menos de media hora estaba al borde de la muerte y ahorita parecía que iba a realizar un trámite burocrático.
-¿Quién me espera? -preguntó tímidamente.
-El Capitán y los miembros del consejo. ¿Desea algo de tomar?
Se encontraba perplejo, pensaba en lo surrealista de su situación, respondió casi a modo de burla.
-Un latte con leche de avena.
La otra persona de la recepción asintió. Su compañero se levantó de su asiento, y le indicó que lo siguiera.
-En un momento le llevo su café, acompáñeme.
Pasaron por decenas de oficinas llenas de cubículos, con el ambiente característico de un edificio de oficinas administrativas, salvo el aspecto de sus integrantes, era imposible pensar que eso era una cárcel. Le abrieron una puerta corrediza de cristal esmerilado, y una gran mesa de caoba con trece personas lo esperaban, la mayoría con el uniforme de reclusos, pero algunos, los únicos rubios, con trajes italianos.
-Bienvenido doctor Thomas, soy El Capitán, tome asiento por favor.
Su interlocutor no tenía ni treinta años, era por mucho el más joven de la mesa. Thomas se sorprendió de su juventud y del trato de doctor, que había perdió desde que comenzó su juicio hace ya más de un año. Thomas se sentó en la única silla disponible, de piel y madera, pesada y extremadamente confortable.
Volteó hacia ambos lados de la mesa, pero todos esperaban a que El Capitán diera alguna indicación.
-Doctor Thomas seguro debe tener muchas preguntas, trataré de responderlas, pero como verá hay muchas personas interesadas en usted, así que si no le inoportuna me gustaría iniciar.
Thomas sudaba profusamente y sentía la boca seca, cuando convenientemente alguien deslizo una taza con café latte a su lado, mecánicamente tomó un pequeño sorbo que le supo al paraíso.
-Seguramente nuestros jefes lo saben, pero a nosotros nos corroe la curiosidad. Cuéntenos ¿cómo hizo para matar a tantos de nuestros clientes en sus estudios?
Tercera parte
Si no quieres leerlo a retazos, aquí está el cuento completo
Te arrojaste a mis brazos
sin destino, ni futuro
envuelta en tu piel
láctea, mórbida, marmórea
con tus besos y los ojos
abandonados en el incendio.
Abriste tu alma y tu cuerpo
lo entregaste sin prejuicios,
-para eso habrá un mañana
tu vestido y las sospechas
las dejaste aventadas
al lado de la cama que
como reino conquistado
exploramos hasta agotarla
empapada de sudor y de fluidos
que bebimos
entre besos tiernos
y muchas perversiones.
El sol nos arrojó del tálamo
y nos abandonó en la realidad
demasiado tarde para hacer
las preguntas pertinentes,
pero apostaste todo
-quiero volver a verte
ambos sabíamos que
nuestra historia
ya había terminado.
Tras varios y millonarios éxitos en taquilla y en librerías, leer treinta y cinco años después el libro fue una experiencia interesante.
Lo primero que salta a la vista es su dinamismo, deja muy poco al azar, lleva al lector por un trayecto muy bien calculado, con puertos y valles que dejan respirar y ponerse ansioso, en particular sobre caminos que no siempre son trazables; algo de biología, algo de informática y bastantes discusiones sobre el sistema económico que mueve los engranes de las grandes y modernas empresas humanas. Pero no se espanten, lo hizo tan bien que apenas y se percibe.
Lo segundo que brinca es que, envejeció bastante bien, sigue pareciendo ciencia ficción contemporánea, tan innovadora como hace siete lustros, lo cual es un tremendo logro. Por supuesto, al ser más una novela de acción, el tono mantiene al lector imaginando dinosaurios y catástrofes por todos lados.
Manteniendo el cliché, vendría a colación la comparación con la película, algo bastante soso, pero a pesar de lo anterior lo haré.
Tiene muchísimo que la vi, por lo que con tanta distancia habrá sesgos de memoria. Pero en términos generales la obra cinematográfica me parece muy digna. Es cierto que hay cambios, honestamente ninguno radical, exceptuando la muerte de Hammond que le otorga justicia divina a la novela. Solo como punto en contra del libro, es que la niña -Lex- es un incordio, se comporta con rasgos autistas completamente inexplicables, y no es intolerancia al autismo, sino que es incongruente el personaje, ya que no tiene contexto para tal alteración.
Podría decir que en el 2025 que se caracteriza por explotar de manera directa e indirecta el mito de Prometeo, Jurassic Park vale mucho la pena.
Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo
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